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"De seguro, la adaptación de los adversarios en su oposición social parece progresar hacia un concurso de formas, pero podemos preguntarnos si está motivado por una concordancia con la necesidad o por esa identificación cuya imagen Dante en su Infierno nos muestra en un beso mortal."
Este párrafo de Lacan pertenece a la Tesis V de ”La agresividad en Psicoanálisis”, Escritos I.
Se refiere al beso mortal de Francisca de Rímini y Pablo Malatesta, en relación al tema de la estructura narcisística del hombre.
Hemos agregado un breve índice de los nombres de aquellas almas que Dante menciona en el Canto V del Infierno, acompañando en el segundo círculo, el de los pecadores carnales, a Francisca y Pablo.
Se reproduce:
La Divina Comedia de Dante Alighieri
Editorial Bruguera S.A. Barcelona, 1978.
Traducción de Rodriguez Vilanova-Sales Coderch
Canto V
Segundo círculo: el juez Minos. Los lujuriosos movidos por el viento. Francisca de Rímini y Pablo Malatesta (1).
Descendí del primer círculo al segundo, que tiene menosespacio, pero mucho más dolor punzante que origina horribles gritos. Allí estaba el terrible Minos, que cruje los dientes y examina las culpas de los que entran, juzga y da sus órdenes con un movimiento de su cola. Es decir, cuando se presenta ante él un alma criminal y le confiesa todas sus culpas, aquel gran conocedor de los pecados ve el lugar del infierno que ha de ocupar y se lo designa, ciñéndose al cuerpo la cola tantas veces cuantos sean los círculos a que debe ser enviada.
Ante él se encuentran siempre muchas almas, acudiendo por turno para ser juzgadas; hablan y oyen y después son arrojadas al abismo.
-¡Oh!, tú que vienes a la casa del dolor -me dijo Minos (2) cuando me vio, suspendiendo sus funciones-, mira cómo entras y de quién te fías; no te alucine lo amplio de la entrada. Entonces mi guía le preguntó:
-¿Por qué gritas? No te opongas a su viaje ordenado por el destino: así lo han dispuesto en el lugar donde se puede todo lo que se quiere; no preguntes más.
Luego se empezaron a oír voces plañideras y llegué a un sitio donde me estremecieron grandes gemidos. Penetrábamos en un lugar que no tenía luz y rugía como el mar tempestuoso cuando está combatido por vientos contrarios. La tromba infernal que no se detiene nunca envuelve en su torbellino a los espíritus, los hace dar vueltas continuamente, los hiere y los molesta; cuando se encuentran ante su soplo se producen los gritos, los llantos, los lamentos y las blasfemias contra la virtud divina.
Supe que estaban condenados a semejante tormento los pecadores carnales que sometieron la razón a sus lascivos apetitos; de la misma forma que los estorninos vuelan en grandes y compactas bandadas en la estación de los fríos, así aquel torbellino arrastra a los espíritus malvados acá, allá, arriba, abajo, sin que éstos tengan nunca la esperanza de gozar de un momento de reposo ni de que su pena se aminore. Y del mismo modo que las grullas lanzando sus tristes acentos forman todas una prolongada hilera en el aire, así también vi venir, exhalando gemidos, a las sombras arrastradas por aquella tromba. Por lo que pregunté:
-Maestro, ¿qué almas son éstas a quienes de tal forma castiga ese aire negro?
-La primera de esas de quienes deseas noticias –me dijo entonces– fueemperatriz de una multitud de pueblos donde se hablaban diferentes lenguas, y tan dada al vicio de la lujuria que permitió en sus leyes todo lo que excitaba el placer, a fin de ocultar de ese modo la abyección en que vivía. Es Semíramis (3), de quien se sabe que sucedió a Nino y fue su esposa y reinó en la tierra de que hoy es dueño el Sultán. La otra (4) es la que se mató por amor y quebrantó la fe prometida a las cenizas de Siqueo (5). Después sigue la obscena Cleopatra (6).
También vi a Helena (7), la actitud de la cual provocó una terrible guerra, y vi al gran Aquiles (8) que, al fin, tuvo que combatir contra el amor. Vi a Paris (9), a Tristán (10) y a más de mil sombras que me fue enseñando y designando con el dedo y a quienes Amor había hecho salir de esta vida. Cuando oí a mi sabio nombrar a las antiguas damas y caballeros me sentí lleno de piedad y quedé como aturdido. Empecé a decir:
-Poeta, quisiera hablar a aquellas dos almas que van juntas y que parecen tan ligeras porque van impelidas por el viento.
Y él me contestó:
-Espera que estén más cerca de nosotros y entonces pídeles por el amor que las conduce que se dirijan hacia ti.
Tan pronto como el viento las impulsó hacia nosotros, alcé la voz diciendo:
-Oh, almas atormentadas, venid a hablarnos, si otro no se opone a ello.
Como dos palomas excitadas por sus deseos se dirigen con las alas abiertas y firmes hacia el dulce nido, llevadas en el aire por una misma voluntad, de esta manera salieron aquellas dos almas de entre la multitud donde se encontraba Dido, dirigiéndose hacia nosotros a través del aire malsano atraídas por mi fuerte y afectuoso llamamiento.
