El psicoanálisis y el impasse de la modernidad: El falso dilema de los discursos objetivo-científico y subjetivo-acientífico

Márquez Araiza Erick F.* y Soto Pérez, Betsy *

 

artista, arte contemporaneo, expo

 

Resumen

 

El propósito en este texto es realizar una argumentación acerca de la praxis del psicoanálisis y la lógica de su operatividad. A propósito de ello se presenta y discute el caso del Joven R. Se toma como sujeto de esta indagación psicoanalítica a un sujeto encarnado sujetado al lenguaje. El método de trabajo freudiano por un lado nos plantea un análisis epistemológico entre lo subjetivo y objetivo en su práctica, pues ciertamente la noción de singularidad y de ir caso por caso, no excluye que también se apunte a cierto objetivismo que busque encontrar ciertas “regularidades nomotéticas” en ello, que permitan dilucidar el aparato psíquico. Ello nos permite concluir que las respuestas que la ciencia, particularizándose su discurso en la praxis llevada a cabo por los médicos que atendieron al joven R., no eran más que un efecto de un desconocimiento respecto al sujeto, su cuerpo y su goce. Cuando se presenta alguna anormalidad en lo real del cuerpo pensado como enfermedad o patología, desde los discursos de las ciencias de la salud se favorece un errático acercamiento a los sujetos y su corporeidad. El cuerpo no es sólo mera materialidad configurada a partir de una lógica mecanicista, sino que es carne viva, es decir atravesada por la subjetividad, campo en donde lo simbólico tratará de saturar la carencia de ser, o falta en el sujeto del inconsciente.

 

Palabras claves: Sujeto del inconsciente, Real, Simbólico, Imaginario, Cuerpo, Goce.

 

 

El psicoanálisis y el impasse de la modernidad: El falso dilema de los discursos objetivo-científico  y subjetivo-acientífico

 

Márquez Araiza Erick F. y Soto Pérez, Betsy

 

 

Introducción

            El propósito general de este texto es realizar una argumentación acerca de la praxis del psicoanálisis y la lógica de su operatividad, para posteriormente analizar su relación con los discursos de las ciencias de la salud, específicamente de la medicina y la psiquiatría.

Aunque aparentemente se han superado ya las posturas dualistas del problema mente y cuerpo, estos planteamientos aun son utilizados en diferentes campos de las ciencias de la salud. Existe respecto a ello, una problemática sumamente compleja,  para la que desde nuestro punto de vista hay muchos planteamientos descriptivos pero no explicativos.

La revisión de los discursos planteados por las ciencias de la salud y sus instituciones privilegiadas como las OMS  (Organización mundial de la salud) y la APA  (Asociación Americana de Psiquiatría) revelan que se destaca y privilegia una dimensión objetivo-empírica de la condición de los cuerpos y su salud o enfermedad, sobre la dimensión subjetiva de ello. Lo anterior tiene consecuencias importantes porque tiene un efecto directo sobre las modalidades de intervención que se realizan, los dispositivos clínicos que se implementan, las políticas y regulaciones que se hacen a las praxis, así como en la formación de profesionistas de la salud.

El eje conductor para plantear esta temática de investigación es el cuerpo y el lenguaje, tomados como la vía privilegiada de acceso al sujeto de la clínica en ciencias de la salud. Se toma como sujeto de esta indagación psicoanalítica a un sujeto encarnado sujetado al lenguaje.

Esclarecer lo concerniente a lo objetivo y subjetivo en la praxis psicoanalítica nos conduce a problematizar diversos aspectos, comenzaremos por desarrollar lo concerniente a la formación de psicoanalistas puesto que ello nos permite establecer una primera y parcial  convergencia y divergencia del psicoanálisis respecto al campo de la medicina y la psiquiatría. Posteriormente se desarrollará lo concerniente a la praxis psicoanalítica en sus dos vertientes principales: científico-objetiva y acientífica-subjetiva. Las argumentaciones realizadas respecto a ello, nos permitirán hablar de la noción de cuerpo en lo objetivo (real biológico) y también en su dimensión subjetiva (simbólica e imaginaria). Para finalmente llegar a mostrar que esta división mente-cuerpo, subjetivo-objetivo lleva a un callejón sin salida, y a un falso dilema.

 

 

La praxis del psicoanálisis frente a las propuestas de las ciencias de la salud

Si bien fue una larga y sinuosa travesía por la que Freud tuvo que pasar para dar cuenta de la naturaleza subjetiva de los sujetos, la misma se encuentra desde el origen del psicoanálisis y se radicalizó en el texto “El análisis profano” (1926) escrito por Freud, con el afán de defender a practicantes no-médicos, específicamente a su alumno T. Reik y su hija Anna, (Jones, 1997 y Lowenthal, 1990).

Freud va a decir:

"Coloco el acento en la exigencia de que no pueda ejercer el análisis nadie que no haya adquirido títulos para ello mediante una determinada formación. Me parece accesorio que esa persona sea o no un médico" (p. 230).

A esto añade:

"Si algún día se fundara una escuela superior psicoanalítica (….), debería enseñarse en ella mucho de lo que también se aprende en la facultad de medicina: junto a la psicología de lo profundo, que siempre sería lo esencial, una introducción a la biología, los conocimientos de la vida sexual con la máxima extensión posible, una familiarización con los cuadros clínicos de la psiquiatría. Pero, por otro lado, la enseñanza analítica abarcaría disciplinas ajenas al médico y con las que él no tiene trato en su actividad: historia de la cultura, mitología, psicología de la religión y ciencia de la literatura. Sin una buena orientación en estos campos, el analista quedaría inerme frente a gran parte de su material"(ibid).

