Juan Pablo Sánchez Domínguez *
Resumen
El propósito de este artículo es, en un primer momento, hacer un recorrido sobre la concepción de sujeto y su acotación en psicoanálisis planteando las diferencias que existen en diversos campos disciplinares y en un segundo momento un recorrido del deseo desde su argumento Freudiano-Lacaniano apuntando por ultimo a su articulación al lenguaje y al registro lo imaginario.
Palabras claves: sujeto, deseo, lenguaje
A manera de introducción comenzaré con algunas puntualizaciones respecto a la noción de sujeto propuesta por el psicoanálisis y claro, esta proposición en su relación con el deseo inicialmente Freudiano y posteriormente Lacaniano, volviendo al punto de partida quisiera apuntar que, al menos hasta antes del psicoanálisis la concepción de sujeto como objeto de estudio había pasado por muchas inverosimilitudes, al contemplarse como algo irresoluble hasta ese momento para la ciencia no biológica, dígase para la Filosofía y claro, vendría a ser Freud con el psicoanálisis quien pusiera el punto en la íes con su “sujeto del Inconciente” es decir, una perspectiva no ligada al quehacer filosófico ni a la pregunta sobre el “ser” ni mucho menos al positivismo como método de ciencia “practica” e incluso “natural”.
Podríamos pensar que el trabajo que Freud haría en la clínica psicoanalítica vendría a romper no solo con la tradición intelectual de la época sino que además sería el parte-aguas entre una concepción mecanicista y causalista de la realidad y de los fenómenos, hasta ese momento llamado “humanos” daría entonces un golpe narcisista a la ciencia de la “objetividad” y mucho más a la lógica hasta entonces lineal.
En otras palabras lo que Freud nos indicará es que hay una causistica de los fenómenos que habría que buscar y esta es, a saber, composterioridad, rompiendo así con la incidencia y con el pensamiento de que los fenómenos propiamente “humanos” son producto de una “causa exterior” tal y como se había señalado hasta entonces.
El “carácter” Lacaniano de la teoría analítica si la podemos llamar así, tiene también un aporte fundamental dando así a la concepción Freudiana de sujeto un envés que la llevaría por caminos insospechados, a decir el inconciente estructurado como lenguaje, dejando y delimitando a un más allá el principio fundamental de la noción misma de sujeto, a saber, su categorización en los albores de una ex/sistencia, será así como Lacan podrá entrar a la explicación misma de su lógica del inconciente, apostando a la posibilidad de la construcción de los matemas y al final de un sujeto de lo Real, aportando así una enseñanza nueva para el psicoanálisis “más allá del Padre” y al mismo tiempo la formula Lacaniana del deseo ligado sí a la ley pero a demás a una contribución genuina de la “invención propia” como causa.
Partiendo de estas generalidades podré ir delimitando la forma en que Freud y Lacan harán sus contribuciones con respecto a las concepciones sobre el deseo y por ende sobre el sujeto que pienso no podría ser de otra manera.
Por otro lado, Stavrakakis en 1999 considera de que la mayoría de los conceptos Lacanianos resultan más fáciles de aproximarse a ellos señalando no lo que es sino lo que no son, es decir por medio de cierta vía negativa si bien Stavrakakis tiene razón en buena medida también es cierto que esta forma de abordaje de Lacan fue gracias a la complejidad y complejización de dichos conceptos, pero que sin embargo al final de la enseñanza se pueden atar muchas piezas sueltas que darán la pauta ya sea para la matematización tal y como él lo planteaba o bien para abrir nuevas discusiones al respecto sobre el concepto mismo o formular otros. En este mismo sentido nuestro recorrido tratará de ser los más puntual posible de tal forma que “el deseo” no sea uno más de la mayoría de los conceptos que sigue el mismo destino tal y como Stavrakakis lo plantea.
Como ya lo he mencionado el sujeto propuesto por Freud y Lacan nada tienen que ver con la idea central propuesta por la biología, de igual manera que no tiene que ver con aquello postulado por la filosofía, si no por el contrario el psicoanálisis vendrá a realizar un corte con respecto a estas, dicho en otras palabras tal y como se concibe en la clínica psicoanalítica, el organismo pasará de rector del sujeto a reservorio de las necesidades orgánicas, cabe mencionar entonces qué el sujeto Lacaniano estará pensado además como un sujeto atravesado por el significante en excelencia y regido por la demanda de la pulsión.
