María Martina Sosa *

 

Lacan - Freud - Psikeba

 

Discurso y sujeto son dos conceptos centrales en la obra de Ernesto Laclau. Más aún, desde cierto punto de vista,podemos considerar que el análisis de cada una de estas dos nociones constituye un camino posible para avanzar en una indagación respecto de la conceptualización de los sujetos de la política. Para desplegar esta exploración nos proponemos, en este caso, examinar las huellas del psicoanálisis lacaniano en la configuración de estas categorías teóricas. Cabe subrayar, entonces, que este rastreo se realiza en el marco deuna indagación más amplia quetiene como eje organizador la pregunta por los aportes del psicoanálisis a la filosofía política a través del examen de la producción teórica de este autor, que consideramos se inscribe en el terreno del particular encuentro entre psicoanálisis y marxismo que inauguró Louis Althusser.

 

Ahora bien, los conceptos del psicoanálisis que adquieren centralidad para pensar lo social en la perspectiva teórica de Laclau no son exactamente los mismos a lo largo de su obra. Tampoco es similar el peso que cada una de estas categorías tiene en la conceptualización de los sujetos de la política en sus distintos textos. En principio, a través de nuestro análisis, llegamos a distinguir tres momentos 2 en la obra de Laclau: a) el énfasis en la lógica del significante y las posiciones de sujeto en Hegemonía y estrategia socialista3, b) la importancia de lo Real y la vinculación entre la categoría de sujeto y el espacio de la política a partir de Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo4 y, c) la preocupación por el investimento afectivo en la constitución de los sujetos políticos en La razón populista5.

 

En el presente trabajo, nos vamos a centrar en Hegemonía y estrategia socialista –publicado originalmente en 1985- ya que consideramos que en este libro escrito junto con Chantal Mouffe, y más allá de sus particularidades, Laclau presenta aquellos lineamientos generales de su perspectiva de análisis político del discurso en el marco de los cuales va a trabajar en sus artículos y libros posteriores.

 

Tal como vamos a desarrollar en las páginas que siguen, es posible encontrar en la construcción de algunas de las categorías centrales de este texto huellas del psicoanálisis lacaniano. Sin embargo, aquellos conceptos y problemas provenientes del psicoanálisis se encuentran entretejidos en este libro con los aportes de otros autores: las elaboraciones postestructuralistas de Jacques Derrida y de Michel Foucault, por un lado, y los desarrollos del marxismo de Antonio Gramsci y Louis Althusser, por el otro. Desde nuestro punto de vista resulta particularmente interesante, como adelantamos, atender a las marcas que dejan en esta construcción teórica la lectura de Althusser y, a través de él, Lacan. No se trata, bajo ningún punto de vista de negar la pluralidad de fuentes mencionada, sino de identificar aquellos trazos en los que las huellas de las nociones psicoanalíticas se hacen visibles. Es que a través de ellases posible encontrar elementos diferenciales de esta construcción teórica respecto del postestructuralismo. Así, aún cuando la noción de una totalidad no suturada a la que reenvía la noción de discurso es claramente deudora de la estructura sin centro de Derrida o de las formaciones discursivas de Foucault, identificar las huellas del psicoanálisis permite llamar nuestra atención sobre el concepto de antagonismo como aporte distintivo.

 

De la misma forma, nuestro enfoque nos permite vislumbrar en la manera de conceptualizar a los sujetos políticos las tensiones que llevarán al autor a incorporar en libros y artículos posteriores nuevos conceptos del psicoanálisis. Tal como lo indica Zizek6, la noción de posiciones de sujeto que adquiere centralidad en Hegemonía... coincide plenamente con las concepciones postestructuralistas de Foucault7 y Derrida8 que, al dejar de lado la dimensión de la subjetividad, conciben al sujeto sólo en su dimensión de efecto de la red significante.

 

Si nos interesa trabajar la manera en que se construyen categorías teóricas en este diálogo entre marxismo y psicoanálisis es porque pensamos que resulta imprescindible contar con nociones teóricas para dar cuenta de la constitución de los sujetos políticos y sus modalidades de acción e intervención en el espacio público. Estazona resulta a la vez central y conflictiva no sólo en la perspectiva teórica de Laclau sino, en general, en la filosofía política y en los análisis de la escena política contemporánea.

 

 

Hegemonía y estrategia socialista

En Hegemonía y estrategia socialista Laclau y Mouffe inscriben el problema de la articulación política en el marco de una concepción discursiva de lo social. En la introducción que realizaron para la última edición en castellano, los autores, describen el proyecto de su libro como una forma de “revisitar –reactivar- las categorías marxistas a la luz de ( una) serie de nuevos problemas y desarrollos que tenía que conducir, necesariamente,a deconstruir aquellas –es decir, a desplazar algunas de sus condiciones de posibilidad y a desarrollar nuevas posibilidades que trascienden todo aquello que puede ser caracterizado como aplicación de una categoría.”9

 

¿Cuáles son estos nuevos desarrollos a los que los autores hacen referencia a la hora de definir su proyecto intelectual?

