Inhibición: una ruta hacia a la singularidad

Jesús Manuel Ramírez Escobar *

 

Lacan - Freud - Psikeba

 

Más allá de mirar lo que compulsa ubiquémonos en lo que permanece fijo en cada vuelta. Abordando a la inhibición podremos superar su definición clásica como detenimiento de una acción, apuntando en contraparte al acto de señalar el lugar del deseo. Para entablar una investigación posible se tocarán las implicaciones clínicas del fenómeno de la inhibición teniendo en cuenta la pareja analítica, desprendiéndose la necesidad de establecer un breve recorrido del concepto para desarrollar sus alcances posibles. Al final se abrirá una ruta de trabajo que nos permita pensar que detrás de un aparente detenimiento existe algo que pone a la luz un nuevo sendero en la construcción de la singularidad de un sujeto.

Palabras Clave: Inhibición, acto, angustia, defensa, deseo.

 

 

Inhibition: a path to singularity.

Look beyond what is repeated in response to remaining in each round. Turning to the inhibition can overcome their traditional definition as a detail of action, pointing to act counter to indicate the place of desire. To initiate an investigation can be touched the clinical implications of the phenomenon of inhibition, taking into account the analytic pair, the need to establish a brief tour of the concept to develop its potential scope. At the end will open a path of work that allows us to think that behind the apparent depth is something that brings to light more than ever the site of the greatest singularity over the life of a subject.

Keywords: Inhibition, act, anxiety, defense, desire.

 

 

Inhibition: un chemin d'accès à la singularicé

 

Regardez au-delà de ce qui est répété en réponse aux autres à chaque tour. S'agissant de l'inhibition peut surmonter leur définition traditionnelle comme un détail de l'action, indiquant agir à indiquer le lieu du désir. Pour l'ouverture d'une enquête peut être touché les implications cliniques de ce phénomène d'inhibition, en tenant compte de la paire d'analyse, la nécessité d'établir une brève visite de la notion de développer son champ d'application potentiel. À la fin, ouvrir une voie de travail qui nous permet de penser que derrière l'apparente détail il y a une nouvelle voie dans la construction de la singularicé de chaque sujet.

 

Mots-clés: inhibition, acte, anxiété, défense, désir.

 

 

Inhibición: una ruta hacia a la singularidad  

 

Sus ilusiones fructificaban como una floresta

oculta por los tules del "todavía-no".

Sus palabras revelaban la fuerza de la realidad,

y sus actos tenían la sencillez de un gajo de roble.

Porfirio Barba Jacob

 

Refundido en el estante del mundo, cual pieza de una exhibición, se muestra la estatua de un hombre encerrado en sí mismo, saciando la soledad de su existencia. A gritos mudos invoca su nombre en cada cancelación de movimiento, indica su lugar en el mundo por medio del silencio. No está muerto, sólo no puede parar de estar detenido ante una fuerza que lo abisma. La paradoja de su vida es actuar como una estatua, monumento a una vida que transcurrió y se cristalizó para convertirlo en lo que es: un difunto del acto.

En el presente texto nos arriesgarnos a dar un paso más sobre la inhibición, ya no para concebirla en contraposición a la acción, sino como punta de iceberg de la represión primaria, aquella que funda, en el marco de la existencia, la ruta del deseo. Por esto, pensaremos la inhibición dentro de la dimensión del acto, como un verdadero sendero hacia la singularidad, cuya función devela el tratamiento de lo real en lo simbólico, poniendo en consideración la incompletud en este registro vía lo imaginario que se ofrece como tapón.

Así, una vez dadas las premisas de trabajo trataremos de abordar la inhibición desde dos facetas: la primera de ellas, en su faceta positiva, con su tratamiento desde la posición del analista en la construcción de un síntoma analítico; y negativa cuando se presenta como desmentida (verleuglung) del acto analítico en las figuras del analista y del analizante respectivamente. Con esto podremos ubicar a la inhibición como acto de defensa ante lo real y cuestionarnos sobre las precauciones del analista frente a ella, teniendo siempre en cuenta su cercanía con la represión primaria.

