La declinación social de la imago paterna y su correlato simbólico: ¿Sujeto autorreferencial?

Otto Berdiel Rodríguez *

 

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"No es tan sólo que la democracia hace que cada hombre se olvide de sus ancestros, sino que hace también que él se oculte de sus descendientes y se separe de sus contemporáneos; lo arroja para siempre hacia atrás, sobre sí mismo, y amenaza al fin con arrinconarlo por completo en la soledad de su propio corazón". (Alexis de Tocqueville, 1840)

Para dar cuenta de la ley subjetiva, las leyes sociales y el origen mítico de las organizaciones sociales, entre ellas, la familia, así como una contextualización histórica que diera cuenta del complejo de Edipo, Freud (1913) realiza en su obra “Tótem y Tabú: Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos”, un recorrido por algunos senderos antropológicos y sociales, articulando la Ley de prohibición del incesto -que ya había trabajado en su texto “Tres ensayos para una teoría sexual” (1905)- con lo que sería un estudio genealógico de ciertas costumbres y ritos de los pueblos primitivos, en específico, sus prohibiciones, tomando como base las prohibiciones que siguen los neuróticos obsesivos, es decir, que a partir de la lectura psicoanalítica pretende dar cuenta del origen de organizaciones sociales y culturales,  estableciendo lazos sociales con antropólogos, etnólogos, lingüistas, sociólogos, biólogos (evolucionistas)  y folklorólogos (tal como Freud los llama).

 

Para recorrer el texto freudiano es preciso comenzar por el título, el cual nos revela, que el origen de la ley, origen siempre mítico, está pensado, por lo menos en ese artículo, en función de los neuróticos, no así de los psicóticos y los perversos, esto se debe a que Freud no hablaba de 3 estructuras (psicosis, perversión y neurosis) sino que se interesaba particularmente en las neurosis, reconociendo que hay trabajos que abordan las psicosis, como lo es el caso del presidente Schreber (1911), sin embargo, es preciso no perder esto de vista puesto que el artículo de Tótem y Tabú fue pensado en función de los neuróticos; en segundo lugar, es preciso dar cuenta de las preguntas clínicas que lo sustentan, en este sentido, se verá que el tema de Tótem y tabú se sustenta en la interrogación freudiana y su búsqueda del “origen” de ciertas leyes y costumbres, pero también de ciertos ritos y costumbres que establecen en su vida psíquica los neuróticos (particularmente los obsesivos) lo cual lo lleva a afirmar que se podrían llamar “enfermos tabú”.

Como se adelantaba, la pregunta que guía el texto freudiano es la relación entre estas dos prohibiciones (la de los neuróticos obsesivos y las del tabú) para dar cuenta del origen de la ley subjetiva y las leyes sociales, así como la formación de la familia y las instituciones, señalando algo de suma importancia para el presente artículo: las instituciones se basan en algo que reprimen, es decir, ante un deseo, se institucionaliza una prohibición reprimiéndolo, pues lo que se prohíbe es por que se desea. Hay que señalar que la línea de pensamiento freudiana dentro del texto de Tótem y Tabú, así como en muchas de sus obras, se encuentra fuertemente influenciada por un pensamiento evolucionista lamarckiano. Para Lamarck, las jirafas tenían el cuello largo por que no podían alcanzar sus alimentos, así, mediante el estiramiento del cuello este fue creciendo, esto es evidente con, por ejemplo, los músculos. Es sabido por los visitadores de gimnasios que si se ejercita determinado músculo diario, este tendrá sus cambios, será mas fuerte, etc., sin embargo, los genetistas de esta época se reirían si se sostiene que esto se hereda. Tanto para Lamarck como para Freud (1913) esto se heredaba, este método fue utilizado para dar cuenta de la concordancia entre los pueblos primitivos y los neuróticos. Al respecto, dice Eidelsztein (2003):

 

“A Freud le venía como anillo al dedo para decir: sí en una época, muy repetida y muy significativa socialmente se mató al padre, etc., etc., etc., eso terminó pasando por herencia a todos nosotros y hoy en nosotros es el superyó. Heredamos el superyó de lo que antes fue realidad. Lo que pasa es que tiene una teoría ridícula de la herencia, absolutamente fallida, muy mitológica” (p: 3)  

 

Este punto es de sumo interés para el presente artículo, pues si se quiere dar cuenta de los cambios históricos de la función paterna se tiene que ver como se va a considerar estos cambios saliendo de la lógica evolucionista intentando romper con explicaciones mitológicas, pues los mitos vienen a la teoría en aquellos puntos que no ha sido pensada rigurosamente, no es lo mismo los mitos en el ámbito subjetivo, es decir, el mito individual del neurótico, que los mitos teóricos.

Según la definición freudiana, un tótem es un animal venerado y temido, siendo el antepasado de la estirpe una especie de guardián y auxiliador, es decir, tiene un carácter ambivalente, puesto que a pesar de ser peligroso, es benévolo. Este punto resulta sumamente importante e interesante, puesto que permite pensar la ley en su carácter de oximorón, es decir, protege, pero también se presta para castigar, para excluir, para el interés de algunos cuantos, es decir, el interés ideológico de sus agentes (Iglesia, gobierno, etc.) La ley y la violencia, en este sentido, son dos caras de una misma momeada. Por ejemplo, en el discurso actual del derecho se indica que todos son iguales ante la ley, sin embargo, esto encubre que los que no sean iguales quedan excluidos de la misma (léase psicóticos, homosexuales, etc.) tema extensamente trabajado por Giorgio Agamben en su libro Homo Saccer II “Estado de excepción” (2003) Nuestra época conlleva un cambio, el estado de excepción a comenzado a ser regla…incluso en la práctica psicológica y su aplicación de pruebas que excluyen la diferencia en vías de normativizar.