 

Los autores de Hegemonía alinean su empresa de “revisitar y reactivar las categorías del marxismo” con una serie de debates teóricos de la escena filosófica contemporánea. En el prefacio a la edición española de 1987, indican tres discusiones centrales en las que confluye buena parte de las perspectivas teóricas contemporáneas:

 

“la crítica al esencialismo filosófico, el nuevo papel asignado al lenguaje en la estructuración de las relaciones sociales y la deconstrucción de la categoría de sujeto en lo que respecta a la constitución de las identidades colectivas.”10

 

Así, son principalmente los desarrollos teóricos del segundo Wittgenstein, deHeidegger, de Derrida, de Foucault y de Lacan aquellos que enmarcan su lectura crítica del marxismo. Lo primero que nos parece importante señalar es la manera en que estas distintas perspectivas teóricas contribuyen a replantear la relación entre lenguaje y política. Desde la relación entre el ser y el lenguaje de Heidegger hasta la noción de sobredeterminación de Althusser, pasando por la estructura descentrada de Derrida, los juegos del lenguaje de Wittgenstein y las formaciones discursivas de Foucault, lo que se pone en juego en la noción de discurso que Laclau y Mouffe postulan como punto de partida teórico es la manera en que las relaciones y las prácticas sociales se encuentran configuradas por estructuras significantes. Es que, tal como lo indica el párrafo citado, ya no se trata de pensar el discurso como una dimensión superestructural ni de asociarlo a las palabras, sino de indagar como las formaciones discursivas están configurando nuestras relaciones y prácticas sociales en la medida en que son, en una de sus dimensiones, fenómenos de sentido.

 

Ahora bien, en diálogo y en relación con los aportes mencionados,encontramos en esta atención a la dimensión significante de las relaciones sociales algunos de los conceptos y problemas centrales del psicoanálisis lacaniano. Así, vemos como el orden simbólico, la lógica del significante y el sujeto descentrado, intervienen en la configuración del propio andamiaje de la teoría política y social presentada por Laclau y Mouffe.

 

 

Discurso: la lógica del significante en la articulación hegemónica

En el capítulo 3 de Hegemonía y estrategia socialista, “Más allá de la positividad de lo social”, los autores utilizan como una de las vías para introducir la caracterización de lo social como discursivo el concepto de sobredeterminación desarrollado por Louis Althusser; concepto que el filósofo francés, por su parte, había puesto en juego para dar cuenta de la especificidad de la concepción marxista de lo social como totalidad estructurada compleja. Una extensa cita nos va ayudar a analizar la vinculación que se establece en este capítulo entre la noción de sobredeterminación y la propia concepción de lo social:

 

“Frente a (una) concepción que, al identificar las diferencias con mediaciones necesarias en el autodespliegue de una esenciareduce lo real al concepto, la complejidad althusseriana es de naturaleza muy distinta: es la complejidad inherente a un proceso de sobredeterminación. (...) El concepto procede del psicoanálisis, y su extensión tuvo mucho más que un carácter superficialmente metafórico. (...) Para Freud la sobredeterminación no es cualquier proceso de ‘fusión’ o ‘mezcla’ (...) es por el contrario, un tipo de fusión muy preciso, que supone formas de reenvío simbólico y una pluralidad de sentidos. El concepto de sobredeterminación se constituye en el campo de lo simbólico, y carece de toda significación al margen del mismo. Por consiguiente, el sentido potencial más profundo que tiene la afirmación althusseriana de que no hay nada en lo social que no esté sobredeterminado, es la aserción de que lo social se constituye como orden simbólico. El carácter simbólico- es decir sobredeterminado- de las relaciones sociales implica, por tanto, que estas carecen de una literalidad última que las reduciría a momentos necesarios de una ley inmanente. No habría pues dos planos, uno de las esencias y otro de las apariencias, dado que no habría posibilidad de fijar un sentido literal último, frente al cual lo simbólico se constituiría como plano de significación segunda y derivada. La sociedad y los agentes sociales carecerían de esencia, y sus regularidades consistirían tan solo en las formas relativas y precarias de fijación que han acompañado a la instauración de un cierto orden.”11

 

En el párrafo queda claro que el psicoanálisis tiene un lugar central en el andamiaje sobre el que se construye la noción de lo social como discursivo en la perspectiva teórica de Laclau y Mouffe. Las reminiscencias psicoanalíticas del concepto de sobredeterminación señaladas por Althusser, son enfatizadas por estos autores: si las relaciones sociales pueden concebirse en términos discursivos es porque ellas mismas son en una de sus dimensiones significantes y, por lo tanto, su propio “ser” depende del sistema de relaciones de sentido en el que se inscriben. De ahí que Laclau y Mouffe, utilicen esta caracterización de lo social como orden simbólico12 como una de las vías de ruptura con el problema de la esencia. Por lo tanto, resulta indispensable indagar en el concepto de orden simbólico y la lógica del significante que le es propia para dar cuenta no sólo de la idea de lo social como discursivo, sino también del propio concepto de discurso presentado por los autores.