De dichos textos nos interesa poner en realce cómo Freud anuncia la problemática relación del psicoanálisis no sólo con la medicina y la psiquiatría sino con la ciencia en general. La cuestión de lo objetivo-subjetivo se encuentra jugada de inicio en los orígenes del psicoanálisis.

          Dilucidar el origen y desarrollo del saberpsicoanalítico implica un análisis del discurso en el cuál se manifiestan ciertas regularidades, éstas incluyen: discontinuidades, cortes, umbrales y límites. La invención freudiana partió de modelos mecanicistas para explicar el psiquismo, así como de explicaciones brindadas según una perspectiva neurológica. Lacan (1965) afirmaba que el sujeto del psicoanálisis es el sujeto de la ciencia:

“…es impensable que el psicoanálisis como práctica, que el inconsciente, el de Freud, como descubrimiento, hubiesen tenido lugar antes del nacimiento, del siglo que ha sido llamado el siglo del genio, el XVII, de la ciencia, tomando esto en el sentido absoluto indicado en su momento… (…).

...Una cosa es segura: si el sujeto está efectivamente allí, a nivel de esta diferencia, toda referencia humanista se hace superflua, puesto que es a ella a la que corta en seco.”.

Lacan evoca el avance que el psicoanálisis hace al dar un paso más allá de los modelos objetivistas existentes, pues Freud desbordó los modelos científicos de su época al plantear la noción de sujeto escindido, al tomar a los chistes, los sueños, los actos fallidos como objetos de estudios, al determinar el devenir pulsional a partir de la sexualidad, y al prestar escucha a los cuerpos que hablan y que dicen más que síntomas y signos concretos, observables.

Cabe aquí acotar que Freud no sólo retomó cuestiones de la medicina, y de las ciencias modernas de su época, sino que también utilizó lecturas de los griegos, de grandes literatos como Goethe o Cervantes, de poetas como Heine,  y  cuestiones fundamentales de la filosofía, la antropología y la sociología de su época.

El método de trabajo freudiano por un lado nos plantea cierto análisis epistemológico entre lo que podría denominarse subjetivo y objetivo en su práctica, pues ciertamente la noción de singularidad y de ir caso por caso, no excluye que también se apunte a cierto objetivismo que busque encontrar ciertas “regularidades nomotéticas” en ello, que permitan dilucidar el aparato psíquico.

En el centro de esta problemática se encuentra lo que también Lévi-Strauss estableció: la primacía del lenguaje, de un mundo simbólico que nos hace humanos frente a lo real como lo biológico, lo natural:

“Las condiciones naturales... no tienen existencia propia, pues son función de las técnicas y del género de vida de la población que las define y que les da un sentido, aprovechándolas en una dirección determinada. La naturaleza no es contradictoria en sí misma; puede serlo, solamente, en los términos de la actividad humana particular que se inscribe en ella; y las propiedades del medio adquieren significaciones diferentes, según la forma histórica y técnica que cobra tal o cual genero de actividad. Por otra parte, y aun promovidas a este nivel humano, que es el único que puede conferirles inteligibilidad, las relaciones del hombre con el medio natural desempeñan el papel de objetos de pensamiento: el hombre no las percibe pasivamente, las tritura después de haberlas reducido a conceptos, para desprender de ellas un sistema que nunca está predeterminado: suponiendo que la situación sea la misma,  se presta siempre a varias sistematizaciones” (1998, p. 142).

En la actualidad, todavía mantenemos conceptos, saberes y verdades propias de la modernidad, que mantienen su influencia hegemónica en el campo de las ciencias de la salud. Al plantearse una dilucidación de los discursos acerca del cuerpo, aun se puede rastrear la herencia de Descartes, en cuanto a la concepción hegemónica de la materia o de la mente sobre la corporeidad, baste abrir un manual de psicopatología, de psiquiatría o  artículos publicados en renombradas revista de salud.

Como se dijo con anterioridad, el sujeto de la ciencia es el sujeto del psicoanálisis, haciendo la precisión de que el psicoanálisis trabaja con lo que la primera desaloja de sí: el inconsciente.

Desde esta perspectiva la praxis del psicoanálisis establece una ruptura con la ingenuidad de partir de la veracidad del dato empírico, de la metodología descriptiva que desemboca en una semiología de los síntomas, como si ello fuera garantía de veracidad. No obstante, ello no implica que la praxis sea concebida como puro subjetivismo, puesto que el registro de lo inconsciente se establece a partir de sus efectos que son susceptibles de aparecer en lo concreto y por lo tanto pueden observarse, registrarse, etc. La importancia de lo que aparece, va a ubicarse en su dilucidación a partir de una referencia a lo inconsciente, y además se va a partir de un discurso concreto y particular: el de cada sujeto de la clínica que se dirige a Otro bajo transferencia.

La invención freudiana desde su praxis muestra un saber acerca de lo inconsciente. La condición para que este saber emergiera fue dada por Freud que llevó al saber médico y neurológico de su época a los límites en donde se volvía inoperante para dar cuenta de lo síntomas en donde la expresión del deseo y el goce de los sujetos emergen. Para dar cuenta de esto, elegimos en este texto retomar el trabajo pionero con las histéricas.

