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"Un tal Mencio –ése es el nombre que le dieron los jesuitas– nosdice... la benevolencia es en el origen natural al hombre, es como una montaña cubierta de árboles. Pero, los habitantes de los alrededores comienzan a cortar los árboles. La acción benéfica de la noche trae un nuevo florecimiento de los retoños, pero a la mañana, los rebaños llegan, los devoran y, finalmente, la montaña es una superficie lisa, en la que nada brota." En el Seminario 7, La Ética del Psicoanálisis, capítulo, "Las Paradojas de la Ética", Lacan formula una pregunta: "...¿no hay algo más que la benevolencia?". Para responder a ella, hace esta referencia a Meng-Tsé, llamado Mencio por los jesuitas, y finalmente agrega: "Ven que el problema no data de ayer. Esa benevolencia está tan poco asegurada para nosotros..."
Se reproduce: (para ubicar -en el contexto- la cita de Lacan)
desde el artículo VI al XX del Libro VI, Gào Zî (A) (*), el libro de Mencio, en "Confucio-Mencio"
Los Cuatro Libros. Ediciones Alfaguara S. A. Madrid, 1982. (**)
VI
1. Gondgdu dijo: “Gào afirma que la naturaleza humana no es ni buena ni mala”.
2. “Hay quien dice que la naturaleza humana puede obrar el bien y el mal y que, por eso, en tiempos de los reyes Wèn y Wû el pueblo amaba el bien, mientras que, en la época de You y Lì amaba la crueldad."
3. “Hay quien dice que unos tienen una naturaleza buena y otros mala y que, por eso, incluso cuando el soberano era Yáo, pudo aparecer alguien como Xiàng (232) y que un padre como Gûsôu (233) pudiera tener un hijo como Shùn, mientras que, cuando el soberano era el tiránico Zhòu, ayudado por su sobrino, pudieran existir hombres buenos como Qî de Wêi y el príncipe Bîgan.”
4. “Si ahora decís vos que la naturaleza es buena, todos estarían equivocados."
5. Mencio, respondió: "De acuerdo con sus sentimientos, la naturaleza puede hacer el bien, por eso digo que es buena.”
6. "Si los hombres no hacen el bien. el defecto no es de la naturaleza."
7. “El apiadarse de los otros es un sentimiento que tienen todos los hombres y. asimismo, todos los hombres tienen los sentimientos de vergüenza y disgusto, de respeto y reverencia, de asentimiento o denegación. El apiadarse de los demás indica que tenemos la benevolencia, la vergüenza y el disgusto, que tenemos la rectitud, el respeto y la reverencia, que tenemos la corrección y, por último, el sentir o denegar indica que tenemos capacidad de conocer. Benevolencia, rectitud, corrección y capacidad de conocimiento no son principios que se nos infundan desde el exterior; con certeza que los tenemos en nosotros y que sólo la falta de reflexión puede hacer mantener lo contrario. Por eso se dice: Búscalos y los encontrarás, descuídate y los perderás. Los hombres se diferencian a este nivel en el doble, en cinco veces o en una inconmensurable cantidad, pero esto es porque no pueden ejercitar al máximo sus dotes naturales."
8. “El Libro de la Poesía dice (234):
Cuando el Cielo produjo a los innumerables hombres
les dio cualidades y leyes.
Los hombres las guardarán siempre y,
en verdad que aman su admirable virtud."
Confucio, decía: “El que hizo este poema sabía en lo que consiste nuestra naturaleza.. En consecuencia. es preciso que las cualidades tengan sus leyes y que todos las guarden y que amen consecuentemente esta admirable virtud celeste.”
VII
1. Mencio dijo: "En los años de abundancia, los jóvenes son excelentes, en los años de escasez, pésimos. Esta diferencia no se debe a sus cualidades naturales, sitio a que las circunstancias ahogan su corazón.”
2. “Tenemos el ejemplo de la cebada: una vez que se esparce la semilla y se cubre de tierra, con el mismo suelo y el mismo tiempo de siembra, germina, nace y, cuando llega su tiempo, todas las plantas están maduras. Si hay diferencias, será porque el suelo es más o menos fértil, porque lluvias y rocíos la alimentaron de modo distinto y porque el trabajo humano sobre ella no fue igual.”
