Del analista, del analizante y al sujeto

Juan Pablo Sánchez Domínguez *

 

 

Lacan - Freud - Psikeba

Resumen

Lo que esbozo en este artículo es: Desde Freud se plantea cuáles son las direcciones que se  tomaran en cuenta para  el despliegue asociativo de lo Inconciente, y que aquello que se pone  en juego en la clínica psicoanalítica tenga como resultante un acto analítico.

Lacan continuando la obra de Freud nos indicará que en la clínica se trata de un acto de amor, en la cual el paciente pone al psicoanalista como aquel que posee aquello que le hace falta, -inicialmente como acto transferencial-, pero después este lugar de “supuesto saber” en el que el analista estará colocado, servirá de pivote para el advenimiento del sujeto de lo real.

 

Abstract

Since Freud it has been established what are the directions to be taken in consideration for the associative deployment of the Icc and intent put all that appear in the Psychoanalytic clinic like an analytical result.

Lacan based on Freud’s theory tell us that the psychoanalytic clinic is an “act of love” work where the patient places to the analyst as someone who “ce qui lui manqué” (has “what he need”) - initially like a transferential act- but after this position of “subject suppose au savoir” where the patient places to the analyst, its what will serve as a pivot for the advent of the real subject.

 

 

Del analista, del analizante y al sujeto

 

I

A manera de inicio puedo mencionar que el trabajo tan fructífero que Freud realizó para encontrar un dispositivo que le permitiera, por un lado, la comprensión de los fenómenos histéricos y por el otro,  el abordaje de aquellas mujeres con dichos padecimientos que hasta esa época permanecían desconocidos por la ciencia médica, en el entendido que rebasaban hasta ese momento su compresión, es en este punto que la genialidad de Freud contribuye históricamente y de manera genuina con un dispositivo que tendrá como primer encuentro el entendimiento de los acaeceres psíquicos de lo Inconciente, es decir que sería Freud quien tendría la posibilidad de fundar lo que ahora conocemos como: una clínica bajo transferencia, asociación libre, atención flotante y un principio: La ignorancia docta. Cabe mencionar que este último  descubrimiento sería lo que trazaría no solamente la dirección del acto analítico sino que también fundaría la relación terapéutica que el clínico habrá de establecer con ese saber que le es conferido y que indudablemente no le pertenece y que lo pondrá  a saber,  en “un lugar supuesto” evocado, claro está no sin ese motor transferencial, que por la vía del amor se funda y que para el psicoanálisis a diferencias de muchas “terapéuticas” es fundamental un “saber que-hacer con ello”, con ese efecto que se produce y adonde encausarlo, a decir, a la apertura de lo Icc. Este descubrimiento nos permitirá también entre otras muchas cosas distinguir otro elemento en extremo fundamental que en las propias palabras de Freud podemos colegir de la siguiente manera:

Nos negamos de manera terminante a hacer del paciente aquel que se pone en nuestras manos en busca de auxilio un patrimonio personal, a plasmar por él su destino a imponerle nuestros ideales y con arrogancia del creador a complacernos en nuestra obra maestra luego de haber formado a nuestra imagen y semejanza.(Freud, 1919 p. 160)

 

Freud en este planteamiento es bastante claro, puesto que nos indica que tendríamos que vérnosla a no responder desde donde somos convocados a decir, al consuelo del paciente, como si se tratara de decirle que es lo que tendría que hacer con su padecer o respondiendo, como si fuéramos poseedores ejemplares de vida o peor aun ensalzarnos de poseer un saber sobre él y abusando de lo que para ellos aparece como reprimido, desconociendo completamente el carácter del pilar de la propia clínica psicoanalítica “el paciente no sabe que sabe” si hacemos caso omiso a esta enseñanza Freudiana envés de ser pivotes para la apertura de lo Icc, seriamos quienes mantendríamos a los pacientes fuera de la puesta en juego de su que-hacer psíquico a decir verdad esto es un acto antipsicoanalitico.

Es por ello que más tarde Lacan nos haría ver que será necesario evitar toda actitud que se preste a una imputación de consuelo. “En este sentido es necesario que el analista tenga tetas,  pienso que ante la transferencia el analista habrá de suscitar el deseo del paciente” (Tarrab, M. 2001) es decir, ser capaz de poner al paciente a hablar de ese saber negado y reprimido Icc. más no hacerse cargo de ello, es decir sin  prostituir su praxis.

Estos hechos nos ponen en entredicho algunas cosas, por un lado; no hacernos cargo de la responsabilidad del paciente y por el otro no encarnar el carácter del ideal al que somos convocados.

