M. Isabel Fernández Aguirre *
Resumen
La moda y la muerte son hermanas, hijas de la caducidad. Sin embargo, la moda parece arrancar siempre de la muerte, metamorfoseándose una y otra vez. Este carácter cambiante de la moda ha sido potenciado por el vértigo connatural que produce la globalización en las sociedades. A este paso, la muerte nunca podría alcanzar a su hermana moda, a menos que sea la muerte quien se instale como moda en el imaginario social o en un sector de la sociedad. El hedonismo -que ha llevado a convertir los paseos peatonales en grandes pasarelas del cotidiano, que ha construido gimnasios cual peceras de cristal- ha propiciado una imbricación entre ambas hermanas: la moda de la muerte. El caso de las páginas web hechas por y para anoréxicas y bulímicas dan cuenta de esta nueva moda y la tendencia a construir ciudades/ espacios virtuales en torno a la exhibición y contemplación de los sujetos.
Palabras claves
Moda, Muerte, Espacio Virtual, Anorexia, Bulimia, Ciudad.
Abstract
Fashion and Death are sisters, daughters of caducity. Any way, fashion apparently run away from death, changing once and other time. This change character has been potency for the natural giddiness that the globalization in the societies has produced. With this kind of steps, death couldn’t catch her sister, fashion; less death installs her self like a kind of fashion in the social imaginary or in a society sector. The hedonism –that had changed the downtown walkers’ streets in great daily footbridges and had built gyms like crystals fish bowls- has propitiated an imbrication between both sisters: fashion of the death. The case of web sites building by and for anorexics and bulimics girls show of this new fashion and the tendency of built virtual cities/ spaces around exhibition and contemplation of the subjects.
Keys words
Moda, Death, Virtual Space, Anorexic, Bulimic, City.
HOLA PRINCESITAS:
Si estáis en este blog es para hablar sobre ana y sobre mía. Pasarnos tips, trucos y ayudarnos para llegar a la perfección. Ya veréis k lo konseguiremos dentro de pokito. La karrera ya comenzará y llegaremos a ser las más bellas del mundo. Poned vuestros komentarios.
Benjamin inicia el capítulo de la moda, en su Libro de los pasajes, con un epígrafe de Giacomo Leopardo: “Moda: ¡Doña Muerte! ¡Doña Muerte!2”. El texto de Leopardo es un diálogo entre la muerte y la moda y ellas descubren ser hijas de la Caducidad. Ambas son hermanas. Moda le recuerda a Muerte que ejerce constantemente su poder: “Yo persuado y obligo a todos los hombres gentiles a soportar cada día mil esfuerzos e incomodidades y a menudo dolores y sufrimientos, y a algunos a morir gloriosamente por el amor que me profesan.3”
La moda y la muerte se relacionan en un movimiento dialéctico: la moda pellizca a la muerte y luego cambia, rápidamente, antes que la muerte se vuelva contra ella. La moda es cambio permanente, es fugacidad y por su carácter metamórfico, nunca puede ser alcanzada por la muerte. Así la muerte se verá superada una y otra vez por la moda.
Si bien en un comienzo, la moda fue creada para las elites sociales y era el vestir el que denotaba la clase social a la que pertenecía un sujeto; con el paso del tiempo –específicamente desde el periodo de entreguerras- empezó a masificarse:
“La expansión social de la moda no se produce de forma inmediata a las clases inferiores. Durante siglos, el vestido respetó globalmente la jerarquía de las condiciones sociales; cada estamento llevaba el traje que le era propio. […] De este modo, el atavío de la moda fue, durante mucho tiempo, un consumo de lujo y prestigio limitado esencialmente a las clases nobles.4”
La diferencia entre una y otra clase social ya no sería el modelo de vestido sino la calidad del material con el que se confeccionaban estos. Así, mientras más rápido se masificaba o democratizaba una nueva moda, más rápido quedaba obsoleta la anterior y se hacía necesario estrenar nuevos modelos, telas, colores y usos que echaran por tierra la tendencia anterior.
