El objeto (a) en Jacques Lacan

Juan Pablo Sánchez Domínguez *

 

 

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Resumen

En el presente articulo se exponen por un lado los diversos argumentos por parte de Lacan en la construcción del objeto a y por el otro la importancia que cobra su delimitación en el trabajo clínico psicoanalítico, de igual manera se apunta a la argumentación sobre la consistencia lógica del objeto a.

 

I

 

 

Introducción.

A manera de introducción comentaré algo más que sabido y comprobado por nosotros mismos, a decir, que uno de los inventos más transcendentes en la obra de Lacan es: el objeto a, e incluso podríamos recordar que esto fue señalado por el propio Lacan en la sesión del 9 de abril de 1974 (1) cabe mencionar que indudablemente no fue el único pero a mi pensar como ya lo mencione sí uno de los avances más importantes para el psicoanálisis e incluso para la clínica Freudo-Lacaniana, es decir, la formalización de la enseñanza y de la clínica  lo encontramos en esta invención sobre el “objeto a”.

Podemos manifestar entonces que después del nombre del padre y del RSI con el “objeto a”  se articulan diversas orientaciones teóricas que hasta el momento parecían irresolubles para el propio Lacan,  al final del seminario sobre la angustia Lacan lo comentará así:  “El padre es ese sujeto que ha ido lo suficientemente lejos en la realización de su deseo como para reintegrarlo a su causa, para reintegrarlo "a lo que hay de irreductible en la función del a" (2)

Se encuentra claro entonces, que es en esta cita donde se  resume gran parte de la enseñanza de lacan sobre la función paterna, la función de lo real y del objeto a. Dicho de este modo el seminario antes mencionado será transcendente para el abordaje de todo el trabajo que Lacan realizará posteriormente.

Haciendo referencia a este esbozo lo que deseo plantear a lo largo de este articulo en primera instancia es un recorrido sobre la construcción Lacaniana del “objeto a” a lo largo de su enseñanza, sin pretender agotar la cuestión ni mucho menos ponerle fin al argumento, realizaré algunas puntualizaciones entonces, que me llevarán a argumentar el fundamento y transcendencia de dicho objeto. Tomaré algunas coordenadas que me lleven a fundamentar la importancia que cobra en alto grado para la clínica psicoanalítica la función lógico-algebraica del “objeto a” y que hasta donde lo pienso teóricamente no ha alcanzado el mismo discernimiento.

Se puede pensar entonces, que hasta el sujeto alienado al significante la salida subjetiva parecía irresoluble, por lo cual tendrá que inventar la formulación algebraica para salir de aquello que hasta el momento faltaba por formular, cabe mencionar aquello que en su momento Freud logra discernir con el más allá del principio de placer, a saber, para Lacan lo irrepresentable para el sujeto del cuerpo capturado por el Significante.

A esto tendríamos como antecedente inmediato las puntualizaciones que Lacan en 1960 realiza en el seminario la transferencia haciendo referencia al Banquete de Platón él hace aparecer el agalma griego, como antecedente de lo que luego se revelará tras ese brillo como el “objeto a”.

Continuando con la misma línea ya en el seminario “los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” En el capítulo el Sujeto y el otro: la alienación, Lacan menciona:

“El Otro es el lugar donde se sitúa la cadena del significante que rige todo lo que de el sujeto podría hacerse presente, es en el campo de ese ser viviente donde el sujeto tiene que aparecer. Y he dicho que es por el lado de ese ser viviente, llamado a la subjetividad, donde se manifiesta esencialmente la pulsión”. (3)

Y continúa diciendo que aquello que debe hacer el ser “humano” como hombre o como mujer lo tiene que aprender de entero del Otro, él comenta que en esta posición sexuada se superponen dos faltas, la primera que se debe al defecto en torno del cual gira la dialéctica  del advenimiento del sujeto a su propio ser en relación con el Otro y esta falta retoma la otra falta, a decir, la anterior, aquella que ha de situarse en el advenimiento del ser viviente-lo que pierde el ser viviente de su posición misma y esta es real en tanto nos remite al sometimiento de la muerte individual.

En este mismo seminario entonces queda dilucidada la idea de que el sujeto se constituye en una doble operación una primera  es la alienación en el universo significante, y la segunda es la separación.

