Marcos Espinoza Galaz *

 

sloterdijk - Psikeba

Resumen:

 

El presente trabajo aborda el fenómeno del espacio a partir de un enfoque interdisciplinar que parte con la imagen del “arca–balsa” como morada de construcción y alianza arquitectónica presente en la tradición judeo – cristiana. Luego por medio de la jerga Heideggeriana se considera como se va habitando el espacio a partir de un existir que genera raíces. De este modo, el habitar el espacio respecto al arca  con el modo de sobrevivencia que tiene el hombre occidental.

 

Palabras claves: espacio, arca, desfundamentación, alianza, desalejamiento y dirección, habitar, construir.

 

Abstract:

This work is about of the phenomenon of the space from an interdisciplinary focus which begins with the image of the ‘arc–raft’ as the house of construction and architectural alliance presents in the Judeo–Christian tradition. Next, through a Heideggerian slang, it considers how the space starts to be inhabited from an existence which produces roots. In this way, the inhabitation of the space respect to the arc  ve? with the survivor form that the occidental man has.

 

Keywords: space, arc, alliance, inhabit, construct. 

 

El arca; idea de un espacio esferológico producto de la desfundamentación 1.

 

La necesidad, que tiene el hombre de cobijarse interiormente, es una realidad encarnada desde siempre en su historia –situación que logra trascender el significado de lo metafórico. En este sentido, interesa acentuar el carácter técnico, dirigido a la búsqueda de la salvación y su supervivencia, a la luz de quien sustenta su realidad vital en la fe, o sea en un Superior que otorga protección y amparo en el seguimiento de una praxis, lo que implica un modo de vida. Esto puede evidenciarse al revisar los diversos escritos bíblicos y extrabíblicos que se refieren al diluvio y a la participación del arca en el acontecimiento.

“El concepto arca –del latín arca, caja– manifiesta la idea de espacio esferológicamente más radical que los seres humanos fueron capaces de concebir en el umbral de la gran cultura, a saber que el mundo interior artificial, impermeabilizado, puede llegar a convertirse para sus habitantes, bajo determinadas circunstancias, en el único medio ambiente posible. Con ello se introduce en el mundo un proyecto novedoso: la idea de autocobijo y autoencierro de un grupo frente a un mundo externo que ha devenido imposible”2.

 

            En los relatos del Génesis del Antiguo Testamento, correspondientes al diluvio universal, Yahvé3 se manifiesta decepcionado ante la maldad del hombre que ha dañado la creación. Ante esta realidad decide exterminar todo lo que habita la tierra; sin embargo, ofrece cobijo y salvación a Noe, quien destaca por su actitud justa y cabal. De este modo, Dios le ordena con las siguientes palabras:

 

“Hazte un arca de maderas resinosas. Haces el arca de cañizo y las calafateas por dentro y por fuera con betún. Así es como lo harás: longitud del arca, trescientos codos; su anclura, cincuenta codos; y su altura, treinta codos. Haces al arca una cubierta y a un codo la rematarás por encima, pones la puerta del arca a un costado, y haces un primer piso, un segundo y un tercero.”4 (Gn. 2, 14).

 

           

            A la luz del relato, el arca adquiere relevancia al transformarse en la casa autónoma que se desprende del mundo–entorno, donde habitaban Noé y su descendencia antes del diluvio, siendo una construcción arquitectónica que se sustenta en la técnica del imaginario. En tanto balsa flotante, la construcción se desprende del terreno y de lo que este contiene. Al desprenderse pasa a constituir una realidad absoluta que sólo se sustenta en el suelo que es en sí. Deducción plausible al observar la descripción, pues no presenta un lugar de guarida como un sótano.

 

Ahora, citando a Sloterdijk;  “llama la atención que el arca bíblica, la nave paradigmática de la historia de la humanidad y de las catástrofes naturales, careciera, al parecer, de timón, como si las naves qué ha ordenado construir Dios no necesitaran puente de mando, según eso, el arca de Noé no sería una nave, sino una balsa sobredimensionada”5.