En la actualidad el discurso de las ciencias de la salud retoma las modernas tesis preponderantes de la episteme del siglo XIX, con la salvedad que la euforia hacia el saber absoluto amarrado a la idea de ciencia perfecta (en el sentido de que el saber es perfectible, pero el método nos promete perfección) ahora se encuentra ligada hacia los avances de la tecnología y su uso discriminado.

El debate actual entre psicoanálisis y ciencias de la salud requiere de un diálogo epistémico. Los opuestos entre datos observacionales y teoría, o subjetivismo y objetivismo, o lo genético sobre lo aprendido, requiere de una problematización más seria, en donde existan convergencias y divergencias parciales, de lo contrario se estaría pensado de nuevo en categorías cerradas, y no en atributos de un fenómeno que han de ser repensadas y reflexionadas, desde diversas perspectivas y disciplinas. La realidad excede nuestros modelos de pensar las cosas.

 

 

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            Lo objetivo y subjetivo en Psicoanálisis

La cuestión de lo objetivo y subjetivo aparece en la fundación de la obra freudiana y continua a lo largo de su historia, es así como el debate se ha mantenido hasta nuestros días, al conformarse distintos “bandos” que sostengan una u otra postura.

Así tenemos por  un lado a quienes optan por una perspectiva del psicoanálisis que busque una objetividad en su desarrollo teórico, una práctica estrechamente vinculada no sólo a la medicina sino a la ciencia en general, siendo Ferenczi, o Hartmann ejemplos de esta postura.

Sandor Ferenczi analista integrante del “comité secreto” amigo íntimo de Freud por años, escribe en 1924 un artículo titulado Thalassa, ensayo sobre la teoría de la genitalidad (1981), en el cual se pretende crear un bioanálisis, o en palabras de Grannoff (1990), una biología de las profundidades, pues se proponía desarrollar el psicoanálisis a partir de teorías tomadas de la biologías evolucionistas como las de Lamark y Darwin. Desde esta perspectiva se quería dar cuenta de los distintos fenómenos neuróticos a base de lograr articular la ontogénesis con la filogénesis.

Heinz Hartmann, uno de los miembros representativos de la escuela norteamericana, planteaba que el psicoanálisis no debía verse sólo como una teoría de las neurosis, sino en el más amplio sentido de la psicología general, con lo que posibilitaría los avances dentro del campo psicoanalítico,  pues en este plano es más fácil “formalizar” sus planteamientos como cualquier ciencia, con lo cual la corroboración de las hipótesis a través  de la observación dentro del análisis sería un objetivo alcanzable y se obtendría una validez de las hipótesis que por fin permitieran efectuar predicciones sobre el paciente ya sean sobre su oscuro pasado, a través de los hallazgo que se hacían en sus síntomas y lograr una reconstrucción de la infancia de éste, o  bien predicciones sobre el futuro psíquico del paciente. En otras palabras, lo que debería buscar el psicoanálisis según Hartmann era conseguir una verdadera “explicación de la conducta humana” (1969, p. 290).

En una perspectiva opuesta se encuentran quienes piensan el psicoanálisis desde un punto de vista más subjetivo, alejado de la aridez de la ciencia positivista. Por ello consideran que el psicoanálisis debe construirse no sólo fuera de la medicina sino más allá del campo de la ciencia. Esta es la opinión de Otto Rank quien fuera uno de los primeros analistas legos, condición en la que se mantuvo debido a que Freud en cierta ocasión le aconsejo no perder su tiempo formándose como médico pues no le serviría para comprender al psicoanálisis (Gay, 1988, p. 526). Este autor estableció un lazo entre psicoanálisis y literatura que se hizo patente desde su primera obra, El doble, (2004). En ella recurre a una revisión exhaustiva de diferentes obras literarias bajo el argumento de que el psicoanálisis no puede eludir los temas considerados triviales o casuales por no ser evidentes las problemáticas psicológicas que ahí se encuentran (p. 13-4). El objetivo de Rank era encontrar alguna verdad “psíquica” no en la objetividad de la ciencia sino en la creatividad del artista.

En un punto más radical de esta posición, encontramos a C.G. Jung para quien la función de la fantasía creadora es reducida por toda pretenciosidad científica. Es por ello que considera que buscar una psicología “científica” no es más que darle la espalda a la vida (2000, p. 81), por lo que considera, es necesario abrirle las puertas a la fantasía creadora.

La crítica de Jung al psicoanálisis radica en su objetividad, pues considera que Freud expulsa de su sistema a la fantasía creadora al reducirla a una expresión de signos de los procesos elementales psíquicos. Por ello considera que la verdadera problemática radica en explorar el ambiente que forman nuestra atmosfera espiritual, para lo cual es necesaria una ampliación en la forma de entender nuestra concepción de verdad, buscar verdades primigenias del inconsciente colectivo (p. 264).

Este conjunto de posiciones contrapuestas confluyen hacia un mismo centro, esto es, el psicoanálisis. Por tal razón es necesario establecer un diálogo sobre esta problemática de saberes desde una perspectiva científica-objetiva y a-científica-subjetiva.