 

II

 

El Sujeto, el Otro y el objeto a

Si ha quedado manifiestamente claro la forma en la cual el sujeto se constituye en una doble operación, pensaremos entonces la posibilidad de dar pie a lo que Lacan propondrá respecto a dicho movimiento, primero tomemos para su explicación la teoría de conjuntos, vamos a pensar, que en virtud  de esos dos conjuntos que se reúnen lógicamente, se podrá argumentar entonces que por el lado del conjunto vacio: un individuo carente inicialmente de toda significación, que está representado tan solo por su lugar originario a decir, puro, y que cuando en dicho conjunto vacio se inscriben significantes provenientes del Otro –el otro cojunto- este ya forma parte de su campo, y a decir verdad se pone de manifiesto lo que hay de irreductible  en el Otro, a saber, la falta que  constituye a todo ser hablante por el solo hecho de ser de igual manera conjunto vacio, y que ante la encrucijada de la identificación ante los significantes(S1 y S2) es velado para todo sujeto. Pero queda claro que en el camino de la identificación el sujeto solo se hace significar por aquello que del campo del Otro lo convoca el (S1) y de lo cual se hace preso y se hace significar  tal y como lo menciona Lacan en 1964: Esta condición que  hace surgir al sujeto reducido a la significación lo petrifica al mismo tiempo que lo llama a funcionar (4)

Es en este punto donde el sujeto tal y como lo fundamenta Lacan, se hace desaparecer paradójicamente por la vía de la cual se pronuncia. Este movimiento que sería el fundamental nos muestra que de aquí en adelante este sujeto atravesado y sometido a ley del significante será un sujeto insertado a nivel de su “existencia”, Stavrakakisen 1999 citando a Lacan comenta: el sujeto deviene en tanto accede a ser representado por el significante: es el orden simbólico  el que es constitutivo para el sujeto.  Dicho de otra manera y si pensamos tal y como Freud lo plantea en la dinámica de satisfación tendríamos entonces lo siguiente: El primer llamado que recibirá el conjunto vacio para ser significado –valga la expresión- nada tiene que ver con el Inconsciente,  al menos que ese significante S1 esté lógicamente determinado para una función especifica, será hasta que ese primer encuentro donde la primera satisfacción sea convocada para colmar una necesidad puramente fisiológica. Cabe señalar que este primer encuentro se dará sin saber de que se trata, pero  que sin embargo algo quedará registrado en este primer acercamiento, dígase el recuerdo de la satisfacción primera, no será hasta un segundo momento y volviendo al circuito del displacer que el pequeño valiéndose de la primera experiencia aspirará a satisfacer su necesidad bajo una “idea alucinatoria” registrada desde la experiencia inicial, provocándose así un falló que le pone de manifiesto la imposibilidad de ser autosuficiente, sin embargo, se verá forzado a relanzar un llamado, ahora ya con las implicaciones que este tenga, a decir, instaurando un primer principio, la inscripción del carácter humanizado de la pulsión, abriendo con ello la brecha entre la satisfacción de una mera necesidad institual a la satisfacción de una demanda propiamente humanizada. Con este panorama tenemos entonces lo que Lacan anuncia sin equivoco, que el lugar del sujeto queda constituido segundo respecto del S1 y que es necesario que se haya producido la reunión con el Otro para que este lugar original se desprenda como tal, por la sustracción del S1 al conjunto vacio.

Más delante en su enseñanza en el seminario once Lacan aclarará diciendo:

El sujeto primero elige S1, o sea, elige al Otro, que equivale a decir que elige el sentido, S1 llama a S2 Pero si bien elige el sentido no tiene respuesta al “chez vuoi”, es decir, respuesta al ¿qué quiere el Otro de mi? “Soy esto (S1)”, pero no sabe qué quiere decir. Es en este sentido que el sujeto es escindido.”(5)

Es de este modo entonces que si bien elige el S1 o sea al Otro y lo que sigue; elige el sentido, ya que siempre hará falta S2, para dar sentido a S1

En todo esto se pone de manifiesto una cosa, tenemos  por un lado que para que el sujeto se “produzca en el Otro” valga la expresión, es necesario que el “llanto” se torne en llamado a partir de la respuesta emitida por el Otro para que dicho proceso adquiera la función lógica correspondiente. Cabe mencionar que la respuesta del Otro estará dada de forma tal que él también se siente convocado, tornándose así el llamado como posibilidad de aquella pregunta que hace escindir al sujeto y dar la respuesta que lo hace surgir, se trata de una elección un tanto forzada pero que Lacan denomina la elección preferencial, por aquello que el mismo denominará “insignia”. Alienándose al significante el cual lo hace significar-se.

