Rosa Aksenchuk *
Resumen
El presente escrito intenta reflexionar sobre algunas coordenadas vinculadas con la crisis y el estatuto del sujeto en el mundo contemporáneo partiendo del debate generado recientemente en Francia a raíz de una campaña gubernamental contra la depresión, la que hizo reaparecer en diversos foros de la polis la gran fractura que divide el mundo psi entre el psicoanálisis (freudiano y lacaniano) y las herederas de la Asociación Americana de Psiquiatría: las psicoterapias cognitivas y comportamentales.
Palabras claves: psicoanálisis, psicoterapias, cognitivas, comportamentales, depresión, neurociencias.
Precedida por el lema: "Depresión: saber más para salir ", en Octubre pasado, el Gobierno francés, por medio del Ministerio de Salud y del INPES (Instituto Nacional de Prevención y Educación para la Salud) desplegó una gigantesca campaña contra la depresión -la primera operación masiva de prevención pública sobre este tema- que ha cobrado alcance público a través de diversos medios comunicación, entre estos su sitio en internet1, y la divulgación de una guía dirigida a la población que en su proemio destaca: "Existe una enfermedad que afecta más de 3 millones de personas en Francia, una enfermedad que puede impedir que hable, ría, coma, trabaje, duerma… una enfermedad que puede impedirles que viva, esta enfermedad, es la depresión."
La salud en Francia es un problema agudo para todos los gobiernos que se suceden en el cargo. Según cifras brindadas por el INPES: El 8% de los franceses de 15 a 75 años (o sea cerca de 3 millones de personas) vivieron una depresión durante los doce meses que precedían la investigación. Cabe destacar también que Francia es el país líder en consumo de psicofármacos. 2 La gran apuesta de la salud pública es la prevención de los intentos de suicidio. Enormes medios financieros, provenientes de las arcas del Estado – según destaca Miller3 - no sin la contribución, al menos indirecta, de los laboratorios han sido puestas al servicio de la promoción de sus siete tesis, las que resumidamente subrayan lo siguiente: 1) La depresión existe; 2) Es una enfermedad; 3) La depresión no cesa de ganar terreno en la sociedad al punto de haberse vuelto un problema de salud pública; 4) Resulta entonces urgente curarla; 5) Se cura por medio de medicación y acondicionamiento; 6) La depresión no tiene dimensión existencial; 7) El psicoanálisis no sería un recurso posible.
En estas siete tesis, inmensamente discutibles, queda sumergida toda una ideología que apunta más a la remodelación emocional que a la interrogación del padecimiento subjetivo; constituye, además, la puesta en marcha de un adoctrinamiento masivo, que obliga a interpretar los sentimientos más humanos en el sentido de la enfermedad. Desde ya, que la lógica que el psicoanálisis aporta al respecto con el pasaje al acto queda fuera de toda consideración para los miembros del Inpes, sólo es tenido en cuenta el enfoque psicoterapéutico combinado con antidepresivos. Conocemos las consecuencias de este tipo de enfoques reduccionistas. La pretensión de curación por la vía farmacológica, basada en particular en su estudio de las hormonas intracerebrales y de la química de los conectores íntersinápticos, conllevan a que, por ejemplo, se constate que, en los EEUU, la cifra de niños de menos de diez años medicados para remediar su pretendido síndrome disatencional se no es en vano aclarar que este incremento no es privativo de los países del norte, hoy se verifica también en la Argentina. En el mundo de hoy es habitual que los médicos clínicos no vacilen en recetar, entre otros psicofármacos, a los inhibidores de la recaptación de la serotonina, sin considerar que el contacto dialógico o tansferencial con un profesional del área psi resulte necesario. Apoyado en las grietas que esta maquinaria ¿científica? encubre, un cierto oscurantismo posmoderno -sectas, medicinas alternativas, pseudo misticismo new age, etcétera- extiende diligentemente sus garras, barriendo con muchas psicoterapias y aún con el psicoanálisis.
