Sentido, Verdad y Nombre propio: Lacan con Frege. Reflexiones lacanianas en torno a algunos temas de filosofía analítica

Luciano Lutereau *

 

Lacan - Freud - Psikeba

 

Sentido, Verdad y Nombre propio: Lacan con Frege.

Reflexiones lacanianas en torno a algunos temas de filosofía analítica

“Me ha parecido que para hacerles apreciar mejor cierta dimensión,
ésta era una vía más simple que aconsejarles, por ejemplo,
la lectura del señor Frege”.

“Frege instaura las dos vertientes de Sinn y Bedeutung;
hay muchas cosas que retener y especialmente
por parte de un analista”.
J. Lacan.

Introducción al Seminario analítico de J. Lacan.

Sea por el motivo que sea, siempre parecemos mejor dispuestos a encontrar interlocutores del psicoanálisis lacaniano en la filosofía continental: Hegel y el deseo de reconocimiento; Heidegger y la pregunta por el Ser; Sartre y la negatividad, aunque este último punto quizás sea la orientación de todo lo que encontramos en la filosofía continental. En este trabajo me propongo presentar la función de tres tópicos en los que Lacan orienta su reflexión de acuerdo a los aportes de la filosofía analítica. Dado que se trata de una introducción al tema, la presentación tendrá cierta forma rudimentaria inevitable.

Voy a tomar en el centro de mi comentario el Seminario XII, de los Problemas cruciales para el psicoanálisis, al que propongo llamar Seminario analítico de Lacan. No sólo las referencias a Russell, Quine y Wittgenstein pululan entre sus páginas, sino que Frege – de acuerdo con M. Dummett el “fundador” de la filosofía analítica – ocupa un lugar destacado en la argumentación que distingue sentido y significación1. Frege ya había sido una referencia para Lacan, y lo continuará siendo en los Seminarios posteriores; sin embargo, en el Seminario XII, Lacan deja de atribuir lo que Freud podría haber tomado del fundador de la filosofía analítica, para investigar lo que a él mismo le importa de esta influencia2.

La distinción entre sentido y significación es propuesta por Lacan de acuerdo a la noción fregeana de Bedeutung. El problema que está en juego en su disquisición es el de la “referencia”. Si la significación es un efecto, tematizado tempranamente en la enseñanza lacaniana de acuerdo al esquema de la comunicación de R. Jakobson, aunque asociado al factor pragmático de la acción lingüística efectiva y las condiciones retroactivas (aprés-coup) de su formulación, el sentido es entrevisto por Lacan en una referencia terminológica inversa a la propuesta fregeana. Über Sinn und Bedeutung, deben leerse, según Lacan, en la referencia invertida significado-significación y sentido. La pregunta por la referencia del sentido será el hilo conductor de este Seminario XII.

Esta distinción hace sentir su efecto en la idea que nos hagamos de la función de la interpretación, ya que la significación queda trastocada en el efecto de traducción que aquella propone3; asimismo, en la primera conceptualización de la enseñanza, el síntoma es un nudo de significación4 a ser tramitado por las condiciones de la palabra. La introducción elaborada en el Seminario XII de la noción de sentido planteará una distinción sobre la interpretación y la conceptualización del síntoma. Así es que en 1972 Lacan dice “la interpretación es del sentido y va contra la significación”, a un tiempo que su enseñanza elabora la cara real e incurable del síntoma, irreductible a la significación. En este contexto, la interpretación se aproxima a un significante a-semántico, respecto del cual tendré, luego, que situar su relación con la función del nombre. Creo que, de este modo, queda anticipado que los temas que he elegido reseñar están íntimamente relacionados. Sentido, verdad y nombre propio constituyen una secuencia ordenada.

El Sentido

Uno de los primeros aspectos que es preciso aclarar es la ambigüedad de la Bedeutung respecto de la palabra Sinn. Así, la conferencia 17 de Freud, de entre las introductorias al psicoanálisis, habla del Sinn de los síntomas, en una aproximación muy distinta a la que tendrá la acepción lacaniana de sentido. Lo mismo puede decirse del escrito La significación del falo, que en su primera versión en alemán se tituló Die Bedeutung, siendo que luego Lacan distinguiera significación y referencia. El equívoco traspaso entre ambas palabras ya era un inconveniente en la época de Frege, cuya correspondencia con E. Husserl manifiesta, para éste último, la identificación de Sinn y Bedeutung. Por momentos Lacan aceptó este equívoco, aunque a la altura del Seminario XII, la distinción se hizo operativa. Para Frege, aparte del sentido, las frases tienen una referencia (Bedeutung) relativo a su valor de verdad. Este es el aspecto básico que Lacan tomó de Frege para su noción de sentido. Dice Lacan en el Seminario XII:

“Hay dos usos del significante en relación al referente [: denotación y connotación]. Es pues por intermedio de la relación del significante al referente que vemos surgir el significado… y al sujeto se los he encarnado, en su momento, en lo que he llamado sentido, dónde él se desvanece como sujeto”5.