A la par de lo anterior, y coincidiendo con Trobas (2002), ante la evidencia de un cambio en la actualidad de ciertas presentaciones clínicas que van de la mano de detenimiento como: la depresión, el ataque de pánico y las toxicomanías, entre otras; la disciplina psicoanalítica debe obligarse a un estudio a detalle de los fenómenos clínicos en la contemporaneidad de la práctica, dado que las presentaciones de los síntomas propuestos por Freud y Lacan no son las mismos con concurren a consulta hoy en día.

A continuación, se emprende un breve recorrido por el concepto de inhibición en Freud y Lacan con el fin de establecer una ruta de investigación que vaya de lo ya dicho hacia un posible avance.

 

Desde Freud

 

Partiendo de los orígenes del psicoanálisis observemos cómo en la Carta 46 dirigida a Fliess, se destaca un nuevo concepto: inhibición- pensar. Definido como el efecto del despertar de un recuerdo sexual de una época anterior en otra posterior, acarreando un excedente sexual. Dicho fenómeno tendrá una relación con la formación de síntomas, en tanto aquella aparece como otra manera de establecer una formación de compromiso desde la conciencia, hecho que impedirá la formación sintomática, puesto que será una primera defensa contra un excedente cuantitativo percibido en el interior del psiquismo. Sin embargo, ambos (la inhibición- pensar y la formación de síntomas) poseerán, para Freud, un carácter de falacia.

            Posteriormente, en las cartas 52 y 75, la referencia a la inhibición aparece asociada a la teoría de la represión, en la perspectiva de la estratificación sobre capas de inscripciones en correspondencia con el desarrollo de las fuentes erógenas. Así, Freud encara el caso del exceso de excitación sexual en una de las capas como la condición de una inhibición en un estadio ulterior, por imposibilidad de transposición de la huella. De ahí la extensión del concepto a todas las formas de inhibición del desarrollo  que trabajará en Tres ensayos de teoría sexual.

            Anteriormente a dicho trabajo, podemos destacar algunas alusiones con respecto a la inhibición en el Proyecto de Psicología para neurólogos (1895), donde Freud encadena la función del yo a la inhibición, puesto que dicha instancia tendrá como función el libramiento de sus investiduras por el camino de la satisfacción, hecho que tendrá influencia sobre la repetición de vivencias de dolor y afectos por el camino de la inhibición. Ante esto deberá proceder una investidura colateral de una neurona a otra para alejarse del desprendimiento de displacer que puede provocar la conexión con un recuerdo cargado de cierta cantidad de energía que sobrepasa al aparato psíquico, ocasionando displacer.

Ahora la inhibición, producto de la función del yo, se define como una defensa ante los procesos psíquicos primarios en tanto se opone al libre flujo de la descarga. A su vez, esta función traerá un signo de distinción entre la percepción y el recuerdo, hecho que provoca un trabajo en el psiquismo para impedir el desprendimiento de displacer, manteniendo a la investidura-deseo en cierto nivel para evitar la descarga, hecho que la llevaría a entrar en conexión con un recuerdo hostil que sobreviene del mundo interior. 

Este factor tendrá como resultado el juicio de realidad, dado que sólo, luego de la inhibición por el yo, será provocada la desemejanza entre la investídura-deseo de un recuerdo y una investidura-percepción semejante a ella.

            Lo anterior, es retomado en La Interpretación de los Sueños (1900) cuando Freud alude a la función de la censura onírica, pues si un deseo sofocado supera la inhibición que establece el segundo sistema en la conciencia, se producirá displacer. En este momento, donde queda explicitada la primera tópica, se entiende que toda censura provendrá del sistema Preconsciente en relación con el sistema Percepción – Conciencia, lo que arrojará el discernimiento de dos procesos que se encontraban esbozados en el Proyecto de Psicología para Neurólogos (1895): el proceso secundario, ya mencionado, se impondrá a través de una nueva investidura llamada quiescente, al proceso primario establecido en el sistema Inconsciente, el cual busca un libre acceso a la conciencia.