Dicho de otra manera,  allí donde el paciente haría el llamado a la buena voluntad y al buen decir del analista, la respuesta será dígase “en contra” y no precisamente por que así lo sea.

Freud ante esto nos indica que este acto convocará al paciente al despliegue asociativo  de las determinaciones del Inconciente. En este mismo orden Lacan  nos comenta en 1961 que: El analista será capaz de sostener simplemente para funcionar como pivote de la puesta en acto del Inconciente; ofrecer  el lugar vacante para que el analizante se realice como deseo del Otro.

Pensándolo de esa forma estaríamos frente a un problema, ¿De qué lugar se trataría? Para ello Lacan saldrá de la cuestión, refiriéndose a un lugar que haga “la función de semblante”; esta aseveración nos permitiría pensar de una forma topologizable y lógica la idea de lugar, articulándose en este punto  entonces, el goce y la transferencia puestos en juego.

En este mismo orden, para Freud la emergencia del amor de transferencia es inevitable, el deseo en tanto indestructible, juega en ellos las condiciones del amor y sus determinaciones infantiles, forma Freudiana de nombrar el fantasma erótico. El nombre clínico sería entonces, te deseo aunque no sepa cómo, esto tiene una función de articulación, como ya mencioné anteriormente. De este modo también tendría que aparecer en esta articulación además “alguien” particular que ofrezca ese lugar, y de “alguien” que sea “capaz” de brindarlo, en este punto es también hacer la función de semblante.

Este lugar de semblante es fundamental por parte del analista para producir el acto propiamente analítico, en la medida en que permitiría ubicar al analista en posición de “supuesto saber” y al paciente en posición de aquel que no sabe, puesto que se trata de un saber propiamente Inconciente que hasta ese momento es desconocido por él. La posición antes mencionada habrá de posibilitar en la experiencia, que el analista no sature, es decir que su propia posición no sirva para saturar esa verdad fundamental de la diferencia radical de los hablantes que se impondría en el último punto del analisis que sería: La irreductibilidad de la realidad sexual.

 

Cabe aclarar que este lugar de función de semblante es el que fijaría la apertura de lo psíquico, es en este sentido que esta condición de semblante seria lo que únicamente se entendería como “lugar” por tratarse de una cuestión propiamente imaginaria y no la posición del analista como tal, puesto que allí no hay lugar, allí donde el Inconciente puede decirse se ubica como irreductible. Es así que en el acto analítico se apuesta al encuentro con la diferencia radical entre un sujeto deseoso de saturar y otro deseoso de no hacerlo.

 

II

En 1960 Lacan en el seminario “la transferencia”  parte de la idea central de que al inicio de toda relación esta se encuentra caracterizada por lo que él determinaría un “erastes” y que se entiende como aquel que para sus ojos es el amado y además  que no sabe lo que le “falta” y por el otro lado un “eromenos” que es el objeto amado que no puede determinar que es aquello que constituye su atractivo, y qué es aquello que lo hace brillar delante de todos los demás, es esto,  que en lo referente al amor está llamado no solo a revelarse sino a devenir, a ser presentificado, mientras que hasta un momento anterior era solo una posibilidad, es en este sentido de concretud en la que se fundaría toda relación inicial; llámese si se prefiere condición transferencial pero de ello lo que nos interesa en este momento es saber, que es lo que se juega y que es lo que se produce. Partiendo de esta idea podemos decir qué, entre el amado y el amante no hay ninguna coincidencia lo que le falta a uno, no es lo que está en el otro, ahí esta todo el problema del amor, que se sepa o no, no tiene ninguna importancia, en el fenómeno se queda a cada paso el desgarro y es eso lo que importa, lo que se produce es sin duda un llamado al lugar  -que en el Otro esta la verdad fundamental de sí mismo-.

En este aspecto la relación sobre el cual se fija el llamado de aquel amante nos pone al descubierto que aquello que se desea por su parte esta más que desconocido, es el deseo de otra cosa que no coincide o no guarda ninguna relación con eso que al sujeto lo habita.