 

Desarrollada desde este referente, la narración de la construcción del Arca de Noé, nos enfrenta ante el primer experimento de desfundamentación. Sin embargo, se pone en cuestión su insuperabilidad, producto de otros relatos extrabíblicos que plantean que al desaparecer el suelo exterior, éste se sustituye por otro suelo encarnado en la interioridad flotante en el mundo interno del género humano, realidad que se evidencia en múltiples expresiones mitológicas presentes en las culturas que han marcado la historia de la humanidad, y que de algún modo han dotado de sentido a la realidad.

 

Lo anteriormente mencionado puede apreciarse en el mito del origen de la humanidad imperante en los pueblos del golfo Tongking:

 

“Los primeros seres humanos eran seres muy imperfectos. Al correr tenían los talones vueltos hacia delante y estaban, por los demás, mal conformados. No sabían utilizar el fuego, vivían en cuevas, se alimentaban de plantas y carne, y se mezclaban unos con otros sin reglamentación alguna.

Pan- Ku se apiadó de su mísera situación y pidió al cielo que los aniquilara. Por mediación de una golondrina Dios le envío una semilla, que Pan- Ku plantó. La planta que surgió de ella produjo el fruto de una calabaza tan grande como una casa. Apenas se introdujo en ella Pan- Ku con su hermana, durante tres días y tres noches se desencadenó el diluvio, por el que fueron aniquilados todos los seres humanos, animales y plantas. Las aguas, que estaban calientes, volvieron a descender, y la calabaza se posó sobre el monte Kum–Lun. Ya que no pudieron encontrar ningún ser humano en toda la tierra, superaron sus escrúpulos y se casaron. Después de tres meses la hermana dio a luz una masa de carne sanguinolenta, que Pan–Ku quería partir en 360 trozos. Pero se confundió al hacerlo y fueron sólo 359. Por eso el último trozo fue sustituido por una hoja que estaba pegada en la masa de carne. De todo ello surgieron seres humanos, los antepasados de las familias que pueblan la tierra.6

 

El relato presentado le otorga a la calabaza la funcionalidad absoluta que tiene la casa, destacando por una evidente metamorfosis vegetal que se desencadena al interior del seno materno. Ahora, el arca de Noé se diferencia de la calabaza del Sur de China, en tanto, implica un útero mecánico artificial y no tiene vinculación alguna con la maternidad.

 

Realizada la distinción anterior, hemos abordado el tema del diluvio universal para dejar en evidencia que no es la naturaleza la que necesita protegerse de los seres humanos, sino, que son los últimos los que se encuentran sentenciados a protegerse de ella, por medio de la colaboración de la divinidad. Esto da inicio al denominado tiempo tecnológico, donde el hombre alcanza su madurez ontológica, al ser quien asume su protección e invita a las especies naturales a sobrevivir, lo cual da la bienvenida a una segunda cadena de vida centrada en la reconstrucción del habitad devastado.

 

Tras la destrucción de la naturaleza la seguridad natural queda comprometida por la palabra de Dios mediante un acuerdo jurídico–religioso con el hombre, descartando a futuro una catástrofe de igual envergadura. Esto podemos verlo en la siguiente cita:

 

“Dijo Dios a Noé y a sus hijos: “He aquí que yo establezco mi alianza con vosotros, y con vuestra futura descendencia, y con toda alma viviente que os acompaña: las aves, los ganados y todas las alimañas que hay con vosotros, con todo lo que ha salido del arca, todos los animales de la tierra. Establezco mi alianza con vosotros, y no volverá nunca más a ser aniquilada toda carne por las aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra […]

“Esta es la señal de la alianza que para las generaciones perpetuas pongo entre yo y vosotros y toda alma viviente que os acompaña: Pongo mi arco en las nubes, y servirá de señal de alianza entre yo y vosotros y toda alma viviente, toda carne y no habrá más aguas diluviales para exterminar toda carne. Pues en cuanto está el arco en las nubes, yo lo veré para recordar la alianza perpetua entre Dios y toda alma viviente que existe sobre la tierra”7 .

