¿Del animal loquax hacia el homo videns?
Breve extensión operativa del discurso de Jacques Lacan

Luis F. Langelotti *

 

 

artista, arte contemporaneo, expo

 

“Breve extensiOn operativa del discurso de Jacques Lacan”

 

Introducción: ¿del animal loquax hacia el homo videns

 

 

Resulta una creencia muy diseminada, a nivel de la opinión común, aquella que sostiene que lo propio de las épocas pretéritas fueron las relaciones sociales basadas en el uso de la palabra, en la plática y en la lectura, mientras que en la modernidad y en la “posmodernidad” nos tocaría asistir a un mundo centrado fundamentalmente en la imagen, en el realityshow. Mundo el cual no sería sino un espectáculo desgarrador que nos empujaría a mirar y a ser mirados a través de una implacable organización panóptica y de un sistema tecno-comercial de “Grandes Hermanos” y “Patinadores por un sueño” - que sueñan con que de los sueños se es dueño y no más bien un sujeto que a los sueños los padece, en la medida en que allí florece el inconsciente que Freud nos enseñó a descubrir.    

Un ejemplo bastante explícito de esta concepción, lo tenemos dado por el caso del filósofo italianoGiovanni Sartori quien, en su interesante libro Homo videns (1997), analiza este proceso de transformación de la “naturaleza” del hombre en la coyuntura histórica actual. Cambio antropológico que estaría suscitado por el pasaje hacia el primado de lo imaginario, es decir, hacia la imposición de la imagen por sobre la palabra. Entre los factores causales de tal transmutación, Sartori ubica este cambio, fundamentalmente, en relación a los avances tecnológicos de nuestra época y, puntualmente, en relación a la televisión: “…la televisión está produciendo una permutación, una metamorfosis, que revierte en la naturaleza misma del homo sapiens. La televisión no es sólo instrumento de comunicación, es también, a la vez, paideía, un instrumento «antropogenético», un médium que genera un nuevo tipo de ánthropos, un nuevo tipo de ser humano.”2 El filósofo encuentra la pertinencia de esta tesis en un observable fuerte, a saber: “en el puro y simple hecho de que nuestros niños ven la televisión durante horas y horas antes de aprender a leer y escribir.”3 

Si bien resulta acertado afirmar que la imagen en nuestro tiempo ha cobrado especial relevancia gracias a la creación de nuevos medios de comunicación y de socialización, empero, no debe descuidarse el hecho de que cualquier imagen “captada” por el sujeto (entrecomillo la expresión ya que más bien es el sujeto, en tanto disímil de un percipiens unificante, el que es “captado” por la imagen) siempre se halla sostenida por el lugar del lenguaje, es decir, por el Otro. La imagen, al igual que the behaviour, está en la palabra: ¿cómo podría significar algo sino estuviera allí, en ese campo, inmersa en esa dimensión propiamente significante? En este sentido, el «impacto» de lo imaginario revela tener una eficacia notable en la medida en que no sólo afecta fuertemente a lo que podría denominarse la “masa”, el “pueblo”, sino también a aquellos pensadores e intelectuales que descuidan en sus análisis de lo social la potencia determinante que lo simbólico ejerce por sobre ese otro registro.

 

 

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Implicancias del saber psicoanalítico tomando como especial referencia el registro de lo simbólico

Es así cómo, pues, nos metemos en la cuestión de la circulación de los discursos que, por detrás de las imágenes que centellean en el campo social, congelando y cautivando eróticamente las miradas, producen efectos que determinan la conducta de los seres hablantes. El lugar del Otro, bien lo sabemos, supone una posición de Amo de la verdad. Y esto, puesto que es ese lugar el que determina el sentido de lo enunciado. Por otro lado, el modo en el cual opera el mecanismo de determinación del sentido es crucial, por cierto, para un análisis genuino de la estructura del poder. Ninguna reflexión a este respecto puede verter algo de valor sino considera lo que, a nivel del sujeto, funciona menos como un preexistente ya dado que como producto de la incidencia directa de una combinación significante en el Otro.   

Y es que es esa estructura, la del significante, conjunto carente de sentido4, puro formalismo de elementos discretos que se combinan y co-varían, aquello cuya acción el sentido al fin produce, siendo de este sentido del que mamamos cuando la realidad aprehendemos. De todo esto, se deduce que quien se sitúa en el lugar del Gran Otro no está sino en un lugar de privilegio en cuanto al poder que desde allí puede ejercer: poder de sancionar y, por qué no, poder de escribir la historia. Singular inversión del saber popular, ya que no “son los que ganan los que escriben la historia”, sino que son los que escriben la historia los que ostentan el poder.  

