Psikeba. Revista de Psicoanálisis y estudios culturales
 
 


Matías González *

Badiou © Psikeba

 




Resumen:

Mientras el legado “póstumo” de Althusser continúa siendo publicado, novedosas re-lecturas e intervenciones inspiradas en este poco conocido y para muchos “sorprendente” material, ya han sido efectuadas.

En el siguiente trabajo se intentará profundizar, a través del análisis de distintos planos conceptuales y epistémicos, en la densidad temática vinculada al quiebre que marcaría el desplazamiento hacia un horizonte post-estructural, en cuyo “vértice” se habría desarrollado la obra de Althusser, atravesándolo. Concretamente, se discutirá con algunas intervenciones recientes sobre la obra póstuma (y post-althusseriana) de Althusser, a la vez que se intentará explorar algunas aristas y dificultades en relación al horizonte de comprensión post-estructural y la red conceptual de ideología, sujeto, y cambio histórico. Se analizarán, finalmente, como ejemplos, algunas reflexiones de Slavoj Žižeksobre ideología ligadas al grafo del deseo lacaniano, y la teoría del “forzamiento” de Alain Badiou.

 

 

Reflexiones conceptuales (post) althusserianas: ideología, sujeto y cambio histórico.

 

El siguiente trabajo se encuentra inspirado en una serie de debates en el campo (post) althusseriano en torno a las posibles maneras de pensar el “cambio”–temática que se encontraría relacionada a la vieja cuestión del “sujeto” y, por extensión a la ideología. En ese orden de ideas, intentaremos delinear algunos modos de aproximación para analizar ciertos aspectos claves del horizonte post-althusseriano contemporáneo en relación a las maneras de concebir tales problemáticas. Siguiendo el modelo de posiciones y reocupaciones del que hablara Hans Blumenberg, como una manera de pensar los fenómenos de quiebres epistémicos (evitando el neptunismo de una concepción evolutiva-acumulativa del conocimiento y el vulcanismo de Khun) se podría decir que el horizonte postalthusseriano no habría podido eludir la necesidad de intentar llenar con otros contenidos los espacios abiertos bajo la “época de la Forma” (a la que pertenecen tanto las corrientes fenomenológicas como el estructuralismo). Nuestro trabajo, para decirlo sintéticamente, se desplegaría en “diagonal” al interior de estas problemáticas intentando rastrear en las secuencias de variaciones conceptuales (que tanto atraen a la historia conceptual), así como en el juego de interpretaciones, indicios en relación a los posibles “contornos”, si no de algunos problemas o complicaciones, al menos de ciertas “áreas problemáticas”.

 

 

Introducción a las despedidas sin fin.

 

La aparición reciente de la obra póstuma de Althusser ha dado lugar, entre otras cosas, a la recuperación de una “última” y hasta hace poco desconocida “filosofía” del autor francés, la cual sería, según se dirá, paradójicamente post-althusseriana –entendiendo por “althusserismo” el proyecto teórico político colectivo “clásico” generado en torno a Althusser en los años ‘60.

Según la tesis principal del reciente libro de Emilio de Ípola (Althusser, el infinito adiós) ese “otro pensamiento” filosófico (al que llama “proyecto esotérico”) de Althusser, no sólo irrumpiría con mayor claridad durante los últimos años de su producción intelectual “en solitario”, sino que el mismo se habría encontrado atravesando, como en sordina, al conjunto de su obra (generando diversos efectos) “desde sus primeros escritos” –lo cual proveería, según Ípola, una clave indispensable para releer al conjunto de su legado, el cual estaría afectado o atravesado por una duplicidadde pensamientos a veces presente bajo la de forma de irrupciones inesperadas, frases discontinuas, inconclusas, díscolas, etc., en el discurrir de su textualidad. El acento principal de la modulación que permite el contraste entre ambas filosofías althusserianas –y la novedad de su última versión-, tendrá relación, principalmente, con la tensión entre el intento de “reconstruir el materialismo histórico” como Ciencia de la historia de las formas sociales (Althusser clásico) y la introducción de la contingencia, y la historia, en sentido post-marxista (del último Althusser) para intentar pensar “la política”. Al mismo tiempo, esa primera tesis se articulará a una segunda, esta es: que la problemática medular de la forma de pensamiento post-estructural (y por lo tanto del último de Althusser), aquella dentro de la cual dicho horizonte de comprensión aún se debate y despliega en la actualidad, habría tenido su momento inicial de configuración aproximadamente una década antes de que sus más destacados mentores (Lacan, Badiou, etc.) se dedicaran a explorar sus potencialidades en distintos campos; esto es, que la lógica estructural del “término a doble función” se encontraría ya planteada (y “punto por punto”) en los textos tempranos de Lévi-Strauss en torno a algunas intuiciones como la del “significante cero” –textos cuya oclusión o desapego de la problemática post-estructural revelaría un aspecto sintomal en la narrativa de autores posteriores. Si la primera tesis serviría de hilo conductor al conjunto del texto en base al contraste entre las dos filosofías de Althusser, lo que permite a Ípola reconstruir el “itinerario filosófico” del autor francés; la segunda se articulará a la problemática de la “causalidad estructural” y sus distintas propuestas derivadas, lo que permite a Ípola reconstruir momentos claves constitutivos del “espacio filosófico” post-estructural a través del cruce de escritos e interpretaciones, posiciones y diferencias (Miller, Badiou, Althusser, Lacan) en el enriquecido clima intelectual francés de los años ‘60 –reconstrucción que se apoya por sobre todo en la narrativa y los acentos que Badiou suele introducir al relato

Cabe anotar, primeramente, que si bien el rastreo de algunas intuiciones de Lévi-Strauss permitirá ver que no se trataba de un quiebre tan “puro” en el paso al post-estructuralismo, la misma reconstrucción del texto de De Ípola, que toma como punto de partida una conocida reflexión de Badiou –“el problema de todo estructuralismo es el termino a doble función”- en la que hace referencia o apoya su argumento en Lévi-Strauss, permite ver que sería Badiou, por ejemplo, en este caso, quien estaría produciendo un cierto desplazamiento, o un cambio de énfasis o variación, o que comenzaría a hacer de tales “intuiciones” levi-straussianas un verdadero problema –o una “quaestio”-, en torno al cual comenzaría a tejer sus reflexiones. En otras palabras, se puede no obstante advertir que no sería Lévi-Strauss quien erigiría su empresa teórica en base a dicho problema –extrayendo del mismo y explorando sus complejas “últimas consecuencias”: “El problema fundamental de todo estructuralismo –continúa la frase de Badiou- es el término a doble función que determina la pertenencia de los restantes términos a la estructura, término que a su vez se halla excluido por la operación específica que lo hace figurar bajo las especies de su representante [lieu-tenant], para retomar el concepto de Lacan. El gran mérito de Lévi-Strauss es haber reconocido la verdadera importancia de esta cuestión, aunque fuera bajo la forma del significante cero”1. En una misma sintonía argumental, podría considerarse “sintomal” en dicha reconstrucción la ausencia de un momento notable en la configuración del mencionado “espacio filosófico”, a saber, el papel que tendría Jacques Derrida al observar la necesidad de una “referencia inmediata al objeto” que subyacía a las premisas compartidas por el estructuralismo y la fenomenología en lo relativo justamente a ese (no) lugar estructural.

Dentro de este contexto, nos interesará destacar, como punto de partida, lo que podría describirse como una cierta diagonal en la noción de sujeto. Cabe notar, asimismo, que si el término a doble función parecería generar una cierta dimensión “equivalencial” en el mencionado espectro de autores –post-estructurales-, la noción de sujeto sería principalmente la que produce las “resistencias” o particularismos.

