No busco, encuentro

Pablo Picasso

 

Referencias en la obra de Jacques Lacan

 

"No busco, encuentro". En varias oportunidades, a lo largo de su enseñanza, Lacan hace referencia a esta frase de Picasso.

En el Seminario 7, capítulo 9, dice: "No podrán dejar de ver en la frase celebre de Picasso, No busco, encuentro, el encontrar (trouver), el trovar de los trovadores y de los troveros, de todos los retóricos, que le gana de mano al buscar. Evidentemente, lo que es encontrado es buscado, pero buscado en las vías del significante."

En el Seminario 11, capítulo 1, preguntándose acerca de los fundamentos del psicoanálisis, su praxis, y en que registro se inscribiría, la retoma diciendo: "Se me dirá, de todas maneras; el psicoanálisis es una investigación. En lo que a mi respecta, nunca me he considerado un investigador. Como dijo una vez Picasso, para gran escándalo de quienes lo rodeaban: no busco, encuentro.”

El 2 de diciembre de 1971, en el Seminario 19 (bis), sus charlas en Ste. Anne vuelve a citarla. Se refiere en esa oportunidad a haber encontrado en el campo de "la lengua", el "punto clave" que resuelve el enigma de la relación sexual.

Es en, "El momento de concluir", Seminario 25, clase del 14 de marzo de 1978, que invierte la cita diciendo: "Había anunciado en otros tiempos que No busco, encuentro. Son mis palabras tomadas en préstamo a alguien que tenía en su tiempo cierta notoriedad, a saber el pintor Picasso. Actualmente No encuentro, busco.

Busco, e incluso algunas personas no encuentran inconvenientes en acompañarme en esta búsqueda. Dicho de otro modo he vaciado ( ... ) esos anillos de hilo con los cuales hacía antaño cadenas borromeanas." (Picasso, L'ettre Sur l'Art. Revista Formes. Marzo 1930. Traducción de Mariana Indart)

De todas maneras, hay mayores menciones a esta frase de Picaso, por lo cual sugerimos al usuario buscar por la frase y encontrará todas las referencias a esta frase.

Se reproduce: pasajes extraídos de una carta firmada por Picasso, según la revista rusa Ogoniok, aparecida en Moscú, publicada en 1926 (N° 20), ilustarda con una fotografía del pintor junto a su hijo.

Se me suele tomar por un buscador.

Yo no busco, encuentro.

Si quiere hacer del cubismo una especie de cultura física. Vemos todos los días montones de gente decrépita que se toman por "forzudos"; pretenden llegar a la potencia reduciendo todo a un cuadrado.

Mi obra perfectamente lógica, mi obra a la que yo consagro todos mis esfuerzos, no les sirve más que para hacer algo artificial, desprovisto de toda realidad.

Vean, por ejemplo, X... (1). He aquí uno que verdaderamente "ha llegado”.

Hacia 1900, su padre le dijo: "Hijo mío, irás a París a aprender el arte nuevo". Obedeció. Una vez en París se puso a hacer arte nuevo casi tan bien como los grandes magasins du Printemps.

Se pueden imaginar fácilmente cuán insoportable me es toda esa gente que imita mi arte, mis trabajos y hasta mis tics.

Algunos adeptos a la Escuela surrealista se sorprendieron con mi álbum de croquis y dibujos a la pluma, donde no había más que puntos y líneas.

El hecho es que yo admiro mucho las cartas de astronomía.

Me parecen bellas por fuera de su significación ideológica.

Así, un buen día, me puse a dibujar un montón de puntos, reunidos por líneas y manchas que parecían suspendidas en el cielo. Tenía la idea de servirme de ellas más tarde, introduciéndolas como un elemento puramente gráfico en mis composiciones.

¡Pero vean a estos surrealistas! ¡Qué maliciosos son! ¡Encontraron que esos dibujos respondían exactamente a sus ideas abstractas!

Un día le conté a Jean Cocteau una historia que me ocurrió en 1925. Unos amigos me quedan llevara la Exposición Internacional de Arte Decorativo, esa monstruosa manifestación de mal gusto no desprovista, sin embargo, de cierto valor instructivo. Me decían: “¡Verá Picasso, verá que es usted el responsable de toda esta arquitectura! Se encontrará allí a usted mismo, reconocerá el trabajo de sus manos". Es probable que hablando así creyesen complacerme.