Lo que Freud (1913) resalta sobre su interés en dicha temática es su relación con las prohibiciones que se obedecen sin encontrar su origen, lo cual permitiría dar cuenta de “el oscuro origen de nuestro propio imperativo categórico” (p: 29) a saber, el superyó. En orden cronológico se encontraría el tabú, después una “compulsión de la costumbre y la tradición y por ultimo, la ley” (p: 32) Encontrando en la sentencia freudiana “Guárdate de la cólera de los demonios” (p: 33) algunas otras lógicas (Guárdate de la cólera de la Iglesia, guárdate de la cólera de Dios, guárdate de la cólera de los gobernantes, militares y policías, guárdate de la cólera de las leyes del mercado)

Así, al recorrer las sociedades totémicas, Freud recurre a un mito (según Lacan el único mito que la modernidad ha sido capaz de engendrar) para dar cuenta del origen de la ley y las leyes. Una deducción que parte de una hipótesis Darwiniana. La deducción freudiana que parte de la hipótesis evolucionista de Charles Darwin plantea la relación entre los hábitos de vida de los primates y su relación con los seres humanos. Darwin planteaba que al igual que los monos superiores los seres humanos habitaban en algún momento en pequeñas hordas. En las hordas de los monos el macho más fuerte y viejo “gozaba” de todas las hembras del grupo. Freud (1913) relaciona esto con los seres humanos y plantea que en algún momento mítico pudo haber un macho ser humano que no se comportaba de manera “social” y vivía “con varias mujeres para él solo, como lo hace el gorila” (p: 128) explicando que el modo de comportarse de los niños guarda similitud con la de los primates estudiados por Darwin, destacando específicamente la relación con el padre o la figura paterna, puesto que Freud encuentra sustitutos del complejo parental, en el totemismo y la religión. A partir de estas conjeturas Freud (1913) se aventura, siguiendo formulaciones de William Robertson Smith (físico, filólogo, teólogo, investigador de la antigüedad, etc.) a dar cuenta del sustituto del padre primordial por el tótem. Robertson (citado por Freud, 1913) estudia lo que llama el banquete totémico, como una base del sistema totemista, en específico, que los sacrificios totémicos requerían que cada uno de los participantes del mismo formaran parte del rito, comiendo lo sacrificado, por ejemplo, el animal totémico y que cada uno de los participantes recibiera su parte del banquete, destacando la importancia en el mismo acto de comer, devorar.  Freud (1913) explica este acto y su importancia recurriendo a los hebreos, ellos utilizan una palabra “kinship” que significa “tener parte en una sustancia común” (p: 137) por tanto, el banquete, establecía que los miembros de un mismo linaje seguían una misma ley en común, es decir, la ley de que todos debían tener parte en el rito. Punto sumamente interesante, puesto que si un miembro del clan totémico realizaba la acción de matar al animal totémico de forma individual esto era penado, no así cuando lo hacían de forma grupal, puesto que esto permitía que todo el linaje asumiera la responsabilidad, una responsabilidad compartida.    Se pude vislumbrar en esta celebración la misma ambivalencia antes señalada, respeto al animal totémico, protección al mismo, pero de vez en cuando la necesidad de matarlo y sacrificarlo. 

En tal ritual, los miembros del clan imitaban al animal totémico, dice Freud (1913) “como si quisieran destacar la identidad entre él y ellos” (p: 142) después de esto, al darle muerte, los miembros lloran y lamentan la muerte del mismo siguiendo con una fiesta jubilosa en lugar del duelo, este animo festivo se relacionaría con lo extraordinario de permitirse transgredir lo prohibido. Todas estas actitudes, como adelantábamos, permiten establecer un nexo entre el animal totémico como sustituto del padre, es decir, la puesta en acto de los sentimientos ambivalentes que caracterizan al niño con el complejo paterno.

Siguiendo la hipótesis Darwiniana del macho que gozaba de todas las mujeres en los primates, Freud (1913) da cuenta que hubo un momento mítico donde había un padre violento, celoso, que gozaba de todas las mujeres e impedía esto a los hijos. Este padre era un padre de goce, sin dialéctica alguna, él no representaba la ley sino que era la Ley.