 

Ahora bien, no parece casual que la introducción del psicoanálisis en esta construcción teórica sea, en principio, hecha a través de un concepto althusseriano. Desde nuestro punto de vista, es posible identificar ciertas similitudes entre la lectura althusseriana del psicoanálisis lacaniano y la manera en que esta perspectiva teórica es puesta en juego en Hegemonía y estrategia socialista13. En ambos casos, imperan aquellos conceptos (lo simbólico, la sobredeterminación, la lógica del significante, la dispersión de posiciones de sujeto) que Jacques Lacan desplegó con mayor énfasis en los primeros escritos y seminarios de la década de 1950. Veamos, entonces, de qué forma se enlazan estos conceptos en la perspectiva lacaniana para después dar cuenta de su papel en el modo en que Laclau y Mouffe conciben los sujetos políticos en este primer libro.

 

 

La introducción de los tres registros en la obra de Jaqcues Lacan

Tal como vimos en el párrafo de Laclau que citamos más arriba, es la idea de que lo social se constituye como orden simbólico aquello que, a la vez, el autor lee como aporte fundamental de Althusser y como punto de partida teórico para su propio planteo. Ya habíamos señalado que la noción de orden simbólico fue elaborada por Jacques Lacan. Veamos, entonces, cuál es el lugar que este concepto tiene en su obra.

 

Lacan habla por primera vez de los tres registros (Simbólico, Imaginario y Real) en una conferencia pronunciada en 1953 - pocos meses antes de su discurso de Roma- en la que, al mismo tiempo, funda su intervención en el campo psicoanalítico como un retorno a Freud14. En buena medida estos tres registros se presentan como el andamiaje teórico desde el cual Lacan se propone recuperar una lectura de Freud que le haga justicia a sus escritos y que organice sus aportes. Lacan realiza esta empresa de retorno a Freud en contra del llamado posfreudismo que, cada vez más, concentraba el análisis en la figura del yo y sus resistencias. Durante los años cincuenta, el registro simbólico va a tener una preeminencia sobre los otros dos en la construcción teórica lacaniana en la medida en que es la principal herramienta que utiliza para enfrentarse a aquellas lecturas de Freud que pensaban la clínica en los términos de una relación intersubjetiva. Desde el punto de vista de Lacan para que cualquier relación intersubjetiva sea posible, es necesaria la existencia de un tercer término que, a la vez, la trasciende y la establece. Este tercer término, no es otra cosa que el orden simbólico que dispone y organiza los lugares sociales.

 

Este énfasis en la preeminencia del orden simbólico para entender la estructuración del mundo humano está apoyada en la lectura de aquellos textos de Freud que, desde su punto de vista, adelantan una concepción del inconsciente que sólo hará comprensible en su radicalidad el posterior desarrollo de la lingüística moderna. Aquellos textos de Freud en los que se centra Lacan en este período de su enseñanza son, fundamentalmente, tres: Psicopatología de la vida cotidiana, La interpretación de los sueños y El chiste y su relación con el inconsciente. La idea en común que rescata Lacan de ellos es que las formaciones del inconsciente –los sueños, los síntomas o los actos fallidos - son hechos de lenguaje y sólo pueden entenderse en su relación con el registro simbólico. Tal como señala Shejtman,

 

“esta supremacía de lo simbólico respecto de lo imaginario y lo real en este tiempo de la obra de Lacan se refleja también en aquel fundamento lacaniano forjado en los años ’50 que sostiene y resume sus construcciones en esta época de su enseñanza: ‘el inconsciente estructurado como un lenguaje’. En efecto, es este inconsciente lenguajero el que deben volver a reconocer los psicoanalistas para no traicionar el legado freudiano. Un inconsciente que, como veremos, se halla más ligado al significante –es decir, a lo simbólico- que al significado –esto es, a lo imaginario.”15

 