Frente a esta velocidad de cambio propia de la moda, la muerte no puede alcanzarla. Así es como la moda no perece, ya que se re- nueva y se re- edita una y otra vez. Tal parece ser que la moda superará siempre a la muerte, ya que cada nueva tendencia es la síntesis entre la moda anterior y la “muerte” de dicha moda.
Ahora bien, algunos historiadores de la moda y sociólogos han hecho énfasis en el desarrollo que ha tenido la moda en el vestuario femenino y en el masculino. Claramente, la moda femenina ha sido objeto de cambios más evidentes –texturas, telas, diseños, colores- que la moda masculina, más discreta en sus modificaciones. Las lecturas que se desprenden de esta evidencia son interesantes y la mayoría coinciden en el rol que la mujer ha cumplido o cumple en la esfera pública. Muchas modas femeninas eran claros estorbos para sus movimientos naturales y, así, quedaba relegada al interior de su casa, destinada a la vida familiar que históricamente le ha sido asignada.
Cuando la mujer se integra al mundo público –básicamente el mundo del trabajo como nueva fuerza laboral- la moda femenina debe necesariamente adaptarse a esta nueva sujeta social. La vestimenta debe ser cómoda, apta para el trabajo, sin perder la diferenciación de género y el carácter de novedad propio de la moda.
Benjamin también propone una relación entre el fenómeno de la moda y la mujer. El lugar de la moda se da en el intercambio dialéctico que tiene mujer y mercancía. La mujer se ha convertido en un maniquí que, tal como el guante a la mano, le calza -¡le debe calzar!- la moda. En esta empresa, la mujer encontrará aliados insospechados. Los mass media cumplen con su labor de transmitir e instalar la moda. Sólo que ahora la moda no se remite exclusivamente a la indumentaria, sino que abarca dimensiones corporales e incluso, espirituales. Las demandas de la moda deben ser atendidas al instante aunque esto signifique modificar una o más veces el cuerpo, porque este se ha convertido en un escenario de representación, una verdadera pasarela.5
Las ciudades latinoamericanas se han poblado de rubias platinadas, delgadas a fuerza de pasar hambre, rellenas con silicona y esculpidas con cirugías. Los principales paseos peatonales se han convertido en grandes pasarelas de la moda y a sus costados, la publicidad refuerza a esta nueva ciudadana de la periferia. Así mismo, la obsesión por el cuerpo ha transformado la ciudad: gimnasios, centros de estética y clínicas privadas de cirugías plásticas han brotado como en el siglo XIX brotaron los cordones periféricos de marginalidad, con las migraciones campo- ciudad.
Esta es la nueva gran moda, que empieza a trascender a los cambios. El ideal de mujer, aquella que siempre estará a la moda, será la que se vista de acuerdo a las nuevas tendencias, la que se “produce6” pero manteniendo siempre un tipo de conducta corporal específica: esta es la gran moda, la macro- moda
Las ciudades latinoamericanas han reaccionado frente al cultivo de la imagen propia del hedonismo actual. Los espacios públicos han ido mutando en función de dar respuesta satisfactoria a las nuevas demandas de la moda. Tal como las ciudades antiguas, que construían grandes murallas para protegerse y para demostrar la grandeza de si misma; las nuevas ciudades alzan sus torres y murallas posmodernas que con “su desmedido afán de notoriedad declara la guerra al ojo ingenuo y le exige sumisión ante ese brillo, insolencia y permansión del espectáculo.7”
El centro de la ciudad –el downtown- ya no remite al centro cívico de las ciudades latinoamericanas del siglo XIX, donde los grandes proyectos nacionales construían bibliotecas, escuelas y edificios fiscales. Ahora vemos sucursales de grandes tiendas y altos edificios que detentan gigantografías publicitarias. Por el centro de aquellos edificios atraviesa la pasarela de cemento: el paseo peatonal. Es aquí donde la nueva mujer posmoderna, ataviada según los últimos designios de la gran tirana –la moda- se exhibe frente a los anónimos transeúntes.