Dice Freud (1913)

 

Si nos remitimos a la celebración del banquete totémico podremos dar una respuesta: Un día los hermanos expulsados se aliaron, mataron y devoraron al padre, y así pusieron fin a la horda paterna. Unidos osaron hacer y llevaron a cabo lo que individualmente les habría sido imposible. (Quizás un progreso cultural, el manejo de un arma nueva, les había dado el sentimiento de su superioridad.) Que devoraran al muerto era cosa natural para unos salvajes caníbales. El violento padre primordial era por cierto el arquetipo envidiado y temido de cada uno de los miembros de la banda de hermanos. Y ahora, en el acto de la devoración, consumaban la identificación con él, cada uno se apropiaba de una parte de su fuerza. El banquete totémico, acaso la primera fiesta de la humanidad, sería la repetición y celebración recordatoria de aquella hazaña memorable y criminal con la cual tuvieron comienzo tantas cosas: las organizaciones sociales, las limitaciones éticas y la religión” (p: 143-144)

 

De lo anterior se desprende que la muerte del padre (su asesinato) era condición de posibilidad para las organizaciones sociales, para los pactos simbólicos. ¿Qué significa metafóricamente asesinar al padre y devorar una parte de su fuerza? Según Milmaniene (1987) la palabra Schuld en alemán puede ayudar a comprender mejor este momento mítico planteado por Freud. Schuld en alemán significa indistintamente culpa  y deuda, es decir, que somos culpables en tanto que deudores de una deuda imposible de saldar que siempre dejaría rastros subjetivados como culpa. Se puede utilizar la palabra deber en español para dar el mismo sentido, es decir, deber una deuda pero también deber-ser como imperativo. Esta culpa sería una repetición de aquel parricidio mítico acontecido en el comienzo de los tiempos históricos, es decir, que “…el crimen primordial…funda la ley en su obediencia retrospectiva” (Milmaniene, 1987, p: 35) por tanto, la muerte simbólica del padre hace emerger en un mismo tiempo el delito y la ley, la trasgresión y la culpa.

La culpa permite asumir subjetivamente que hay un goce que es reintroducido a través de lo que Freud llamaba “necesidad de castigo” por tanto podría concebirse al superyo no como heredero del complejo de Edipo sino como heredero de aquella Shuld adquirida con el padre de la horda primitiva, es decir, que no sería ninguna interiorización lograda de la ley, sino al contrario, sería un “testimonio de los enunciados fallidos y discordantes de la palabra paterna” (Milmaniene, 1987, p: 39)

Los hermanos del banquete totémico estaban gobernados por la ambivalencia ante el padre de la horda primitiva, es decir, un rival para sus deseos sexuales, pero también una admiración. Por tanto, al matarlo, satisfacían su odio pero sobrevenían también las mociones tiernas, en este sentido vino un arrepentimiento que generó la conciencia de culpa y el establecimiento de la ley, es decir, “el muerto se volvió aun más fuerte de lo que fuera en vida” (Freud, 1913, p: 145) en tanto que lo que el padre de la horda primitiva no permitía en vida fue lo que ellos mismos se prohibieron, a esto Freud (1913) lo llama nachträlichobediencia con efecto retardado”, es decir, desde la culpa se originó la prohibición de los dos deseos reprimidos en el Complejo de Edipo (no matar y no tener relaciones incestuosas) Estableciendo una diferencia entre estas dos prohibiciones, puesto que una tiene su base en motivos de sentimiento “que el padre había sido eliminado, y en la realidad ello no tenía remedio” (p: 146) a diferencia de la prohibición del incesto que tenia un fundamento práctico, “si los hermanos se habían unido para avasallar al padre, ellos eran rivales entre si respecto de las mujeres” (p: 147) 

En este sentido, si los hermanos querían seguir viviendo juntos no les quedaba otra alternativa que hacer de los dos grandes crímenes, dos grandes prohibiciones que salvaguardaran sus relaciones. En este sentido es que el padre muerto opera como ley en su obediencia retrospectiva, dice Freud (1913) “... están enunciando que ninguno de ellos puede ser tratado por otro como todos en común trataron al padre” (p: 147) y así, del no mataras al padre surge un sentimiento social fraterno, es decir, se agrega la prohibición de matar al hermano. Reemplazando la “horda paterna” por un “clan de hermanos”, y así, da pie a fundar la sociedad, descansando esta en una suerte de deuda y culpa compartidas, así como el arrepentimiento. (Dicha escena serviría para pensar algunas salidas a la caduca partidocracia mexicana, y a los gobiernos paternalistas, pero esto es harina de otro costal…)

El mito freudiano, permite dar cuenta de las organizaciones sociales, las leyes, las instituciones, la religión y la ciencia. Según Freud (1913), en toda religión se encuentra la referencia a una figura paterna, es decir, Dios tiene por modelo al padre, dice Freud “Dios en el fondo no es mas que un padre enaltecido” (p: 149) tal como lo constata la clínica con neuróticos obsesivos. Este mito también permite dar cuenta de la familia como una restauración de la horda primitiva devolviendo a los padres un fragmento de sus anteriores derechos, es decir, que el cambio en la relación con el padre tiene sus consecuencias, no solamente en el ámbito religioso, sino en toda organización social. “Al introducirse las divinidades paternas, la sociedad sin padre (vaterlose) se trasmudó poco a poco en la sociedad de régimen patriarcal” (p: 151), y así, con la caída del patriarcado propia de estos tiempos, hay que volver a pensar estas cuestiones.

Desde finales del S XIX y principios del XX Freud comenzaba a preguntarse ¿Qué es un padre? En todos sus casos clínicos se hace presente esta pregunta, algunas veces de manera explicita y otras no tanto. Algunas lecturas lo han tornado en un simple elemento del complejo de Edipo. Por otra parte, en la Escuela Inglesa autores como Klein y Winnicott resaltaron la importancia de la madre en la estructuración psíquica. Sin embargo, Lacan retoma las formulaciones freudianas acerca del padre, resaltando su importancia en la estructuración psíquica, aunque con esto no quiere decir que la clínica de Lacan sea una “clínica del padre”, el mismo lo señala en su formulación: hay que servirse del padre para ir más allá de él.