En este punto, voy a tomar algunas cuestiones del actual y, a mi entender, recomendable libro del cientista político Yannis Stavrakakis, Lacan y lo político5, para poder ponderar, siguiendo la lógica de lo que vengo enunciando, el alcance de considerar el registro de lo simbólico en lo que al análisis de los fenómenos sociales (culturales, políticos, etc.) respecta. Lo que sigue, debe ubicarse en el marco de lo que voy a denominar una pequeña ramificación funcional del saber psicoanalítico.

Dicho autor, utiliza en su investigación una noción lacaniana de la cual también otros autores - como Laclau, Mouffe y Žižek -, se agencian para elucidar y reflexionar acerca de los acontecimientos de la realidad (en este caso, entendida como realidadsociopolítica) y para pensar sobre cómo dicha realidad se constituye: el punto nodal o punto de capitón.  

Tal concepto, en Lacan, remite a un espacio del grafodel deseo en donde la cadena significante en su vertiente diacrónica/sintagmática se detiene, se congela, por la puntuación que allí realiza quien escucha, rubricando, sancionando, interpretando de un modo retroactivo y brindándole una significación particular a la heterogeneidad de elementos dispersos que pasan a formar parte, ahora, de una totalidad imaginaria. Según Stravakakis: “La totalidad estructurada resultante de la articulación es justamente lo que constituye el discurso ideológico.”6 Es decir, el discurso ideológico es el producto de la acción del significante que opera en tanto punto de capitón.

Desde el punto de vista freudiano, sabemos que es el Ideal aquello que liga, soporta e instituye la horda de los hombres en tanto animales hablantes. Es decir, para Freud, la integridad de una congregación de personas está garantida por el Ideal del yo como punto de capitón7, que permite que los múltiples sujetos se identifiquen entre sí conformando de ese modo una masa homogénea y estable de yoes en donde la agresividad constitutiva de la escisión del yo se ve menguada por la pacificación que introduce aquella otra instancia mediadora.8

Cuando el objeto (una persona real, una idea, una institución, un valor, etc.) ubicado en el lugar del Ideal cae, entonces la masa se disuelve. Un suceso histórico y nacional que puede tomarse para ejemplificar cómo la caída del objeto del lugar del líder desorganiza y disgrega a una colectividad, está dado por el día en que Perón echó a la Juventud Peronista de la Plaza de Mayo, el 1° de Mayo de 1974. A partir de allí, esa masa tan sólida y armónica jamás volvió a ser la misma, perdió su supuesta identidad colectiva o, mejor dicho, se develó el carácter fantasmático de tal unidad.9 Punto de ruptura e interpelación: ¿Qué quiere el Otro de mí? El líder Perón, o inclusive, el significante peronismo como significante vacío, permitía hacer coherente la multiplicidad de elementos que constituían un campo histórico y sociopolítico determinado. El sentido común peronista orientaba las acciones en una dirección establecida (esto es algo que la misma expresión “sentido común” lo dice, ya que la palabra “sentido” se presta al equívoco: todos vamos para el mismo lado), y todos compartían la quimera de que se comprendían mutuamente. De esta manera, el peronismo podía “hegemonizar un conjunto de significantes disponibles10 (como por ejemplo, “Democracia”, “Estado”, “Nación”, “Libertad”, “Lealtad”, etc.).11

Ahora bien, un ejemplo más actual de cómo el significante (en la medida en que no significa nada en sí mismo, es decir, considerando que solamente es lo que los otros significantes no son) puede ser utilizado para producir determinados efectos, es decir, para construir ciertas realidades, lo tenemos en ese tan trillado vocablo como lo es el de la “inseguridad”.

Como ha sido señalado oportunamente por Alejandro del Carril12, este nuevo significante parecería haber advenido con el intento de nominar el malestar en la civilización, con la iniciativa siempre renovada de representar lo irrepresentable, vale decir. Estimo que el término “inseguridad” (que podríamos tranquilamente, para destacar su carácter significante, escribir así: lainseguridad) se presenta como un ejemplo par excellence de lo que, con Jacques Lacan, nominamos punto de capitón. Lugar en el cual se fija un significante-punto que actúa como si fuera el final del encadenamiento de los eslabones en su diacronía, y desde el cual se propone una interpretación-construcción particular de los hechos cotidianos que busca totalizarlos. Se constituye así un plexo relacional que conecta los más diversos acontecimientos (significantes) y los coagula en torno a un sentido fundamental que se propone a sí mismo como siendo el sentido. El punto de capitón lacaniano puede pensarse, en cierta manera, no sólo como un significante-punto sino también como un significante-centro en articulación “satelital” con otros múltiples significantes. Este significante lainseguridad organiza la realidad social, articulándose con los diversos elementos disponibles. Componentes heterogéneos de cuya conexión se deriva un significado contingente y relativo que se pretende necesario y absoluto. 

