Exposición
ESFERAS, FLUJOS Y COMPLEJIDAD EXTRAHUMANA
de Adolfo Vásquez Rocca
GALERÍA SÓNAR, Buenos Aires
Agosto – Noviembre de 2007
La producción pictórica de Adolfo Vásquez Rocca, tras exploraciones en el arte objetual y conceptual en su vertiente analítica, es otro registro de su trabajo crítico y ensayístico en torno a la condición posmoderna. El imaginario de esta muestra se nutre de los temas de la alteridad y los problemas identitarios del hombre contemporáneo, de su conflictuada relación con el paroxismo tecnológico y su agobio ante el vértigo de la información, así como frente a la alienación en las sociedades postmodernas. Las obras ofrecen una conceptualización del futuro. El espacio cultural de la reproducción, la era de la clonación y la cosificación del ser humano. La excesiva medicalización de nuestras sociedades, convertidas en verdaderos Estados terapéuticos. El autor avizora como la explosión de las nuevas tecnologías no sólo está conformando nuevas formas de subjetividad, sino también, y esto es lo más provocador, una 'nueva carne'. El cuerpo ha dejado de ser algo natural, se imponen los implantes, los injertos. La muestra es así una tentativa de comunicar la invasión del cuerpo, su fragmentación e incluso su vaciamiento.
Operando desde las imágenes la desestabilización del cuerpo como un híbrido difícil de precisar. En estas imágenes por momentos turbadoras, aparece el sujeto en su radical alteridad en el límite de estar ya desposeído de sí mismo, sin intimidad posible, totalmente expuesto en la sociedad del espectáculo, vuelto hacia las formas de la exterioridad. Nuestra soledad demanda un espejo simbólico en el que poder reencontrar a los otros desde nuestro interior. Buscamos en el espejo la unidad de una imagen a la que sólo llevamos nuestra fragmentación, arrojados a la extrañeza de un mundo sin coartada dramática. Más allá de la representación y de la significación forzada, más allá del qué significa o el qué quiso expresar, del patetismo de las imágenes, de la expresividad ralentizada, nos topamos con la des-realización del mundo, con su provisional puesta entre paréntesis. Así la obra de Adolfo Vásquez Rocca, anacrónica y contemporánea, impone un irreductible singularidad que subvierte el eclipsante ideario de nuestro tiempo. Una vez más la cuestión del estatuto de lo "humano" -de “Las Reglas para el Parque Humano”- nos sumerge en el apasionante debate en torno a la existencia en sus límites o más allá de ellos, en la condición posthumana, allá dónde asoma el sobre-hombre de Nietzsche; el autor sabe dejar pistas escatológicas y claves hermenéuticas para remitirnos a un ideario y a un corpus de autores que con resonancias espirituales y postmetafísicas han dado cuenta de este hombre contemporáneo que con Sloterdijk aparece como una animalitas fracasada -un metafísico animal de la ausencia- y con Baudrillard deviene simulacro, una paroxística representación de sí mismo al infinito.
Así, como en La sociedad del espectáculo y La transparencia del mal, ante el horror de lo real que amenaza ciertamente devorarnos, la existencia desfallece, se hunde en las procelosas aguas del nihilismo; con El desprecio de las masas nos toca hoy ubicar remotos oasis, en el desierto del mediodía del mundo moderno Mientras tanto una masa indigna, llegada con retraso a una Ilustración ya desilusionada, se solaza en recrear La violencia de lo sagrado, sin recaer en guiños moralistas ni incurrir en en el exceso discursivo, en el dibujo psicologista indiscriminado de lo demasiado humano, sino de manera contenida las obras nos permiten emocionarnos con la soledad turbadora de personajes que parecen deambular en búsqueda de un tiempo jamás recobrado.
Con Esferas, flujos y complejidad extrahumana nos toca hoy repensar una existencia digna en el horizonte omnímodo del nihilismo, cuando tanta Arqueología del saber y tantas potencias redentoras a las cuales confiaron los hombres el rescate de su ser, han periclitado, convertidas en parodias de simulacros neuróticos o incluso psicóticos. Elementos de este tipo encontramos en buena parte de la obra pictórica y ensayística del artista.
La morfología y la anatomía se encuentran en una mesa de disección, la que parece ser su paleta de colores o de materiales -mejor aún- de la fatiga de material. De la fatiga de las historias, de la deriva del yo, de su final disolución, tal como lo insinúan la borradura de los rostros en estas pinturas. El hombre que ha dejado de ser humano, para adentrarse en una condición pos-humana, el cyborg, el androide -con referencias a la cópula animal-máquina. O tal vez se trate de máquinas célibes. De injertos, prótesis e implantes. La atmósfera de estas pinturas es la de la trasgresión de fronteras entre lo natural y lo artificial.
Sensible a los avatares de nuestra época, el artista se asoma a través de sus obras, en una mirada apocalíptica, a los escenarios de la devastación, a la gestión de la catástrofe, al advenimiento de una era eugenésica en la que el cuerpo de neurólogos y cirujanos se ha posicionado como casta dominante, y el gobierno está en manos de obsesos de la experimentación genética. Es la dictadura de la prescripción farmacológica.
El eje articulador de la muestra parece así estar constituido por las nociones de “alteridad” e “identidad”. Una iconografía de la desaparición y del olvido, con su consecuente iconográfica famélica en la representación de la figura humana, estilizada hasta la anorexia. Una deriva replicante de la "identidad" en la que ya no hay vestigios de reconocimiento posible.
Rosa Aksenchuk
Buenos Aires, 2 0 0 7
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