El sujeto Lacaniano en un principio se pensará como constituido bajo la base de este principio y atravesado por las leyes del lenguaje, será entendido entonces como un sujeto en falta por importancia, es decir, que este principio llevará también a Lacan a pensar la construcción de un sujeto que de cuenta de la falta en su ser de allí en adelante a saber “el falo” es este argumento el que vendrá a tener vigencia al menos en la primera parte de la enseñanza de Lacan. Dicho así podemos apuntar que el sujeto depende de la inscripción al mundo simbólico para existir y basta aclarar entonces que la enseñanza de Lacan apunta al sujeto de la ex/sistencia, a saber un sujeto no cognoscente, fuera de su propia existencia e aquí la primera problemática que habrá que resolver puesto que a primera impresión parecería que se trata de dos sujetos distintos, sin embargo más que tratarse de dos sujetos distintos de lo que se trataría sería de dos tiempos lógicos diferentes, el primero psíquicamente hablando que viene a funcionar como segundo; el de la humanización del goce absoluto, un sujeto castrado y barrado por el lenguaje, y el previo a esta inscripción significante que seria el de la ex/sistencia que estaría ligada a un sujeto en contexto puro.
Este movimiento que sería el más fundamental nos muestra que de aquí en adelante este sujeto atravesado por el lenguaje y sometido a ley del significante será un sujeto insertado a nivel de su existencia. Stavrakakisen 1999 citando a Lacan comenta “el sujeto deviene en ser en tanto accede a ser representado por el significante: es el orden simbólico el que es constitutivo para el sujeto”
De forma general podríamos hacer referencia a aquello que Freud nos mencionaría en Tótem y Tabú con respecto a la asunción simbólica, es decir, que ante la muerte del Padre y de la escena canibalista de comérselo, atendiendo al imaginario de que en su cuerpo real estaría el preciado “su atractivo” al momento de darle muerte este retornará como culpa y es a causa de ello que tendrán que instaurar un tótem instituyendo así la posibilidad del límite para el goce y no solo eso si no que el hombre real retornará de aquí en adelante en su función, mediadora, a saber, como agente simbólico, prohibiendo así la posibilidad de tener un acceso a la mujer del Padre, formulando por un lado, la ley de prohibición del incesto y por el otro el acceso a la cultura. Dicho de otra manera lo que mímicamente encontramos en Freud y en Lacan lo que formulará como “metáfora paterna” es lo constituyente en todo humano, es decir, esa renuncia de aquello que todo sujeto “tendrá que dar cuenta, a saber la falta fundamental de la satisfacción del goce absoluto pagándolo así lo acepte o no con “el malestar en la cultura”
Coincidimos con Agnes Afflalo (2002) que esta división que se produce y se producirá por la vía del lenguaje en el sujeto nos indicará que para el ser humano no hay ni habrá de ahora en adelante una relación directa con la naturaleza, es decir vivirá exiliado de su posibilidad absoluta del goce, es decir, que no podrá gozar sin problemas.