En el marco del problema de la “causalidad estructural” y algunas de sus conocidas “propuestas” derivadas (Miller, Badiou), el énfasis de De Ípola recaerá –por una parte- en la diferencia entre Lacan, con su particular concepto de sujeto, y la dirección que recorren las perspectivas de Althusser y Badiou, en la que se persistiría en negar al mismo toda pertinencia teórica (en tanto ideológico). “En cuanto al problema del sujeto, las cosas son más complejas –sostiene Ípola-. Sin duda, las posiciones de Althusser y Badiou son, sobre este punto, del todo coincidentes. Y no sería falso sostener que esa coincidencia fue sólida y duradera, puesto que ha logrado perdurar hasta hoy” 2; y obsérvese, respecto del mismo género de lectura, “la cuidadosa omisión por parte de Badiou de toda referencia al sujeto. Ese punto, por lo demás, marca su divergencia con Miller y también con Lacan”3

Por otra parte, luego de analizar la “ultima” filosofía althusseriana, Ípola destacará la “tensión” que se produciría entre ésta y la persistente –y nunca abandonada- descalificación del sujeto por parte de Althusser. Luego de repasar la secuencia de textos althusserianos sobre Maquiavelo (de la que extrae, entre otras, la conclusión de que a “la constricción de la estructura” Althusser “contrapone [en su última filosofía] la fuerza de la voluntad, de la virtud y de la fortuna individual”4) y en debate con los famosas Notas sobre la teoría de los discursos, Ípola argumenta que de los últimos aportes de Althusser se desprendería una cierta necesidad de reintroducir al concepto de sujeto; o bien, que la persistente descalificación teórica del mismo por parte de Althusser, se torna “por lo menos discutible a la luz de las tesis del materialismo del encuentro” y sus corolarios (contingencia inherente a los social, acontecimientos, encuentros azarosos, perduración azarosa del encuentro, etc.)5

Por último, el autor destaca una forma de contribución y reflexión derivada de la dirección a la que habría apuntado la última filosofía de Althusser a través del análisis de la dimensión performativa de una declaración de decisión colectiva, un “Nosotros” irreductible, constitutiva de una nueva subjetividad que “pone en juego la figura del encuentro, que cuaja y se afirma como subjetividad colectiva capaz de intervenir políticamente en cada situación que la convoque”6

Si el planteo general de De Ípola parecería orientarse a instalarse en el seno del horizonte (post)althusseriano y post-estructural de reflexión, nuestro argumento únicamente respecto a esta secuencia de lo “subjetivo” (y de lo “subjetivo sin sujeto” a la que ella finalmente intentaría responder) se basará en un esfuerzo por desplegar algunas distinciones que permitan pensar, observar un cierto deslizamiento o énfasis en una dirección de cierta indeterminación. Problemática que podría comenzar a delinearse a través del interrogante por el tipo de “sujeto” que se argumenta se “desprendería” de la última filosofía althusseriana.

En este contexto contemporáneo de reflexiones post-althusserianas, destaquemos, por otra parte, que una contribución reciente de Bruno Bosteels permitiría trazar algunos énfasis similares respecto del sentido del desplazamiento operado en la última filosofía de Althusser: “Estas últimas notas decisivas modifican el terreno nuevamente, esta vez, con el paso de un materialismo dialéctico a un materialismo aleatorio, con el fin de captar la esencia de los acontecimientos políticos en su ocurrencia puramente contingente, sin depender de las supuestas leyes de la necesidad histórica” concluye Bosteels: “Cabría esperar, entonces, que esta investigación tan lírica sobre un materialismo de encuentros azarosos […] hubiera puesto a su autor a tono, retrospectivamente hablando, con acontecimientos explosivos tales como los de 1968 en Francia”7 en un línea –entiende Bosteels- similar a la lectura que de ellos tendría Badiou. Volveremos sobre este punto.

Antes de avanzar, intentemos esbozar otra forma de ilustrar los posibles derivados de la problemática post-althusseriana del sujeto que intentaremos discutir. Tal vez sea útil tomar como punto de partida algunos elementos conceptuales deslizados por Althusser –y retomados en cierta forma por Ípola- en torno a la noción de sujeto que criticaría acérrimamente –en distintos momentos de su obra. Con respecto a los famosos “meros ocupantes” de posiciones estructurales, Althusser afirmaba que “Los verdaderos ‘sujetos’ (en el sentido de sujetos constituyentes del proceso) no son pues esos ocupantes”8; por otra parte: el “sujeto” no sería sino “la figura con la cual los actores individuales –en realidad meros ‘soportes’(Träger) de las relaciones sociales- se representan imaginaria, es decir falsamente, su relación con sus condiciones de existencia”, la fantasía de ser ellos los que han determinado lo que los determina; por último, en relación a la discusión sobre si sería “el hombre quien hace la historia” o si ese lugar correspondería a “las masas”, Althusser llega a la conclusión de que las cosas son más complicadas con estas últimas, pues “las masas son varias clases, capas y categorías sociales, agrupadas en un conjunto a la vez complejo y móvil” fracciones que cambian en el curso de un mismo proceso histórico o revolucionario; por lo tanto: “¿Es posible aún considerar que estamos ante un ‘sujeto’ identificable por la unidad de su personalidad?”9 En suma, tenemos la determinación del “sujeto” como ligado al rol constitutivo del estado de su situación; como fantasía de autonomía con respecto a su posición; y como unidad de la personalidad, pasible de ejecutar la acción voluntaria. Sintéticamente, podría producirse una tendencia, según la diagonal que hemos observado –y como podría derivarse de algunos argumentos del texto de De Ípola-, en la que se terminaría acentuando entonces una derivación de algunos componentes semánticos –deslizados por el mismo Althusser- en dirección a la unidad de la personalidad de la acción intencional. Pregunta Ípola: “¿A quién atribuir” en caso contrario (esto es, si se desestimara la categoría de sujeto, como lo hace Althusser), “las cualidades propias de una buena –o mala- política? ¿Qué o quién ‘hace’ política?”10 Esta línea argumental se hace particularmente visible cuando Ípola “hace girar” al pensamiento althusseriano y su descalificación de la categoría de sujeto a través de la lectura sartreana del 18 Brumario (“la historia la hacen los hombres”). Y esto se articularía, como hemos visto, al sentido de contingencia que la mencionada “última” filosofía althusseriana contemplaría. El problema con este argumento, intentaremos observar, no es que el mismo no apunte a lo que sería un presupuesto necesario a la forma de pensamiento post-estructural, el carácter contingente último en los fundamentos de toda configuración de lo dado, sino si el mismo hace a la especificidad de la problemática post-estructuralista.Según se ha observado, el desplazamiento conceptual operado hacia fines del siglo XIX –relacionado a la dislocación del evolucionismo- se encontraría a su vez asociado a la concepción en la que epistémicamente el sujeto pasaría a ocupar el lugar (de las “intemperies” en la episteme clásica) de aquello que quiebra toda linealidad en la historia, haciendo emerger así lo que era impensable para la Ilustración –y también para el pensamiento decimonónico-, esto es, la radical contingencia de los procesos históricos. De allí que el énfasis sobre dicho concepto como lo propio de la “novedad althusseriana” pierda un poco de su fuerza. De allí también que puedan resultar “insólitos” algunos aspectos del althusserismo clásico, como la conjunción entre el cientificismo de su búsqueda y la dimensión inherentemente “política” de la misma (que apuntaba a “salirse de la estructura”). El criterio de distinción mismo entre legalidad científica “en sentido fuerte” y política como acción intencional es el que no alcanza a dar la fuerza que se busca proyectar en el argumento.

Una vez prefiguradas, por lo tanto, lo que serían algunas posibles “tensiones” o dificultades que podrían presentarse o derivarse de las curvaturas existentes en la textualidad (post) althusseriana, intentaremos –a continuación- aproximarnos a dicha “compleja desviación” a través de un desplazamiento del terreno discursivo, esto es, de un esfuerzo de complejización de algunos motivos observados a través de un análisis arqueológico de las formas históricas o epistémicas –lo cual nos permitirá trazar algunas distinciones imprescindibles para avanzar con nuestro argumento.

 

 

Abordajes “arqueológicos” y reconceptualizaciones.