 Dicho de esta manera se puede pensar que en el analisis no hay ninguna situación ni lugar concreto para el analista, al menos no en términos de sustancialización y si lo hay sería entonces una falsa situación que lo involucra,  un no-lugar o bien un lugar irreductible como lo es el Inconciente pero, sin embargo, es necesaria esta operación de situación “falsa” y de “no-lugar” ambas en dirección a su función operativa, función en tanto lo que posibilita como acto propiamente clínico, que permite nuevamente traer a la pulsión a lo que es posible articular como demanda; y esto es en fin, un funcionamiento transferencial en el punto que una transferencia  clínicamente hablando no se liga al ideal de la persona del analista-en última instancia-, esto no significa que no empiece por allí, sin embargo, a mi pensar la transferencia en la clínica nos depara otra cosa más allá del planteamiento de lo idealizable, puesto que planteado desde lo ideal implicaría una función dentro de los cánones del significante y al menos al final la cuestión no opera así en el analisis. Me refiero que al principio hay una “acepción” en tanto motor que articula todo lo demás, allí es donde Lacan en 1960, en el mismo seminario y haciendo  referencia al banquete de Platón nos indica que “al principio era amor” y más adelante nos dará la pauta para pensar en la salida a ello, conviniéndonos que: El Otro como se encuentra en el punto de mira, funciona como embrague y a ello  Víctor Brochard tal y cual como  Lacan lo cita en el banquete nos ofrece un adelanto diciéndonos que cuando llegó al asunto de Alcibíades hay un juego divertido que hace posible que la demanda cambie  hacia Fedro, es decir, toma el relevo, de la historia de Alcibíades no se hace cargo, sin embargo, esa posición es altamente necesaria y es esta función doble que caracteriza la función del analista y una  tercera que articula dicho acto.

Me refiero  en primer orden que para que se pueda posibilitar el acto analítico propiamente, es necesario pensar en alguien que posibilite el deseo por el cual ese otro es habitado y lo haga emerger allí, que hasta entonces se encontraba desconocido por él mismo, pero, para que este se realice y al mismo tiempo se haga cargo de aquello que produce cuando se ha ofrecido dicho lugar, será necesario como menciona Lacan tener una función doble o bien incite y posibilite pero que no sature.

Para decirlo en los propios términos de Lacan:

Las coordenadas que el analista será capaz de alcanzar, para siempre ocupar el lugar que le es suyo que se define como el lugar que él producirá para tener vacante el deseo del paciente, para que se realice como deseo del Otro (Lacan, 1961 Pág. 128)

Este planteamiento nos indica que este deseo -el del sujeto- deseo del deseo del Otro, es al fin de cuentas con lo que se ha de encontrar al momento de ponerse en juego como sujeto deseante, a saber, lo que esta allí en marcha por el –otro- lado “el deseo del analista”. Este deseo peculiar establece lo que se denominará como la paradoja del acto psicoanalítico, con esto se responde, con una situación falsamente inventada, es ahí donde se cobra factura el acto, dos deseos puestos en juego donde uno nada tiene que ver con el Otro pero qué sin embargo, el analista responde “como sí” esa es la función para producir la emergencia de aquello que es estrictamente Inconciente y que no es posible de otra manera.

De ahí que la condición, la del analista, así como es planteado con anterioridad, tal y  como   menciona Lacan en 1966 en sus escritos sea “comola función del muerto en el juego del bridge” , es decir, en este plano el analista tendrá que cadavelizar-se para dar paso a su función, si bien se trata de tener tetas y no de ofrecerlas para su saturación, o dicho en otros términos, es una condición que en ninguno de los puntos invita a ocultar la verdad de una diferencia radical y que es lo que al final apunta el analisis o en términos más propios, a saber, se trata de lo irreductible de la no-relación sexual o si se quiere pensar de otra forma “al final” cada sujeto bajo esta condición se encontrará que es siempre y no es más que una suposición.

Es esto sabido y en variadas veces comprobable que al inicio de la relación el sujeto solo viene a medio decirse por medio del deseo del Otro y el analisis nos revela que este orden imaginario constituye la inconsistencia propia  colocando al sujeto ante lo irremediable de su división a la cual siempre esta expuesto aun sin saberlo. En todo lo anterior se trata de dar cuenta de lo “real” de esta división  inaugurar.

 

 

III

Si bien como anteriormente he venido planteando, en esta relación que se articula dentro de la cuestión transferencial hay un corto-circuito que pone en entredicho al sujeto y esto es la función del analista, que viene a ser lo que llamaremos acto analítico y lo que al final de cuentas esto indica es, que entre ese deseoso  y el analista no existe ninguna relación, es decir, el vuelco con que nos vamos a encontrar es revelado en su aspecto más fundamental  a saber la caída del Otro. “El ultimo resorte del deseo, que obliga siempre en el amor a disimularlo más o menos es la caída del Otro A, a otro a”. (J. Lacan, 1961) y es aquí el punto nodal, que de la caída del Otro surge la experiencia fundamental a saber de una relación inédita con aquello imposible de simbolizar, lo real y que si bien nuestra experiencia implica un encuentro ineludible con ello nuestra relación será singularmente distinta de allí en adelante.