A su vez, en dicho texto podemos observar un primer abordaje de la inhibición en relación a la angustia, definida como un impulso libidinoso que parte del inconsciente y que será inhibido por lo preconsciente. Como podemos observar, la noción de defensa se manifiesta por primera vez ante la angustia, aunque cabe señalar que en este momento del desarrollo freudiano la represión es una manifestación de la defensa o incluso pueden sen considerados términos homologables.

Un viraje decisivo en lo que a la clínica respecta, se produce cuando en el texto A Propósito de un caso de Neurosis Obsesiva (1909), podemos ubicar la inhibición en el génesis mismo de la compulsión, dado que si en el extremo motor del sistema del pensar se presenta una inhibición por la presencia de dos afectos contrarios, la formación de pensamientos abordará regresivamente el accionar.

Estos desarrollos anteriormente citados, encontrarán una reformulación tras el desarrollo de los escritos sobre metapsicología, como se demuestra en los textos sobre La Represión (1915), Lo Inconsciente (1915)  y  Pulsiones y Destinos de Pulsión (1915) donde Freud formula una visión dinámica del aparato psíquico, ubicando a la inhibición en cercanía a la represión producida sobre el contenido de representación de la agencia representante de la pulsión, sustrayéndola de la conciencia, lo que trae como resultado inhibición como efecto de una inervación hiperintensa. Dicha represión encontrará su lugar de acción en el preconsciente y se encargará de inhibir la meta de satisfacción de las pulsiones.

Por último, en el texto capital sobre el tema que nos ocupa: Inhibición, Síntoma y Angustia de 1926, Freud menciona la notable relevancia clínica de la distinción entre inhibición y síntoma, dado que existen presentaciones de casos que muestran sólo a la primera.

Inicialmente, encontrando en la inhibición un nexo particular con la función, sin una relación necesaria a un aspecto patológico, se podrá dar entonces ese nombre a la limitación normal de una función. En cambio, el síntoma equivaldría como indicio a un proceso patológico, donde se trata de una desacostumbrada variación de la función o de una nueva operación. Entonces, también una inhibición puede ser un síntoma como en el caso de la parálisis motriz, que en ciertos casos de histeria impide la locomoción. Pero sin duda es preferible reservar el uso de este término a los fenómenos que implican una verdadera renuncia a una función, renuncia que tiene por sede al yo.

En esta perspectiva se puede intentar una descripción más precisa: la función que un órgano cumple al servicio del yo se ve inhibida cuando su significación sexual se incrementa.Aquí, dice Freud, el yo renuncia a ciertas funciones para no tener que emprender una nueva represión, para no entrar en conflicto con el ello. Otras inhibiciones están al servicio del autocastigo, como en el caso en que el yo renuncia a un éxito profesional, éxito que un superyó feroz puede prohibirle. Entonces, en este punto podemos encontrar una diferencia entre la represión y la inhibición por el marco de acción que cada una posee.

De lo anterior Freud distinguirá cinco funciones sujetas a inhibiciones: la función sexual, la alimentación, la locomoción, el trabajo social y las inhibiciones especializadas, concluyendo que éstas son limitaciones de las funciones yoicas, sea por precaución o a consecuencia de un empobrecimiento de energía. Lo que facilitará el discernimiento entre la inhibición y el síntoma. Este último ya no puede describirse como un proceso que suceda dentro del yo o que le suceda al yo.

En lo tocante a la relación inhibición – angustia, Freud ocupará el ejemplo de Hans quien, ante la incomprensible angustia frente al caballo, manifestará un síntoma;  éste tendrá eco en la inhibición bajo la incapacidad para andar por la calle, una limitación que el yo se impone para no provocar el síntoma-angustia. En este punto,el hecho de que el yo pueda sustraerse de la angustia por medio de una evitación o de un síntoma-inhibición armonizará muy bien con la concepción de que esa angustia es sólo una señal-afecto, y de que nada ha cambiado en la situación económica.Elpropósito, y también el resultado, de prevenir tales estallidos de angustia, ocasionan que pueda llamarse síntoma también a toda inhibición que el yo se imponga.