 

Este pasaje bíblico puede entenderse como la pérdida del derecho a la residencia que Dios le había otorgado al hombre en la creación primitiva. Se ha perdido sin retorno y toda fundamentación de ahora en adelante será a partir de la alianza entre Dios y la humanidad. La alianza permite reconocer una naturaleza que es promesa condicionada a una actitud ética del hombre a Dios, descartándose la visión primitiva de un mundo autónomo. De este modo, la naturaleza queda contenida dentro de una categoría humano – divina, donde la exclusión del diluvio origina el monoteísmo, que descarta todo vínculo con otra divinidad.

 

La alianza de Dios con Noé revela la razón formal de porqué el arca perdura en la historia después de la salida al culminar la inundación. Físicamente el arca como instrumento puede haber quedado en el abandono, pero como principio teológico vive en el judaísmo acompañando al pueblo elegido en las diversas vicisitudes que le afectan a través del transcurso de su historia.

 

La arca – balsa en tanto instrumento físico puede haber quedado abandonado al descender Noé y su descendencia, pero “como principio de inmunidad, fruto de la alianza teológica, el arca nunca abandonó al judaísmo”. La salida de la balsa de salvación implicaba la autodestrucción del pueblo de Israel, en tanto implica el abandono del pacto de alianza con Dios.

 

Así la balsa continúa viajando al mando de los elegidos de Dios; como Abrahán con quien ratifica su pacto mediante el rito de la circuncisión; con Moisés a quien le acompaña en la experiencia de liberación del pueblo que está reprimido por Egipto. Dichos viajes son posibles en la conciencia que tiene Israel de ser el pueblo predilecto.

 

 

            Más tarde con la crisis judía el arca se reconstruye, atribuyéndole su pertenencia a Cristo, expresada en la Iglesia Católica primitiva, la que se identifica en la comunión y la cruz.

 

            Todas estas versiones ponen en evidencia el éxito de la casa absoluta y del relato bíblico como argumento y marco contextual que ha debido hacer frente a marcados momentos de adversidad: “En la medida en que se consigna contar la historia del mundo como informe sobre un viaje singular caótico y, sin embargo, continuado del arca, ésta se puede presentar como historia de salvación e historia de perdición de un pueblo singular, tanto expuesto al peligro como protegido”8.

 

 

2) El análisis existencial de la especialidad en el habitar “ser – en – el – mundo”

 

Sloterdijk en el Excurso 4 de Esferas I. Burbujas, aborda el concepto de “habitar” abocándose a la visión heideggeriana. “Ser y Tiempo”, obra polémica por plantear la destrucción de la ontología clásica, conlleva ocultamente un revolucionario tratado en torno al problema de ser y espacio; sin embargo, pocos traductores de Heidegger logran evidenciar dicha realidad.

 

Primeramente haré referencia al tema del espacio. Se dilucida que las concepciones tradicionales de espacio tanto de la física como de la metafísica deben olvidarse, previo a dar momento a la analítica existencial del “ser en” o “estar en”, según se indica en la traducción de Jorge Eduardo Rivera, así: “¿Qué significa estar en? Tendemos, por lo pronto, a completar la expresión añadiendo: estar – en‘el mundo’, y nos inclinamos a comprender este estar – en, como un ‘estar dentro de…’. Con este término se nombra el modo de ser de un ente que está “en” otro a la manera como el agua está ‘en’ el vaso y el traje ‘en’ el armario, ambos están de la misma manera ‘en’ el espacio ocupando un lugar. Esta relación de ser puede ampliarse, por ejemplo: el banco está en el aula, el aula en la Universidad, la Universidad en la ciudad, y así sucesivamente hasta: el banco ‘en el espacio universal’. Estos cuyo estar los unos ‘en’ los otros puede determinarse así, tienen todos el mismo modo de ser del estar – ahí, como cosas que se encuentran ‘dentro’ del mundo.”9

 

El énfasis fenomenológico que pone en la casa como receptáculo desplaza la plurinelariedad de la metafísica y física imperante, debido que el ser humano no sería comprendido como “ser vivo” dentro del mundo entorno donde está situado, tampoco racional en lo elevadote la cúpula del cielo, ni un ser que se manifiesta atento al interior del creador. Así se desmoronan las ciencias, al no realizar el acto de “pensar”. De este modo, la reiterada expresión “el mundo tiene su mundo – entorno”, ontológicamente no expresa significado hasta que se aclara la indeterminación del “tener”.