Recordemos en este punto que, tal como se indica en la extensa cita que transcribimos más arriba, en Hegemonía... se enfatiza el lazo quela noción althusseriana de sobredeterminación tiene con el análisis freudiano de los sueños. Según Freud, el trabajo del sueño transforma las ideas o pensamientos latentes en contenido manifiesto. Así identifica dos operaciones básicas -condensación y desplazamiento- que actúan en la producción de esos jeroglíficos que son, habitualmente, nuestros sueños. Ahora bien, la relación entre cada una de las ideas latentes y cada uno de los elementos del sueño, justamente por la manera en que opera el inconsciente, nunca es lineal. Lo que Freud describe con el nombre de sobredeterminación son las remisiones múltiples que cada una de las ideas latentes dispara y la posibilidad de los elementos del sueño de condensar múltiples ideas. Es este trabajo de articulación de significantes (en términos lacanianos) lo que van a recuperar tanto Althusser como Laclau y Mouffe. Es por eso que cuando los autores sostienen que el concepto de sobredeterminación permite pensar lo social en términos de orden simbólico están rescatando el hecho de que cada uno de los elementos en juego son significantes que, tal como lo piensa Lacan, no tienen un significado “propio” sino que producen sentido en su articulación con otros significantes.Avancemos un paso más, entonces, en la descripción de esta lógica del significante.

 

En “La instancia de la letra”16 Lacan recupera uno de los aportes básicos de la lingüística de Ferdinand de Saussure: la idea de que la lengua es un sistema diferencial donde cada unidad se define por distinguirse de las demás; en otras palabras, la noción de valor. Pero al mismo tiempo radicaliza esta concepción al subvertir la concepción saussureana del signo. Si para el lingüista la significación se establecía por la relación biunívoca entre un significado y un significante que componen un signo, Lacan va a romper este vínculo y va a darle preeminencia al significante sobre el significado17. Más aún, la barra que desde la perspectiva de Saussure une los dos elementos del signo es para Lacan una barra de separación entre dos órdenes distintos. Desde su punto de vista, por lo tanto, la significación no se da en la relación entre un significante y un significado. De hecho, un significante solo, aislado, no tiene significado posible. ¿Qué significa, por ejemplo, “banco”? Es imprescindible la presencia de otro significante que se articule a éste para que surja la significación. Así la vinculación de “banco” con “plaza” va a producir una significación distinta que con “billetes” o “escuela”. Tal como señala Pierre Laurent Assoun,

 

“El ‘efecto de sentido’ es el rebote de un significante sobre el otro, lo cual inaugura la idea de cadena significante. Lo que merece reflexión es, por lo tanto, la autonomía del significante y su valor como pura diferencia cualitativa, al definirse cada significante por ser lo que el otro significante no es.”18

 

Frente a la preeminencia del “sistema” en la concepción saussureana de la lengua, para Lacan el concepto central será el de cadena significante. Resulta indispensable en este punto introducir otro principio para comprender el alcance de esta construcción teórica.La noción de punto de acolchado o point de capitón indica la operación por la cual el significante detiene el deslizamiento de la significación. Así, ésta tiene siempre un carácter retroactivo. Aquel significante que enlaza la cadena en el point de capitón produce retroactivamente un “efecto de sentido” de toda la cadena. En buena medida, la frase y su puntuación son un modelo diacrónico de esta operación.

 

Ahora bien, la lógica del significante tal como la describimos en los párrafos precedentes es una de las referencias que se encuentra operando en la construcción que Laclau y Mouffe hacen de lo social en términos discursivos. Para estos autores la práctica discursiva configura las relaciones sociales, en tanto relaciones de sentido, a través de la articulación de elementos que por esta operación se vuelven momentos de una cadena significante. Esta claro que lo social ya no puede ser pensado en términos de sistema, lo cual implicaría que solo nos encontramos ante momentos que mantienen entre si una relación prefijada. Tal como lo señalan los propios autores la lógica de la sobredeterminación y la noción de cadena significante sirven para pensar una serie de articulaciones que siempre son desbordadas y reconfiguradas por el campo de la discursividad en el que operan. En otros términos los elementos nunca terminan de configurarse como momentos de una cadena significante y siempre pueden ser rearticulados en nuevas formaciones discursivas.

En este contexto, el concepto de punto nodal es una de las pocas deudas teóricas explícitas con Lacanque aparecen en Hegemonía y estrategia socialista. Vayamos la cita en la que se menciona esta deuda:

 

“El discurso se constituye como intento por dominar el campo de la discursividad, por detener el flujo de las diferencias, por construir un centro. Los puntos discursivos privilegiados de esta fijación parcial los denominaremos puntos nodales. (Lacan ha insistido en las fijaciones parciales a través de su concepto de points de capito, es decir, de ciertos significantes privilegiados que fijan el sentido de la cadena significante. Esta limitación de la productividad de la cadena significante es la que establece posiciones que hacen la predicación posible –un discurso incapaz de dar lugar a ninguna fijación de sentido es el discurso del psicótico-.”19

 

Los autores señalan de esta manera que el concepto de punto nodal es indispensable para pensar el tipo de fijaciones parciales posibles en las configuraciones de sentido por ellos presentadas. Es decir, en configuraciones en las cuales la identidad de los elementos/ momentos es siempre precaria.