            Freud dejó abierta siempre la pregunta acerca del padre, la retomó en varios momentos, el telón de fondo era la pregunta sobre el deseo: ¿Qué lo causa? Su primeras teorizaciones se inclinaban por el trauma, por la seducción real; en un segundo momento, cuando se siente “engañado” por sus histéricas recurre a la fantasía, a las novelas familiares. Las funciones del padre en Freud son variadas: El padre de la Horda primitiva, el padre muerto operando como ley, el padre en el complejo de Edipo como rival y como modelo de identificación, etc.

 

Decía Lacan (1937) en su artículo sobre la familia:

 

Pero no somos de aquellos que lamentan un supuesto debilitamiento del vínculo familiar. ¿No es acaso significativo que la familia se haya reducido a su grupo biológico a medida que integraba los más altos progresos culturales? Un gran número de efectos psicológicos, sin embargo, están referidos, en nuestra opinión, a una declinación social de la imago paterna. Declinación condicionada por el retorno al individuo de efectos extremos del progreso social”

 

He aquí una primera distinción importante, Lacan habla de una declinación social de la imago paterna y no una declinación del padre en tanto padre simbólico hablando estructuralmente, además, la idea de que hayan problemáticas en la familia debido a una supuesta declinación del padre llevan a preguntarnos: ¿Cuándo no ha habido malestar en la familia? ¿De qué crisis hablamos cuando hablamos de crisis familiar? ¿Qué tiene esto que ver con la declinación del padre? En una primera aproximación podría pensarse que el declive que ha sufrido el patriarcado se relacione con la declinación del padre, sin embargo, no debemos olvidar que para el psicoanálisis el padre es una función, no el padre real, sino el que introduce la ley. Sin embargo, instituciones que protegen y salvaguardan el “bienestar” de la familia señalan un cambio o un deslizamiento, incluso una redefinición de la función paterna según la época. Intentemos dar cuenta de dicha redefinición…

 

 

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Para Julien (2002) cada momento histórico redefine la función del padre y en este sentido cada cambio conlleva una declinación de la misma, calificándola de declinación social de la imago paterna. Uno de estos cambios lo sitúa en el siglo XIX con la aparición de los derechos del niño, pues siguiendo el discurso de los derechos del niño se puede dar cuenta como los “expertos” (psicólogos, pedagogos, médicos, etc.) intervienen como tercero social en la relación padre-hijos. Debido a esto la parentalidad se define cívicamente antes que biológicamente en tanto se les da un estatuto legal. En este punto Julien (2002) introduce una hipótesis “mientras más privada es la conyugalidad, mas pública la parentalidad” la modernidad da un privilegio a los discursos científicos, es decir, a los descubrimientos que van haciendo los investigadores y por otra parte a la burocracia administrativa. Esta última encargándose de establecer los límites. Al parecer lo que se va dando es un desplazamiento, cambios manifiestos que a nivel latente operan de formas distintas. Es decir, si los pedagogos, médicos, psicólogos le indican a los padres que leyes transmitir a las generaciones siguientes se ubican en una función curiosa, en un “como si”…”como si” fueran los padres. Desde esta lógica, es sumamente interesante la crítica que se le puede hacer a las “escuelas para padres” o acaso ¿se puede enseñar…a amar?

  Pareciera que cada época redefine la función del padre, así, nos encontraríamos ante la declinación de una forma simbólica (Sladogna), lo cual no significa que las cosas sigan operando igual que en tiempos freudianos o en tiempos de Lacan, si esto cambia, el conjunto de la doctrina y la clínica también cambian, pero haciendo una primera distinción, la declinación del padre, tal como señalaba Lacan, es una declinación social de la imago paterna, es decir, a nivel imaginario, ¿cuál es entonces el correlato simbólico?

Para Pommier (2000), la época postmoderna se distingue por estar ante la ausencia de un ideal. Dice Pommier (2000):

 

“Al dictar la ley desde lo alto, el ideal anclaba la carne en la tierra. Y si el ancla se corta, los cuerpos, reducidos al conjunto de sus funciones, se desunen, ya que solamente el ideal, tan ficticio como eficaz, hacia que se mantuvieran como una totalidad ahora, desarrumados, cada vez mas numerosos y transparentes, flamean y flotan” (p: 12)

 

Más allá del tono nostálgico que no compartimos con Pommier (ni con Legendre), su reflexión sirve para pensar en torno a la relación ideal-Ley y a los cambios que ha tenido, para explicar como fue que se echaron los ideales tan rápidamente por la borda. Esta relación se encuentra en el punto en que el Ideal funcionaba como un punto de referencia, como una referencia en torno a la cual ciertas personas se agrupaban, con el tiempo, los avances tecnológicos (p. Ej., el acceso a la información en Internet sustituyen que las masas se junten en un espacio físico, sustituyéndolo por uno virtual) conllevan cambios subjetivos, de una referencia paterna única, ahora hay referentes diversos y así la semejanza en torno a un referente como lo era Dios, ha pasado a otro plano, el plano del narcisismo y la individualidad. Los estados han sido desbancados…por las leyes del mercado (o de los mercados)