 

Si hasta aquí hemos observado la particular complejidad que rodeaba al contexto filosófico sobre el que se concentra Ípola; el cual daría lugar a la conformación de una nueva paradigmática o régimen de inteligibilidad, parecería fundamental extremar todo lo posible la reflexión sobre los conceptos en cuestión, el universo discursivo al cual se integran en cada caso, sus posibles superposiciones argumentales (así como los distintos ordenes o niveles de discurso que podrían aparecer operando).

Como se ha destacado recientemente, la polémica estructuralista en contra de la categoría de sujeto, entablada también por Althusser (indiscutiblemente ligada a su binomio ciencia/ideología) reincidía en la ausencia de una distinción epistémica fundamental –y que tampoco Foucault en Las palabras y las cosas podría aún concebir, en tanto se hallaba parado en sus premisas- a saber, la operada a finales del siglo XIX con la quiebra de las concepciones evolucionistas. Es decir, desde este punto de vista lo que también habría que problematizar es el sistema de operatividad del binomio althusseriano mismo entre ciencia/ideología, a la vez que distinguir entre las diversas nociones de sujeto que se hallaban implicadas. Según se habría observado, el sujeto que perseguía al althusserismo como su “sombra”, no era tanto el Sujeto que éste entendía combatir –encarnado en el hegelianismo, cuyo concepto habría sucumbido a finales de siglo- sino uno ya muy diferente, derivado del tipo de Ser que ciertamente era el sujeto no-tético husserliano, implicado epistémicamente en el horizonte estructurado bajo la tensión entre sistemas autorregulados y acción intencional. Sería éste –en efecto- el que delinearía la paradigmática del pensamiento que vendría a quebrar, justamente, la problemática post-estructuralista.11

Para comprender este tipo desplazamiento, será importante detenernos un momento en el planteo o la fisonomía de las contribuciones “arqueológicas” de Foucault en Las palabras y las cosas. Si el énfasis en la lectura que hace Heidegger en “La época de la imagen del mundo” había recaído en la influyente asociación entre los conceptos de “sujeto” y “modernidad”, esto es, en el “enlace” –identificado con Descartes- entre subjectum (como sustrato unitario subyacente a los cambios de formas) y el Yo –reconstruyendo de este modo una “ruptura conceptual fundamental” que daría lugar a la “época de la representación”, “el hombre es ahora el que se re-presenta el mundo” surgiendo así por primera vez una “imagen del mundo” en sentido estricto, que es lo que define a la modernidad como época- la operación de Foucault consistirá en el trazado al interior de dicha lectura de algunas matizaciones imprescindibles. Es decir, Foucault retoma y discute este modelo epistémico heideggeriano introduciendo una distinción entre lo que llamará episteme “clásica” (cuyo símbolo sería el Quijote en el vértice de la quiebra con el mundo medieval) y episteme “moderna” surgida hacia fines del siglo XVIII, y cuya figura ineludible sería el Sujeto “propiamente moderno” hegeliano del que habla Foucault (“aquel tipo de Ser de cuya interioridad dimana la Historia”)12

En este contexto, seguiremos aquí algunas contribuciones recientes de Elías Palti que permitirán “tematizar” una distinción conceptual fundamental –y que se vinculará de manera directa, como podremos observar, a las polémicas estructuralistas de los años ‘60. Como ha observado este autor, el modelo foucaultiano en Las palabras y las cosas habría dejado a su vez sin registrar un tipo de ruptura epistémica decisiva –producida a finales del siglo XIX con la dislocación del concepto evolucionista de la historia y que daría lugar a un régimen de saber muy diferente, vinculado, justamente, a un tipo de énfasis (pre) conceptual en las lógicas de los sistemas autorregulados. Se trataba, para decirlo emblemáticamente (y respecto de las ciencias naturales) de una rotación desde una “física de los elementos” hacia una “física de los campos”. Si Cassirer llegaría a hablar de una “revolución del pensamiento”, el punto es que no se trataba de un mero reordenamiento de los elementos o de desplazamientos posicionales, sino que era el “modo de ser de las cosas el que se alteraba completamente” –bajo una época de la Forma. Si el sujeto moderno, observaba Foucault, era “paradójicamente” empírico y trascendental (en su ser, “más allá del conocimiento” pero, por ello, “condición” del mismo) un trascendental objetivo, “la fuerza subterránea generativa, el principio oculto que hace ser a las cosas”, la noción de sujeto en la época de la Forma se subordina en una “pluralidad de juegos de relaciones sistemáticas” en donde ella puede eventualmente articularse; mientras que estas Formas, contingentemente articuladas, “no obedecen a ningún patrón genético de formación sucesiva”13

Si el orden de las relaciones sistemáticas se situaría en el mismo plano de la “representación”, lo cual llevaría a Foucault a hablar de un “regreso del lenguaje”, Palti observa que ya no se trataría del infinito juego de las analogías; ni del lenguaje como representación (taxonomía), sino que en esta “época del lenguaje” (que sería muy distinta de la que habla Foucault) se produciría una reduplicación del régimen de la representación, volviéndose sobre sus mismos mecanismos constructivos, un curvarse sobre sí. Y esto se conectaría con el renacimiento de la metafísica, pues la Forma, por un lado, remitirá a un ámbito de objetividades de segundo orden, a la vez a priori y contingentes, y, por otro, implicará el subyacer por debajo o por detrás de las objetividades ideales, del llamado “acto institutivo” primario, por el que habrá de articularse “el campo dado”. Una referencia en este punto se vincularía a los escritos tardíos de Husserl y su concepto de mundo de la vida (Lebenswelt). Sin mayor profundización, bástenos con mencionar que el ego husserliano (a diferencia del subjectum y del Sujeto) al relacionarse al concepto de mundo conllevaría a una confrontación con “la radical contingencia de nuestros modos de comprensión del mundo y de nosotros mismos”; el punto crucial, por lo tanto, “es que ya no viviríamos, verdaderamente, en un mundo sino en mundos contingentemente articulados14 –premisa fenomenológica que también hará manifiesta el estructuralismo para intentar volverla contra la fenomenología y descartar la idea de algún tipo de Ser del cual los sentidos emanan. En el horizonte fenomenológico, por lo tanto, el sujeto trascendental (acción intencional) dejaría de ser una garantía de orden (un subjectum como “sustrato unitario”) para convertirse en aquello que destruye “toda identidad en la historia, que quiebra la linealidad de los procesos evolutivos”, introduce la contingencia, deviniendo su “origen”. Si el estructuralismo –por su parte- se habría privado de una instancia tal (anterior a la diferenciación misma entre sujeto y objeto), no podría finalmente explicar la emergencia de lo contingente –presupuesta, no obstante, implícitamente, en su propio concepto-, el desplazamiento entre las configuraciones históricas. Las diversas epistemes, concluiría Palti, son para Foucault “formaciones históricas particulares que no son ellas mismas verdaderamente históricas; en tanto que formas, son perfectamente autocontenidas y autorreguladas; la temporalidad (el cambio) es, en definitiva, algo que ‘les viene desde afuera’.”15 Esto explica la oscilación entre estructuralismo y fenomenología que caracterizaría a este particular suelo arqueológico (que se desdoblaría en una miríada de conocidas oposiciones derivadas) –y en el que subsiste una indiferenciación entre la cuestión de la “agency” en la historia (la brecha entre un estado y su consecuente) y la pregunta por el sujeto. Como hemos intentado observar, por lo tanto, en algunas derivaciones del texto de De Ípola, los argumentos podrían inclinarse sobre “una de las respuestas posibles” a la pregunta sobre cómo es posible que en un estado “B” nacido de –o sucedáneo a- un estado “A” exista, sin embargo, algo que no se encontraba ya contenido en “A”. (Cuya versión parcialmente cercana histórico conceptual sería: ¿cómo es posible que bajo el marco de un horizonte de inteligibilidad histórico comiencen a destacarse, percibirse –conceptualizarse- ciertos elementos como fuertemente desestructurantes del mismo principio de inteligibilidad que comienza a recortarlos?)