 

Ahora bien, más allá de las vinculaciones que es posible establecer entre las concepciones de Lacan, Derrida o Foucault, nuestro énfasis en subrayar la presencia de la noción de orden simbólico desde la construcción misma de la categoría de discurso, está más bien apuntado a identificar otro eje problemático que resulta concebible desde la relación entre los tres registros lacanianos (simbólico, imaginario, real) y no desde la concepción posestructuralista del discurso, pero que en este libro de 1985 se encuentra sólo en germen.

 

 

Antagonismo

En el capítulo 3 de Hegemonía..., la argumentación sobre el carácter no suturado de lo social se apoya en otro concepto que hasta el momento no habíamos mencionado: el antagonismo. Tal como lo señala Slavoj Zizek, la noción de antagonismo como “límite de lo social (que) debe darse en el interior mismo de lo social como algo que lo subvierte, es decir, como algo que destruye su aspiración a constituir una presencia plena”20 remite de manera directa a uno de los tres ordenes o registros lacanianos: loReal. De hecho, según Zizek, “el real logro de Hegemonía se cristaliza en el concepto de ‘antagonismo social’: lejos de reducir toda realidad a una suerte de juego de lenguaje, el campo socio- simbólico es concebido como estructurado en torno de una cierta traumática imposibilidad, en torno de una fisura que no puede ser simbolizada. En breve, Laclau y Mouffe han reinventado, por así decirlo, la noción de lo real como imposible, ellos han transformado a éste último en una herramienta útil para el análisis social e ideológico. Simple como puede quizás aparecer, este avance es una novedad tal que incluso no ha sido percibido en la mayor parte de las respuestas a Hegemonía.”21

 

El filósofo esloveno señala, sin embargo, que en algunos aspectos de su construcción los autores no parecen aprovechar las consecuencias teóricas de esta referencia lacaniana. Desde nuestro punto de vista, esto tiene que ver con las lecturas que están operando como referencia en la recuperación del psicoanálisis lacaniano en Hegemonía...., por un lado, y con su vinculación más o menos directa con los desarrollos posestructuralistas, por otro. Tal como señalamos unos párrafos más arriba, en este texto encontramos principalmente huellas de los textos y seminarios lacanianos de los años cincuenta; en los cuales, el énfasis del psicoanalista francés está puesto en indicar la manera en que el orden simbólico organiza y pone en caja a las vivencias imaginarias en las que se mueve el “yo” y lo Real no aparece claramente conceptualizado. Según el análisis de Shejtman que citamos más arriba, lo Real aparece en estos primeros escritos y seminarios, asociado, a la vez, con lo que a partir de los trabajos posteriores de Lacan llamaríamos “la realidad” y con lo que será luego la concepción más puramente lacaniana de lo Real: aquello que en la realidad queda elidido, oculto o velado. Estas referencias escasas y ambiguas dificultan una reflexión acabada sobre las implicancias teóricas de esta noción. Por los mismos motivos, Laclau no desarrolla en este libro las diferencias entre la concepción de estructura descentrada de Derrida con los juegos discursivos que habilita y la noción de un orden simbólico estructurado en torno de un núcleo traumático innombrable que, en la medida en que resiste, opera como motor de la producción simbólica.

De hecho, en todo el apartado “Antagonismo y objetividad” en el que se presenta la noción de antagonismo como elemento clave para entender que la “sociedad no existe” o, en otras palabras, que se encuentra atravesada por sus propios límites que le impiden constituirse como una presencia plena, Laclau y Mouffe no hacen ni una sola mención de Lacan. La vinculación entre el concepto de antagonismo y lo Real lacaniano solo es recuperada en los textos de Laclau posteriores a la intervención de Zizek a la que hicimos referencia.

 

Tal como indica Zizek, estas tensiones teóricas se hacen especialmente evidentes en la manera en que Laclau y Mouffe trabajan el “estatus del sujeto que corresponde a un campo social estructurado en torno de una imposibilidad central.”22 Así, las oscilaciones teóricas a la hora de construir herramientas conceptuales para pensar los sujetos de la política acordes con su concepción de lo social estarían ligadas a ciertas deficiencias en el tratamiento teórico de la noción de Real que, sin embargo, se encuentra de alguna manera operando. En el siguiente apartado nos centraremos en esta cuestión.