Imaginen a Miguel Angel yendo a cenar a casa de amigos y al que se recibe diciéndole: "Acabamos de ordenar un muy buen buffet Renacentista inspirado por vuestro Moisés". ¡Ven desde aquí la cabeza de Miguel Angel!

¡Qué manía la de inspirarse continuamente en la obra de los contemporáneos! Siento un malestar casi físico cada vez que me doy cuenta de que se me imita.

El arte decorativo no se parece en nada a la pintura de caballete, a la creación de un cuadro. Uno es utilitario, el otro es un noble juego. El sillón es un asiento en el que uno se apoya. Es un utensilio. No es arte.

En 1906, la influencia de Cezanne, ese Harpignies de genio, penetró por todas partes. El arte de la composición, de la oposición de las formas y del ritmo de los colores se vulgarizó rápidamente. Dos problemas se presentaron ante mí.

Comprendía que la pintura tenía un valor intrínseco, independientemente de la representación real de los objetos. Me preguntaba si no era preciso representar los hechos tal como se los conoce más bien que tal como se los ve. Como la pintura posee su belleza propia. se puede crear una belleza abstracta con tal que permanezca pictórica.

Durante largos años el cubismo no tenía otro objeto que la pintura por la pintura. Rechazaba todos los elementos que no entrasen en su realidad esencial.

El matemático Princet, que asistía a nuestras discusiones estéticas, tuvo la idea de crear una geometría especial para pintores. Por otra parte esta idea no es tan original, puesto que todas las academias admiten la geometría de Leonardo da Vinci.

El color sólo es eficaz en la medida en que represente uno de los elementos constructivos del volumen. Todo el mundo sabe que una superficie blanca parecerá siempre más grande que una superficie negra de igual dimensión. Es elemental, incluso pueril.

Sin embargo esto no impide a los imbéciles querer deducir inmediatamente leyes y reglas generales para venir a explicarme el arte de pintar.

Para mí un cuadro no es jamás un fin ni una culminación, sino más bien un feliz azar y una experiencia. En el dominio de las formas el color constituye un patrón de medida. No tenemos ninguna necesidad de atascarnos en la geometría científica y, sin embargo, algunos observadores voluntarios no dejan de librarse, en este tema, a toda suerte de investigaciones teóricas. Peor para ellos. Así perecen los débiles...

Los pintores cubistas, estupefactos con sus propios trabajos, se complacen construyendo teorías para justificarlos.

Sin embargo el cubismo no ha tenido jamás un programa.

Un cuadro puede representar la idea de las cosas; puede, por otra parte, representar el aspecto exterior de las cosas sin alcanzarlas. En efecto, no copiamos jamás la naturaleza, tampoco la imitamos, dejamos a los objetos imaginados revestir apariencias reales. No se trata de partir de la pintura para llegar a la naturaleza: es preciso ir de la naturaleza a la pintura. Hay pintores que transforman el sol en una mancha amarilla: pero hay otros que, gracias a su arte y su inteligencia transforman una mancha amarilla en sol. Los elementos sacados de la naturaleza sirven a la variedad del cuadro. Es así como nos aproximamos al ideal de los grandes maestros, quienes guiados por su propia concepción, representaban las apariencias naturales de las cosas. Creo que en la fuente de toda pintura se encontrara una visión organizada subjetivamente, o bien una iluminación inspirada, del género de la de Rimbaud. No doy ninguna importancia al tema pero me atengo enormemente al objeto. ¡Respeten el objeto!

No enreden jamás ni el aspecto ni el orden de vuestros m íntimos pensamientos.

Sabemos hoy que el arte no es la verdad. El arte es una me tira que nos permite aproximarnos a la verdad, al menos verdad concebible. La pintura debe encontrar el medio de persuadir al público de que su mentira es la verdad.