Reducir la subjetividad a una cadena de neuronas y de neurotransmisores, no es solamente confinarla a la servidumbre, es condenar al sujeto a una depresión definitiva. La soberana clínica nos lleva a constatar una e incontables veces que cuando los psicofármacos reinan el sujeto se anula, se invisibiliza, deja de desear, lo que implica un eclipse del sujeto4. Algunos afectos que suelen acompañar este estado son la desorientación, anhedonia, resignación o una indiferencia generalizada en diversas esferas –amorosa, de lazos, proyectos-; por mencionar sólo algunos. Para los psicoanalistas implica el reto de llevar adelante la práctica del psicoanálisis en medio de la más absoluta incertidumbre sobre su actualidad y futuro, obligados además a crear nuevas formas para la práctica y para la teoría psicoanalítica.
Una de las cuestiones más interesantes que podemos rescatar en torno a la campaña del Inpes es el factor pulsional que las posturas cognitivistas descartan. Este factor pulsiona,l que aparece en la obra de Freud bajo diferentes nominaciones: fijación, inercia libidinal, adhesividad de la libido, beneficio primario de la enfermedad, etcétera; es un antecedente de la noción lacaniana de goce. Todos estos apuntan a un fenómeno clínico común, que es la pertinaz persistencia del síntoma. He aquí un punto clave, porque donde el psicoanálisis se distancia de esta posición no es tanto en el postulado de que el sujeto es víctima de esquemas cognitivos, sino en la explicación de por qué se aferra a esos esquemas que no hacen otra cosa que malversar su vida.
Con todo, nos apresuraríamos si calificáramos de ingenua esta posición. Salvando las distancias, recordemos que Freud no estuvo al margen de la ingenuidad, por lo menos en algunos momentos de su teorización, cuando sostenía que la cura la neurosis era posible, que los pacientes buscaban el bienestar, anhelaban ser felices; razón por la cual el análisis tendía a cubrir las lagunas mnésicas. Idea que lo acompañará mucho tiempo, hasta que se topa con una serie de fenómenos en la clínica que contradicen toda esperanza de trabajar en pos de vencer las resistencias y recordar lo reprimido, es aquí donde constata que la revelación del sentido del síntoma no consigue removerlo. Otro de los obstáculos clínicos Freud lo halla en lo que designó como reacción terapéutica negativa, respecto a esta nos dice que “cada vez que es esperable una mejoría por el progreso del análisis, viene un agravamiento.” ‘Los pacientes parecen preferir el sufrimiento’. Y allí es donde comienza a trabajar la idea del sentimiento inconsciente de culpa y la estructura masoquista. La primera referencia clínica sobre el particular está en El Hombre de los lobos, donde expresa: “«Cada vez que se había resuelto radicalmente un síntoma, él [el hombre de los lobos] intentaba negar por un momento el efecto mediante una agravación del síntoma»5 Si bien aparece aquí apenas descriptivamente -porque no tiene definida aún la noción de reacción terapéutica negativa- aclara que es diferente a toda resistencia. En efecto, la reacción terapéutica negativa no se vincula ni con la teoría de la libido, ni con la resistencia al punto de fijación inconsciente, la transferencia negativa, ni el beneficio secundario de la enfermedad. Freud la designa como una expresión del sentimiento inconsciente de culpa. Este sentimiento de culpa es mudo para el enfermo, no le dice que es culpable; él no se siente culpable, sino enfermo. Sólo se exterioriza en una resistencia a la curación, bastante difícil de reducir. Además, resulta particularmente trabajoso convencer al enfermo de que ese es un motivo de su persistencia en la enfermedad; él se atendrá a la explicación más obvia, a saber, que la cura analítica no es el medio correcto para sanarlo.“6 En palabras de Lacan podemos decir que son algunas cuestiones que no hacen al significante, no pertenecen al registro simbólico, de allí que en el análisis requieren de otra lógica que la interpretación. Una idea capital dentro de la teoría psicoanalítica es que en la enfermedad hay una pulsión que se satisface, es lo que se conoce como beneficio primario del síntoma y que explica su carácter de insistencia. La necesidad de castigo elucidada en la reacción terapéutica es comparada con este beneficio primario. No hace falta conocer de psicoanálisis para verificarlo, no es infrecuente encontrarnos con personas que parecen no poder vivir sin cargar con alguna cruz.