 

 

Posiciones de sujeto

En su libro sobre Lacan, Paul-Laurent Assoun, señala como dos puntos fundamentales del pensamiento del psicoanalista francés la teoría del significante y la función de desconocimiento del “yo”, que lo coloca en una “línea de ficción, irreductible para siempre por el individuo solo.”23 Ahora bien, ambos ejes se encuentran operando como herramientas teóricas fundamentales en la manera en que Laclau y Mouffe conciben los sujetos de la política.En el apartado de Hegemonía en el que se trabaja esta cuestión, “La categoría de ‘sujeto’”, los autores sostienen que:

 

“Siempre que en este texto utilicemos la categoría de sujeto, lo haremos en el sentido de ‘posiciones de sujeto’ en el interior de una estructura discursiva. Por lo tanto, los sujetos no pueden ser el origen de las relaciones sociales, ni siquiera en el sentido limitado de estar dotados de facultades que posibiliten una experiencia, ya que toda ‘experiencia’ depende de condiciones discursivas de posibilidad precisas.24

 

En apartados anteriores presentamos las coincidencias que la concepción de lo social como espacio discursivo de estos autores tiene con las noción de orden simbólico y la teoría del significante lacaniana que a esta subyace. En el concepto de “posiciones de sujeto” también se encuentra operando, sin duda, esta misma construcción teórica. Las “posiciones de sujeto” no son otra cosa que significantes susceptibles de ser articulados en diversas formaciones discursivas necesariamente abiertas. Tal como indican Laclau y Mouffe, “por ser toda posición de sujeto una posición discursiva, participa del carácter abierto de todo discurso y no logra fijar totalmente dichas posiciones en un sistema cerrado de diferencias” y, por lo tanto, “el análisis no puede prescindir de las formas de sobredeterminación de unas posiciones por otras –del carácter contingente de toda necesidad que, según hemos visto, es inherente a toda diferencia discursiva.”25

 

Ahora bien, la batería de problemas y conceptos asociados al segundo de los ejes mencionados, la función de desconocimiento del “yo”, no tiene en este escrito la misma presencia que aquella vinculada a la teoría del significante. En buena medida, los autores se limitan a retomar una concepción anti-humanista del sujeto en la cual pueden coincidir tanto Freud yLacan como Heidegger o Nietzsche. Así, en contra de la idea de un sujeto concebido ya sea como un “agente racional y transparente a sí mismo”,como una unidad homogénea o como el “origen y fundamento de las relaciones sociales”, los autores enfatizan por un lado el desconocimiento y el descentramiento constitutivos del sujeto y, por otro, la dispersión sobredeterminada de las posiciones de sujeto en el interior de un espacio discursivo abierto.

 

En este marco tienen sentido las críticas de Zizek que habíamos adelantado en el apartado anterior. Según el autor esloveno esta concepción del sujeto como “posiciones” es pensable dentro de la lectura althusseriana de Lacan. Tanto Althusser como Laclau y Mouffe oponen a la concepción clásica del sujeto como plenitud, la idea de quelas posiciones de sujeto son efectos de las relaciones estructurales26. Hay dos cuestiones, sin embargo, que el señalamiento de esta coincidencia deja de lado. Por un lado, en este texto Laclau y Mouffe rescatan sólo esta dimensión de las exploraciones althusserianas – lacanianas sobre la subjetividad y, si bien subrayan que la “experiencia subjetiva” depende de condiciones discursivas de posibilidad, descuidan aquellas herramientas teóricas que les permitirían reflexionar sobre el papel que las vivencias de estos sujetos tienen en los procesos políticos. En esta empresa Athusser parece más jugado a la hora de tomar conceptos del psicoanálisis ya que a través de la noción de interpelación intenta conceptualizar la dimensión imaginaria de los fenómenos sociales. Esta dimensión imaginaria o “vivida” propia de la subjetividad se encuentra absolutamente borrada en la reflexión de nuestros autores centrada en la noción de posiciones de sujeto.

 

Por otro lado, ytal como indica Zizek, la noción de antagonismo social introduce elementos teóricos que les permitirían a los autores diferenciar al sujeto –como concepto ontológico que al señalar la falta de ser, aparece como condición de posibilidad de su constitución- de las posiciones de sujeto oidentificaciones cristalizadas en el discurso y, por lo tanto, construir herramientas teóricas para pensar los aportes de las subjetividades en la institución de lo social. Esta problemática que, en la medida que conlleva una cierta exploración de los desarrollos de Lacan sobre lo Real, cae fuera del horizonte de preocupaciones althusseriano, no se encuentra tampoco trabajada en profundidad en Hegemonía. Cabe aclarar, sin embargo, que esta cuestión es retomada y constituye uno de los ejes centrales de los escritos posteriores de Ernesto Laclau.