Me cuesta trabajo comprender el sentido de la palabra “búsqueda". No creo que tenga sentido alguno. Nadie tendrá ganas de seguir a un hombre que mira adelante de sus pies esperando que la suerte deje caer en su camino una cartera. Aquel que encuentra alguna cosa, aunque no tuviera ninguna intención de buscar, termina por conquistar, si la estima, por lo menos la atención del público.

Trato de representar lo que he encontrado y no lo que busco. En el arte las intenciones no tienen valor. Un proverbio español dice: “Se prueba el amor con actos y no con palabras”. La idea de "buscar” condujo a una parte de nuestros pintores a las abstracciones. Está ahí, tal vez, el mayor error del arte moderno. El espíritu de búsqueda envenenó a todos aquellos que, no comprendiendo el lado positivo de la pintura moderna, han querido pintar lo invisible y lo que escapa al arte.

A menudo el cuadro expresa mucho más que lo que el autor quería traducir. El autor, estupefacto, contempla los resultados inesperados que no había previsto en absoluto La creación de un cuadro aparece frecuentemente como una generación espontánea e imprevisible. Se habla de naturalismo oponiéndolo al arte moderno.

Pero ¿se ha visto jamás una obra de arte "natural"?

La naturaleza y el arte son dos fenómenos perfectamente desemejantes.

El arte nos ofrece la posibilidad de expresar nuestra concepción y nuestra inteligencia de eso que la naturaleza no nos da jamás en una forma absoluta. Desde los primitivos, cuyo arte estaba extremadamente alejado de la naturaleza, hasta los artistas como David, Ingres y aun Bouguereau, todos los pintores que representaban la naturaleza comprendían bien que el arte era siempre el arte y jamás la naturaleza. Desde el punto de vista del arte, no existe ni forma abstracta ni forma concreta: no hay sino su interpretación más o menos convencional.

El cubismo no difiere en nada de todas las otras escuelas de pintura. Los mismos elementos y los mismos principio las rigen. El hecho de que el cubismo durante largo tiempo haya permanecido incomprendido y que, aún hoy, mucha gente no lo comprenda, no tiene importancia esencial y no permite en nada prejuzgar sobre su valor. Del hecho de que yo no sepa alemán y que un libro alemán no seapara mí más que negro sobre blanco, no concluiría que la lengua alemana no exista.

El cubismo no es la semilla ni la germinación de un arte nuevo: representa una etapa del desarrollo de las formas pictóricas originales. Esas formas realizadas tienen derecho a una existencia independiente.

Si, en el presente, el cubismo se encuentra todavía en estado primitivo, una nueva forma de cubismo deberá nacer más tarde. Se hacen esfuerzos por explicar el cubismo por las matemáticas, por la geometría, por el psicoanálisis, etc. Todo eso no es más que literatura. El cubismo persigue metas plásticas que se bastan a sí mismas. Nosotros las definimos como medios para expresar todo lo que nuestra razón y nuestros ojos perciben dentro de los límites de las posibilidades que comportan el dibujo y el color. ¡Qué fuente inagotable de alegrías inesperadas y de descubrimientos!

Henri Rousseau no es un caso especial. No es más que una mentalidad particular en su grado de perfección. La primera tela de este pintor, que tuve la ocasión de adquirir, produjo en mí un efecto sorprendente.

Andaba un día por la rue des Martyrs. Un marchand de baratijas estaba instalando telas a lo largo del muro de su negocio. Un retrato atrajo mi atención. Era una cabeza de mujer, de mirada severa y penetrante, límpida y resuelta: una mirada de mujer francesa. La tela era enorme. Le pregunté el precio: "Unos centavos", me respondió el marchand. "Ud. limpiará la tela y podrá trabajar encima".

Es el retrato psicológico más verdadero de la Escuela francesa.

Estoy sorprendido de ver cuánto se usa y se abusa de la palabra "evolución".

El arte no tiene ni pasado ni futuro. El arte, impotente para afirmarse en el presente, no se realizará jamás. No es al pasado que pertenecen el arte griego o el arte egipcio: están más vivos hoy de lo que estuvieron ayer. El cambio no es la evolución. Si el artista modifica sus medios de expresión, eso no significa que haya cambiado su estado espiritual. Todo el mundo tiene el derecho a cambiar, incluso los pintores.