3. "En consecuencia, si todas las cosas de la misma especie se parecen, ¿por qué se duda solamente al llegar al hombre? Los grandes sabios y nosotros somos de la misma especie."
4. “Por eso decía Lóngzî: Aunque uno que hace abarcas no conozca el tamaño de los pies, yo sé que no las hará como cestas. Todas las abarcas se parecen, igual que se parecen todos los pies del mundo."
5. “Lo mismo pasa con la boca y los sabores, que se gustan con el mismo paladar. Yiyá, el famoso cocinero, alcanzó a saber antes que nosotros todos los gustos de nuestra boca. Supongamos que su gusto hubiera sido distinto del nuestro, del mismo modo que lo es el de los perros y caballos, que no son de nuestra misma especie; entonces, nadie hubiera seguido los gustos de Yiyá. En lo que se refiere al paladar, todo el mundo sigue las recetas de Yiyá y, esto es porque los paladares de todos los hombres se parecen.”
6. “También se puede decir algo así del oído: en lo que respecta a los sonidos, todos se guían por el maestro Kuang, porque el oído de todos se parece.”
7. “También es así con la vista; todos reconocen que Zîdu era bello y el que así no lo reconociera sena porque era ciego."
8. “Por eso digo que, si todos los hombres coincidimos en cuanto a gusto en tener el mismo paladar, en cuanto a oído el mismo sonido, y en cuanto a vista en ver la mismna belleza, ¿vamos a ser distintos nada más que en lo que respecta al corazón?; ¿en qué, pues, somos iguales en lo que tiene que ver con el corazón?: en lo que llamamos principios naturales y en la rectitud. Los sabios supieron antes que nosotros lo que igualmente tenemos de forma natural en nuestro corazón y, por eso, los principios naturales y la rectitud agradan a todos nuestros corazones. como la carne de los diversos animales agrada a todas nuestras bocas."
VIII
1. Mencio dijo: "Los árboles del monte Niú eran bellos, pero por estar situados en los bordes de un gran Estado, fueron atacados con hachas y ya no pudieron conservar su belleza. Con el reposo del día y la noche y la nutrición de lluvias y rocíos, renacieron brotes y tallos, pero vacas y cabras vinieron entonces y pastaron en el monte hasta dejarlo pelado. Cuando las gentes ven ahora el monte desnudo, creen que en él nunca hubo árboles, pero no es éste el estado natural del monte."
2. De la misma manera, con referencia al hombre, no puede decirse que en su corazón no existan la benevolencia y la rectitud. El hombre pierde su bondad de corazón del mismo modo que se abate a los árboles con hachas; si uno y otro día se la hiere, ¿cómo podrá conservar su belleza? El corazón se recupera a lo largo de los días y las noches y, aunque en el pacífico aire de la aurora ama o rechaza hasta un cierto punto lo que es propio de los hombres, las influencias del día le ponen grilletes y le ahogan. Si una y otra vez se le ponen grilletes, el aire de la noche no es bastante para preservar la existencia de la bondad y, si esto es así, la naturaleza humana no será muy distinta de la de los animales irracionales. Entonces, cuando los hombres ven que esto sucede, piensan que nunca tuvieron otra naturaleza, ¿pero acaso son éstos los sentimientos humanos?”
3. "En consecuencia, cualquier cosa que sea correctamente alimentada se desarrollará, y, si no lo es, se marchitará.”
4. “Confucio decía: Sujétalo y lo conservarás, descuídalo y lo perderéis. En cualquier momento puede entrar o salir y nunca sabrás en qué lugar. Sólo al corazón podía referirse con estas palabras. (235)
IX
1. Mencio dijo: “Nadie tiene por qué extrañarse de que el rey tenga escasa sabiduría."
2. "Aunque dispusiéramos de la cosa más fácil de cultivar del mundo, si la expusiéramos a gran calor durante un día y a gran frío durante diez, no podría crecer. Yo veo pocas veces al rey y, cuando me retiro, llegan hasta él los que son como el frío. Yo hago salir algunos brotes pero ¿de qué sirve?
