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"Es evidente que los iconos -el Cristo triunfante de la bóveda de Dafnis o los admirables mosaicos bizantinos-tienen el efecto de mantenernos bajo su mirada. Podríamos detenernos aquí, pero entonces no percibiríamos realmente por qué se le pide al pintor que realice ese icono, ni de qué sirve el que se nos presente el icono. Hay allí mirada, por supuesto, pero viene de más lejos. El valor del icono estriba en que el Dios que representa también lo mira. Se supone que complace a Dios. A este nivel, el artista opera en el plano sacrificial -pues cuenta con que existen cosas, imágenes en este caso, que pueden suscitar el deseo de Dios."
La cita pertenece a El Seminario, Libro 11, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, apartado “De la mirada como objeto de minúscula”, capítulo “¿Qué es un cuadro?” donde Lacan desarrolla el tema de la mirada como objeto a en el campo escópico, refiriéndose al caso especial de los íconos, para ejemplificar el funcionamiento del a en su repercusión social.
Ya en Seminario 8, La Transferencia, Lacan había mencionado a los iconos, en el capítulo denominado "Agalma"; allí donde justamente comienza a articular este concepto, central en su teoría de la transferencia. Dice: "Cada vez que encuentren agalma, presten atención. Aunque parezca tratarse de las estatuas de los dioses, si miran de cerca, se apercibirán de que siempre se trata de otra cosa.( ... ) Les doy la clave de la cuestión diciéndoles que es la función fetiche del objeto la que siempre está acentuada. " Y agrega: "El fetiche es en sí mismo totalmente otra cosa que una imagen o un icono, en tanto que sería reproducción.
Ese poder especial del objeto permanece en el fondo de la costumbre de la cual, aún para nosotros, el acento todavía se conserva en los términos ídolo o icono."
Se reproduce: iconos mencionados por Lacan en Los Cuatro Conceptos...
1) el Cristo Triunfante de la bóveda de Dafnis ()
2) uno de los mosaicos bizantinos.
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Cristo Triunfante de la bóveda de Dafnis |
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Mozaico bizantino |
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Historia General de la Pintura,
Colección dirigida por Claude Schaeffner -
Vol. 5, Pintura Bizantina y Rusa.
Texto de Kostas Papaioannoti (ver abajo).
Aguilar, S.A de Ediciones, Madrid, 1938.
NOTA (Enciclopedia Británica, y escrito de Jean-Clarence Lambert que introduce el ensayo sobre pintura bizantina de Kostas Papaioaonnu)
"El bienaventurado no es solo San Lucas, sino cuantos representan y tratan de mostrar los milagros, los retratos sagrados del Señor de la Madre de Dios v de otros santos; porque este arte es agradable a Dios y El lo ve con buenos ojos "
Del Tratado de Dionisio, monje de Furna Agrafa
Icono: Del griego, imagen. En la tradición cristiana oriental, representación de personajes sagrados o acontecimientos en pintura mural, mosaicos o madera.
En momentos en que Roma sucumbía ante los bárbaros, Constantinopla fue, así mismo, la-“nueva Roma”. Al decir de Jean-Clarence Lambert, esta "nueva Roma" preserva la herencia de la Antigüedad y la fusiona con las fuerzas revolucionarias surgidas del Oriente Medio, de las cuales la más decisiva será el cristianismo. De allí surgirá la elaboración de una visión inédita del Universo y una nueva concepción del hombre, que no ha cesado de constituir el patrimonio común del mundo cristiano.
Para abordar aquello que caracteriza a los iconos, se debe tomar el término”imagen" en el sentido más concreto. Como lo explica el historiador K. Papaioaonnu, el icono no es una creación arbitraria de la imaginación del pintor. Por el contrario, de estar "correctamente" pintado, es decir, si reproduce modelos cuya autenticidad está garantizada por la tradición, el icono se convierte en “reflejo" de su prototipo divino, y participa de su santidad.
En ciertos pasajes de las epístolas de San Pablo, éste dice que Cristo es: "... la imagen de Dios invisible " (Colosenses, 1, 15), y en quien "...habita corporalmente toda la plenitud de la divinidad " (Colosenses, 2, 9). Estos pasajes, en los cuales Cristo aparece como el "icono" de Dios en la tierra, siempre se han citado en la misa ortodoxa de la consagración de ¡conos, y constituyen la base doctrinaria para su adoración.
También fueron la base de la nueva teología del icono que se generó luego de la controversia iconoclasta de los siglos VIII y IX, que discutió la función religiosa y el significado de los iconos.
La Iglesia oriental formuló así la base doctrinaria para su veneración: si Dios había asumido la forma material en la persona de Jesucristo, él también podía ser representado en imágenes.
La controversia iconoclasta mencionada fue la disputa sobre el uso de las imágenes religiosas en el Imperio Bizantino en los siglos VIII y IX. Los Iconoclastas (los que rechazan imágenes) objetaban la adoración de las imágenes por varios razones, incluida la prohibición del Antiguo Testamento contra las imágenes en los diez mandamientos. Los defensores de la adoración de los ¡conos insistían en la naturaleza simbólica de las imágenes y de la dignidad de la materia creada.
La iglesia temprana se oponía a la producción y veneración de retratos de Cristo y Santos. El uso de ¡conos, sin embargo, ganó en popularidad en las provincias del este del Imperio Romano. En 726 el emperador Bizantino Leo 111 tomó una posición contra los ¡conos y en 730 su uso fue oficialmente prohibido. Hasta el siglo IX, los sucesivos emperadores fueron tomando partido por uno u otro bando, en una lucha encarnizada que se cobraba vidas humanas provocó la destrucción de valiosísimas piezas de iconografía.
Para la ortodoxia bizantina, la crisis fue la prueba que determinó a los grandes pensadores ortodoxos, como San Germán y San Juan Damasceno, a elaborar la nueva teología del icono, lo que anuncia el arte monumental del período clásico de Bizancio.
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