Con respecto al deseo en un principio nos encontramos que en Lacan su primera tesis apunta a “que el deseo en el genero humano debe hacerse reconocer” en este mismo texto Lacan definirá el deseo como evanescente cuyo único objeto será ser reconocido por el otro, en otras palabras “se trata de hacer reconocer el deseo” al respecto podemos encontrar que en este mismo texto Miller plantea una salida advirtiendo que y tal como lo plantea Lacan en el discurso de Roma: el For-da Freudiano nos indicará que allí se trata de un campo de fuerza del deseo es decir, que en ese punto el deseo del pequeño será neutralizado por la madre, puesto que de ahora en adelante “lo que será requerido es el retorno del carretel y no más el de la madre, es así ese deseo habrá sido neutralizado”
Lo descrito anteriormente nos muestra una posible salida que no se podría pensar en el circuito del reconocimiento, es decir Lacan teoriza la acción del for-da alegándonos que allí el deseo ha de ser no solamente negativizado sino a demás sustituido, también teorizará que: en el origen antes del lenguaje el deseo solo existe en el plano de la relación imaginaria del estadio especular; existe, es decir, proyectado, alienado en el otro “La tensión que provoca no tiene salida”
En que se traduce esto, en lo que el encuentro con el primer objeto puede producir, solo sí es posible una renuncia bajo las condiciones precisas, a saber, una posible salida –el lenguaje- pero esto lo abordaremos a su debido tiempo ahora nos conformaremos con puntualizar qué esta aseveración nos las muestra también Freud y no los presenta desde un principio proponiéndonos que: La entrada del pequeño organismo, el primer llamado que hará para ser colmado nada tiene que ver con el Inconsciente, en la medida que del mundo y de sí nada sabe, será hasta que ese primer encuentro donde la primer satisfacción sea convocada de “alguna manera” para colmar una necesidad puramente fisiológica, cabe señalar que este primer encuentro se dará sin saber de que se trata, pero sin embargo algo quedará registrado, dígase el recuerdo de la satisfacción primera, no será hasta un segundo momento y volviendo al circuito del displacer que el pequeño valiéndose de la primera experiencia aspira a satisfacer su necesidad bajo una “idea alucinatoria” registrada desde la primera experiencia, provocándose así un falló que le pone en entredicho la imposibilidad de ser autosuficiente, sin embargo, se vera forzado a relanzar un llamado ahora ya con las implicaciones que este tenga, a saber, instaurando un primer principio a decir, la inscripción del carácter humanizado de la pulsión. Abriendo con ello la brecha entre la satisfacción de una mera necesidad institual a la satisfacción de una demanda propiamente pulsional.
Es en este punto donde colocaremos las primeras inscripciones y conformaciones del Icc. ¿Que significaría esto en aras del deseo? Sin lugar a dudas que es gracias al lenguaje en el sentido más pleno y gracias a la incursión del organismo al mundo de los hablantes que ya lo precede este logra alienarse a la red de significantes que de ahora en adelante lo ha de significar. No obstante la trampa a la que será sometido es a quedar fuera pero al mismo tiempo dentro de su propio deseo es decir un deseo también atravesado por aquello que le dio lugar al mundo de significantes a saber el otro.
Dicho en otras palabras, aquí encontramos la fuente inaugural de toda relación aun no dialéctica, pero que sin embargo pone al niño en la posibilidad tal de instituirse como sujeto parlante, ahora, si bien hablamos de la posibilidad de humanización del deseo por vía del lenguaje. En esta primera experiencia tenemos entonces, por un lado la “ruptura” posible entre un deseo puro ligado a la muerte y por el otro el establecimiento de un deseo ligado a la vida, pero que no por haber tenido el efecto de ruptura el primero desaparece del todo. Lo que deja como resultado es además de todo lo que en Freud se conoce como la parcialidad de la pulsión, fuera del absoluto instinto.
En otros términos, en lo que consiste esto es precisamente en hacer posible que el niño pueda producir de esa vivencia inmediata y sustraerse de ella dándole un sustituto ya del orden de valor simbólico.
A esto Freud nos comentará que aun no siendo reprimido ni susceptible de conciencia también es Icc. a saber, la represión primordial, “la cosa debe perderse para ser representada” (Dor, 2000) Es decir, el sujeto será representado de ahora en adelante “conforme a una realidad”
Retornemos al punto anterior, en qué condiciones queda el niño después de lo estipulado anteriormente, entre la posibilidad del ser o del tener, dicho sea de paso ser el único deseo que colme la falta de la madre, es decir, tal y como Dör lo apunta: “la vivencia inmediata del niño se basa en el modo de expresión de su captura, a saber dentro de la dialéctica del ser” he aquí la función metaforizante de la ley del padre que vendrá a fungir como mediadora para poner al pequeño en condiciones de sujeto no así de objeto de deseo de la madre.
Esto es lo que en Lacan vendrá a forzar a una nueva ruptura, a saber, del deseo del sujeto alienado a la instancia puramente imaginaria, sometido al deseo del otro, sin más, y que solo podrá salir de esta relación a partir del lenguaje, es mediatizado por él, a ello Lacan en 1954 comenta “la palabra es esa rueda del molino donde constantemente se mediatiza el deseo humano al penetrar en el sistema del lenguaje”(Lacan 1954).
Si hacemos mención de un deseo mediatizado por el lenguaje es por que de esto se tratará en la medida que la palabra viene a dar muerte al órgano para dar vida al cuerpo.