Consideramos que dicho diálogo es posible en la medida que revisando la obra freudiana, encontramos estas dos dimensiones, por lo tanto es viable afirmar que el diálogo que el psicoanálisis efectúa entre lo objetivo de la ciencia y lo subjetivo de la verdad del sujeto es un proceso constituido en dos momentos; el primer momento está constituido por la convergencia, convergencia parcial, porque si se absolutiza sería imposible el diálogo, pues se reduciría la conversación a un simple eco del otro, eterna repetición de la mismidad. El segundo momento es el de la divergencia, pero una divergencia parcial no absoluta, porque de lo contrario impediría cualquier intercambio con el otro, lo aislaría porque solo se aceptaría lo propio.

Estos dos momentos se encuentran enlazados de forma circular, lo cual quiere decir que es un constante vaivén de uno al otro, a manera de diálogo. Es pues en este sentido de diálogo como pretendemos abordar esta problemática de los antagónicos subjetivo-objetivo.

Gadamer (1995) va a plantear que un diálogo fecundo es “aquel en que el dar y recibir, el recibir y el dar lleva finalmente a algo que es una morada común con la que se está familiarizando y en la que uno puede moverse junto con el otro” (p. 322).

La problemática de lo objetivo-científico o subjetivo-acientífico en el psicoanálisis remite a una búsqueda de un lugar propio, espacio que hubo de crearse desde sus albores. ¿Qué lugar debía ser este? ¿Tendría que supeditarse el psicoanálisis a la institución médica para con ello alcanzar un fácil reconocimiento social pues se ajustaba a prácticas ya establecidas o bien debía optar por el camino difícil y ganarse su propio reconocimiento a riesgo de con ello no tener ningún tipo de identidad propia, por no contar con una clara “demarcación” y correr el riesgo de mimetizarse con otras prácticas como es el caso de la religión, la hechicería, etc.?

Con la invención freudiana se adviene un cambio epistemológico, un viraje en el paradigma de la psicopatología, hay un cambio que va de la mirada por la escucha. Freud pone en primer plano a un cuerpo que va más allá de lo real, debido a la inmersión del sujeto en el universo del lenguaje, sobre el que se constituye y adviene la noción de inconsciente.

En el centro de esta problemática se encuentra la noción de sujeto psíquico, que tiene posibilidad de ubicarse a partir del lenguaje. A decir de Braunstein (1983, p. 7) “Lacan flexiona y reflexiona a Freud. Freud hace escuchar al inconsciente y Lacan saca la obvia conclusión: si se lo escucha es porque está estructurado como un lenguaje “. Esto implica un mundo simbólico que da estructura a significantes dispuestos sincrónicamente, pero que se despliegan en diacronía, y en este encadenamiento producen un sujeto del inconsciente.

Lacan (1962) va a decir que los significantes hacen del mundo “una red de huellas en el que desde entonces se torna posible el paso de un ciclo a otro. ¿Qué quiere decir esto? (…) el significante engendra un mundo, el mundo del sujeto que habla, y cuya característica es la de que en él es posible engañar.” (p. 85). 

Cabe aquí hacer la precisión de que Lacan (1966) establece la subjetividad a partir de considerar al lenguaje como lo universal y a la palabra como lo particular.

Las histéricas le mostraron a Freud el campo de la palabra, del habla del cuerpo a través de los síntomas. Determinado por el concepto de realidad imperante en la ciencia, Freud se siente en un comienzo engañado por sus histéricas. El engaño va a ser en el sentido en que se dispone de pensar al discurso de sus pacientes como manifiesto, por lo que es necesario dilucidar el contenido latente. La latencia del discurso va a estar determinada por el inconsciente, lo manifiesto va a tratar de encubrirlo. La realidad psíquica va a aparecer aquí como verdadera, aunque diferente de la práctica: “la realidad psíquica pide ser apreciada junto a la realidad práctica” (Freud, 1914), se trata de una “forma particular de existencia que no debe confundirse con la realidad material” (Freud, 1900).

Un ejemplo paradigmático del psicoanálisis es el trabajo clínico con las histéricas. Uno de los primeros trabajos que Freud pública sobre la histeria, es un singular escrito, cuya temática le había sido sugerida por Charcot (p. 194) durante su estancia en la clínica de la Salpêtrière, publicado en francés por primera vez en 1893 con el título “Quelques considéracions pour une étude comparative des paralysies motrices organiques et hystériques (Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas)”,  en el cual, la temática giraba en torno a la diferenciación entre las parálisis orgánicas y cierta parálisis que rompía con las reglas establecidas por la nosología de las parálisis hasta entonces vigente, hecho por el cual Freud la consideraba como un cuadro nuevo, de naturaleza diferente y que correspondían con lo que Charcot venía postulando como parálisis histéricas.

El artículo inicia con una descripción de las dos clases de parálisis motrices hasta entonces descritas, “la parálisis periférico-espinal (o bulbar) y la parálisis cerebral” (p. 197). La diferencia existente entre ambas radica en que la parálisis periférico-espinal, corresponde a las afecciones en donde cada músculo (o incluso fibra muscular) puede ser paralizado de manera individual y aislado, fenómeno por el que Freud pensaría en llamarla parálisis de proyección, mientras que “la parálisis cerebral era una parálisis en masa es decir, es una afección que ataca una amplia zona de la periferia, una extremidad, un segmento de esta, un aparato motor” (p. 198).

No es pues una relación punto a punto de las fibras nerviosas sino que unas cuantas tienen una función de representatividad de las demás, por lo que propone Freud denominarlas parálisis de representación, pues nunca afecta a un músculo de manera individual. Es importante añadir que en estas últimas sufren una mayor parálisis, las extremidades periféricas, que las cercanas al centro de la afección, por ejemplo la mano está más paralizada que la espalda.