 

Circunscribiéndose a la expresión verbal “innam”10, Heidegger aclara al inicio de su trabajo su profundo deseo de desarrollar un análisis existencial de la especialidad, lo que denomina ser- en- el - mundo, es decir en un mundo dentro, donde los partícipes, o “habitantes” disfrutan de su apertura descubriendo y asumiendo acuerdos. En tanto que ser – ahí es una acción concreta de habitar, le corresponde especialidad:

 

“Hablar de habitar o vivir en el mundo no significa simplemente asignar al existente vida familiar y casera en lo gigantesco; pues precisamente el poder estar – en – casa en el mundo es lo problemático, y a partir de ello como de algo dado significaría el retroceso a la física de receptáculos que se trata de superar aquí; fallo primordial del pensar, dicho sea de paso que se comete en todas las doctrinas de la inmanencia en el seno materno y en todas las imágenes holísticas del mundo y que se presenta consolidado como semipensamiento dócil”11.

 

Considerando lo anterior, habitar no sería lo complejo del existir, sino, el situarse en un lugar que cobije y abrigue las necesidades internas de cada individuo. Así, la casa, morada del ser se asemeja metafóricamente a una esfera de inquietud en el que el habitante se moviliza fuera de su útero de origen.

 

Teniendo en cuenta lo anterior, la vivienda como lugar físico de residencia junto a lo idílico que connota la imagen del hogar posibilitan al hombre desplegar su yo o identidad particular en tanto corresponde a un sitio particular donde se arraiga, dicha situación se evidencia en la siguiente cita de Bachelard:

 

“Todo espacio realmente habitado contiene la esencia del concepto de hogar, porque allí se unen la memoria y la imaginación, para intensificarse mutuamente. En el terreno de los valores forman una comunidad de memoria e imagen, de tal modo que la casa no sólo se experimenta a diario, al hilvanar una narración o al contar nuestra propia historia, sino que, a través de los sueños, los lugares que habitamos impregnan y conservan los tesoros del pasado. Así pues la casa representa una de las principales formas de integración de los pensamientos, los recuerdos y los sueños de la humanidad. Sin ella, el hombre sería un ser disperso”12.

 

En esta cita evidenciamos como la casa y el cuerpo se constituyen en un depósito de memoria. Todo, tanto los recuerdos que se encuentran emergentes en nuestra memoria, así como aquellos que no están presentes, se encuentran almacenados e integrados mutuamente. A través de la casa podemos hacer una introspectiva de nuestras vidas.

 

 

3) Desalejamiento y dirección

 

            La dirección de la especialidad del “ser – ahí” de Heidegger según Sloterdijk pone en el tapete 2 caracteres positivos; desalejamiento y dirección. Desalejar expresa un acercamiento en tanto en dicha acción desaparece la lejanía de algo. Desalejar es, inmediata y regularmente, acercamiento circunspectito, traer a la cercanía, como son el procurarse algo, tenerlo a mano(….). El Dasein tiene una tendencia esencial a la cercanía13, en tanto desde “allí” regresa a su aquí. Ahora el Dasein, en su condición de “ser- en” posee carácter de dirección. “Todo acercamiento ha tomado previamente una dirección hacia una zona dentro de la cual lo desalejado se acerca        para volverse determinable de su hogar propio”14. Es importante aclarar, que el espaciar posibilita la libertad a la especialidad. De este modo el espacio está en el mundo en la medida que la condición de estar – en – el mundo va generando espacio.

 

            Lo anterior plantea el paso del análisis existencial del dónde al análisis del quién manteniendo cada palabra en su sentido originario. Así empezamos a hablar de esferas. “Pero el habitar en esferas no puede explicitarse pormenorizadamente mientras el ser – ahí sea comprendido sobre todo desde un supuesto impulso esencial a la soledad”15.