En El porvenir de la terapia psicoanalítica (1910) podemos encontrar otra referencia de interés. En ese momento Freud pensaba que la divulgación de conceptos psicoanalíticos traería consecuencias positivas sobre la incidencia de la neurosis a escala social. Afirmaba que cuando se supiese, por ejemplo, que los síntomas histéricos son satisfacciones sustitutivas, es decir, una forma enmascarada de satisfacer una demanda sexual, estos perderían su razón de ser pues la tendencia habría de ser reconocida como tal y ya no haría falta el sustituto. Sería como mostrarle a la pulsión el camino más adecuado para su canalización.7 Hoy sabemos que toda toma de conciencia, las comprobaciones, explicaciones o elucidaciones valen bien poco al tratar con el padecimiento subjetivo. Una de las preguntas que se imponen a esta altura atañe al valor de aprendizaje, esclarecimiento o comprensión que proponen los enfoques cognitivistas. ¿Qué valor entonces para la concientización o adoctrinamiento que propone el Inpes a través de sus tesis, sugerencias o toda la información que puedan llegar a difundir a través de la campaña?
Aún así, el debate supera la simple crítica hecha a la campaña de prevención, se inscriben en un complejo entramado donde la campaña constituye la punta del iceberg de un movimiento ideológico cientifista y reductor. Dicho así, la potenciación de las ideologías comportementalistas y cognitivistas es reveladora de una evolución más global de la sociedad. Una evolución que explicaría, además la proliferación de los pasajes al acto suicidas y los estados depresivos. El hombre contemporáneo se piense a sí mismo como máquina. En un mundo de vértigo y extrema competitividad; para todo aquello que disfunciona es necesario encontrar recetas hiper rápidas. En este contexto no es extraño que un economista de la talla de Lord Layard, ex consejero de Tony Blair, sostenga que la depresión es uno de los frenos principales para el crecimiento económico. 8
El tema no es nuevo. A principios del 2006 Gilles de Robien, por entonces Ministro de Educación de Francia, afirmaba que: “Las neurociencias establecen respuestas cruciales en cuanto a diversos como: educación, prevención, cuidados, etc. Siendo las cognitivas en especial las que proporcionarían, a su modo de ver, 'el rigor que nos falta' a cuestiones relacionadas con los métodos de enseñanza. Aportarían respuestas firmes, que ninguna 'falsa ciencia' podrá revocar."9 El ministro concluye con la esperanza de que la investigación encuentre la respuesta a la una de los mayores enigmas de la humanidad: "cómo nacen nuestros pensamientos." El conocimiento y la verdad - destaca - sólo serían accesibles por el método experimental. De esta manera se podrían solucionar “todas” las cuestiones que se plantean a la humanidad. No es descabellado arribar a ciertas conjeturas en torno a los fantasmas que animan al ministro: - El control absoluto como defensa al miedo de lo que podría escaparse. - El lado tranquilizador de una visión mecanicista del ser humano. - En cualquier caso, su observación se basa en una fascinación por las neurociencias, con su concomitante rechazo a todo de lo que pueda hacer perder el autocontrol. Lo que es dable destacar aquí es que la "prueba" científica se convierte en una verdadera obsesión, un dogma, en una pretensión ilusoria de controlarlo “todo” eliminando de un plumazo toda eventual contingencia, y la ciencia se apoderaría del hombre para experimentar un mundo que ya no se enfrentaría a un “abismo”, es decir, a un mundo entregado al pensamiento. 10 El cuerpo queda reducido a una máquina y la ciencia podría un día aclarar sus secretos. ¿La fisiología, la genética, la biotecnología, llegarán algún día a develar dichos secretos?