 

En síntesis, desde nuestro punto de vista en Hegemonía, Laclau y Mouffe no avanzan en la construcción de categorías teóricas que permitan dar cuenta de la intervención de los sujetos políticos sino que se limitan a establecer aquellos conceptos que les permiten desarrollar una posición crítica respecto de las nociones de sujeto que lo conciben como agente racional y homogéneo u origen de las relaciones sociales. Tanto la idea del sujeto descentrado como la propia conceptualización del orden simbólico que a través de la lógica del significante lo descentra, sirven para plantar las bases de una noción de sujeto opuesta a la tradición filosófica clásica. En este terreno, Hegemonía...no va más allá de pensar la constitución del sujeto en el mismo plano del discurso y su condición precaria o ambigua compartida por todos los significantes de una cadena. Cuando Laclau y Mouffe hablan de sujeto político en este texto parecen no ir más allá de la frase de Lacan según la cual “un sujeto es representado para un significante por otro significante” y en esto coinciden plenamente con las concepciones de Foucault y Derrida que, al dejar de lado la dimensión de la vivencia, solo atienden a la dimensión en que el sujeto es efecto. Es que, si como lo indicamos más arriba es posible identificar huellas de la concepción de estructura fallada de Derrida y de la noción de discurso que Foucault desarrolla en La arqueología del saber, en la construcción de lo social como espacio no suturado, no es casual que la cuestión del sujeto se resuelva en términos de dispersión de posiciones de sujeto que reducen el espacio subjetivo al de ser punto de pasaje del discurso.

 

En conclusión, respecto de la cuestión de los sujetos políticos no hay en este texto una indagación sobre aquellos conceptos del psicoanálisis que, desde los tres registros (imaginario, simbólico y real) hasta la diferencia entre el sujeto barrado y las posiciones discursivas en las que se constituye y sus aportes al problema de la identificación, permitirían dar cuenta de la particularidad de las intervenciones políticas del sujeto descentrado que postula. Al mismo tiempo, si bien encontramos huellas de conceptos centrales del psicoanálisis en la forma en que los autores oponen a las concepciones esencialistas de lo social la idea de una totalidad no suturada a través de la noción de discurso y la noción de posiciones de sujeto a la que se asocia, apenas resulta posible deslindar en esta construcción la especificidad de estos aportes respecto de los de las perspectivas postestructuralistas de Derrida y de Foucault.

María Martina Sosa

 

 

Bibliografía

Althusser, L. Para un materialismo aleatorio, Arena libros, Madrid, 2002.

Althusser, L. “Ideología y aparatos ideológicos del Estado” en Posiciones, Anagrama, Barcelona, 1977.

Althusser, L “Contradicción y sobredeterminación” en La revolución teórica de Marx, Siglo XXI, Buenos Aires, 1968.

Assoun, P.L. Lacan, Amorrortu, Buenos Aires, 2004.

Derrida, J. “La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas” enLa escritura y la diferencia, Anthropos, Barcelona, 1989.

Foucualt, M. La arqueología del saber, Siglo XXI, México, 1979.

Foucault, M. Microfísica del poder, La Piqueta, Madrid, 1992.

Lacan, J. “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud” en Escritos I, SigloXXI, Buenos Aires, 1988.

Lacan, J. “El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos presenta en la experiencia psicoanalítica” en Escritos I, Siglo XXI, Buenos Aires, 1988.

Laclau, E. La razón populista, FCE, Buenos Aires, 2005.

Laclau, E. y Mouffe, C. Hegemonía y estrategia socialista, FCE, Buenos Aires, 2004.

Laclau, E.Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Nueva Visión, Buenos Aires, 2000.

Shejtman, F. “Una introducción a los tres registros” en Mazzuca, R. (comp.) Psicoanálisis y Psiquiatría: Encuentros y desencuentros. Temas introductorios a la psicopatología, Berggasse19 Ediciones, Buenos Aires, 2003.

 

NOTAS

[1] Este trabajo se inscribe en dos proyectos de investigación dirigidos por Sergio Caletti: “Marxismo, psicoanálisis y comunicación. Discusiones althusserianas.” (UBACyT S813) y “Política, sujetos y comunicación: un acercamiento a la escena pública contemporánea.” (UNER) y se presentó en el VIII Coloquio Internacional Bariloche de Filosofía: “Filosofía y lenguaje”, Fundación Bariloche, Programa de Filosofía, Bariloche, Septiembre2006.

[2] Resulta central acentuar el hecho de que se trata de momentos entre los cuales no hay que trazar, bajo ningún punto de vista, una línea de ruptura sino énfasis distintos en aquellos conceptos del psicoanálisis sobre los que se centra la atención en cada caso.

[3] Laclau, E. y Mouffe, C. Hegemonía y estrategia socialista, FCE, Buenos Aires, 2004.

[4] Laclau, E. Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Nueva Visión, Buenos Aires, 2000.

[5] Laclau, E. La razón populista, FCE, Buenos Aires, 2005.

[6] Zizek, S. “Más allá del análisis del discurso” en Laclau, E. Ob. Cit. (2000).