Después de aclarar esta diferenciación de las parálisis que componen los cuadros “orgánicos”, se lanza Freud contra la común afirmación de su tiempo, de la simulación  de afecciones orgánicas adjudicada a la histeria. Freud se pregunta si es posible que la histeria pueda simular la sintomatología tanto de la parálisis periférico-espinal, como de la cerebral. Su respuesta es negativa, pues considera que “comparte características con la parálisis de representación” (p. 199), salvo por el hecho de que la parálisis histérica rompe la regla de mayor parálisis en la extremidad periférica que en las cercanías, teniendo en esto una similitud con la parálisis cerebral, la parálisis histérica es, por así decir, intermedia entre las dos parálisis orgánicas (p. 200).

La parálisis histérica presenta además otras características, como por ejemplo una mayor disociación y sistematización, además de lo que Freud consideraba era la firma innegable de toda neurosis, la producción de síntomas con la mayor intensidad posible, hecho que se mostraba “no sólo en la parálisis, sino también en las contracturas y en las anestesias” (p. 201). Es decir, en las afecciones orgánicas había la posibilidad de cierta movilidad en la parte afectada, mientras que en “la histérica su parálisis era absoluta, acompañada de perturbaciones de la sensibilidad “(p. 203), la parálisis histérica se presenta en una delimitación extrañamente “exacta” y de una “intensidad excesiva (p. 202)”.

La parálisis histérica viene a contradecir la lógica de cuerpo  imperante en las parálisis orgánicas. Freud comprendía muy bien este hecho, por lo cual tomando como base la idea de que sólo puede haber una anatomía cerebral verdadera, expresada a su vez, en las parálisis orgánicas, no puede explicar la anatomía de la parálisis histérica. Dicha anatomía se encuentra más allá de lo real del cuerpo, como se verá más adelante.

La localización de la lesión sería el “punto decisivo para aceptar esta diferencia entre las parálisis” (p. 205), por lo tanto Freud va directo, dando con ello un giro importante en la concepción de lo patológico al decir que:

“la lesión  de las parálisis histéricas deben ser por completo independiente de la anatomía del sistema nervioso, puesto que la histeria se comporta en sus parálisis y otras manifestaciones como si la anatomía no existiera, o como si no tuviera noticia alguna de ella”. (p. 206).  

Es decir la histeria es ignorante de la distribución de los nervios, y por ello no simula las parálisis periferoespinales, no tiene noticia del quiasma óptico y en consecuencia no produce hemianopsia. La ejecución de la afección es efectuada en la medida de que la histeria toma las partes del cuerpo con el nombre y sentido que se les da popularmente, es decir, la pierna es la pierna hasta la conexión con la cadera, porque es hasta ahí donde se ubica de manera coloquial a la pierna.

Freud propone entonces que en las parálisis histéricas está en juego “una alteración funcional sin lesión orgánica concomitante” (p.207), siendo central el juego de una idea (fenómeno condicionados por representaciones psíquicas), “es la concepción trivial, popular, de los órganos y del cuerpo en general la que está en juego en las parálisis histéricas, así como en las anestesias, etc.” (ibid.), por lo tanto se pone en juego una representación de cuerpo no anatómica sino imaginaria: “popular”.

Las histéricas le plantearon a Freud la posibilidad de esbozar un modelo de funcionamiento del cuerpo anclado entre lo social y lo psíquico: establece el atravesamiento de la pulsión por parte del lenguaje. Por ello, se puede hablar de un sujeto encarnado sujetado al lenguaje.  Tenemos así un cuerpo pensado no en una dimensión sino en tres: lo real, lo simbólico y lo imaginario. 

Sujeto, según la Real Academia de la Lenguaje Española (RAE), viene del latín subiectus, que es el participio pasivo del verbo subiicĕre, que significa “poner debajo, someter”. En este sentido, se quiere remarcar el sentido de que la noción de sujeto está subordinada a la concepción de una teoría, se trata de una construcción que nos permite dilucidar una parcela de la realidad. De tal manera que con el uso del término sujeto encarnado sujetado al lenguaje, se busca subrayar la determinación del sujeto a la dimensión significante del lenguaje que atraviesa  al cuerpo en lo biológico, siendo que deviene un cuerpo imaginado, representado y simbólico, pues que está sostenido en la red del lenguaje.

Lacan va a trabajar desde múltiples aristas el tema del cuerpo y el sujeto estableciendo planteamientos originales y otros derivados de la lectura de la obra de Freud. Al respecto se resalta la implicación del cuerpo en la causalidad psíquica y en la constitución del sujeto del inconsciente:

“¿Qué fue lo que Freud aportó de esencial en definitiva? Aportó la dimensión de la sobredeterminación. La sobredeterminación es exactamente eso que metaforizo con mi manera de formalizar, del modo más radical, lo esencial del discurso en tanto está  en posición giratoria con respecto a lo que acabo de llamar un soporte. Es a pesar de todo del discurso de donde Freud hizo surgir esto, que lo que se producía a nivel del soporte tenía que ver con lo que se articulaba del discurso. El soporte es el cuerpo. Es el cuerpo y hay que prestar atención cuando se dice que es el cuerpo.” (Lacan, 1972).