Por último, y éste tal vez sea un aspecto clave para entender la potencia de la irradiación e influencia posterior de las polémicas en el ámbito intelectual francés de fines de los ‘60, este planteo nos permite observar que por ese entonces (y de manera muy cercana y posterior a la publicación de Las palabras y las cosas), comenzaba a producirse un nuevo desplazamiento epistémico –que daría lugar a la emergencia de un “neoestructuralismo” (Frank)- que estaría en verdad asociado a una recomposición más vasta en los regímenes de saber occidental. Para este neoestructuralismo “la radical historicidad de los sistemas sociales” quedará sujeta a un modo de concepción en la que éstos nunca son completamente autorregulados, “sino que en su centro se encuentra un vacío, lo que determina su permanente disyunción respecto de sí mismos […]Desde esta perspectiva, ya no cabría concebir al ego, en tanto que agente del cambio, como algo previo a las estructuras (el puro acto institutivo), pero tampoco como un mero efecto de estructura, como postulaba el estructuralismo, sino, más bien, como un efecto dedes-estructura16 La temporalidad, finalmente, ya no será en este nuevo régimen de saber algo que a las Formas les venga “desde afuera”, sino que se alojaría en su interior, en su simultánea necesidad-imposibilidad de constituirse como objetividad autocontenida. Aquí es donde puede finalmente observarse que la respuesta dada a la cuestión de la “agency” a través del sujeto trascendental sólo sería un modo de abordar la cuestión del cambio en la historia. En efecto, uno de los aspectos característicos del neoestructuralismo consistiría en desprender ambas cuestiones, instalándose en el seno de esa brecha ontológica en la cual el ego puede emerger (esto es, “abrir la reflexión sobre el terreno anterior a la distinción entre sujeto y estructura”). Dicho ámbito fenomenológico, al que Derrida llamaría Khôra, observa Palti, sería el de las condiciones de (im)posibilidad del ego, esto es, un terreno anterior al mismo.

Finalmente, podemos volver a Althusser y observar bajo un nuevo punto de aproximación algunas de las mencionadas particularidades subyacentes a su obra, entre ellas, el énfasis en el quiebre que intenta analizar Ípola entre “dos” pensamientos o filosofías heterogéneas. Se podría conjeturar, asimismo, por esta vía, que lo conflictivo y autocrítico del pensamiento althusseriano tenga algo de sintomal respecto de esta problematicidad interna que lo atravesaba. Y otro tanto podría sugerirse respecto de la dificultosa duplicidad de pensamientos de la que habla Ípola, según la cual el texto althusseriano clásico se encontraría permanentemente desbordado por secuencias inconclusas, estupefactas, contradictorias por momentos, “irrupciones”, marcas, huellas de ese otro pensamiento que sólo años más tarde adquiriría su fisonomía más acabada –permitiendo comprender retrospectivamente tales discordancias. Y esto puede ser complementario con la tesis de este autor según la cual el paso hacia el post-estructuralismo no sería tan “puro” como puede a veces suponerse, sino que ya existían una serie de intuiciones “circulando” a la espera de un proceso que las extienda “fielmente” y las produzca retrospectivamente.

Por otra parte, este enfoque permite observar, en contraste con el énfasis que hace Bosteels sobre la última filosofía de Althusser y su posible “puesta a tono” con los acontecimientos del ‘68, que dicho desplazamiento conceptual intentaba ajustarse en todo caso a un marco epistémico de mayor alcance que estaba entonces emergiendo. Inversamente, resultaría interesante desplegar algunas secuencias en el espectro de variaciones conceptuales sobre el “sujeto” posteriores a un horizonte post-estructural. Sin poder profundizar aquí, se podría imaginar una breve cartografía de algunas variantes dentro de las aquí mencionadas, que sería instructivo destacar, en tanto diversificaciones del concepto: Lacan ($), Miller (en relación a la noción de sutura) y muy cercanos a éstas últimas Laclau, Žižek (como fracaso, imposibilidad, vacío que impide a la “sustancia” constituirse plenamente), Badiou (desde su variación hegeliana de la idea de fuerza, hasta las recientes reflexiones “metafísicas del sujeto”), las famosas Notas de los “cuatro discursos” de Althusser, aunque finalmente éste se incline por una posibilidad, así como los sujetos (fieles, reactivos y oscuros), del reciente Badiou, etc.

Por último, y como puede observarse, si lo característico de la gran renovación althusseriana del marxismo –a mediados de los ‘60- estaría estrechamente vinculada a la lectura que hiciera Althusser del legado marxista bajo las premisas de un horizonte de saber muy distinto al de Marx (es decir, bajo el pensamiento estructural), lo paradójico es que tal renovación sería llevada adelante cuando su época (esto es, el suelo de positividades sobre el que se tejía su originalidad) estaba llegando a su fin. Al igual que Foucault en Las palabras y las cosas, la reflexión althusseriana clásica se desplegaría sobre el límite de sus propias condiciones históricas de emergencia. Y esto nos devuelve a la “última” filosofía de Althusser.

 

 

La problemática la historia.

 

Según hemos visto, uno de los énfasis “capitales” que marcarían el paso hacia la “ultima” búsqueda filosófica de Althusser, estaba definida por la incorporación de un sentido de “irreversibilidad histórica fuerte” (tesis que hemos discutido bajo el argumento de inespecificidad) y la correlativa dosis de “contingencia” en el curso de los procesos históricos. Asimismo, hemos destacado la dificultad que puede subyacer en torno a la circulación de la noción de sujeto al interior de las reflexiones (e inflexiones) post-althusserianas de Althusser.

Se podría intentar conjeturar, por su parte, que el efecto “lírico” de las metáforas y teorías sobre las que se pliega Althusser en sus últimas obras pueda prestarse a una mayor dificultad sobre el tema. Hemos visto, por ejemplo, el planteo de la recuperación althusseriana del binomio virtù/fortuna a través de Maquiavelo, concepto que hace presente una cierta “imagen” –estructurada silenciosamente bajo una “mirada” que estaría, sin embargo, supuesta en su interior: la mirada del príncipe, su posición de observador, una conciencia ante la realidad. Esta posibilidad se condice con algunas derivaciones o relecturas que hemos intentado matizar, es decir, con ciertos deslizamientos en la reflexión de De Ípola ligados a la reintroducción de la cuestión del sujeto que el althusserismo “clásico” habría combatido. Es decir, si la pregunta en este caso fuera por el sentido de este concepto de sujeto que “habría” que reintroducir o que se “desprendería” de la última reflexiones de Althusser, todo parece indicar que el mismo, al menos como se deriva del grueso del argumento observado, remitiría al sujeto relacionado al concepto de mundo. Y esto podría apreciarse a su vez en la contaminación que podría tener con respecto al énfasis en el “clinamen” (que Althusser toma de Epicuro) en tanto fortuna o azar estructural, así como en el esfuerzo final de De Ípola de responder a la pregunta de la acción colectiva a través de su modelo de acto de constitución en una subjetividad “capaz de intervenir políticamente en cada situación que se la convoque” Se produce finalmente este acento con relación a las últimas contribuciones de Althusser, que llevará a Ípola a destacar una cierta “tensión” en la incorporación althusseriana del binomio maquiavélico con respecto a la lectura del sujeto del Althusser clásico –en tanto efecto de estructura. Se produciría así, a través de esta tendencia, una lectura a favor de un “retorno del sujeto” (y bien, en definitiva, no sólo a la “buena” política, sino a “la historia” “la hacen los hombres”) –aún cuando se insinúe que éste ya no sería el mismo “sujeto” que el indefinidamente “clásico” (en tanto del argumento podría suponerse que “clásico” remite aquí al concepto combatido por el mismo althusserismo, un Sujeto que habría sucumbido tiempo atrás). Desde un punto de vista fenomenológico –añadiría Blumenberg- se podría suponer que si el término historia estaría tensionado como podría estarlo un concepto de “mundo”, una vocación última por la diversamente comprendida fórmula “los hombres hacen la historia” llevaría a observar la tranquilizadora referencia, en la que “hacer” se puede equiparar a actuar, desplazando todo el problema a la ética, cuya “verosimilitud” parece cuestionable.17 Aunque en este punto, y siguiendo esta secuencia, se podría destacar la equiparación que pueda deslizarse –como réplica “del hacer al actuar”-, entre “historia” y el diferentemente dispuesto concepto de política. Sin mayor consideración sobre la gran cantidad de variaciones modernas que atravesarían el referencial conceptual en torno a esta temática, donde Shelling podría ser un caso emblemático en un sentido (con su idea de que el hombre no tiene historia “porque no trae la historia consigo, sino que la produce él mismo”18), y donde Marx plantearía que sólo la “hacen” dentro de una serie de condiciones heredadas, remitámonos solamente a Bismarck, en cuyo texto se podría delinear el “juego” que marca la diferenciación intuitiva: “De ninguna manera se puede hacer historia pero siempre es posible aprender de ella cómo se ha de dirigir la vida política de un gran pueblo”19