- ¡Oh, ser gracioso y benigno que vienes a visitarnos en medio de este aire negruzco, a nosotros que teñimos el mundo de sangre, si fuéramos amados por el rey del universo, le rogaríamos por tu tranquilidad, ya que te compadeces de nuestro acerbo dolor! Todo cuanto te plazca oír y decir te lo diremos y escucharemos con gusto, mientras continúe el viento tan tranquilo como ahora. La tierra donde nací está situada en la costa donde desemboca el Po con todos sus afluentes para descansar en el mar. Amor, que se apodera pronto de un corazón gentil, unió éste a aquel hermoso cuerpo que me fue arrebatado y siento aún el dolor que me causó tan inesperado golpe. Amor, que no dispensa de amar al que es amado, hizo que me entregara tan vivamente al placer de que se embriagaba éste, que, como ves, no me abandona nunca. Amor nos condujo a la muerte. Caín espera al que nos arrancó la vida.
Tales fueron las palabras de las dos sombras.
Al oír a aquellas almas heridas bajé la cabeza y la tuve inclinada tanto tiempo, que el poeta me preguntó:
-¿En qué piensas?
-¡Ah! -exclamé al contestarle-, cuántos dulces pensamientos, cuántos deseos los han conducido a este doloroso lugar.
Después me dirigí hacia ellos diciendo:
-Francisca, tus desgracias me hacen derramar tristes y compasivas lágrimas. Pero dime: cuando lanzabais los dulces suspiros, ¿cómo os permitió Amor conocer vuestros inciertos deseos?
Ella me contestó:
-No hay mayor dolor que acordarse del tiempo feliz en la desgracia; y eso lo sabe bien tu Maestro. Pero si tienes tanto deseo de conocer cuál fue el principal origen de nuestro amor, haré como el que habla y llora a la vez. Leíamos un día por pasatiempo las aventuras de Lancelot (11) y el modo como cayó en las redes del amor, estábamos solos y sin abrigar sospecha alguna. Aquella lectura hizo que nuestros ojos se buscaran muchas veces y que palideciera nuestro semblante, mas un solo pasaje fue el que decidió nuestra suerte. Cuando leímos que la deseada sonrisa de la amada fue interrumpida por el beso del amante, éste, que jamás se separará de mí, me besó tembloroso en la boca; el libro y quien lo escribió fue para nosotros otro Galehaut (12): aquel día ya no leímos más.
Mientras un alma decía esto, la otra lloraba de tal modo que, lleno de compasión, yo desfallecía como si muriera y caía como cae un cuerpo sin vida.
NOTAS
(1) Francisca. Hija de Guido el Viejo, hermano de otro Guido quien hospedó a Dante en el tiempo final de su exilio.
(2) Minos. Mit. Rey legendario de Creta. Hijo de Zeus y Europa. Mandó construir el laberinto en el que ocultaba al Minotauro, fruto de la unión de su esposa Pasifae con el toro enviado por Poseidón. Fue juez del Hades por haber dictado leyes muy justas durante su reinado.
(3) Semíramis. (s.-9). Nombre griego de la reina asiria Shammuramat, esposa de Samsi-Adad V. (-823 a -810). Regente durante la minoría de edad de su hijo. (-809 a -806).
(4) Dido. Mit. Reina legendaria fundadora de Cartago. Hija del rey de Tiro y esposa de Siqueo. Al ser asesinado éste, huyó con sus riquezas y consiguió por medio de un ardid que el rey Jarbos le cediera el territorio para fundar Cartago. Este rey creyéndose engañado la persiguió, y Dido para salvar a su pueblo se dio muerte. Según Virgilio, quien refiere un amor entre Dido y Eneas, se dio muerte en la pira al ser abandonada por el héroe, lo que dio motivo a las Guerras Púnicas.
(5) Siqueo. Esposo de Dido. Fue asesinado por Pigmalión, hermano de su mujer, para apropiarse de su fortuna.
(6) Cleopatra. Reina de Egipto. (-69 a -30). Amante de César, y luego de Marco Antonio. El senado romano declaró la guerra a ambos, y tras la derrota de Accio (-31) regresaron a Alejandría donde se suicidaron. Al caer en poder de Octavio, Cleopatra se hizo morder por una serpiente.
(7) Helena. Mit. Hija de Zeus y Leda. Esposa de Menelao, hermano de Agamenón. Fue raptada por Paris, lo que ocasionó la guerra entre griegos y troyanos narrada por Homero en la Ilíada.
(8) Aquiles. Mit. Hijo de Peleo y Tetis. Héroe que según Homero participó con los griegos en el asedio a Troya. Durante el último año se retiró del combate, encolerizado, porque Agamenón le arrebató su esclava de guerra, Briseida. La muerte de Patroclo, su amigo íntimo y pariente, determinó su retorno a la lucha. Vengó su muerte venciendo en combate a Héctor, hermano de Paris, e hijo del rey Príamo de Troya. Muerto Aquiles, herido en el talón, se mezclaron las cenizas de los dos amigos.
(9) Paris. Mit. Hijo de Príamo, rey de Troya, y Hécuba. Enviado a tratar el rescate de Hermione a la corte de Menelao, se enamoró de su esposa Helena, la sedujo y llevó a Troya. El relato de la guerra, la caída de Troya y el rescate de Helena, son temas de la Ilíada.
(10) Tristán. Leyenda medieval. Refiere cómo Tristán fue enviado a Irlanda conduciendo a Isolda, futura esposa del rey Marcos. Durante el viaje, ambos bebieron un filtro mágico que les comunicó amor eterno. Concluye con la trágica muerte de los enamorados a causa de este amor.
(11) Lancelote. Es también llamado Lanzarote del Lago. En el ciclo de leyendas de origen celta llamado Materia de Bretaña o cielo bretón, en las que se relatan las aventuras del rey Arturo y sus Caballeros de la Mesa Redonda, sus hechos y su amor por la reina Ginebra son mencionados reiteradamente.
(12) Galeoto (o Galehaut). Intermediario de los amores de Lancelote y la reina Ginebra en el poema del rey Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda.
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