Como recién señalaba, resulta lícito indicar que el resultado de la puntuación que efectúan estos significantes privilegiados no es sino una estabilización de la realidad. Tal es la función que Lacan le asigna al significante del Nombre-del-Padre como punto de capitón fundamental: es aquel que “polariza, aferra, agrupa en un haz a las significaciones13. Si tomamos como analogía válida para nuestro caso, la operancia particular de este significante, la cual es entendida en la teoría lacaniana como siendo del orden de la metáfora - es decir, de la sustitución productora de un plus de significación (P/A=+sφ) -, entonces, podría indicarse que el significante lainseguridad en tanto punto de capitón sustituyeal Otro, produciendo posteriormente una significación especial, siendo el corolario de dicha sanción la constitución misma de una realidad. En este punto, dejo a criterio del lector-intérprete cuál es la realidad resultante de esta sustitución, ya que la utilización ideológica de este significante vacío puede variar según quien tome la palabra.14 Lo cual no quita - sino todo lo contrario - que se trate de un significante vacío.

El hecho de que ciertos significantes estén ubicados en el lugar de una función primordial (punto de capitón) no implica que hayan sido puestos allí por alguien de carne y hueso. Suponer esto sería desconocer que es el propio movimiento del lenguaje, en tanto marea incontrolable e inapropiable, el que va determinando dichas posiciones. Por otro lado, lo que sí puede hacerse - y, de hecho, es lo que se hace a menudo (todo el tiempo diría yo) -, es la lucha por el agenciamiento de esos significantes que han adquirido un peso singular, lucha por su significación. Lainseguridad, desde esta óptica, se presenta como un espacio en donde muchos despliegan sus esfuerzos por determinar un sentido que no existe de por sí.     

 

 

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Momento de concluir

Respetando la lógica del grafo del deseo, es preciso situar aquello que se presenta operando como respuesta al resto existente más allá del significante-punto. Resto colindante con el hecho de que ese significante-punto, como captura de la totalidad de lo real y como detención de la sucesión significante, no es sino una ficción, una «máscara». Respuesta solidaria con el intento de mantener en pie esa estructura ficcional. Es siguiendo dicha lógica, pues, que se van gestando, ulteriormente a la acción del punto de capitón, diversas creencias fantasmáticas que coadyuvan en la consolidación de la realidad determinada por tal operación.

En última instancia, no creo que sea sumamente desatinado indicar que este significante particular que tomé como ejemplo (lainseguridad), parecería estar fundamentalmente destinado a simbolizar uno de los principales imposibles (en términos de simbolización, justamente) del ser hablante como lo constituye lamuerte. Si consideramos que la función propia del fantasme, en suma, no es otra que la de velar lo sin-sentido del mundo y de la existencia, podríamos señalar como conjetura y construcción una frase fantasmática destinada a sostener la eficacia hegemonizante del significante lainseguridad: “Se muere asesinado por un ladrón”.15 Ejemplo de ese axioma que sosiega, que tranquiliza y envuelve en un dulce ensueño, y que solamente desde un punto de vista superficial, desde una perspectiva de rana[Frosch-Perspektiven] - para tomar la expresión con la que Nietzsche se burlaba de los metafísicos -, puede ser considerado como algo siniestro y angustiante, ya que justamente está destinado a protegernos contra ese inmundo real del cual siempre estamos huyendo.     

Podemos ubicar algo de lo dicho hasta aquí en un grafo:

 

 

 

 

Recapitulando, y para cerrar con esta breve apreciación, el significante lainseguridad interrumpe, puntúa, sanciona, y de ese modo interpreta la “diacronía de los elementos heterogéneos” (S1, S2, Sn) teniendo como efecto retroactivo una significación compartida que reúne, totaliza y hegemoniza a los significantes que circulaban y que se combinaban previamente dispersos, sueltos, desagrupados, por “fuera” de esta nueva organización estabilizadora. Así, todos aquellos acontecimientos en donde algo de lo real se presentifica pueden ser capturados, enmarcados, integrados en una significación específica que orienta, dirige, encauza el modo de percibirlos y, obviamente, el modo de comportarse frente a tales sucesos, es decir, el modo de responder a lo real.16

Tal como lo propuse en un primer momento, hemos realizado un recorrido de lectura haciendo especial referencia al registro de lo simbólico. Registro en el cual se destaca la utilización de determinados significantes privilegiados que se repiten hasta el sin-sentido, y que cuanto menos significan algo, más pretenden decirlo todo. Lacan ha destacado esta dimensión inquebrantable del significante: “La experiencia lo prueba: cuando más no significa nada más indestructible es el significante.”17

Por lo demás, estas reflexiones apuntan a menguar el peso de la tesis de Sartori – y la creencia común solidaria con ella -, ya que si de lainseguridad se trata, los nuevos medios de comunicación y de socialización funcionan, precisamente, como grandes aparatos de imposición discursiva que instituyen una realidad determinada (y las imágenes que se proyectan no tienen sino una función de apuntalar y tornar más eficaz aún el discurso que busca imponerse, y los valores no explicitados que intentan, subrepticiamente, inmiscuirse).