Para Koselleck, la pluralidad de significados del concepto moderno de “historia” –cuya diversidad semántica se ha encargado de reconstruir- le habrían permitido a éste “columpiarse entre la factibilidad y su poder superior”20. Frase en la que asoma un concepto de contingencia que nada tienen que ver con un sentido de inmanencia.

Y aún el concepto de fortuna mismo –independientemente de la eventual metaforicidad en su articulación a la virtù-, si nos remitimos al pensamiento humanista cívico floreciente en el siglo XV, puede prestarse a retrotraer las coordenadas de intelección hacia una noción en la que la temporalidad permanece articulada a la simple aplicabilidad “empírica” de los –entonces- principios republicanos. Es decir, la idea de contingencia asociada a su concepto se traduce por contraposición a una idea de inherencia. Como observaría Pocock, relacionando el naciente republicanismo del siglo XV y la noción de fortuna (contingencia) en los procesos históricos “la república se ve confrontada a su propia finitud temporal, como intentando mantenerse moral y políticamente estable en un flujo de acontecimientos irracionales, concebidos como esencialmente destructivos de todo sistema de estabilidad secular”21.

Una conjetura adicional en este punto, es que el concepto de “lucha de clases” se presta especialmente para el tipo de sobredeterminación indicada. Se puede observar que, por un lado, lucha de clases muestra a Althusser atravesado por “dos lógicas incompatibles” (contingencia y necesidad histórica –al igual que “hegemonía” en la tradición marxista, según Laclau), cercana a la idea de antagonismo disruptivo de la textura histórica (contingencia 1); y, por otra, parecería relacionarse con una cierta idea de “acción” que introduce la temporalidad, deslizándose por momentos hacia una clave de comprensión de ciertas reminiscencias próximas a una paradigmática presupuesta (“época de la Forma”) (contingencia 2). A pesar de las consideraciones sobre la temporalidad acontecimental, se desdibujaría parcialmente por momentos la noción de inherencia propia de su mismo concepto (post-estructural).

Con todo esto no se quiere indicar un sentido de inadecuación sino, como hemos observado, de indeterminación. Y esto nos podría llevar a revisar algunas reflexiones de Lévi-Strauss: “Si los vaivenes de la historia alteran o trastocan completamente una estructura –cosa siempre posible- ellos sólo puede ser producto de la intervención de ‘la contingencia irreductible, sin la cual, no se podría concebir la necesidad”; pero esta contingencia irreductible –recuerda Ípola- “no puede, para Lévi-Strauss, ser objeto de ciencia”22. Sería útil aprovechar este punto para establecer un nuevo contraste con otra de las características relevantes del pensamiento postestructural, y que es en este punto articulable a una recomposición epistémica más vasta –que hemos mencionado- según la cual, en la última mitad de siglo, el concepto de acontecimiento habría pasado a ocupar un lugar central en diversos campos de desarrollo (termodinámica, biología, etc.), quebrando la idea de una oposición esencial entre cambio y racionalidad (y junto con ella toda la serie de dicotomías asociadas).23 En 1988, decía Badiou: “Por lo general, al acontecimiento se lo arroja a la pura empiria de lo-que-adviene y se reserva la construcción conceptual para las estructuras. Mi método es inverso.”24

Llegamos así nuevamente, a través de otro recorrido, a la cuestión del cambio, y sus condiciones post-althusserianas de posibilidad. Tendríamos, en ese sentido, diversos matices. En el marco de la mencionada noción de clinamen –del nacimiento de un mundo a través de un desvío infinitesimal (que retoma la lírica del último Althusser)- la desviación no se explica, “simplemente ocurre”, lo cual no es presentado como incompatible con una concepción de la historia como proceso. Pero al mismo tiempo, ciertos énfasis, extraídos de esta misma condición de contingencia, o como algunos derivados de la imagen del príncipe, podrían conducir hacia una posible re-dicotomización del sujeto de la intención frente a las estructuras –ahora, azarosas; esto es, una suerte de retorno del sujeto –que queda así reintroducido- mientras que las condiciones estructurales de su “exterioridad” son las que se encuentran desplazadas o transformadas. Sin embargo, como hemos visto, la recomposición epistémica operada pasada la década del ‘60 implicaría un significativo desplazamiento tanto del sujeto como del objeto. Es decir, se produciría una importante diferenciación entre la cuestión de la agency con respecto a la pregunta por el sujeto, en cuyas consecuencias nos detendremos a continuación –explorando, desde un último punto de refracción, otras derivaciones ligadas a la problemática (post) estructural del cambio (esta vez, a través de la redescripción de la “interpelación” ideológica althusseriana que hace Žižeken base al grafo desde deseo lacaniano.)

 

 

Ideología y retroactividad.

 

Si hasta aquí el principal contrapunto crítico que hemos establecido estaría determinado –a veces de manera implícita- por la conceptualidad de Alain Badiou, quien sería al mismo tiempo el autor postestructural mayormente citado por Ípola- podríamos comenzar a aproximarnos al tema principal de este subtitulo a través de otras posibilidades.

Es decir, otra manera de abordar las problemáticas esbozadas sería intentar contrastar algunas de las conclusiones arrojadas con los planteos de Ernesto Laclau –cuyo pensamiento sobre las lógicas hegemónicas tiende a enfatizar el término “construcción” mientras que desaparece en buena medida la noción de azar. De todas maneras, al intentar pensar en términos de un quiebre radical de una configuración hegemónica global, Laclau permitiría acercar su propuesta a la de Badiou a través de la dimensión política de la “decisión”25, cuya derivación en una transformación radical puede darse o no. En general, la problemática y temporalidad acontecimental en Laclau es rodeada a través de la lógica “equivalencial” que apunta a la generación de (o búsqueda de “conexión” con) las circunstancias excepcionales que permiten a un significante (como pudo ser “la república es el anticristo” según un ejemplo de Laclau, en el marco de un movimiento milenarista en Brasil de fines del siglo XIX) desplegar en ese, que es su momento histórico (su extraño maravilloso instante) todo su potencial en la apertura a una nueva realidad –a través de la configuración de una poderosa frontera equivalencial.26 Si al parecer aquí podría quedar descuidado todo lo que implica un registro de fidelidad (salvo que se esté remitiendo a una especie de “parusía”), cabe destacar asimismo que para Laclau no sólo los cambios “radicales” trastocan el principio “topológico” de la situación, sino que al mismo objetivo podría llegarse a través de combinaciones de diversos cambios parciales (cuyo estatuto no analiza –lo que abre la pregunta por su posibilidad de ser “algebraicos” impuros u otra variante semejante); habría, para este autor, que intentar concebir una especie de continnum con cambios de diverso grado de radicalidad, en el que no sólo los trastocamientos “radicales” según la teoría de Badiou deberían ser tenidos en cuenta –lo cual es cercano con algunas reformulaciones recientes del mismo Badiou en su Logiques des mondes.