Señalemos al pasar que las psicoterapias conductistas buscan su fundamento en la autoridad de la ciencia empírica. “Todo puede ser previsible y controlable”. Esta afirmación está en la base del conductismo y ha guiado la investigación de Skinner. Su tesis fundamental es que la libertad es un concepto que ha de superarse y desecharse ante las evidencias del comportamiento regulado y controlado por las contingencias del medio ambiente que nos aporta la ciencia. Skinner considera que es únicamente mediante la aplicación de este conociemiento que podremos construir una cultura que supere los constreñimientos de la actual.
Analizando las declaraciones de de Robien, una colega11 mide el riesgo de una ciega aplicación de las neurociencias a la pedagogía, destacando que el objetivo utilitarista y mercantil impregna ya ampliamente la enseñanza. Su crítica, que apunta al proceso de normalización del pensamiento en detrimento de una inteligencia crítica y de una comprensión de la complejidad del mundo -tendencia que se encuentra ampliamente reforzada por la introducción de las nuevas tecnologías en la enseñanza-, guarda estrecha relación con lo que Marcuse denominó el hombre unidimensional. En esta obra Marcuse hacía un diagnóstico lapidario del capitalismo. reconocido como el diagnóstico crítico de nuestra era, porque analizaba las nuevas formas de dominio y de control social. Un aspecto particularmente punzante de su pensamiento está ligado al rol que le otorgaba a la tecnología como organizadora de las sociedades contemporáneas. El hombre unidimensional marcusiano alude al ser incapaz de pensamiento crítico y de actitudes contestatarias. Los medios de comunicación y las industrias culturales, así como las expresiones de la publicidad comercial, reproducen y socializan en los valores el sistema dominante y amenazan con eliminar el pensamiento y la crítica. Los efectos de esta orientación mediática crean un escenario cultural cerrado, unidimensional, que propicia una especie de pensamiento único. Los medios crean una estructura de dominación, bajo la apariencia de una conciencia feliz que inhibe la posibilidad de cambio hacia la liberación. Los medios de comunicación, a través de un lenguaje informal, no dan explicaciones ni ofrecen conceptos, sino que se limitan a aportar imágenes y a imponer un modelo. A pesar de que se lo considere uno de los teóricos más controvertidos del siglo XX, si Marcuse puede resultar útil para repensar la sociedad de la información es porque en general los teóricos apologistas de estas últimas décadas están demasiados deslumbrados por los avances científicos y tecnológicos.
Frente a las políticas de evaluación y de control social que en el campo de la salud mental denotan la extensión epocal generalizada de los fenómenos de segregacion y homogeneización social, y frente a las terapias que no surgen del discurso médico, que no han generado -ninguna de ellas- una clínica propia12 y para las que poco o nada importa la singularidad del padecimiento del sujeto, ya que la receta a aplicar es siempre la misma: sugestión; el psicoanálisis se propone como una terapia, pero una terapia que:
Quisiera concluir con un párrafo extraido de Newsweek, que justamente versa sobre el psicoanálisis frente al embate de la neurociencia: " No es casualidad que la reputación de Freud bajara tanto en la década del 90, que no sólo fue la década del auge de la histeria por la recuperación de la memoria, sino que también se vivenció el optimismo post guerra fría que impulsó las ventas del libro de Fukuyama, “El fin de la historia”. Fukuyama predijo que la disolución de la Unión Soviética facilitaría el triunfo de la democracia liberal en todo el mundo, una idea que se derrumbó una mañana soleada de 2001. El fin de la historia era una valiente esperanza de que la dinámica permanente del conflicto humano culminara. Pero vale la pena escuchar lo que Freud tiene para decir, aún si llegara el caso en que el análisis no cure ni a un paciente más: que la historia nunca llegará a su fin. Porque está hecha por los seres humanos. "
Rosa Aksenchuk
Notas:
[1] http://www.inpes.sante.fr/index.asp?page=30000/actus2007/020.htm
[2] De las fuentes disponibles en castellano, puede consultarse el siguiente artículo: Abuso de psicofármacos por no saber sobrellevar el dolor: Muchos sufrimientos psicológicos corrientes son tratados como enfermedades depresivas.