3. “Pongamos por ejemplo el ajedrez, que es una habilidad sin importancia pero que no se puede dominar si no se pone en ella toda la mente y toda la voluntad. Qiu, el ajedrecista, es el mejor jugador de todo el reino: supongamos que enseña a dos hombres a jugar al ajedrez: uno de ellos presta su mente y su voluntad toda y no hace más que escuchar a Qiu, mientras que el otro, aunque le escucha, tiene su mente puesta en un cisne salvaje que él cree que se aproxima y piensa en tornar su arco, ajustar una flecha a la cuerda y dispararle. Aunque esté aprendiendo al mismo tiempo que el otro, no llegará a ser como él. ¿Es que por casualidad sus inteligencias son desiguales? Ciertamente que no."
X
1. Mencio dijo: “Me gusta mucho el pecado y también me gustan mucho los pies de oso, pero si no pudiera conseguir mas que una de las dos cosas, dejaría el pescado y me quedaría con los pies de oso. Me gusta mucho la vida y también me gusta mucho la rectitud, pero si tuviera que elegir entre ambas cosas, dejaría la vida y me quedaría con la rectitud.”
2. “Me gusta mucho la vida, mucho, pero hay cosas que me gustan más que la vida, por lo que no halla nada indebido por conservarla. Me desagrada mucho la muerte, mucho, pero hay cosas que me desagradan más que la muerte, por lo que no huiría de muchos peligros.”
3. "Si entre las cosas que el hombre ama, la vida fuese la primera, nada haría entonces que la pusiera en peligro. Si entre las cosas que el hombre detesta, la muerte fuese la primera, lo haría todo para evitar cualquier peligro.”
4. “Hay ocasiones, sin embargo, en que el hombre puede conservar la vida haciendo algo determinado, y no lo hace, o en que pudiendo evitar la muerte por medio de una determinada conducta no la evita.”
5. “Por consiguiente, hay cosas que los hombres aman más que la vida y otras que temen más que la muerte y no son los virtuosos los únicos que tienen esta naturaleza; la única diferencia que ellos tienen con los otros es que no la han perdido."
6. “Supongamos que la vida depende de una cesta y de un plato de sopa; si los conseguimos viviremos y, si no, moriremos. Si son ofrecidos con insultos, ni un caminante necesitado los aceptaría; si se los pisotea antes de darlos, ni un mendigo se cuidaría de recogerlos.”
7. -Y, sin embargo, si me dan diez mil medidas de trigo ¿me olvidaría de toda justicia y de toda corrección para aceptarlas? ¿De qué me servirían las diez mil medidas? ¿Para conseguir hermosos palacios? ¿Los servicios de esposas y concubinas? ¿Para socorrer a todos los conocidos pobres?”
8. “En el primer caso se trataba de la vida o de la muerte, pero se rechazaba el ofrecimiento, en el segundo se trata de obtener bellos palacios, esposas, concubinas y de ayudar a los conocidos necesitados. Si se rechaza aquél ¿no se podrá también renunciar a éste? El aceptarlo sería lo que llamo: perder la naturaleza original."
XI
1. Mencio dijo: "La benevolencia es la mente del hombre, la rectitud es su camino."
2. "¡Qué triste es perder el propio camino y no seguirlo, abandonar la propia mente y no saber buscarla!”
3. “El hombre que pierde a sus pollos y perros sabe como buscarlos y, sin embargo, no saben buscar los que pierden su mente."
4. “El objetivo de todo estudio no es otro que buscar la propia mente perdida.”
XII
1. Mencio dijo: “Supongamos que un hombre tiene torcido, y sin que pueda enderezarlo, el dedo anular de una mano, ni le duele, ni le impide realizar su trabajo, pero, si hubiera algo que pudiera ponérselo derecho, no le parecería largo el camino de Qín a Chû para llegar hasta él; porque su dedo no es como el de los demás hombres.”
2. “Sabe como odiar a su dedo porque no es como el de los demás hombres, pero si su mente no es como la de los demás hombres, no sabe odiarla. Yo afirmo que esto es no saber distinguir entre lo que es importante y lo que no lo es.”
XIII
1. Mencio dijo: “El árbol Tóng y el árbol Zî pueden rodearse con las dos manos, tal vez con una.
Los hombres que desean cultivarlos saben todas las formas de las que deben ser cuidados. Si, en cambio, nos referimos al propio ser, veremos que los hombres no saben de qué forma cultivarlo. Habrá que suponer que se aman a sí mismos menos que al árbol Tóng y al árbol Zî. Esta conducta no supone sino una falta muy grande de reflexión.”