[7] En este caso nos referimos a los textos y clases de los proyectos arqueológico y genealógico de Foucault. Ver, por ejemplo, Foucualt, M. La arqueología del saber, Siglo XXI, México, 1979 o Foucault, M. Microfísica del poder, La Piqueta, Madrid, 1992. Cabe aclarar que también esta autor se dedicó a explorar en artículos y seminarios posteriores el papel de la subjetividad.

[8] Ver Derrida, J. “La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas” enLa escritura y la diferencia, Anthropos, Barcelona, 1989.

[9] Laclau, E. y Mouffe, C. Ob.cit., (2004), p. 9.

[10] Laclau, E. y Mouffe, C. Ob. Cit., (2004), p. VII.

[11] Laclau, E. y Mouffe, C. Ob. Cit., (2004), p. 110 – 111.

[12] Encontramos en esta asociación entre lo discursivo y el orden simbólico una cierta indistinción entre dos nociones que remiten a andamiajes conceptuales distintos. De alguna manera es posible detectar ya en esta indistinción el “olvido” de la dimensión imaginaria que, si bien determinada por lo simbólico, se encuentra presente en la lectura althusseriana de Lacan. En Laclau, en cambio, el registro imaginario no es tomado en cuenta en ningún momento lo cual conlleva, desde nuestro punto de vista, una carencia decisiva a la hora de pensar la subjetividad. Vamos a retomar esta cuestión en el apartado sobre las posiciones de sujeto en el discurso.

[13] Podemos incluso arriesgar que algunas de las conclusiones respecto de la manera en que las relaciones de sentido configuran las relaciones sociales ya están en juego en la construcción teórica del propio Althusser. Esto es evidente en el texto del cual Laclau y Mouffe toman el concepto de sobredeterminación: Althusser, L “Contradicción y sobredeterminación” en La revolución teórica de Marx, Siglo XXI, Buenos Aires, 1968. Pero también está puesto en juego de alguna manera en “Ideología y aparatos ideológicos del Estado” en afirmaciones como la siguiente: “... las relaciones de producción se reproducen en primer lugar por medio de la materialidad del proceso de producción y del proceso de circulación. Pero no hay que olvidar que las relaciones ideológicas están inmediatamente presentes en estos mismos procesos” (Althusser, L. “Ideología y aparatos ideológicos del Estado” en Posiciones, Anagrama, Barcelona, 1977, p. 90.) Tal como lo analiza Natalia Romé, dentro del proyecto UBACyT mencionado, Althusser sigue trabajando en una línea que permite articular la lógica del significante con la contingencia en sus últimos escritos (Althusser, L. Para un materialismo aleatorio, Arena libros, Madrid, 2002.)

[14] El análisis de las transformaciones que sufrió la conceptualización de los tres registros en la obra de Lacan esta tomada de Shejtman, F. “Una introducción a los tres registros” en Mazzuca, R. (comp.) Psicoanálisis y Psiquiatría: Encuentros y desencuentros. Temas introductorios a la psicopatología, Berggasse19 Ediciones, Buenos Aires, 2003.

[15] Shejtman, F. Ob. Cit., 2003, p. 184.

[16] Lacan, J. “La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud” en Escritos I, SigloXXI, Buenos Aires, 1988.

[17] Desde nuestro punto de vista, esta operación lacaniana está también operando en la reflexión sobre la estructura sin centro de Derrida.

[18] Assoun, P.L. Lacan, Amorrortu, Buenos Aires, 2004, p. 68.

[19] Laclau, E. y Mouffe, C. Ob. Cit., 1987, p. 152-153

[20] Laclau, E. Y Mouffe, C. Ob. Cit., 2004, p. 170.

[21] Zizek, S. “Más allá del análisis del discurso” en Laclau, E. Ob. Cit., 2000, p. 257.

[22] Zizek, S. Ob. Cit., 2000, p. 258.

[23] Lacan, J. “El estadio del espejo como formador de la función del yo tal como se nos presenta en la experiencia psicoanalítica” en Escritos I, Siglo XXI, Buenos Aires, 1988, p. 87.

[24] Laclau, E. y Mouffe, C. Ob. Cit. 2004, p. 156.

[25] Laclau, E. y Mouffe, C. Ob. Cit. 2004, p. 156 y 157.

[26] En este contexto no parece ser un dato menor que Laclau y Mouffe trabajan la cuestión del sujeto antes de introducir la noción de antagonismo social.

 

[*] Docente e investigadora, Facultad de Ciencias Sociales (UBA). Ayudante de Primera en Teorías y Prácticas de la Comunicación III, (Carrera de Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Sociales, UBA). Integrante del proyecto UBACyT S813 “Marxismo, psicoanálisis, comunicación. Discusiones althusserianas” dirigida por Sergio Caletti. Programación científica 2006/ 2009.