Como ya se he venido planteando, estas dos posibilidades del sujeto de instituirse corresponden por un lado a la elección por la “alienación” eligiendo la insignia que lo hace significarse a partir del Otro y por el otro lado lo que Lacan denomina como “separación” que seria entonces, que en vez de hacerse significante se aisla del sentido que procura el Otro y apunta a su ser, lo que significa que en el proceso la parte no significante del Otro, por un lado, aquello que no se puede significar del Otro se reúne con la falta del sujeto, que opera apoyándose en su propio vacío, el efecto que esto produce es una desorientación en el espejo del Otro con respecto al sujeto. (6) Esto pone de manifiesto  el encuentro entre S y A este movimiento permite entonces la puesta en juego por parte del sujeto con su falta fundamental a decir, con la diferencia fundamental que lo estructura, denominada por Lacan como -la no relación sexual-

Sin embargo aunque el sujeto de ahora en adelante lidiará con ella no se reconoce allí en tanto no hay nada que  pueda significar el resultado de este proceso de separación, solo el “objeto a”.

De lo anterior se tiene como resultado entonces la siguiente ecuación:

 

 

Con algo símil nos encontramos en la experiencia analítica cuando Lacan nos revela que: “El ultimo resorte del deseo, que obliga siempre en el amor de transferencia a disimularlo más o menos es la caída del A, a otro a” J. (7), es decir, lo que surge de la barradura del Otro deja como punto de encuentro la emergencia de aquello que pueda dar cuenta de lo imposible de significar, a saber, lo real, e aquí la experiencia del análisis; sin embargo cuando de la constitución del sujeto se trata las coordenadas se trazan a lo largo de la construcción de una función lógica que permita el sostenimiento propiamente dicho de (A) a decir “la consistencia lógica del “objeto a”, y he aquí la diferencia.

 

III

 

Consistencia lógica y objeto a

Cuando se habla del “objeto a” se trata de una función significante en la medida en que es posible inscribirse como resultado entre las dos faltas la  del sujeto y la del Otro (Miller, 1998) Sin embargo, aquello que vendrá a soportar su “funciónsignificante”  y dicho por Freud siempre será algo del cuerpo y en este punto Miller coincide con la postura freudiana y agrega qué, además estas partes del organismo sobre lo cual se soporta son también partes irrealizadas.

En el mismo texto nos señala Miller que el “objeto a” se produce por la positivización ocurrida entre las dos faltas y en lo cual encontramos que “el sentido que se despliega en el Otro” nada puede hacer al respecto, es decir, el sujeto queda fuera de los efectos del sentido, y es allí precisamente donde el objeto a apunta a su deducción signifícate.

Si en el sentido que se despliega en el Otro y que sucumbe a partir de la barradura  tenemos entonces que nada puede sostener al sujeto en tanto fuera de sentido, solo resta “un hecho que se imagina, se imagina con lo que se puede, a saber, con lo que se chupa, lo que se caga, lo que hace mirada y voz. (8) y es allí donde la demanda ya no será del Otro sino de aquello que viene a sustituirlo como causa del deseo.

El “objeto a” tiene una consistencia sostenida de manera puramente lógica. (9) Significa que “a” no adquiere consistencia a partir de la materia que eventualmente se ofrezca, si  la consistencia lógica se deduce del significante esto es real, puesto que es aquello que es imposible de elementizar, imposible de ubicar en la cadena significante, se trata de un real que solo adquiere valor por la consistencia lógica y que solo podrá plantearse como real desde lo simbólico a saber, desde su articulación.

Juan Pablo Sánchez Domínguez

 


REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

 

  • http://www.sauval.com/articulos/invencionobjetoa.htm consultado 12 de agosto 2009
  • Lacan, J. Seminario, libro 10. La angustia. Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina. 2006
  • Lacan, J. Seminario, Libro 11. Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis. Ed. Paidós, Buenos Aires, Argentina. 2001.
  • Ibídem pág. 215
  • Lacan, J. Seminario, Libro 10. La angustia. Ed. Paidós. Buenos Aires, Argentina. 1998.  
  • Mabel Levato. Observaciones sobre el objeto a en Lacan. http://www.kennedy.edu.ar/Deptos/Psicoanalisis/articulos/objetoA.pdf  Consultado el 17 de septiembre de 2008.
  • Lacan, J. Seminario, libro 8. La transferencia. Editorial Paidós. Buenos  aires, Argentina. 2003
  • http//www.sauval.com/angustia/s7objetoa.htm consultado el 7 de octubre de 2009.
  • Miller, J-A. Los signos del goce. Editorial paidós, Buenos Aires, Argentina. 1998. Pagina 194

 

 

 

 

Coodinador de la Licenciatura en Psicologia Clinica de la Universidad Autónoma del Carmen. Campeche, México. Psicoanalista, Mtro. en Psicología Clínica y académico de tiempo completo en la misma Universidad y para la misma Licenciatura. Email: rischioso69@yahoo.com.mx