XIV
1. Mencio dijo: "Los hombres estiman todas las partes de su cuerpo por igual y, por eso, cuidan de todas también por igual. No les disgusta ni una pizca de su piel y, por lo mismo, no hay ni una pizca que no cuiden. Entonces, no hay otra manera de examinar si se cuida bien o mal más que la de reflexionar sobre sí mismo.”
2. “En el cuerpo hay partes más valiosas que otras y partes mayores que otras. No se puede dañar lo grande a causa de lo pequeño, ni lo valioso a causa de lo menos valioso y, así, aquel que se ocupa de sus pequeñeces será un hombrecillo, mientras que el que cuida de sus partes importantes será un gran hombre."
3. "Supongamos que el capataz de una plantación se preocupara sólo del cultivo de la azufaifa y se olvidara de los valiosos árboles Wú y Jîa; este capataz sería sin duda muy deficiente."
4. "Cuidarse de un solo dedo y descuidar la espalda y los hombros, sin tener además conciencia de ello, equivaldría a actuar como un lobo enfermo."
5. "Un hombre que se dedica solamente a comer y a beber es despreciado por los demás hombres, porque se cuida de lo pequeño y es negligente con lo importante."
6. “Los órganos digestivos de alguien que come y bebe, pero que también se ocupa de lo importante, no pueden considerarse tan sólo un trozo de carne. (236)
XV
1. Gongdu le preguntó a Mencio: "Aunque todos los hombres son igualmente valiosos, ¿por qué unos son más grandes que otros?- Mencio respondió: "Los que siguen la parte pequeña de su ser son pequeños y grandes los que siguen su parte grande.”
2. Gongdu dijo: “Y ¿por qué siendo todos hombres, unos siguen su parte pequeña y otros su parte grande?"
Mencio respondió: “El oído y la vista no se ocupan de pensar y son cegados por las cosas y una cosa arrastra a otra con la que se relaciona. La mente se ocupa de pensar y con el pensamiento consigue lo que se propone, pero si no piensa, no lo consigue. Esto es algo que el Cielo nos ha dado.
El que pone en primer lugar su parte importante evitará ser arrastrado por sus pequeñeces y llegara a ser un gran hombre.”
XVI
1. Mencio dijo: “Hay una nobleza celeste y una nobleza humana. La nobleza celeste está constituida por la benevolencia, la rectitud, la fidelidad y el complacerse en estas virtudes sin descanso, el ser duque, canciller o alto funcionario es lo que constituye la nobleza terrestre.
2. "Los antiguos cultivaban su nobleza celeste y la nobleza terrestre les venía por añadidura. Los hombres de hoy cultivan su nobleza celeste para que se les dé la terrestre y, conseguida ésta, se olvidan de aquélla. Su desengaño es grande porque al final también perderán su nobleza terrestre."
XVII
1. Mencio dijo: “El obtener dignidades es un deseo común a todos, pero todos los hombres tienen en sí mismos una dignidad en la que no piensan".
2. “Las dignidades que dan los hombres no son buenas dignidades. Todas las dignidades que concedía Zhào Mèng, (237) Zháo Meng las podía quitar.
3. El Libro de la Poesía dice (238):
Emborrachado con vino, harto de virtud.
Es decir, que está harto de benevolencia y rectitud y que, por lo mismo, no desea gustar de la carne y el grano que pueden darle los hombres. Para alguien así, los ricos vestidos humanos son indeseables, porque él se viste con su gloria."
XVIII
1. Mencio dijo: "La benevolencia vence a su contrario como el agua vence sobre el fuego, pero los que ahora quieren servirse de la benevolencia, lo hacen como el que pretende apagar un carro de leña ardiendo con un vaso de agua y, cuando no se apaga, dicen que el agua no puede vencer al fuego. Esta conducta, además, alienta a los no benevolentes."
2. "El final de todos no es otro que la perdición.”
XIX
1. Mencio dijo: "Los cinco principales cereales son las plantas más útiles, pero si no están maduros, no llegan a ser como otras plantas inferiores. La benevolencia también es igual, que sólo vale en tanto en cuanto está madura.”