Pommier (2000) recurre al cambio que se dio del pensamiento religioso al pensamiento científico, este ultimo dándole la salvación a las personas en la tierra, por ejemplo, los discursos regularizadores de ciencias como la psicología, la pedagogía y la medicina indicando a los padres La manera de ser padres, un ejemplo sería los derechos del niño y su estrecha relación con el control público de la parentalidad, lo cual sugiere una pregunta ¿al caer Dios y las sociedades patriarcales y emerger La Ciencia hay una declinación del padre o un desplazamiento del mismo? Este pensamiento lo ejemplifica Pommier con la sexualidad y dice “Hoy, la sexualidad esta limitada a causa de las enfermedades de transmisión sexual-que funcionan en el lugar de las prohibiciones religiosas…” (p: 49) Es decir, que la ley sigue operando, con distintos rostros, pero controlando, no en declinación.

Según Pommier (2000), el postmodernismo no desapareció los ideales, sino que los reprimió, es decir, que actúan de manera inconsciente e “…impone una creencia desprovista de acto de fe” En este sentido habría un desacuerdo con Pommier en su planteamiento de proponer la ciencia como una creencia desprovista de acto de fe, puesto que si se sigue  esta lógica pareciera que la ciencia trae progreso y bienestar garantizados. En la clínica psicoanalítica se puede escuchar que es todo lo contrario. La ciencia hace que haya (según su discurso) una medicina que tomar para cada “dolor” muchas veces parecido más a un acto de fe que otra cosa, además, ¿no es esto callar el discurso?  

Dice Pommier (2000)

 

“…La ciencia reemplaza al padre de manera muy simple: crea lo real como Dios tendría que hacerlo…fabrica seres vivos…da ordenes como un verdadero padre sabe hacerlo.” (p: 53)

 

Pero la ciencia conlleva un cambio sumamente inquietante “Si todo está determinado, el sujeto ya no es responsable de nada” (p: 51) es decir, que si la ciencia responde con medicinas a preguntas que los sujetos se hacen, si los sujetos están deprimidos y no se les escucha sino que se les receta antidepresivos los sujetos no se preguntaran acerca de su dolor, no serán responsables del mismo, pues estaría determinado por ordenes genéticos. ¿Es que  el discurso del Amo ha cambiado a un discurso que  invita a gozar?  “¡tu pensamiento no importa, goza!” (p: 57) ¿Somos libres o ya no le importamos al Otro?

Para Pommier (2000), en el postmodernismo hay una perdida de autoridad implicando un deslizamiento del complejo paterno, sin embargo, aunque haya un desmoronamiento del patriarcado esto no implica una declinación del padre sino que los nombres del padre se dispondrán de otra manera.  Pommier (2000) señala  que las funciones paternas se despliegan en distintos espacios: El padre del Edipo en un espacio privado y el culto al padre muerto en un espacio exogámico.  Al situar estos dos espacios Pommier menciona que el padre endogámico sigue funcionando mientras que el culto al padre muerto es el que se ha desestabilizado. Es decir, a diferencia de los tiempos donde la religión timoneaba “…los nombres del padre ahora están dispuestos en la tierra…” (p: 102)

            Pommier (2000) enuncia al igual que Julien que los jueces, educadores, y los “psi” de todo tipo son los que diagnostican la declinación de la función paterna decidiendo quienes son los “buenos”  y los “malos” padres, actuando como “buenos” padres.      Por tanto, ya hay una primera distinción, la declinación del padre es una declinación social de la imago paterna tal como Lacan señalaba, sin embargo, estos cambios tienen su correlato simbólico.

            Para Lacan (1938), el surgimiento mismo del psicoanálisis se da cuando hay  una declinación social de la imago paterna, pero tomando como referencia las distinciones conceptuales que hemos desplegado en el presente artículo, esto respondería al registro de lo imaginario, sin embargo, el padre simbólico en tanto fundador de la Ley es otra cosa. El padre simbólico  ha ido cambiando de registro, algunas causas de estos cambio han sido los distintos modos de lazo social siguiendo los 4 discursos lacanianos (Discurso del Amo, de la histérica, de la universidad y del analista) estos lazos sociales repercuten en la subjetividad. Del Amo, se ha pasado a la Iglesia y su Dios Padre y de ahí llegando a la Ciencia como poseedora de un saber absoluto. Ésta última, junto con la idea del progreso y su affaire con el capitalismo ha producido que hoy en día sean los psicólogos, pedagogos, y algunos psicoanalistas trasnochados los que diagnostican la declinación del padre para poder ofertar sus servicios aprovechándose de las leyes…del mercado. ¿Cómo ejemplificar esto? Pues con el ejemplo que mencionaba tanto Julien como Pommier, es decir, el discurso de los derechos del niño, con él, se puede dar cuenta como los “expertos” (psicólogos, pedagogos, médicos, etc.) intervienen como tercero social en la relación padre-hijos, es decir, que los “expertos” denuncian un supuesto debilitamiento del padre para colocarse en su-puesto.

Por tanto, cada momento histórico redefine la función del padre y en este sentido cada cambio conlleva una declinación de la misma, o mejor dicho, un cambio de registro. Quizás como dice Michelle Tort, nos encontramos ante el fin del dogma paterno, que no es lo mismo a una declinación del padre. Un dogma es algo que se transmite en forma vertical, hoy en día, el padre esta más acostado que parado, ya no hay que cansarse mirando al cielo...