 

            En consecuencia, esta analítica impone poner entre paréntesis los estados de ánimo vinculados a la soledad, para componer estructuras internas de acompañamiento y complemento. A la luz de este planteamiento el primer Heidegger se manifiesta existencialistamente, pero luego, al abandonar la visión del hombre como existencial solitario, marcado por su debilidad de desamparo, histérico – heroico, que tiene constantemente en su conciencia la muerte, empieza a potenciar un ideal de salvación en la intuidad y  la praxis de la solidaridad. “Apuesta tenazmente por su provincia anárquica y organiza visitas por la casa del ser, el lenguaje, guiado por secretarios del ser completamente mágicos, provistos de pesadas llaves, dispuestos siempre a advertencias significativas”16.

 

 

 

Hacia un dialogo interdisciplinar entre el arca como imagen de la alianza y la idea de habitar del espacio presente en Heidegger en “Construir, Habitar, Pensar”.

 

            Con el acontecimiento del arca presente en el relato bíblico Gn. 2, 14, el hombre asume el rol de constructor de su propia morada a fin de hacer frente a la desgracia acuosa. Al interior del arca el hombre alcanza la paz y la libertad configurando su habitar en la medida que se encuentra con su intimidad.

 

            El habitar involucra la totalidad de nuestra permanencia en la tierra; siendo el ícono del arca el modo de representar la sobrevivencia de los individuos que están entablando un pacto con un Dios que ofrece protección. Realidad que se evidencia en el hombre israelita primitivo inserto en la idea del arca – balsa que le acompaña a través del tiempo, siendo el modo de entender su historia.

 

            Sin embargo refiriendo a Heidegger, debemos aclarar que no toda construcción es una morada, por ejemplo: una estación de ferrocarriles corresponde a lo que es una construcción; además se encuentra dentro de la región donde se lleva a cabo nuestro habitar, pero no responde a las características de seguridad y refugio de una vivienda. La casa es “un escenario para representar nuestra vida”17, la morada que posibilita la intimidad, en tanto, provoca el reencuentro consigo mismo

 

            Para aclarar aún más lo anterior, en el sentido de abrigo, construir, no es de modo alguno sentido de producción. El construir particular del modo de habitar, “es decir, estar en la tierra, para la experiencia cotidiana del ser humano – es desde siempre, como lo dice tan bellamente la lengua, lo ‘habitual’. De ahí que se retire detrás de las múltiples maneras en las que se lleva a cabo el habitar; detrás de las actividades del cuidar y edificar – a saber: el habitar cae en el olvido”18, lo que retraduce en un desconocimiento del habitar como constitutivo del ser del hombre.

 

 

No obstante, si consideramos la visión de la cuaternidad, el construir se responsabiliza de la medición transversal de los espacios, lo cual acentúa una preocupación respecto a la disposición del lugar, otorgándole significado. Lo anterior, nos deja frente a un construir que tras de sí evidencia un “pensar” que conlleva  una actividad de producción que concluye en el término de la construcción proyectada desde anterioridad. Esta realidad implica el respeto del lugar, la tierra y el mundo en el cual se encuentra dispuesta la construcción. “La esencia del construir es el dejar habitar. […] Solo si somos capaces de habitar podemos construir”19. Así se torna incuestionable la vinculación del habitar, construir, pensar. El último al igual que el acto de construir provocan la creación de un mundo, abriendo al ser a un espacio habitable, donde en el habitar el espacio adquiere significado y el pensar instala al ser.

 

            Considerando la visión de la nueva alianza, Cristo abre las puertas del arca, al invitar a toda la humanidad a ser parte de la salvación ingresando a la construcción arquitectónica inmaterial de la Iglesia, enfrentando el desarraigo al reconocer como propia la morada de Dios. Por consiguiente, el habitar en el contexto judeo – cristiana se encuentra en estrecha relación con la divinidad.

 

            Heidegger busca los fundamentos de un existir que hecha raíces, situación que se evidencia en su Conferencia “Construir, Habitar, Pensar, y en la forma como Sloterdijk acentúa su mirada en la vivienda. Esta última considerada el lugar donde el hombre despliega su Yo, el que se encuentra habitualmente inhibido por la deficiencia. En este caso el icono de la nueva alianza encarnado en Cristo le restituye al acogerlo en su arca.