La exhibición pasa a tomar un rol destacado dentro del cultismo por un tipo de cuerpo a la moda. El hedonismo exige y requiere la aprobación del otro y solo es posible reconocerme como sujeta a la moda, en tanto el otro reconocerá en mí –en mi cuerpo- los rasgos propios de esta moda.
Para detentar el aspecto físico necesario, la ciudad ofrece palacios de cristales que están a disposición de algunas interesadas. Los centros de estética y las clínicas de cirugías plásticas ofrecen un mundo interior sanitizado, aséptico, higiénico, pulcro y ordenado que protegerá en todo momento a quien ingrese allí. Sus blancas murallas, sus afiches de belleza garantizada son la mejor protección que estos palacios pueden brindar a sus habitantes. Dentro de ellos la armonía y el orden están resguardados: “resultados garantizados” rezan los afiches publicitarios.
Junto a lo anterior, los gimnasios también son parte de esta nueva tendencia arquitectónica urbana. Todo nuevo edificio debe contemplar un área verde, una piscina y un gimnasio. A esto se suma la construcción de gimnasios en general, en los distintos sectores de la ciudad, incluyendo los barrios más periféricos de esta. El gimnasio es otro palacio de cristal que garantiza y protege el hedonismo actual. Son construcciones que están hechas para otorgar confort a los usuarios y garantizan la protección del culto al cuerpo.
Inserto en esta lógica, es comprensible que estos palacios de cristal sean literalmente así: grandes ventanales se extienden por la construcción, dejando ver a sus habitantes en sus quehaceres hedo- deportivos. Para esos habitantes es natural situarse al costado de una gran ventana. Me exhibo, me contemplan, me reconocen, me reconozco. Así se conforma la identidad de las nuevas mujeres maniquíes. Requieren de un otro que sea anónimo, público y múltiple para considerarse a sí mismas mujeres.
La moda, en más de una ciudad latinoamericana, está descentrada, tal vez desenfocada, pues el biotipo que se importa –gracias a los medios de comunicación masivos- no corresponde a las naturales de esta zona. Mujeres de contextura más baja y un poco más gruesa, para quienes la moda nunca calzará a la perfección. La solución parece evidente: no se adaptará la moda, serán los cuerpos los que se acomodarán a la tiranía de esta.
Aparecen aquí, dos trastornos alimentarios que mucho tienen que ver con la moda, la muerte y los medios masivos de comunicación. Hasta el momento, la muerte no ha sido capaz de superar a la moda, ya que esta última muta una y otra vez, sin dar tiempo a la muerte de acomodarse frente al carácter fugaz de la primera. Pero tal vez y solo tal vez, la muerte ha encontrado su resquicio legal. Si la muerte se consagra como el último grito de la moda, se invierte el movimiento dialéctico que relaciona a ambas.
Dice Benjamin que la moda se hace exclusivamente de extremos: la frivolidad y la muerte. La obsesión de adelgazar, lleva a miles de mujeres en el mundo a desarrollar uno o los dos trastornos alimenticios conocidos: la anorexia y la bulimia. El deseo feroz de aniquilar su corporalidad las hace llevar a extremos indeseables y a fallas orgánicas irreversibles. La delgadez extrema o el constante impulso de vomitar no parece ser síntoma de patología para las afectadas: ellas se relacionan violentamente con los alimentos, en vista de lograr su único gran propósito: la delgadez.
El ciber espacio es el lugar perfecto para potenciar estas enfermedades. Existen miles de páginas pro Anas y pro Mías (anoréxicas y bulímicas respectivamente). En ellas, cual concurso de belleza, compiten por quien ha bajado más kilos en menos tiempo, quien ofrece el look más esquelético o quien ha desarrollado una nueva forma de vomitar que pase inadvertida. El espacio virtual les ofrece una especie de clandestinidad y allí la muerte –como antaño fueron las revistas de modas- ofrece consejos para estar in y violenta el cuerpo una y otra vez.