 La ley, el derecho y la justicia tienen efectos subjetivos (por ejemplo el caso Althusser o las hermanas Papin) Efectos subjetivos en el sentido de que son efectos sobre el sujeto de esos actos. Hay una diferencia entre la ley del padre y la ley que dicta el derecho puesto que la segunda es del orden jurídico, mientras que la primera es del orden subjetivo, o eso se suponía…

            En esta época coexisten tres rostros del Amo (Braunstein, 2005),  Los tres rostros del discurso del Amo serian; El discurso del Amo, el Discurso del Capitalista y el Discurso del Mercado. Los primeros dos propuestos por Lacan y el último por Braunstein.

Estas distinciones permiten preguntarse por la supuesta totalidad del Amo en esta época como un Amo absoluto, el Amo va mas allá de la diferencia de los sexos o de alguna figura totalizante ya sea esta la madre o el padre, por ejemplo, en el caso de la ciencia ya no producen efectos las fantasías subjetivas, sino más bien, cuestiones del orden de lo Real. Hoy en día sigue vigente la pregunta que se hacía Demetrio Karamazov en la obra de Dostoievsky “Los hermanos Karamazov”: ¿Qué es un padre? Incluso hay algunos que enuncian: se llaman padres pero en realidad son madres en tanto se ocupan de los cuidados infantiles y se consideran iguales y en ese sentido el padre no tiene autoridad sobre el hijo sino solo brindar cuidados. ¿Estos son todavía padres o rivalizan con las madres? Esto se ejemplifica en los casos de divorcio donde se encuentra implícita la siguiente pregunta: ¿Quién es más maternal con el chico para adjudicarle la custodia? Y por tanto  permite plantear la pregunta: ¿Nos encontramos ante una sociedad sin padres o por el contrario, hay más padres que nunca, hay más preocupación para ir a una escuela para padres, por “formarse” como padres, por resolver las necesidades de los hijos más que nunca? ¿Podemos decir que esta es una sociedad sin padres? Muchos contestan que si, muchos otros contestan que no, quizás, por que no se tiene claro que es un padre, que está deviniendo un padre, en que está llegando a ser un padre.

Todos estos son problemáticas que plantea la “igualdad”. Problemáticas contemporáneas como la adopción de hijos por parte de parejas homosexuales (hombres o mujeres), familias monoparentales, cambios en la reproducción (inseminación artificial, etc.). Todo esto ¿pone en crisis el esquema de la paternidad? ¿Qué significa ser padre hoy en día con los cambios en la reproducción? Como se puede vislumbrar, la ciencia sacude los fundamentos tradicionales que sostiene la sociedad occidental ante una nueva cultura con desafíos insólitos e inéditos, y, por tanto, Lacan o Freud no pueden ser el horizonte de nuestro pensamiento, hay que pensar más allá de ellos y no de manera mecanicista enunciando “Lacan lo dijo todo” aunque con esto no quiere decir que se diga cualquier cosa, sino reconocer los puntos donde hay limites transitorios, pues las estructuras no son atemporales sino históricas.

Posturas encontradas, incapacidad de soportar la otredad y las diferencias.  Las protestas han perdido toda orientación histórica produciendo la ausencia de ideales. La Ley ha perdido su verticalidad y se  presenta en formas encubiertas (que no es lo mismo a que no haya ley), las líneas que dividían lo público y lo privado han sido borradas. Psicólogos, médicos y pedagogos (y alguno que otro psicoanalista) le dicen a los padres lo que es ser un “buen padre”, ellos anuncian la declinación del padre para justificar la necesidad de sus servicios ¿Cómo saber hacia donde dirigirse cuando la fe y el progreso no han resultado? ¿Cómo trastrueca esto nuestro sistema de referencias? ¿Será tiempo de ponerse nostálgicos y reclamar la Ley supuestamente perdida? ¿Habrá que tomar una postura infantil y demandarle al Otro los límites? O por el contrario ¿debemos celebrar todo proceso de anarquía? Todo binomio es engañoso, siempre hay (por lo menos) una tercera vía. Es decir, se podría comenzar por redefinir que es un padre, en que esta deviniendo, cual es su función hoy en día por medio de los nuevos tipos de lazo social tal como es el discurso del mercado propuesto por Braunstein (2005)

El discurso del mercado propuesto por Braunstein (2005) tiene la misma estructura que el discurso del analista:

 

Discurso del mercado

 

Lo cual no quiere decir que sean iguales, sino que hay que escoger: o discurso del mercado o discurso del analista. En este sentido, el agente del discurso del mercado (a) es una voz anónima que se dirige al sujeto presentándole el espejismo de que no existe la imposibilidad de nada. El otro se le ofrece como objeto de consumo, objeto para su goce, la única demanda que le pide es cumplir con el manual de instrucciones, no quieren nada, no tienen deseo, son simples servomecanismos que responden sin “lapsus” si se les hace la demanda precisa.