De este modo, la articulación significante tiene una cara en la significación y otra en el sentido. Respecto de este último, Lacan lo ubica en el desvanecimiento del sujeto, de un modo diferencial a la metonimia de la significación. El sentido tiene, más bien, el efecto de un tope que Lacan pone en secuencia con el pas de sens, sin-sentido, que ya hubiera trabajado en torno a la metáfora en el Seminario de Las formaciones del inconsciente: el paso de sentido es un desdoblamiento de la significación en aras de precipitar una verdad del sujeto. Sobre esta aproximación de sentido y verdad es que Lacan definirá la praxis analítica como una “conquista sobre lo real”6:

“[Freud] opera esencialmente no sobre la significación, sino sobre alguna cosa que llamo provisoriamente – y que ya he dicho ante ustedes – no-sentido… es allí que se trata de constituir algo pura y simplemente más verdadero, si damos aquí, a ese término verdad, la orientación de lo que simplemente quiere decir… La palabra verdadero tal como yo la empleo quiere decir: real”7.

La Verdad

El sentido es la referencia a un real que Lacan identifica con la verdad. Es preciso detenerse, entonces, en el desarrollo lacaniano de la noción de verdad, de modo tal que podamos situar los interlocutores respecto de los cuales elabora su formulación. La explicitación del uso de la noción de verdad que utiliza Lacan en el Seminario XII se encuentra expuesta de modo completo en el Seminario XVII8, El revés del psicoanálisis, donde puede verse de qué modo Lacan distiende su relación con la fórmula hegeliana de desarrollo de verdad,  la aletheia heideggeriana, la versión tarskiana de la verdad como adecuación, para suscribir el modelo de verdad como redundancia:

“Realmente hay algo que merece que lo argumentemos desde el principio – verdad no es un término que deba manejarse fuera de la lógica proposicional, que hace de ella un valor reducido a la inscripción, al manejo de un símbolo, normalmente V, su inicial. Este uso, como veremos, está muy particularmente desprovisto de esperanza… Sólo se tendría que saber bien todo lo que hay que saber. Después de todo, ¿por qué no? Cuando decimos algo no hay necesidad de añadir que es verdad”9.

La verdad por redundancia es tomada por Lacan como un modo de sortear cualquier soporte verificacionista o hermenéutico. Ambas perspectivas llevarían, o bien a un solapamiento de la realidad psíquica en lo efectivamente vivido, o al develamiento metonímico del análisis interminable. Dada su relación con lo real, el modelo lacaniano de la verdad como redundancia conduce a la extracción de un saber pragmático antes que a una confirmación. De ahí que Lacan pueda afirmar que la verdad es una boludez en la que no hay que anclarse, ni buscando salvarla – como algunos filósofos -, ni – como Sade – amándola:

“Para expresarme tal como viene, nada es incompatible con la verdad: uno mea, escupe en ella. Es un lugar de paso, o para decirlo mejor, de evacuación, tanto del saber como del resto. Uno puede mantenerse ahí permanentemente, hasta enloquecer por él… Les digo a continuación: uno no se casa con la verdad; con ella, no hay contrato, y menos todavía unión libre. No soporta nada de todo esto. La verdad es en primer lugar seducción, y para jorobarle a uno. Para no dejarse coger por ella, es preciso ser fuerte”10.

El pas de sens, paso de un sentido en lo real, que es, a su vez, un pasar de la verdad, haciendo vacilar y caer un saber – tal la operación analítica – tiene como producción un efecto específico: el nombre propio. Sentido, verdad y nombre propio se enlazan como la secuencia que la operación analítica produce entre el síntoma y la interpretación. Sólo resta declinar la versión lacaniana del nombre propio en el Seminario analítico.