Resulta interesante destacar asimismo, la siguiente conclusión que Laclau esbozaría en el marco de una entrevista: “Es por eso que quisiera poner en cuestión el carácter excluyente de las alternativas que tú planteas –o bien la subjetividad como el efecto pasivo de las estructuras, o bien la subjetividad como autodeterminación. Esta alternativa permanece enteramente dentro del contexto de la concepción más tradicional de la identidad […] Es por eso que la pregunta acerca de quién o qué hace transforma las relaciones sociales no es una pregunta pertinente. No se trata de que “alguien” o “algo” produzca un efecto de transformación o de articulación, como si la identidad productora fuera de alguna manera previa a ese efecto. Por el contrario, la producción del efecto es parte de la construcción de la identidad de agente que lo produce”27 A continuación, intentaremos ilustrar una forma de aproximación a esta dinámica implícita.

Parecen coincidir en este mismo sentido algunas consecuencias “críticas” de las formulaciones que hace S. Žižek en The indivisible remainder. En dicho texto, el autor se adentra en una exploración metafísica de la “decisión” –esto es, del “asalto a lo Real”- en la que termina deslizándose –según ha destacado Geoff Boucher- sobre una serie de equivalencias en las que se podría identificar, por una parte, al “objeto a” con el orden Simbólico y luego a éste con la identidad especulativa del sujeto. “La clara implicación es que en el Acto, el sujeto y el objeto son ‘especulativamente’ idénticos”28

Llegado este punto, intentaremos analizar, a través de la dinámica del grafo del deseo lacaniano, un modo de aproximación al tipo de (des) estructuración que subtiende a una paradigmática post-estructural en relación al cambio –que es la misma, por lo tanto, en la que el pensamiento del “último” Althusser comenzaba a internarse.

Siguiendo la lectura que hace Žižek del grafo del deseo lacaniano, recordemos brevemente la secuencia principal de la famosa “puntada” (sobre la que Lacan irá construyendo el “grafo del deseo” a través de una complejización gradual de elementos): en la cadena hablada, la asociación entre los significantes y sus significados se produce retroactivamente, esto es, al término de la articulación significante de la secuencia del discurso. Como en un “chiste”, sólo el último significante determina retroactivamente el lugar en el que se encontraban los anteriores –los cuales permanecían hasta entonces en estado de “flotación” (El “juego”, por lo tanto, podría decirse, se produciría en la súbita variación de aquellos con respecto a lo esperado o insinuado proyectivamente, en un desfasaje de temporalidades) “Un discurso –decía Lacan- no es sólo una materia, una textura, sino que requiere tiempo, tiene una dimensión en el tiempo, un espesor”.29 Es decir, Lacan acentúa con su noción de puntada este “quedarse atrás del significado con respecto a la progresión de la cadena significante”. Los significantes “se siguen el uno al otro”, hasta que en un punto determinado, algún significante fija retroactivamente el significado de la cadena, “cose el significado al significante, detiene el deslizamiento del significado”, “acolcha” la cadena significante30. Siguiendo la lectura de Žižek, llegamos así a la noción de point de capiton, fundamental para esta versión postalthusseriana del concepto de ideología. El ejemplo, para comprender este proceso de “acolchado ideológico” sería el siguiente: “en el espacio ideológico ‘flotan’ significantes como ‘libertad’, ‘Estado’, ‘justicia’, ‘paz’ … y entonces la cadena de éstos se complementa con algún significante amo (“Comunismo”) que retroactivamente determina el significado (Comunista) de aquellos”: la libertad real sólo adviene por la superación de la libertad formal burguesa, el Estado es instrumento de la clase gobernante, y así sucesivamente) El “acolchado” democrático-liberal produciría, por supuesto, una articulación de significado muy diferente –y otro tanto el acolchado “conservador”, etc.31 La primera forma del grafo, donde podremos observar esta dinámica de puntada es la siguiente:

 

 

Tal como lo indican las flechas, se trata de un doble movimiento en el que la cadena significante S-S’ es atravesada por un vector que parte de una “intención mítica” “presimbólica” que “acolcha” (en su primera intersección con la cadena S-S’) a la cadena significante misma; por lo tanto el “mensaje”, el sentido, aparece representado por/en la segunda intersección de los vectores (permitiendo comprender la dinámica retroactiva de todo efecto de significación). Sobre el final del vector de acolchado tenemos al símbolo $ que representa al sujeto barrado, dividido, un “espacio vacío en la red significante”. Como puede observarse –concluye Žižek- lo que está en juego en el estudio de esta dinámica de los efectos de significación se encuentra indisolublemente relacionado al proceso de interpelación de “individuos”32 en sujetos: “El point de capiton es el punto a través del cual el sujeto es ‘cosido’ al significante, y al mismo tiempo, el punto que interpela al individuo a transformarse en sujeto dirigiéndole el llamado de un cierto significante amo (‘Comunismo, ‘Dios’, ‘Libertad, ‘Estados Unidos’)”33

Las reflexiones de Žižek sobre ideología en relación a la lectura que hace del grafo lacaniano podrían resumirse en su intención de incorporar al “análisis ideológico” la dimensión del goce (estructurado por el fantasma), lo cual tiene relación con el segundo nivel (superior) del grafo lacaniano que aquí no hemos de desplegar, aunque pueda resultar útil tenerlo presente (esto es, el grafo completo donde la dinámica de puntada es atravesada por un segundo vector, de jouissance, permitiendo la distinción, en último término, entre enunciado y enunciación vinculada a la pregunta “Che vuoi?”, o entre los procesos Imaginario/Simbólicos del nivel inferior y Simbólico/Reales del superior)34 Sintetizando su argumento, Žižekpretende, en sus palabras, “completar al análisis del discurso” (Laclau) a través de las funciones del “fantasma” o “fantasía” (social) respecto del horizonte ideológico concreto estructurado discursivamente. Esquemáticamente, el lugar del código, que en la versión estándar del grafo se ubica en la primera intersección del vector de puntada con el de la cadena hablada, es al que Žižekidentifica con el lugar del “acolchado ideológico” (que se produce a través de un point de capiton). Por lo tanto, los aportes de Žižeksobre “fantasía” suponen este universo discursivamente estructurado al que dicha función fantasmática viene a complementar (ocultando el antagonismo que le subyace). El sentido de nuestra lectura, para que se comprenda lo que hemos dicho por ejemplo, en relación al problema del “cambio”, es el siguiente.