 A este discurso lo sustenta el saber de la ciencia en el lugar de la verdad,  que demanda la necesidad de producir un significante a cual obedecer hoy en día: punketos, rastas, conservadores, reaccionarios, los que se identifican con la camisa de los pumas o cualquier otro equipo deportivo, los que visten la camisa del Che Guevara (haciendo que se retuerza en la tumba por generar tanto capital), los tatuados,  todos ellos, erigen como pueden su inscripción en el mundo simbólico pues ya no hay una estructura que se organice con la inscripción en el Nombre-del-padre. Ante este cambio de registro del padre y su imperativo gozoso cabe preguntarse ¿Somos libres o es que ya no le importamos al Otro? ¿Al caer Dios y las sociedades patriarcales y emerger La Ciencia, el capitalismo y las leyes del mercado hay una declinación del padre o un cambio de registro?

            Antes de tomar una postura nostálgica del padre o por el contrario, antes de celebrar la anarquía habría que reflexionar seriamente sobre si realmente se ha declinado el padre, o por el contrario, ha cambiado de registro para seguir co-mandando. Esto no quiere decir que se tome una postura intermedia, sino hacer eco a las voces que denuncian la sinrazón del discurso del Amo en cualquiera de las formas que se nos presente.

En este sentido, hay que escoger, o discurso del mercado o discurso del analista (Braunstein, 2005) Como se mencionó al principio de este apartado, nos encontramos con algo inédito en la época postmoderna, esto es, que las leyes del mercado enuncian mandatos con su voz anónima, sin rostro ¿hay alguien que se atreva (o crea que se puede) hacer frente a esta ley? ¿Qué efectos tiene este cambio de registro en la subjetividad? ¿Cómo repercute en la estructura familiar el cambio de registro del padre? ¿Cómo hacer frente en la práctica clínica a la violencia en la familia sin moralismos absurdos? ¿Qué postura tomar ante esto? 

Comentábamos sobre la diferencia entre forma y estructura ubicando un cambio en la forma simbólica, así, en este sentido, situaremos tres puntos de partida para delimitar de qué forma simbólica estamos hablando:

 

  • Freud articuló la función paterna al complejo de Edipo denominándolo un shibbólet, un password, que designaba quien se encontraba dentro y fuera del campo psicoanalítico, sin embargo, esta articulación obscurece un hecho: Al estudiar los casos clínicos freudianos la función paterna se encuentra afectada en el mejor de los casos, incluso algunos sostienen que su práctica clínica y la dirección de la cura no pasaba por esta referencia. Así, en el avance lacaniano sobre el Edipo freudiano, el Complejo de Edipo pasa a segundo plano, y toma primacía el complejo de castración, esto se debe, entre otras cosas, a que la problemática edípica es una mascarada de personas y personajes que dan cuenta de las vicisitudes del falo como significante. (Braunstein)

  • Por otra parte, la famosa formulación lacaniana de la “forclusión” (preclusión) del Nombre-del-padre como causa de la psicosis puede ser un avance teórico, pero no hay que dejar pasar un hecho, esta formulación da cuenta del origen de la locura, no de su despliegue clínico y la dirección de la cura.

3) En 1964 en su seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” el tema del padre se encuentra fuera de los conceptos fundamentales del psicoanálisis, por tanto, la cuestión del padre, en Lacan, no es un concepto fundamental, de hecho, a medida que avanza  abandona la idea de la primacía del simbólico, el caso extremo de ese abandono son los seminarios de nudos subjetivos, los últimos de su enseñanza, donde se trata de nudos, cuerdas y toros anudados y no de significantes o no especialmente de significantes.

En 1937 Lacan publicó un articulo traducido como “los complejos familiares” (algunas traducciones lo titulan “la familia”) estableciendo que el psicoanálisis surge a partir de una “declinación social de la imago paterna”, adjudicando esta declinación a un retorno que se da de los efectos del progreso social en el individuo. Lacan adelantaba  el malestar cultural de esta época “postmoderna”. Tal como se mencionó, se entiende por postmodernidad, la época de la caída de las referencias, dice Dany Robert Dufour (2002) “ Si postmodernidad significa el fin de todas las modalidades de referencia, entonces si creo en ella: seguramente lo veremos mas claramente si hacemos un paralelismo entre el surgimiento de la autorreferencia, la entrada de la posmodernidad y el advenimiento de la democracia de masa” (Dufour, p: 42)

¿A que se refiere Dufour con “sujeto autorreferencial?” Para introducir el término, Dufour se sirve de un ejemplo altamente esclarecedor, por medio de su personaje, Logos, cuenta un juego que le propuso un sobrino. Jugar a que el no significa si y él si significa no, el sobrino le pregunta ¿quieres jugar? A lo cual Logos responde, no. El niño no comprende si este “no” se encuentra dentro del juego, es decir, si Logos ya está jugando el no significa si, pero si no ha entrado en el juego, entonces es un no simplemente, por lo cual, al prolongarse el equívoco, el niño se enoja enormemente. Este juego es interpretado por Dufour como un juego “unario”, donde no y si se invierten y prolongan él equivoco infinitamente pues “subvierte la diferencia entre dos valores y prolongan él equivoco dramáticamente” (Dufour, p: 12)

Por otra parte, Dufour menciona que antes él “yo” era definido “en cuanto referido a la Physis o al Dios único o al Rey o a la República” sin embargo, hoy en día este “yo” se define en referencia a sí mismo (sujeto autorreferencial) tomando como ejemplo la oración propuesta por Benveniste “es yo quien dice yo” donde el sujeto es también el predicado (Dufour.) Cabe precisar que cada uno de los sujetos a los que se hizo referencia anteriormente, sería definido diferentemente (con relación a dios, al Rey, al padre, a la ciencia, a la iglesia etc. según la distancia) es decir “la distancia que va de mí a lo que me fundamenta como sujeto” (p: 29) en este punto cabría recordar una frase que escribe Kafka en su “carta al padre” Decía Kafka, “eras para mí la medida de todas las cosas” ¿sigue sosteniéndose esto en nuestros días, o nos encontraríamos con el advenimiento de un sujeto donde tiene que medir las cosas a partir de algo autorreferencial? ¿Cómo salir de la caída de las referencias y de la ilusión mortífera de la autorreferencia?