Es por ello qué podemos pensar la experiencia analítica tal y como Lacan la propuso en dos vías,  por un lado, que toda iniciación clínica analítica  comienza con una identificación desde el ideal por vía del sujeto, sin embargo, el desgarro al que se enfrentará a cada momento será inevitable, permitiendo constatar de este modo cómo se modifica esa relación inicial, cómo el sujeto construye y constituye una nueva y genuina forma de saber, un que-hacer distinto, allí donde la respuesta es, donde el síntoma hace nudo para el sujeto y además cómo se ha resignificado esa relación distinta con el goce, a decir de lo irreductible. Es justo en este punto que Lacan introducirá casi al final de su recorrido de vida y de enseñanza, el argumento para el fin del analisis: el sinthome, es decir la idea del final de analisis atravesó de la construcción y el atravesamiento del fantasma hasta un saber que hacer con el síntoma y ahí esta la función de lo que denominó el sinthome,  como he mencionado Lacan ya venia gestando desde tempranos momentos en su enseñanza esta comprensión, por ejemplo  al inicio él nos hace mención de un síntoma como verdad, como si se tratará de un elemento que quisiera decir algo, que para el propio sujeto aparece velado y que sin embargo permitiría la funcionalidad de él mismo. Dicho así en este último Lacan habría una diferencia clara entre el síntoma, puesto que apunta más al servicio del goce y en tanto es duradero. Partiendo de esta idea del  síntoma  hay algo más allá de él que pone desde el inicio lo entredicho entre lo real de cada uno de los sujetos, algo que se resiste a toda inscripción y simbolización y que en el síntoma de cierta manera quedará velado, es decir que en el síntoma lo que se anuda es aquello que indudablemente no representa al sujeto; la no relación sexual y que hasta el momento se resiste a lo inconciente.

No hay relación sexual, no hay síntoma que corresponda, no hay síntoma que pueda valer para dar cuenta de esa carencia estructural y es allí donde queda  el sujeto preso de la articulación significante, sin embargo es allí donde el analisis apuesta a articular algo, allí donde la instauración del padre presenta la carencia real, es allí que como suplencia se denota la función del sinthome.

 

 

IV

El final de análisis y el encuentro genuino con un real ineludible, nos muestra la ausencia de la “no relación sexual” que por vía del significante se había tratado y velado hasta entonces a no ser por las formaciones del Icc., sin embargo, este hecho que hasta entonces había sido in-pensable para el sujeto, fue al mismo tiempo lo que dio la posibilidad de garantizar la presencia del síntoma como recurso para aquello imposible de significar de otra manera, a esto Lacan en 1975 nos indicará que en el análisis refiriéndose a su final “Todo sujeto nos revela que es siempre y  no es más qué , una suposición”  es decir, que desde el principio aquello que el sujeto supone ser no es más que el resultado del encuentro con la insoportable diferencia sexual, por lo tanto, el fin de análisis es también un encuentro con la falta estructural de todo sujeto que por más, cesa de no inscribirse, a saber, un sujeto de lo real, y que después de la experiencia analítica  el sujeto podrá darle un lugar  diferente a aquella relación, que hasta entonces parecía imposible de nombrar y no solo eso, sabrá que eso también lo constituye y en virtud de un nuevo lugar sobre ese saber, emergerá aislando así su lógica de operación dando lugar a una inscripción nueva “un nombre propio”.

 

Juan Pablo Sánchez Domínguez

 

 

REFERENCIAS

 

Freud, S. Nuevos caminos de la terapia psicoanalítica. En Obras Completas, Tomo XVII. Amorrortu Editores.

Jacques Lacan. La dirección de la cura, En Escritos 1, editorial siglo XXI, 5ª edición. México, 1977.

Jacques Lacan. Seminario “El sinthome”  Editorial Paidós  Buenos aires, Argentina, 2006

Jacques Lacan. Seminario “la transferencia”  Editorial Paidós  Buenos aires, Argentina, 2003

Tarrab, M. (2001). En  un lazo social inédito. Revista virtualia número 2. Pág. 4

Recuperado en enero 30, 2009 disponible en

http://www.eol.org.ar/virtualia/002/notas/index-002.html

 

[*] Coodinador de la Licenciatura en Psicologia Clinica de la Universidad Autónoma del Carmen. Campeche, México. Psicoanalista, Mtro. en Psicología Clínica y académico de tiempo completo en la misma Universidad y para la misma Licenciatura. Email: jsanchez@pampano.unacar.mx