http://www.aceprensa.com/articulos/1994/mar/23/abuso-de-psicof-rmacos-por-no-saber-sobrellevar-el/
[3] Communiqué/Comunicado du/de "Nouvel Âne" :
http://ampblog2006.blogspot.com/2007/11/communiqu-du-nouvel-ne.html
[4] La noción de afánisis ha merecido dos consideraciones: la de Ernest Jones y la de Jacques Lacan. El término proviene del griego aphanisis, y quiere decir invisibilidad, desaparición. Para Jones se encontraría en la base de todas las neurosis, por provenir de una prohibición paterna: “Ninguna satisfacción sexual es permitida”. Esta amenaza de una extinción de la sexualidad llevaría a tener que renunciar al objeto deseado, o bien al propio sexo. Para Lacan, se trata más bien de la desaparición del sujeto mismo: el sujeto puede temer la desaparición futura de su propio deseo. Se trata, entonces, del temor a la desaparición del deseo, o a su desaparición lisa y llana, y un desvanecimiento/desaparición del sujeto. Se trata de la presencia del miedo a desear, que puede llevar a la desaparición del deseo. Lo que se encuentra potenciado por el actual estado de nuestra cultura, y la fragilización a la cual arroja a la psique. La afánisis se manifiesta actualmente en la clínica como temor a la pérdida o directamente como abandono de lazos amorosos, estudios, vida social, produciendo en muchos casos aislamiento: la base es la mencionada, miedo a desear. Todo esto en grados variables y sin que se constituyan objetos fobígenos, siendo fundamental el diagnóstico diferencial para una adecuada tarea clínica. Es decir, diferenciar esto de una fobia o una depresión, sin perjuicio de que acompañe a esos cuadros pero como problemática clínica en sí.
[5] FREUD, S. Historia de una neurosis infantil (Aus der Geschichte einer infantilen Neurose, 1918)
[6] FREUD, S. Los vasallajes del yo, en El yo y el ello (1923). Amorrortu, Vol. 19.
[7] BARROS, M. La depresión ¿Un error de juicio? En Hojas Clínicas 4. Publicación de la Cátedra Clínica de Adultos. Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires.
[8] Ingrid France http://www.freud-lacan.com/articles/article.php?id_article=00999
[12] Como expresa Gabriel Lombardi en La clinica del psicoanalisis 2: Las psicoterapias no surgen del discurso médico, sino que se cuelan en él por una malversación del discurso psicoanalítico. El ‘aporte de la ciencia’, ya en la segunda mitad del siglo, les permite legitimar el rechazo del psicoanálisis, me refiero a las psicoterapias cognitiva y sistémicas en particular. Freud, tanto como Hipócrates, parten del rechazo de la sugestión y de su suplemento de hipnosis. El psicoanálisis hereda el espíritu terapéutico de aquella medicina, la que nace cuando reconoce lo imposible de vencer por el poder de la palabra. “Siempre me consideré como misionero del médico” dice Lacan en Psicoanálisis y medicina después de haber explicado lo que hay de común entre la función del médico y la del analista: “Cuando el enfermo es remitido al médico, no digan que espera de él pura y simplemente la curación. Coloca al médico ante la prueba de sacarlo de su condición de enfermo, lo que es totalmente diferente, pues esto puede implicar que está totalmente atado a la idea de conservarla.” Entre el médico y el chamán, el psicoanalista queda del lado del médico. El psicoterapeuta, el que en su terapia breve apunta con premura a la supresión del síntoma, opta por la vía del chamán. La sugestión es el recurso obligado. El ‘secreto’ de todas las psicoterapias es que su nivel de eficacia es el mismo que el de la magia.