Nombre Propio

“Verán que en un cierto registro, la función del nombre propio, por lo que ese nombre indica, no es dice Bertrand Russell”11. Si bien para Lacan el nombre es una función, ésta no debe ser identificada con una teoría de las descripciones definidas. Por esta vía critica a Russell, pero también debería agregarse a Frege. Sin embargo, Lacan tampoco parece muy a gusto con una teoría causalista del nombre propio12. Es en la propuesta de la función del nombre propio como “función volante” que Lacan sitúa la especificidad de la posición psicoanalítica en relación al tema. La “función volante” del nombre es presentada en el repaso que Lacan realiza del famoso olvido de nombre propios de que hablara Freud. De este modo, el nombre es algo que aparece siempre en torno a un agujero, en tanto que el olvido de un nombre inmediatamente restituye otro nombre en su lugar, indicando el ausente como faltante.

“No es como ejemplar, como único, a través de un número de particularidades en la especie, que lo particular es denominado nombre propio. Es decir que él puede faltar, que él sugiere el nivel de la falta, el nivel del agujero, y que no es tanto que individuo que me llamo Jacques Lacan, sino en tanto que algo puede faltar mediante lo cual ese nombre tendrá que recubrir otra falta. El nombre propio es una función volante… está hecho para llenar agujeros”13.

Sobre esta deriva es que Lacan retoma el olvido freudiano de Signorelli para enlazarlo al Sig de Sig-mund Freud, en el punto en que el rodeo por “muerte y sexualidad” denotan ese desvanecimiento del sujeto al que más arriba me he referido a propósito del sentido. El nombre propio, propone Lacan en el Seminario XII, es la decantación del síntoma a partir de la operación analítica más allá del desciframiento de la significación anudada al padecimiento. Dicha operación es esclarecida como la recuperación de un nombre a partir de la inscripción de una pérdida:

“Lo que él [Freud] pierde de esta verdadera identidad cernida de ese agujero, de ese signo encarnado por una suerte de posibilidad del destino… Este relampagueo aparecido sobre la imagen de sí mismo le dice: el nombre está perdido. Freud nos deja su lengua al gato. Es la operación de ese punto de emergencia en el mundo de surgimiento, por donde lo que no puede más que traducirse por la falta, viene al ser”14.

La positivización de una falta, núcleo articulador de las nociones de sentido y verdad, es la condición de la función del nombre propio. Si hubiera una teoría lacaniana de la nominación, ésta encontraría su nacimiento en el Seminario XII, y estaría articulada al dispositivo por sus variables que son el acto, la transferencia, y sus efectos, el sentido y la verdad. Espero haber demostrado que las interlocuciones de Lacan para dicha formulación, de cara a una explicitación de los desarrollos propios del Seminario, requieren una ampliación en el estudio de los aportes de la filosofía analítica a los temas que acabo de reseñar. Temas a los que, por lo general, los psicoanalistas sólo últimamente estamos empezando a acostumbrarnos.

Luciano Lutereau

Notas

1 Debería tenerse en cuenta también la presentación de Frege realizada por J. A. Miller en torno al 0 y el 1, aunque el primer epígrafe de este trabajo demuestra que Frege era un interlocutor de Lacan desde temprano, ya que la cita pertenece al Seminario IV. El segundo epígrafe pertenece al Seminario XVIII.

2 No puede dejar de ser una nota apropiada la que recuerde que la traductora de Frege al francés era, en ese entonces, asistente del Seminario lacaniano.

3 Lacan, J. La Dirección de la Cura y los principios de su poder en Escritos II. Buenos Aires, Siglo XXI, 2002.

4 Lacan, J. Escritos I, p. 75.

5 Lacan, J. (1964-65) Problemas cruciales para el psicoanálisis. Inédito. Clase 2 de diciembre 1964.

6 Ibid. Clase 16 de diciembre 1964

7 Ibid. 13 de enero de 1965.

8 Debería agregar a mi propuesta el Seminario 17 como la segunda parte del Seminario analítico de Lacan, dado que sus referencias incluyeron, en esa oportunidad, a Quine, Tarski y Wittgenstein. Hecha esta propuesta, a nadie puede llamarle la atención que S. Cabanchik haya titulado uno de sus libros El revés de la filosofía.

9 Lacan, J. El Seminario: Libro XVII. El Reverso del Psicoanálisis. Bs. As. Paidós. 1992. p. 59. Lacan vuelve a citar en este punto a Frege, a quien se atribuye el origen de esta teoría deflacionaria de la verdad en El pensamiento.

10 Lacan, J. (1992) 200.

11 Clase 16 de diciembre 1964.

12 Cfr. Kripke, S. El nombrar y la necesidad. México. UNAM. 1995.

13 Clase 6 de enero 1965

14 Ibid.

 

 

[*] Licenciado en Psicología. Facultad de Psicología. UBA. Lic. en Filosofía (en curso). FFyL. UBA.