Barbárico parecía oír hablar de tribus urbanas que se llenaban de tatuajes o piercing en los lugares más insospechados del cuerpo. Sin embargo, se ha trasladado a la ciudad una moda que lleva directo a la muerte, a la destrucción íntegra del sujeto. La moda se construye de extremos. La delgadez extrema y las consecuencias orgánicas del cuerpo, constituyen el extremo más evidente de esta moda, que ya no es moda, sino la muerte que se ha disfrazado de su hermana para ejercer ese poder innegable sobre los hombres.
El cuerpo es la nueva pasarela: la pasarela misma. En él desfilan las mutaciones que impone la moda. En él desfila la muerte, la nueva moda posmoderna. Mientras tanto, la <publicidad> de páginas web como fotologs y blogspot se encarga de democratizar todas las tendencias y estilos de esta muerte/moda que se encarna como un tatuaje, indeleble, imborrable en el espacio virtual que ofrece Internet.
La clandestinidad y anonimato que ofrece Internet es equivalente a las múltiples murallas de las antiguas ciudades babilónicas. Dentro de este surgen, como en los recovecos de pasillos laberínticos, infinidad de soportes virtuales gratuitos cuyo único filtro es el password. Así, llegar al centro de esta gran ciudad virtual –construida por anoréxicas y bulímicas hijas de la globalización- es tan arduo como traspasar las murallas de Ur. El anonimato provisto por el espacio virtual es la mejor defensa para esta ciber ciudad y sus pasarelas son las fotografías de niñas, adolescentes y adultas exhibiendo sus cuerpos esqueléticos como el más preciado escenario de Milán o París.
Referencias bibliográficas
BENJAMIN, W, Libro de los pasajes, capítulo B [Moda], Edición de Rolf Tiedeman, Akal, Madrid, 2005.
EMANUELLI, P, “Posmodernidad y globalización en los medios masivos de comunicación”,Revista Latina de Comunicación Social, número 39, de marzo de 2001, La Laguna (Tenerife).
LOZANO, J, “Walter Benjamin, la Moda: el eterno retorno de lo nuevo” en Espéculo n° 24, Universidad Complutense de Madrid.
MARTÍNEZ, A, La moda en las sociedades modernas, Editorial Tecnos, Madrid, 1998.
SLOTERDIJK, P, Esferas II, cap. 3, “Arcas, murallas de ciudad, fronteras de mundo, sistemas de inmunidad”, Editorial Siruela, 2003, Madrid.
SQUICCIARINO, N, El vestido habla, editorial Cátedra, colección signo e imagen, Madrid, 1990.
VÁSQUEZ, A, “La moda en la posmodernidad. Deconstrucción del fenómeno fashion” en Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, enero- junio, número 011, 2005, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España.
NOTAS
1. Este Artículo fue desarrollado para el Seminario de Postgrado “Peter Sloterdijk - W. Benjamín; Filosofía, Estética y Arquitectura”, dictado por el Dr. Adolfo Vásquez Rocca, en el Semestre de otoño de 2008, en el Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. < http://www.observacionesfilosoficas.net/seminariosloterdijkbenjamin.htm>
2. BENJAMIN, W, Libro de los pasajes, capítulo B [Moda], Edición de Rolf Tiedeman, Akal, Madrid, 2005, p. 91.
3. LOZANO, J, “Walter Benjamin, la Moda: el eterno retorno de lo nuevo” en Espéculo n° 24, Universidad Complutense de Madrid.
4. MARTÍNEZ, A, La moda en las sociedades modernas, Editorial Tecnos, Madrid, 1998, p. 31.
5. VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “La moda en la posmodernidad. Deconstrucción del fenómeno fashion” en Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, enero- junio, número 011, 2005, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España. http://www.enfocarte.com/5.26/moda.html
6. VÁSQUEZ ROCCA, Adolfo, “La moda en la posmodernidad. Deconstrucción del fenómeno fashion” en Nómadas. Revista Crítica de Ciencias Sociales y Jurídicas, enero- junio, número 011, 2005, Universidad Complutense de Madrid, Madrid, España. http://www.enfocarte.com/5.26/moda.html
7. SLOTERDIJK, P, Esferas II, Cap. 3, Arcas, murallas de ciudad, fronteras de mundo, sistemas de inmunidad. Editorial Siruela, 2003, Madrid, p. 236