 

Luis F. Langelotti18*

 

    Buenos Aires, Agosto 2009.

 

         

Notas

 1 Lic. en Psicología (en curso). Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires.

 2 Sartori, G., “El video-niño”, en Homo videns, Santillana, S.A. Taurus, Madrid, 1998. Parte 1, Punto 3. Pág. 36.

 3 Sartori, G.,  Op. cit.

 4 Y aquí hago referencia tanto al hecho de que el sentido no es la dimensión que especifica a lo simbólico, como al hecho de que este último - en tanto preexistencia - no puede responder por sí mismo, por su existir, hecho que se halla eficazmente sintetizado en el dictum lacaniano según el cual “no hay Otro del Otro”, es decir, “metalenguaje”.     

 5 Stavrakakis, Y., Lacan y lo político.  Prometeo Libros, Buenos aires, 2007.   

 6 Stavrakakis, Y., Op. cit. Pág. 121.  

 7 Allende el hecho de que Lacan ubique en el grafo al punto de capitón y al Ideal – matematizado I(A) – en lugares distintos.

 8 En relación con la escisión que Freud atribuye al yo en su escrito del año 1938, si bien puede pensarse - como se lo hace habitualmente - cual referencia a la división constitutiva del sujeto (en tanto efecto del campo significante), no obstante, creo que es pasible de ser remitida a la esfera narcisista como una característica propia de la misma: el yo nunca está solo sino que siempre es al menos dos. Duplicidad intrínseca al circuitoespecular - que rige y sustenta el desarrollo de la instancia yoica - en la medida en que el yo se constituye tomando su imagen del otro. Que este dúplicecarácter del ego, que esta escisión del narcisismo, busque ser velada a toda costa por el neurótico, no quiere decir que nosotros, a su vez, tengamos el visto bueno para hacer otro tanto.         

 9El Peronismo anhela la unidad nacional…” - afirmaba la XI Verdad Peronista. Juan Domingo Perón, 17 de Octubre de 1950.

10 Stavrakakis, Y., Op. cit.

11 Creo que el ejemplo del peronismo, en tanto unidad sociopolítica fantasmática, resulta particularmente claro para ilustrar cómo la tensión agresiva inherente a la relación entre el yo y el otro, en un momento determinado, explota dando lugar a una verdadera masacre: la masacre de Ezeiza. Este trágico acontecimiento de la masacre de Ezeiza, fechado históricamente el 20 de junio de 1973, es particularmente válido para mostrar hasta qué punto la unicidad de todo “movimiento”, siempre es ilusoria, es decir, siempre presenta signos indubitables de resquebrajamiento y diferencia. En el caso del peronismo, allí se hicieron harto evidentes todos aquellos matices que lo constituían (los peronistas “de derecha”, los peronistas “de izquierda”, etc.).            

12 “Nueva especie de inseguridad” en Revista Imago Agenda Nº 128, Abril  2009. Versión on-line: http://www.imagoagenda.com/

13 Lacan, J.,  «La carretera principal» en Seminario 3. Las psicosis, Ed. PAIDOS, Buenos Aires, 2007, Cap. XXIII, Punto 3. Pág. 416. 

14 No obstante, lo que sí me interesa destacar es que no se trata de un significante exclusivo del discurso ideológico derechista, ya que otros discursos ideológicos pueden servirse de él (aunque no sea sino con la intención política exactamente opuesta).

15 Quiero destacar el carácter ilustrativo y especulativo de todas estas cuestiones, tan sólo destinadas a ejemplificar lo relevante que pueden resultar las teorizaciones lacanianas en el marco del análisis social.  

16 Obturando la dimensión responsiva propiamente subjetiva, es decir, singularizante. Implicancia crucial de toda terapia dirigida a brindar asistencia (a la “víctima” supuesta al dolor) en términos de un tratamiento estandarizado. 

17 Lacan, J., Op. cit.  Pág. 265.

 

Lic. en Psicología (en curso). Facultad de Psicología. Universidad de Buenos Aires.