 

            Finalmente, se debe tener en consideración que habitar el espacio no es algo espontáneo, pues al ser una invitación libre que ofrece Cristo al abrir el receptáculo implica un construir constante a pesar de estar el hombre ya inserto en el arca. Por lo tanto, la residencia junto al arca se da en la medida que el hombre tiene conciencia salvífica.

 

 

Bibliografía

 

- BIBLIA DE JERUSALÉN. Editorial Descleé De Brouwer. S. A, Bilbao. 1992.

- HEIDEGGER, MARTIN, Ser y Tiempo. Editorial Universitaria. Chile. 1998.

- SLOTERDIJK, PETER. Esferas I- Burbujas. Ediciones Siruela. España. 2003.

- SLOTERDIJK, PETER, Esferas II. Globos. Ediciones Siruela. España. 2003.

  • VÁSQUEZ, ADOLFO. La Arquitectura de la memoria. Espacio e Identidad. A Parte Rei. Revista de Filosofía. 37. 2007.
  • Este Artículo fue desarrollado para el Seminario de Postgrado “Peter Sloterdijk - W. Benjamín; Filosofía, Estética y Arquitectura”,  dictado por el Dr. Adolfo Vásquez Rocca, en el Semestre de otoño de 2008,   en el Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
    <http://www.observacionesfilosoficas.net/seminariosloterdijkbenjamin.htm>

 

NOTAS

1.   Este Artículo fue desarrollado para el Seminario de Postgrado “Peter Sloterdijk - W. Benjamín; Filosofía, Estética y Arquitectura”,  dictado por el Dr. Adolfo Vásquez Rocca, en el Semestre de otoño de 2008,   en el Instituto de Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. < http://www.observacionesfilosoficas.net/seminariosloterdijkbenjamin.htm>

2.   SLOTERDIJK, PETER, Esferas II. Globos. Ediciones Siruela. España. 2003. p. 219.

3.   Nombre con el que la cultura judeo – cristiana designa a Dios, quien según el relato de Éxodo 3,14, se define como “‘Yo soy el que soy’, quien desde siempre aclara que con ese nombre será invocado de generación en generación” (Ex. 3, 15).

4.   BIBLIA DE JERUSALÉN. Editorial Descleé De Brouwer. S. A, Bilbao. 1992. p. 29.

5.   Ibíd., p. 220.

6.   SLOTERDIJK citando el mito del surgimiento del mundo en Esferas II. Burbujas. pp. 220 – 221.

7.   Continuamos citando relatos bíblicos de la Biblia de Jerusalén. P. 33.

8.   SLOTERDIJK, PETER, Esferas II. Globos. Ediciones Siruela. España. 2003. p. 225.

9.   HEIDEGGER, MARTIN, Ser y Tiempo. Editorial Universitaria. Chile, 1998. p. 80.

10.  Expresión verbal del alemán antiguo.

11.  SLOTERDIJK, PETER. Esferas I- Burbujas. Ediciones Siruela. España. 2003. p. 306.

12.  Bachelard, citado por  A. Vasquéz Rocca en La Arquitectura de la memoria. Espacio e Identidad. A Parte Rei. Revista de Filosofía. 37. 2007, pp. 3 y 4.

13.   Cfr. P. 131.

14.  Cfr. P. 136.

15.  SLOTERDIJK, PETER. Esferas I- Burbujas. Biblioteca de Ensayo Siruela, 2003. p. 311.

16.    Ibid, 312.

17.    Vásquez Rocca, Adolfo. La Arquitectura de la memoria. Espacio e Identidad. A Parte Rei. Revista de Filosofía. 37. 2007, p.5.

18.    http://www.laeditorialvirtual.com.ar/pages/heidegger/heidegger_construirhabitarpensar.htm

            HEIDEGGER, MARTIN. Conferencia “Construir, Habitar, Pensar”. Pronunciada en 1951 y publicada 3 años mas tarde.

19.    Ibíd. “Construir, Habitar, Pensar”.

 

[*] Universidad Católica de Talca