La propuesta lacaniana del sujeto del inconsciente permite cambiar la antinomia clásica individuo vs. sociedad, estableciendo una relación moebiusiana entre estos dos y cuestionar un punto nodal, la función paterna en tanto encargada de establecer límites, de ser la piedra nodal de la ley y las leyes.

Nos encontramos en una época donde han caído las referencias paternas (Dios, Rey y el padre del patriarcado) ante estas caídas los sujetos asumen su calidad de sujeto, entran a ella como pueden, pues los hilos de lo simbólico no son movidos por ellos, sino que uno tiene que ajustarse a los mismos.

            Señalábamos que Lacan hablaba de una declinación social de la imago paterna. Por supuesto que se trata de una declinación de la imago paterna, la imagen del padre queda aquí irremediablemente afectada, pero esto es correlativo de una transformación profunda del orden simbólico que se acompaña de la caída de los sistemas de referencia, que afectan a la autoridad paterna, a las estructuras de las relaciones de parentesco -por ejemplo las nuevas formas de familia que aparecen- y a las formas de reproducción que la tecnociencia hace posibles, en la cuales ya no es necesario el encuentro erótico de los cuerpos y la intervención de un padre -inseminación artificial, reproducción asistida, clonación. Etc.- que implican no solamente cambios en el orden simbólico sino también en el real. En esto es necesario investigar el anudamiento del las tres dimensiones: Real, simbólico e imaginario (RSI), incluso estar atento a las cuestiones en las que éstas dejan de tener vigencia. La caída de la autoridad paterna no puede reducirse solamente a la dimensión imaginaria, sino a las mutaciones del Otro a través de la historia.

            Por tanto, hay que preguntase y permitirse cuestionar los postulados teóricos clásicos del psicoanálisis, entre ellos, el Edipo, el cual, como vimos, es una mascarada de personajes que encubre las vicisitudes que atraviesa el sujeto con el falo como significante (Braunstein). Así, si la escucha analítica toma como referencia una posición teórica que sostenga al Edipo, en tanto constructo teórico, como punto fundamental, esto corre el riesgo de generar un entorpecimiento de la dirección de la cura. Frente a la caída de las referencias: ¿Qué ofrece un psicoanálisis? El psicoanálisis proporciona el paso de una caída de las referencias, de la autorreferencia, a pasar a otro tipo de referencias: pasar de las referencias del síntoma, a las referencias del deseo.

Otto Berdiel Rodríguez

 

 

Referencias bibliográficas:

 

1) Agamben, G. (2003)  “Hommo Saccer II: Estado de excepción

Editorial Pretextos, Buenos Aires.

2) Braunstein, N.

(1986) Edipo VienesCáp. VI de "El discurso del Psicoanálisis". Coloquios de la Fundación Mexicana de Asistencia psicoterapéutica, n°4, S.XXI. México, 1986

(2001) “Por el camino de Freud” Editorial Siglo XXI, D.F.

(2005) “La vida de hoy: aspectos psicoanalíticos”.

3) Dostoievsky, (1878) Los hermanos Karamazov. D.F. Editorial De bolsillo, Ed. 2000

4) Dufour, Dany-Robert. Locura y democracia. Ensayo sobre la forma unaria.  Fondo de Cultura Económica. 2002, México, DF

5) Eidelzstein, A. (2003) edupsi, clases 1-6 www.edupsi.com/ndp

6) Freud, S.

Amorrortu, Obras Completas, Buenos Aires.

(1905) Tres ensayos para una teoría sexual

(1911)Sobre un caso de paranoia descrito autobiográficamente

(1913) Tótem y Tabú:Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos

7) Julien, P. (2002) « Dejaras a tu padre y a tu madre » Ed. Siglo XXI. Buenos Aires.

8) Lacan, J. Seminarios y escritos.

(1937) La Familia. Editorial Fondo de Cultura Económica.  ED. 1999, México. DF

(1964) Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis: de la red de significantes.

(1969-1970) El envés del psicoanálisis

9) Milmaniene, J. (2004) “La Función paterna” Ed. Biblos, Buenos Aires

10) Pommier, G. (2000) « Los cuerpos angélicos de la postmodernidad » Ed. Nueva Visión, Colección Freud, Lacan, Buenos Aires

11) Sladogna, A., Meléndez, F. Weiner, C., Gutiérrez, C. Gonzáles, M.L. (16 – 18 de Noviembre de 2006) “Seminario Internacional: La Subjetividad en el Lazo Social Posmoderno: Enigmas, Interrogantes y Desafíos” Guadalajara, Jalisco.

12) Tort, M. (2005) Conferencia en San Luis Potosí, El fin del Dogma paterno