Recordemos concisamente el tipo de “dinámica” que el grafo representa: el proceso de “acolchado” responde a una lógica retroactiva o “retroversiva” fundamental. El principio de cambio implicado en los intersticios de los desfasajes temporales significantes y semánticos conlleva una cierta dinámica de acolchaje que transforma la situación en su desequilibrante variación del universo significante precedente. Como hemos indicado, en buena medida la construcción žižekiana es una articulación del grafo lacaniano y la teoría del discurso de Laclau –quien a su vez tomará estas lecturas de Žižek, y la lógica de los designantes rígidos (point de capiton) en sus análisis posteriores. Como puede observarse en una de sus últimas contribuciones, La razón populista35, este análisis de Žižek constituye desde entonces un momento interno central en la ingeniería de la construcción teórica laclauniana –y el punto de partida de sus últimas investigaciones en torno al afecto. En esta última búsqueda “afectiva”, Laclau exploraría nuevamente en la teoría psicoanalítica intentando recortar allí el tipo de fuerza (basada en los complejos pulsionales y la problemática edípica) que llevaría a que un significante parcial (punto nodal) acolche un horizonte. Pero el supuesto de todo ello continúa siendo la dinámica retroactiva del cambio. Otro ejemplo puede tomarse de un debate entre Laclau y Cerdeiras donde aquel, ante la pregunta por su manera de pensar el cambio radical, respondería que encuentra en el momento de la “decisión”, dando el ejemplo de procesos de nominación (que acolchan una nueva lógica de sentido) el momento del advenimiento retroactivo de algo radicalmente nuevo que “no se puede explicar estructuralmente”.36 Basta con recordar la lógica de la puntada para comprender donde se produciría dicho acolchamiento o configuración. Lo que al parecer este paradigma de puntada no contempla o no deja pensar con facilidad, sin embargo, es la pregunta por los modos de llevar a cabo efectivamente el proceso que el mismo supone. Esto es, de manera invertida, el hecho de que no todo acto de nominación produce un nuevo “acolchamiento” en sentido post-althusseriano. Como hemos observado, el grafo lacaniano es un intento de describir la dinámica compleja que estructura al discurso en la cadena hablada; supone una dimensión evidentemente pragmática. A pesar de articular en su interior el lugar del “tesoro de los significantes”, el código, lo hace considerando la posición que ocupa al interior del movimiento “parlante” concreto. Desde este punto de vista, se torna significativo que el último término en la cadena significante tenga consecuencias retroactivas sobre ésta, provea de unidad, detenga el flujo del significado. El código es aquí, por lo tanto, el que establece el principio regulador en virtud del cual se determina retroactivamente el lugar de los significantes. O bien, de manera invertida, bajo la secuencia que se despliega en este modelo “nada se dice” acerca de cómo se trasformaría el principio regulador del código mismo. Éste sería a su vez el producto supuesto de un acolchado (segundo). Aquí es donde detectamos el tipo de “operación” específicamente postalthusseriana sobre el grafo, el desplazamiento en virtud del cual se comienza a pensar en una dinámica de segundo orden. Se podrá suponer que este tipo de lectura se encuentra sobredeterminada por las conclusiones wittgensteinianas sobre la inexistencia de una “regla de la regla”. De todas maneras, las dificultades no tendrían que ver específicamente con estas particularidades en sí misma, sino que se presentarán bajo este marco en relación a otra de las posiciones del modelo “retroversional”. Se encontrarían vinculadas, tal como hemos mencionado, con el hecho de que “no todo” acto de nominación produce un nuevo “acolchamiento”. Y esto se deja ver, afectando la pregunta cardinal por el sujeto que lo llevaría adelante, en la misma matriz básica de la puntada lacaniana. La interrogación por el lugar desde donde procede “aquello” que llevará adelante el efecto de puntada, resulta incontestable, se trata de una “intención mítica” (“presimbólica” –según los términos de Žižek).37 Tal vez sea ésta otra manera de ilustrar en la forma del pensamiento postalthusseriano el tipo de dinámica implicada en la distancia entre la cuestión de la agency y la pregunta por el sujeto. Recordemos asimismo que dicho “modelo” žižekiano en torno al rol de la “fantasía” social no sólo se estructura como una pieza principal de su desarrollo teórico hasta al presente, sino que el mismo se articula a su análisis del capitalismo tardío (es decir, el universo socio-simbólico capitalista y las maneras de intervención en su posible transformación)38. Bajo el marco de este tipo de variación postalthusseriana, podría decirse que el grafo es un modelo que sería más fácil de aplicar para abordar las transformaciones “hacia atrás”; es decir, que el mismo modelo, en tanto tal, tendencialmente ejemplificaría lo que pretende explicar. O que estamos, en suma, ante un tipo de inflexión del pensamiento ante la inmanencia de un efecto de des-estructura. Aún cuando sólo el juego tensionado en la encrucijada paradójica y abierta (en la positividad) de efectos “retroversivos” e “indagatorios” conduzcan a él y a su más allá (situacional) –podríamos decir, intentando una extensión crítica en el terminológico de Badiou.

“Tendríamos que concluir” diría Bosteels confirmando una conjetura badiouana al respecto, “que el pensamiento de Althusser efectivamente no puede completarse por medio de un retorno a Lacan, cuyo psicoanálisis antes bien muestra aquello de lo que no podemos hablar en el marxismo althusseriano”39 Mientras que para Žižek, continúa críticamente este autor, la aparición del lugar vacío de lo real imposible de simbolizar es de alguna manera ya el acto de verdad mismo, para Badiou una verdad sucede sólo al forzar lo real y desplazar el lugar vacío, para así hacer posible lo imposible” 40

Si el énfasis que hemos observado en la lectura del grafo recaía principalmente en la dimensión retroactiva, “hacia atrás”, de la variación-transformación de lo “posible”, sería útil producir un último contraste con el pensamiento de Alain Badiou, quien en cierta medida “invertiría” la dirección de la reflexión. Aceptando la retroactividad, su construcción se desplegará bajo un énfasis, podría decirse, “hacia adelante”; esto es, en un registro de “consecuencias”, de indagaciones. Nos detendremos, a continuación, sólo en un sector de este particular tejido conceptual, que nos permita generar un último juego invertido en el tipo de refracciones.

 

 

De forzamientos e indagaciones: Badiou y un registro “pro-activo” de retroactividad.

 

Consideremos, de manera sintética, lo que sería la teoría del “forzamiento” que Badiou analiza en su magnum opus (El ser y el acontecimiento). En su versión ontológica, nos ubicamos en la segunda vertiente de la revolución introducida por Cohen (siendo la primera lo indiscernible) que establece la posibilidad de pensar el tipo de ser que corresponde a la ley fundamental del sujeto: el forzamiento. Esto es efectuado por Cohen a través del “esquema ontológico de la relación entre lo indiscernible y lo indecidible”.

Confianza –indica Badiou- “en sí mismo” (sujeto) derivada de la promesa garantizada por el ultra-uno del acontecimiento –respecto del trayecto indagante-, es un tipo de creencia sapiente. El fragmento finito de un procedimiento genérico que es el sujeto genera, “compone”, nominaciones reestructuradas, desfasadas de las significaciones establecidas en la situación, “liberando” su referente –pero lo hace en base a los recursos disponibles de la situación; es decir, su lenguaje (enciclopédico), sus múltiples.El sujeto se vincula de este modo a la emergencia de un lenguaje-sujeto, pero los nombres que fabrica son generados en base a términos de la situación, presentados en ella.

La pertinencia del vaciamiento de la nominación se vincula a la importancia temporal que atraviesa –se entrelaza- a la misma lógica que subtiende a la construcción: el referencial (liberado) de las nominaciones se sitúa en el futuro anterior; está condicionado a la suplementación de la situación por una verdad indiscernible de la que el trayecto (sujeto) es su fragmento local. “Lo que excede a la situación –sostiene Badiou- es el sentido referencial de los nombres, que sólo existe en la retroacción de la existencia (por consiguiente, de la presentación) de una parte indiscernible de la situación”41 En otras palabras, las nominaciones de la lengua-sujeto encuentran supeditada su veridicidad al por-venir de una situación que devendrá de la suplementación de la primera por una verdad. Pero esto no impide la posibilidad de evaluar la veridicidad por-venir de un enunciado de la lengua-sujeto –cuyo referencial está bajo condición del azar de los encuentros y las indagaciones fieles del procedimiento genérico.42 Se puede saber, pues, aunque de manera condicional, qué nominaciones tienen la posibilidad de ser verídicas. El forzamiento, en tanto ley fundamental del sujeto, se ubica así en el entrecruzamiento de saber y verdad. “Que un término de la situación fuerce un enunciado de la lengua-sujeto quiere decir que la veridicidad de ese enunciado en la situación por-venir equivale a la pertenencia de ese término a la parte indiscernible que resulta del procedimiento genérico”43 Es decir, que depende de la serie finita de conexiones (positivas o negativas) entre términos de la situación y el nombre del acontecimiento (que la intervención puso a circular); del devenido del particular juego entre un múltiple singular (de cuyos elementos se extrae el nombre del acontecimiento) y el múltiple excrecente, y paradójico, del acontecimiento mismo y el procedimiento cuyo horizonte sería la reunión de una verdad.

Se trata, pues, de la posibilidad de que la relación entre un término de la situación y un enunciado de la lengua-sujeto sea ella misma discernible por el saber de la situación. Si un tal termino existe –según la ley fundamental del sujeto-, su pertenencia a la parte indiscernible (que es el ser-multiple de una verdad), impondrá en la nueva situación la veridicidad del enunciado cuyo referencial se encontraba por-venir en la situación inicial. O bien, lo que es lo mismo, se trata de que no toda nominación se articula a la producción –o genericidad (que es el término que condensa el pensamiento de Badiou)- de un procedimiento de verdad.