Lacan (1966) va a decir que la  palabra es un acto significante en cuanto a que tiene su sostén en la estructura simbólica del lenguaje y el cuerpo va a ser el soporte del discurso que la expresa. “La palabra es entonces a la vez eje del síntoma y de su remoción, eje del analizante y el analista, eje del cuerpo y el pensamiento, de la vida y de la pulsión de muerte.” (Kauffman, 1996).

La importancia de referir esto, estriba en considerar la noción de cuerpo como un estatuto relevante en la  concepción del sujeto. Un cuerpo que puede ser escuchado desde un discurso concreto, como pueden ser el comportamiento, la apariencia, los síntomas. Y sin embargo, existe algo más, aunque no por ello se trata de expulsar de todo registro aquellas cuestiones que son “empíricas”.

Freud sobre esto en su artículo de 1888 “Histeria” estableció que:

Otro carácter, importante en extremo, de las afecciones histéricas es que de ningún modo ofrecen un reflejo de la constelación anatómica del sistema nervioso. Se puede decir que, acerca de la doctrina sobre la estructura del sistema nervioso, la histeria ignora tanto como nosotros antes que la conociéramos” (p. 53).

¿Qué es lo que nos muestra Freud con ello? Nos confirma la afirmación de Lacan, el psicoanálisis necesita de la ciencia porque es sobre el campo que abre en que puede subvertir al sujeto que es producido por ella, es sobre eso sobre lo que trabaja el psicoanálisis. No es que rechace lo dicho por la medicina sino que para mantenerla, introduce el polo “subjetivo”, se anuda a lo objetivo. Así tenemos una objetividad que requiere un plano subjetivo para no contradecirse y una subjetividad que utiliza cierta objetividad para anclarse y no divagar.

Y decimos objetividad porque si bien en la elección que la histérica hace del término pierna para expresarlo en su síntoma es individual, lo hace tomando términos usados por la comunidad, el lenguaje popular, y radicando aquí el toque de objetividad, se participa de este lenguaje “común” del universo en el que se mueve la histérica. Es como se había dicho anteriormente la dimensión general del lenguaje y particular del habla.

Este vaivén entre lo objetivo y subjetivo en Psicoanálisis le responde a Ferenczi, y Hartmann que debe parcializarse la objetividad, al colocar al sujeto de la ciencia como supuesto, porque de lo contrario corren el riesgo de no ver el bosque por mirar al árbol. Por otro lado a Rank y a Jung se les responde que la maravilla de la fantasía creadora debe estar anclada a un punto para evitar lo que el mismo Jung veía como caer en callejones sin salida (Jung, 2000, p. 84). La concreción del lenguaje es la que posibilita los grandes vuelos creadores.

 

    El Caso clínico del joven R.

La problemática que hasta ahora hemos mencionado, es necesaria mostrarla en un contexto clínico actual, pues el psicoanálisis no es retórica de los síntomas de tiempos pasados, sino que es la apuesta a su constante actualidad en tanto que subversor del sujeto producido por la ciencia. Para ello nos abocaremos a comentar de manera sucinta algunos sucesos acaecidos dentro de la práctica analítica.

Se trata de un joven al que nombraremos como R., cuando llegó a consulta tenía 22 años, vivía sólo con su madre, era hijo único  y había ido debido a que presentaban una serie de conflictivas con su madre. Ambos trabajan juntos atendiendo un “negocio familiar”, una tienda de ropa que tenían.

R. actuaba agresivamente con su madre desde que ésta comenzaba a salir con un amigo de ella. La última vez que su madre salió con su amigo, R. no la había dejado entrar a su casa. Al hablar de su madre, R. describe que tienen un vínculo parecido a una “relación de pareja”.

Indagando más sobre el caso, se descubre que las peleas que R. tiene con su madre tienen otra causa además de la señalada. R. desde hacía un tiempo atrás había manifestado una preocupación excesiva por su apariencia física, motivo por el cual se había sometido ya a distintas intervenciones estéticas; entre ellas el implante de glúteos, liposucción y operación de nariz. Todo esto lo efectúo sin consultar a su madre con una tarjeta de crédito secundaria que ella le había proporcionado.

Las cirugías habían ya generado un monto algo considerable para ser pagadas. Aunado a esto se agregaba el hecho de que R se encontraba consumiendo unas pastillas para bajar de peso y a su madre le preocupara dicho consumo porque le parecía que eran anfetaminas.

Otro dato significativo es que al Joven R, le interesan actividades artísticas que van en torno a lo corporal y a la belleza, como: el ballet y el teatro. Así también estudió estética en una academia de belleza para poder peinar a su madre y que se viese arreglada, el dice ser muy bueno en esta labor, otras personas le han pedido que también los maquille y peine, él los ha rechazado, argumentando que solamente estudió para arreglar a su madre y nada más.

¿Con que nos encontramos aquí?  El caso del joven R. se encuentra implicado con lo que Freud llamo narcisismo e identificación, expresado como síntoma en actos concretos sobre el cuerpo, a manera de múltiples cirugías estéticas, además de actos de agresión hacia su madre.  ¿Cómo lo sabemos? Por el mismo lenguaje. Como R. lo definió, es efectivamente una relación de “pareja”, ¿pero en qué sentido? No sólo siendo “tal para cual” sino siendo el reflejo del otro, de estar “parejos” es decir iguales, hay un plano evidentemente identificatorio, especular. Están unidos por “negocio familiar”, el de la ropa, el de la imagen del cuerpo.

La afirmación de R que nos dice que él sólo “aprendió para arreglar a su madre” no es ajena a este plano de identificación, pues el mismo se hace arreglar el cuerpo para verse como su madre.