XX
1. Mencio dijo: "Cuando Yì (239) enseñaba a otros a disparar el arco, se obligaba a tensarlo hasta el máximo y sus alumnos también hacían lo mismo."
2. "Cuando un maestro de obras enseña a otros, precisa usar del compás y de la escuadra y sus alumnos también hacen lo mismo. (240)”
Nota aclaratoria
Meng-Tse. Filósofo chino, nacido en Tsou (Shan-tung) en 371 ó 372 a. de J.C. y muerto en 289. Los extranjeros le conocen con el nombre de Mencius, forma latinizada de Meng-Tzû el filósofo Meng. En China el nombre de Meng sólo se pospone al de Confucio. Su estatua o tablilla de espíritu, según los casos, ha ocupado en los templos de los sabios un lugar entre los cuatro asesores, desde el siglo XI de nuestra era, aunque el nombre de filósofo Meng se le da desde el año 1530. Los Mengs eran una de las tres tribus más poderosas de Lu, en tiempo de Confucio, y la de Meng-Tsé se había establecido en Tsou, villa cuyo nombre perdura en Tsou-hsien, distrito de Yenchau Shan-tung. En la capital de este distrito hay un templo magnífico dedicado a Meng-Tsé. Huérfano de padre, educóse al cuidado de su madre: vivían en una modesta casa junto a un cementerio, lo que le indujo a poner en forma dramática las solemnes escenas que se desarrollaban constantemente ante sus ojos. Su madre, para desorientarle, mudó de lugar, y sentó sus reales en la vecindad de un mercado: al poco tiempo, el adolescente olvidó todo lo referente a funerales y sepelios, y sus juegos consistían en la compra y venta de artículos. Esto desagradó también a la viuda, la cual trasladó sus penates al lado de un colegio, y el pequeño Meng se apresuró a imitar la disciplina y ceremonia a que los estudiantes estaban sujetos, con gran contentamiento de su madre. Más tarde fue discípulo de K'ung-Chi, el nieto de Confucio: y después de haberse empapado en la doctrina (tao) del gran filósofo, fue nombrado, a los cuarenta y cinco años de edad, ministro del príncipe Hisüan, en el Estado de Ch'i. Pero el príncipe no quería seguir las indicaciones de su consejero, y Meng resignó el cargo. Trasladóse a Liang, después de recorrer varios pueblos en los cuales no permaneció mucho tiempo, y allí entró en favor del príncipe Hui, a cuyo lado permaneció hasta la muerte del soberano, ocurrida en 319. Seguidamente regresó al Estado de Ch’i, entrando de nuevo en sus anticuas funciones. En 311 volvió a dimitir, retirándose a la vida privada, y dedicando el resto de su vida a la enseñanza y preparaci6a del sistema filosófico que lleva su nombre. Vivió en una época en que los príncipes feudales luchaban por los contrarios sistemas de Federación e Imperialismo, y trató en vano de imponer, en un tiempo de sangre y fuego, las amables virtudes de la Edad de Oro. Su doctrina, contenida en el llamado Libro de Mencius, comprendía preferentemente dos puntos, a saber: las relaciones del gobernante con el gobernado y la naturaleza moral del hombre: en cuanto a lo primero sentaba como base fundamental que el pueblo es el factor más importante de la nación; al pueblo sigue en importancia, el Estado y tras éstos el príncipe (o gobernante). Desde el punto de vista ético, sienta como principio la bondad de la naturaleza humana e impugna la filosofía del egoísmo que enseñaba Yang-tchu. Su elocuencia no era tan poderosa como la de Confucio, pero, no obstante, sus enseñanzas revelan personalidad propia. Las máximas de Mèng-Tsé fueron puestas, por sus discípulos, en forma de diálogo, en el Libro de Mèng-Tsé, el cuarto de los llamados Sechu (cuatro libros), el cual tradujeron, entre otros, al latín, Julien (París. 1824); al inglés, Legge (Life and works of Mencius, Londres, 1875), y al francés, Pauthier (París, 1841), traducciones de Julie y Legge se hallan en Chinese Classics (vol. II, 2da. edición, Oxford, 1894).
Bibliogr. Faber, Lehrbegriff des Philosophen Mencius (Elberfeld, 1877): Bricout, Où en est l’histoire des religions? (t. I, París, 1911).
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