 

Para concluir, algunos aspectos de estas secuencias pueden encontrar expresión –paradójicamente, si partimos de diversas críticas- en la siguiente reflexión (cuyo estatuto no se analiza, o que pueda “evanescer” lo paradójico) de Žižek, con la que concluimos nuestro recorrido: “El análisis se concibe, así pues, como una simbolización de huellas imaginarias sin sentido [refiriéndose a las primera obras de Lacan]; este concepto implica un carácter fundamentalmente imaginario del inconsciente: el inconsciente está hecho de ‘fijaciones imaginarias que no pudieron ser asimiladas al desarrollo simbólico’ de la historia del sujeto; en consecuencia, es “algo que se realiza en lo Simbólico [continúa Lacan] o, más exactamente, algo que, gracias al progreso simbólico que tiene lugar en el análisis, habrá sido’. La respuesta lacaniana a la pregunta ¿Desde donde retorna lo reprimido? es por lo tanto, paradójicamente: desde el futuro. Los síntomas son huellas sin sentido y su significado no se descubre excavando en la oculta profundidad del pasado, sino que se construye retroactivamente –el análisis produce verdad.”44

 

Matías González

 

 

NOTAS

[1]  Emilio de Ípola, Althusser, el infinito adiós, Siglo XXI, Buenos Aires, 2007, p. 90. El texto original de Badiou puede consultarse en “El (re)comienzo del materialismo dialéctico”, en Alain Badiou y Louis Althusser, Materialismo histórico y materialismo dialéctico, Pasado presente, México, 1969.

[2] Ibíd., p. 123.

[3] Ibíd., p.114.

[4] Ibíd., p. 91.

[5] Ibíd., p. 202.

[6] Ibíd., p. 209.

[7] Bruno Bosteels, Badiou o el recomienzo del materialismo dialéctico, Palinodia, Santiago de Chile, 2007, p.76-77.

[8] Emilio de Ípola, op.cit., p. 117.

[9] Ibíd., p.200.

[10] Ibíd., p.197.

[11] Véase Elías Palti, Verdades y saberes del marxismo. Reacciones de una tradición ante su crisis, FCE, Buenos Aires, 2005, cap. 3.

[12] Elías Palti, “El retorno del sujeto. Subjetividad, historia y contingencia en el pensamiento moderno”, en Primas, revista de historia intelectual, n º7, Bernal, 2003, pp.32-33.

[13] Ibíd., p. 38.

[14] Ibíd., p. 40.

[15] Ibíd., p. 44.

[16] Ibíd., p. 45.

[17] Hans Blumenberg, Conceptos en historias, Síntesis, Madrid, 2003, p.141.

[18] F. W. J. Schelling, Philosophisches Journal, 6, 1798, p. 145, cit. en Reinhart Koselleck, historia/Historia, Trotta, Madrid, 2004, p. 146.

[19] O. v. Bismarck, “Edicto para el delegado en Munich, barón von Werthern, del 26-2-1869” cit. en Ibíd. 147.

[20] Reinhart Koselleck, historia/Historia, Trotta, Madrid, 2004, p. 149.

[21] J. G. A. Pocock, The machiavellian moment. Florentine political thought and the atlantic republican tradition, Princeton, Princeton University Press, 1975, p. VIII.

[22] Emilio de Ípola, op.cit., p.174.

[23] Véase Elías Palti, Aporías. Tiempo, modernidad, historia, sujeto, nación, ley, Alianza, Buenos Aires, 2001, pp. 66-83.

[24] Alain Badiou, El ser y el acontecimiento, Manantial, Buenos Aires, 2003, p.201.

[25] Véase Revista Acontecimiento, nº 24-25, Ediciones escuela porteña, Buenos Aires, 2003, p.121.

[26] Ibíd., p.123

[27] Ernesto Laclau, Nuevas reflexiones sobre la revolución de nuestro tiempo, Nueva Visión, Buenos Aires, 2000, p. 220.

[28] Geoff Boucher, “The Law as a thing: Žižek and the graph of desire” en Geoff Boucher, Jason Glynos, Matthew Sharpe, (ed.), Traversing the fantasy, critical responses to Slavoj Žižek, Ashgate, Aldershot, 2005, p. 42.

[29] Jacques Lacan, Seminario 5: las formaciones del inconsciente 1957-1958, Paidos, Buenos Aires, 2003, p.17.

[30] Slavoj Žižek, El sublime objeto de la ideología, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003, p.143.

[31] Ibíd.

[32] Y el “individuo” es aquí –afirma Žižek - una “entidad presimbólica, mítica –tampoco en Althusser, el ‘individuo’ que es interpelado a transformarse en sujeto está conceptualmente definido, es simplemente una X hipotética de la que se ha de partir” Slavoj Žižek, op.cit., p.142

[33] Ibíd.

[34] Para una versión completa del grafo, véase revista Psikeba, en: http://www.psikeba.com.ar/recursos/introdlacan.htm

[35] Ernesto Laclau, La razón populista, FCE, Buenos Aires, 2005, p.131 y ss.

[36] “Debate Laclua-Cerdeiras”, en revista Acontecimiento nº34-35, Ediciones de la escuela porteña, Buenos Aires, 2003, p. 121. Y esta clase de respuesta se repetiría en términos muy similares en el marco de un debate entre Laclua y Palti, en“El rol de la heterogeneidad y lo Real en las ciencias sociales hoy” Workshop, Universidad Católica de Córdoba, Córdoba, 2007, (inédito).

[37] Como hemos visto, esto a su vez afectaba los procesos de identificación: “había que partir”, decía Žižek, para pensar el desarrollo de la dinámica identificacional, de ciertas X hipotéticas, como los “individuos”.

[38] Para observar las diferentes teorizaciones žižekianas del capitalismo tardío (universo socio-simbólico sostenido por fantasías fundamentales, etc.) y sus dificultades, véase Matthew Sharpe, “What’s left in Žižek? The antinomies of Žižek’s socio-political reason” en Geoff Boucher, Jason Glynos, Matthew Sharpe, (ed.), op.cit., p.147-169.

[39] Bruno Bosteels, op.cit., p. 70.

[40] Ibíd., p. 133.

[41] Alain Badiou, El ser y el acontecimiento, Manantial, Buenos Aires, 2003, p. 441.

[42] En relación con este punto, Roque Farrán habría desplegado la crítica según la cual las observaciones de Laclau y de otros críticos, en las que se hace énfasis en el “acontecimiento” de Badiou como una suerte de intrusión exterior, perderían verdadero sustento. Roque Farrán “Alain Badiou y el platonismo de lo múltiple, o ¿qué implica el gesto de reintricación entre las matemáticas y la filosofía?”, en revista Psikeba, en:
http://www.psikeba.com.ar/articulos2/RF-Alain-Badiou-y-el-platonismo-de-lo-multiple.htm

[43] Alain Badiou, op.cit., p.444. Para una mayor profundización, se debería hacer referencia la lógica de la evitación, según la cual, “una verdad es el total infinito positivo – la recolección de los x (+) [indagaciones positivas] – de un procedimiento de fidelidad que, para todo determinante de la enciclopedia, contiene al menos una indagación que lo evita.” Ibíd., p. 375.

[44] Slavoj Žižek, El sublime objeto de la ideología, Siglo XXI, Buenos Aires, 2003, p. 87.

 

 

 

 

* Matías González. (Lic.) Procurador, Universidad Nacional de Tucumán.
Realiza estudios de Magíster en la Universidad Nacional de Quilmes, áreas de especialidad relacionadas a la filosofía contemporánea e historia conceptual.

Ha participado en proyectos de investigación a nivel nacional (Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica) y en la UNT. Becario CIUNT 2007-2008.

 

   Pulsión de muerte y utopía: por una arqueología de “lo real”
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