Parto del pensamiento que para hablar del deseo en los tres registro habrá que articularlos de una u otra manera, buscar los puntos de encuentros y desencuentros respectivamente. Cabe mencionar que hay tiempos lógicos de anudamiento entre lo imaginario y lo simbólico y además las articulaciones se hacen composterioridad. Dicho lo anterior tenemos una primera aproximación tal y como lo venimos mencionando, por un lado la mediatización del y por el lenguaje y su formalización propiamente dicha y por el otro un momento previo que seria la incursión del individuo al mundo de los parlantes sin embargo entre un primer tiempo y el otro el recorrido que el cuerpo tiene que hacer hasta el anudamiento y formalización de lo simbólico se hará por la emergencia de lo imaginario, lo real aunque seguirá allí tanto antes como después de estos movimientos, también tendrá su articulación puesto que de ello todo resulta.
En el seminario la psicosis Lacan parte del narcisismo centrándose en que el problema en Freud con respecto a ello se encuentra en el retraimiento de la libido y es así como se pregunta qué otras formulaciones se pueden hacer al respecto en aras de quitarle el sentido que hasta ese momento se le ha adjudicado a este concepto a saber antes de dirigirse a los objetos externos hay una etapa donde el propio sujeto toma su propio cuerpo como objeto.
Más adelante comenta, “respecto al saso dora” la mediación del señor K es lo único que le permite a dora mantener esa relación soportable, no por que el objeto sea de su mismo sexo si no por que tiene con su padre relaciones de identificación y rivalidad, es decir ambivalentes. De allí dora experimenta ante su padre un fenómeno alucinatorio no de índole psicótico pero sí aclaradora con respecto al campo de lo imaginario y para la relación interhumana con el deseo. Es en este sentido que le damos lugar a nuestra observación si el yo es desde un inicio y por si mismo “otro” el yo es el amo que el sujeto encuentra en el otro. ¿Qué encontramos en esta relación entonces? Sin lugar a dudas una relación de dominio de un amo que se encuentra adentro y afuera produciendo un equilibrio dígase imaginario.
Lo imaginario sería entonces para nuestros fines una identificación especifica y alienante para con la madre, pero que al mismo tiempo al final daría la salida para la identificación con y para la ley paterna dando así lugar a una relación dilectizante y ya no haciendo corto circuito en esa relación dual con su cuerpo y con su la madre.
Pero que significa esto que esta falta fundamental que atraviesa todo sujeto hablante, es decir, la diferencia sexual por un momento a partir de esta identificación primaria con la madre se ve suspendida al menos en la experiencia en niño.
Sin embargo tiene la función de captura sobre la cual se condiciona toda relación con la imagen ajena del otro. Ante esto tenemos que lo imaginario tendrá dos maneras de articularse, por un lado por el orden de la función de lo que produce mediante la identificación y por el otro al distanciamiento como un segundo momento a la entrada de la ley del padre. A que nos referimos con esto que en la medida que el pequeño logre gracias a la función paterna diferenciarse entre él y el otro delimitará su propio deseo, es esto lo que encontramos en el Edipo sin lugar a dudas, a saber, que la relación imaginario con el otro quedará reducido a la ruina por la asunción simbólica y esto será concebido como algo súper puesto en la medida que funcionara como ordenador de lo estrambótico que puede resultar lo puramente imaginario, a decir una tensión altamente agresiva.
Volviendo al punto del registro imaginario y su correlación con la elaboración simbólica producida gracias al arbitro del sujeto, a saber, de aquel en que se piensa y el que responde de mi ser en tanto qué, sin ese él no podría existir. En el sentido de la existencia, es decir de otro modo no podría ser representado.
A manera de conclusión podemos decir qué a lo largo de este recorrido hemos reconocido al deseo en una dimensión puramente especular, esto permitiría colocar el germen del deseo en el pequeño de ahora en adelante, es un deseo articulado a la imagen ya no ni exclusivamente de si mismo sino del Otro, ubicándolo de esta manera en la dialéctica del tener y ya no en la del ser como hasta antes se había propuesto. Será entonces el lenguaje que vendrá a anudar esta articulación proponiendo así la entrada consistente a todo deseo del sujeto liberándolo por llamarle así de toda tensión especular pero sin liberarlo jamás de la marca significante.
Juan Pablo Sánchez Domínguez
Referencias