Este punto de identificación no es la solución al problema por el cual llegó a análisis, esto es, la conflictiva con su madre (aunque se sabe de ambivalencia que se presenta en estas relaciones especulares), ni se pretenderá encontrar como tal, porque la práctica del psicoanálisis no es una clínica del síntoma, sino del sujeto del inconsciente.

Es decir lo que aquí se esbozo es sólo la elaboración del discurso expresado por el joven R.: lo latente va en el sentido de cómo el deseo materno que se estaría privilegiando en la vida del joven. La “demanda” se va a dar a través de la mostración de esta situación, para hacer un llamado a la castración de la madre. Esto es el punto de arranque del cual se parte para iniciar la búsqueda por el deseo inconsciente. 

Si el inconsciente se encuentra cerrado debe tener una clave, un modo de abrirse, que se sitúa en la singularidad de cada sujeto, es sólo en ella en la que existe la posibilidad de encontrar un sentido a sus síntomas, sentido que va más allá de lo manifiesto, y cuyo contenido latente nos permite dilucidar toda una estructura subjetiva que sostiene no solamente las manifestaciones sintomáticas de un sujeto, sino su discurso frente al Otro y los otros, y en general una posición que habla del ser y su falta:

 “si el sésamo del inconsciente es tener efecto de palabra, ser estructura del lenguaje, pero exige del analista que vuelva su vista al modo de cierre” (Lacan, 2001, p.817).

¿Cuál sería el cierre del inconsciente? La respuesta a la demanda. La demanda no es una dimensión que apareció con el psicoanálisis, sino que se encontraba ya en la medicina y en la ciencia, cómo una demanda de saber. En el caso de la medicina, el médico es investido de un cierto saber, hecho excelentemente ilustrado por Balint cuando afirmaba que el médico al recetar se receta él mismo (Lacan, 2000, p.87).

Es a partir este punto en que se establece la relación de demanda del enfermo con el médico. La demanda no es un plano tan simple como el suponer que lo que demanda el enfermo es que se le cure, sino que hay un plus. Lacan comenta al respecto que el médico es puesto ante la prueba de sacar al enfermo de su condición y esto en la medida que el enfermo puede que quiera conservar su enfermedad, así es posible que a veces llegue a consulta para solicitar únicamente que se le autentifique su enfermedad (ibid, p. 91).

Entender esta dimensión de la demanda es dar con lo que se le escapa a la medicina moderna, a la ciencia. Porque su manera de abordar el cuerpo se muestra incapaz para comprenderlo. Ello no se debe a falta de desarrollo en sus técnicas de auscultación, análisis, y muestreo, sino porque de entrada su vínculo epistemo-somático es equivocado, por excluir a lo imaginario y simbólico del cuerpo, además de su goce. En este sentido se puede decir que aún conservan la dicotomía cartesiana de res extensa y res pensante, lo cual no les permite ver al verdadero cuerpo sino a un cuerpo imaginado, abstracto que suponen se expresa en una res extensa (ibid, p. 92).

El cuerpo es para gozar, y en la medida de ello se encuentra enlazada a esa demanda no comprendida del médico moderno, pues puede gozar el cuerpo en esa enfermedad. Freud lo sabía y es de esto de lo que nos habla cuando, como veíamos, comenta que las histéricas se comportaban como si la anatomía no existiera, y es que efectivamente no existe, porque el cuerpo del día a día no es el de los anatomistas, así como tampoco el cuerpo que va a consulta con el médico, tal y como no lo muestra Foucault (2001) en su texto “ElNacimiento de la clínica”.

Es pues lo inventado por Freud, el psicoanálisis lo que subvierte la posición médica, ya que el psicoanálisis es la ciencia de la erótica de los cuerpos (Lacan, 2003, p. 87). Por tal motivo a diferencia de las practicas científicas que buscan saturar la exigencias que se les hacen con el afán de mostrar mayor comprensión a las necesidades “humanas” sólo se extravían y entienden menos aquello que realmente quiere esa humanidad.

En este mismo sentido, vemos como las respuestas que la ciencia, particularizándose su discurso en la praxis llevada a cabo por los médicos que atendieron al joven R., no eran más que parte de esa incomprensión respecto al sujeto, el cuerpo y su goce. Las cirugías y su consumo de pastillas adelgazantes no eran la solución que buscaba R., antes bien se extravió más en ese punto de demanda:

          “Lo que ocurre no es que la ciencia obvie al sujeto, es que lo saca del lenguaje, lo expulsa. Crea fórmulas de un lenguaje vacío de sujeto. (…).

….El inconsciente es un momento donde habla, en el lugar del sujeto del puro lenguaje, una frase cuya cuestión es saber quien la dijo. El inconsciente su estatuto (se puede decir científico puesto que se origina de la ciencia), es que el sujeto rechazado de lo simbólico reaparece en lo real (…).” (Lacan, 1967).

La apertura de lo inconsciente es posible en la medida en que se “a-tiende” la demanda pero en su justa dimensión eso es, en tanto demanda, porque al asumirla como tal no se engancha a ella, sino que sólo se convierte en la puerta que permite pasar a otro plano: el deseo.                 

