Sófocles
"Ahora que el padre y la madre están ocultos en el Hades no hay ninguna posibilidad de que un hermano renazca jamás..."
En relación a este pasaje clave que se refiere al valor del hermano, y que pertenece a la tragedia "Antígona" de Sófocles, en el capítulo "El brillo de Antígona", del Seminario 7, "La ética del psicoanálisis", Lacan discute la imputación de apócrifo hecha por algunos eruditos, diciendo: "... ese pasaje es tan poco apócrifo que esos dos versos son citados casi ochenta años después por Aristóteles, en el Tercer Libro de su Retórica..", dicha cita se encuentra en el cap. "El brillo de Antígona", del Seminario "La ética del psicoanálisis". Dicho pasaje, se encuentra en el capítulo XVI del texto mencionado por Lacan.
Se reproduce:
- Aristóteles (384 a. C. - 322 a. C.)
El Arte de la Retórica. EUDEBA, Col. Los Fundamentales. Bs. As., 1966. ()
- un fragmento de Herodoto que Lacan también menciona en relación a ese pasaje de Antígona, y que se encuentra en el capítulo CXIX del Libro Tercero de "Los Nueve Libros de la Historia".
Herodoto (484 a. C. -425 a. C.) Los Nueve Libros de la Historia. Editorial Porrúa, S.A., México, 1986.()
Retórica
Aristóteles
LIBRO TERCERO, CAPITULO XVI
LA NARRACIÓN
La narración en el género demostrativo
En los discursos del género demostrativo la narración no es continua sino por partes, porque es necesario exponer las acciones sobre las cuales versa el discurso. En efecto, el discurso consta, por una parte, de algo ajeno al arte (porque el orador no es la causa de las acciones), y por otra, de lo que es propio del arte. Esto consiste, o bien en demostrar que existe, si se trata de algo increíble, o que es de tal naturaleza, o de tal importancia; o bien todo ello junto.
Por este motivo, algunas veces no es conveniente exponerlo todo en forma continuada, porque una demostración semejante es difícil de recordar. Se dirá, por tanto, que por estas acciones se mostró valiente, y por aquéllas, sabio o justo. Este tipo de discurso es el más sencillo; el otro, en cambio, es variado Y complejo.
Es conveniente también traer a la memoria las acciones conocidas; por eso la mayor parte de los discursos no necesitan de narración; por ejemplo, si se quiere elogiar a Aquiles. En efecto, todos conocen sus acciones, pero es necesario hacer uso de ellas. En cambio, si se desea elogiar a Critias, (1) habrá que narrarlas, porque la mayoría no las conoce.
La narración en el género judicial
Al presente ridículamente afirman que la narración debe ser breve. En verdad que es esto como se le dijo al panadero que preguntaba si haría la masa dura o blanda. "¿Cómo “, se le respondió, "¿es imposible hacerla bien?”. Aquí ocurre lo mismo. Porque no conviene narrar extensamente, así como tampoco hacer un exordio o presentar las pruebas con excesiva prolijidad. Porque el que esté bien hecha no reside en lo breve o en lo conciso, sino en ¡ajusta medida. Esto consiste en decir todo aquello que declarará el asunto, o hará que juzguen que el hecho ocurrió, o que hizo daño, o que hizo injusticia, o que el asunto tiene la importancia que el orador desea darle. Lo que se opone a esto, servirá para el adversario.
Habrá que añadir a la narración todo aquello que ponga de relieve las propias virtudes. Por ejemplo: "yo siempre le advertía, diciéndole lo que era justo, que no abandonara a sus hijos"; o la maldad del otro: "pero él me respondía que donde estuviera tendría otros hijos", como afirma Herodoto que respondieron los desertores egipcios. (2) También todo aquello que sea agradable a los jueces. Al que defiende, le conviene una narración más breve. Objeto de controversia es, o que no se dio el hecho, o que no es dañoso, o que no es injusto, o que no lo es tanto, de manera que no hay que perder el tiempo en lo que se está de acuerdo, a no ser que haya algo que se refiera a aquello; (3) por ejemplo, sí se ha dado el hecho, pero no es injusto. Además, conviene exponer aquellos hechos cuya ejecución no produzca compasión ni terror. (4) Por ejemplo, el relato de Alcinoo, que tiene lugar ante Penélope y consta de sesenta versos, (5) y como hizo Faylo con el poema cíclico, (6) y el prólogo en el Oineo .(7)
Carácter moral
Es necesario, además, que la narración esté dotada de carácter moral. Esto ocurrirá si conocemos qué cosas producen carácter moral. Una de ellas consiste en manifestar la intención, pues el carácter moral es de la misma naturaleza que aquélla, y la intención de la misma naturaleza que el fin. (8) Por eso los razonamientos matemáticos no tienen carácter moral, porque tampoco tienen intención, pues no poseen un fin. En cambio lo tienen los razonamientos socráticos, porque tratan de asuntos de esa naturaleza.
Otras señales que indican el carácter moral, son los rasgos que acompañan a cada uno de los caracteres, por ejemplo, que volvió las espaldas al mismo tiempo que hablaba, pues indica arrogancia y rusticidad de costumbres.
Asimismo, no hablar corno por cálculo interesado, corno los oradores de nuestros días, sino corno de algo libremente elegido. (9) "Yo quería y había preferido esto, y aunque no sacaba provecho de ello, era lo mejor." Pues lo uno es propio del hombre prudente y lo otro del que es honrado; porque es propio del prudente buscar lo útil, y del honrado lo honesto.
Si se trata de algo increíble, entonces hay que añadir la causa, como el ejemplo que trae Sófocles en la Antígona, a saber, que se preocupaba más del hermano, que del marido o de los hijos, porque podría tener otros aunque los actuales perecieran, "pero si la madre y el padre han descendido al Hades, no es posible jamás que nazca un hermano". (10)
Si uno no conoce la causa, se dirá que no se ignora que se dicen cosas increíbles, y que uno es de tal naturaleza; porque no creen que alguien libremente busque otra cosa fuera de lo que es útil."