Este pasaje de la demanda encierra la clave de la comunicación entre lo subjetivo y lo objetivo, porque supone al sujeto de la ciencia, es decir el sujeto supuesto saber que está en el inicio de la transferencia, pero al que se neutraliza no asumiéndolo como tal, sino sólo como “supuesto”, hay aquí una subjetivación de lo objetivo. En el segundo momento el de la subjetividad, le da pie a que el analizante construya su verdad, que la cree, pero esta creación la hará a partir de un punto concreto, su propio discurso que le confiesa su verdad sin que él lo sepa, “objetivación” de la subjetividad. Objetivación en tanto punto de concreción necesario para crear o producir algo.

 

 

Conclusiones

En el sistema-mundo de las ciencias actualmente existe una exacerbación del saber tecnológico y la apuesta del método como garante de la verdad,  simultáneamente acontece un proceso opuesto: un laissez faire de las disciplinas discursivas y de ese "saber narrativo" al que se refiere Lyotard (1990), en donde como todo es interpretación, adviene un relativismo sin punto de amarre.

En psicoanálisis existe un vaivén entre lo objetivo y subjetivo, habiendo un centro que integra ambas posturas en un solo saber cuyo objeto es el inconsciente. Esta integración le responde a los objetivistas que debe parcializarse la objetividad, al colocar al sujeto de la ciencia como supuesto, porque de lo contrario corren el riesgo de no ver el bosque por mirar al árbol. Por otro lado a los subjetivistas se les responde que la maravilla de la fantasía creadora debe estar anclada a un punto para evitar caer en callejones sin salida.

Abordar esta temática supone abrir camino para el desarrollo y continuidad al psicoanálisis y su particular propuesta epistemológica, pues posibilita un puente en la zanja que hay entre la exigencia de la formalización y objetivación de las prácticas en las ciencias con la emergencia de la individuación, de lo particular y de la anti-sistematización que cada vez es mayor.

En las ciencias de la salud existe una gran omisión respecto al cuerpo en lo simbólico, siendo privilegiada la cuestión de lo real y lo imaginario. Aunque existen muchos planteamientos teóricos acerca del sujeto y el cuerpo, éstos no ubican la estructura subjetiva que sostiene conductas, lo cual deriva en prácticas inadecuadas al intervenir con sujetos en distintos campos. La importancia de la palabra y de los cuerpos que hablan y son hablados es algo que nos parece pertinente seguir problematizando e indagando.

            Freud es un pionero en esta temática, y desde los albores del psicoanálisis nos mostró que hay un más allá de la anatomía en el cuerpo de un sujeto. Desde la clínica podemos observar como  existe un más allá de lo real del cuerpo, expresado en su biología, su genética.

            El sujeto adviene a partir de una primera representación de él, que es imaginaria y que se apuntala en su cuerpo, pensado como una superficie de inscripciones significantes. El cuerpo como representación, va a tener una dimensión imaginaria sustentada en el universo simbólico del lenguaje.

Cuando se presenta alguna anormalidad pensada como enfermedad o patología, desde los discursos de las ciencias de la salud se favorece un errático acercamiento a los sujetos y su corporeidad,  a partir de un supuesto dañado en lo real del cuerpo, pero se olvidan que el cuerpo no es sólo mera materialidad configurada a partir de una lógica mecanicista, sino que es carne viva, es decir atravesada por la subjetividad, campo en donde lo simbólico tratará de saturar la carencia de ser, o falta en el sujeto del inconsciente. Hay así un rebasamiento de la lógica de las ciencias de la salud, porque se nulifica al sujeto, ya que se opera con saber sobre la enfermedad que resulta un concepto vacío en la medida que se ha desalojado al sujeto que lo porta.

Abordar esta temática no es un hecho ocioso, sino que supone abrir camino para el desarrollo y continuidad no sólo al psicoanálisis sino como propuesta epistemológica para las ciencias, pues posibilita un puente en la zanja que hay entre la exigencia de la formalización y objetivación de las prácticas en las ciencias de la salud por un lado, y en las ciencias sociales en tanto emergencia de la individuación, de lo particular y de la anti-sistematización que cada vez es mayor.

Concluiremos diciendo que lo original del psicoanálisis es el constante diálogo que establece entre los opuestos cumpliendo así las expectativas que el mismo Freud tuvo cuando publicó La interpretación de los sueños, esperando que con ello se abriera una nueva perspectiva. Hecho nada despreciable en la modernidad dividida por una gran objetividad de la ciencia y un retorno del subjetivismo místico expresado en las prácticas como el New Age, e infinidad de prácticas alternativas.

 

Referencias

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Mtro. Erick Felipe Márquez Araiza

Maestría en Filosofía de cultura por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH). Michoacán, México.

Psicoanalista. Trabaja sobre las siguientes líneas de investigación: Epistemología del psicoanálisis, Clínica psicoanalítica y  fenomenología en su vertiente ontológica (Heidegger y Merleau-Ponty). 

 

Mtra. Betsy Soto Pérez

Maestría en Psicología, área de Estudios Psicoanalíticos por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP). San luis Potosí, México.

Maestrante en Filosofía por la Universidad Veracruzana. Veracruz, México.

Psicoanalista.   Autora del Seminario “Clínica psicoanalítica con sujetos diagnosticados con retraso mental” en Psicomundo y Publicaciones de artículos en Revista de Psicoanálisis con niños Fort-Da. Psicomundo.

 

Maestría en Filosofía de cultura por la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo. Email: tierdrama@hotmail.com

Maestría en Psicología, área de Estudios psicoanalíticos por la Universidad Autónoma de San Luis Potosí. Email: betsysoto@gmail.com