Hasta este momento encontramos lo que en la teoría freudiana se ha establecido en relación a la inhibición, localizando distintas vueltas en relación a este concepto, pasando de la cercanía entre el proceso de represión y el de defensa ante a la satisfacción pulsional, hasta su definición como limitación funcional del yo siendo un signo que afecta la clínica en aquellas manifestaciones que elucidan un lugar defensivo ante la angustia en relación al síntoma como formaciones de compromiso. Sin embargo, se disipará su homogenización en tanto la inhibición es referida al yo y la represión al inconsciente, aunque una podrá apuntar a la otra como ruta de abordaje en la clínica.

 

Por Lacan

 

Con respecto a la lectura que hiciera Lacan acerca de la inhibición, podemos enfatizar dos momentos de su enseñanza en relación siempre con la angustia, el deseo y el síntoma. El primer momento será durante el Seminario 10: La Angustia donde relaciona la inhibición con la represión primaria como defensa ante el goce; y el otro a finales de los sesenta, con los seminarios sobre la lógica del fantasma y el acto analítico, donde Lacan se refiere a la Verleunung de dicho acto como factor estructural donde el sujeto no puede reconocerse, pues el acto realizado va más allá de su lugar de sujeto, por lo que el sitio del analista debe trazarse por la ruta del objeto a para ir más allá de dicha inhibición propia del análisis. Así, no sólo hablamos de una inhibición en la ruta del analizante si no en la posición que toma el analista en su acto, pues al perder su espacio puede confundirse con los efectos de la Verleunung, condenando su análisis al infinito.

Con respecto al primer periodo, Lacan aborda la inhibición desde el texto freudiano Inhibición, Síntoma y Angustia, estableciendo una matriz de la siguiente manera:

 

Inhibición

Impedimento

Embarazo

Emoción

Síntoma

Pasaje al acto

Turbación

Acting Out

Angustia

 

Partiendo desde la inhibición, en forma vertical, ubicará la dirección del movimiento y en forma horizontal a la dificultad. En lo que respecta a la primera, ubicará a la emoción como detenimiento de la acción y, en relación con la angustia, a la turbación como  producto de las relaciones del deseo y la angustia, localizando el objeto a.

En lo que refiere a la dificultad, Lacan sitúa al impedimento en el lugar del síntoma como aquello que opera por una captura narcisista en la imagen, embrollando al sujeto en ella, posteriormente situará el embarazo como lugar del sujeto revestido por la barra, sujeto del inconsciente.  

En consonancia, Lacan definirá a la inhibición desde el impedimento, como "síntoma puesto en el museo", planteando la cuestión de qué estatuto tendría ese síntoma mientras permanece en ese espacio. De manera que, de tal estatuto, se podrían extraer algunas de las condiciones necesarias para su transferencia a otro lugar; al que se dirige la interrogación cuando la inhibición se muda en síntoma, es decir, se torna un impedimento para el sujeto. Entonces, quedará abierta la vía del embarazo, donde el sujeto está dividido, debido a que no tiene tras qué parapetarse gestándose la pregunta por la causa. Dado que a nivel del deseo es imposible hallar en sí mismo su causa, el sujeto tendrá que buscarla en el Otro y así nace la posibilidad de la transferencia. Sin tal transferencia, el síntoma no podrá ser atrapado por los oídos. La metáfora del museo utilizada por Lacan y por nosotros al inicio del texto, alude a la detención, al grado máximo de ausencia del movimiento.

A su vez, podemos destacar que existe, para Lacan, una correlación entre inhibición y deseo que permite captar una de las raíces de la represión primaria. La cual será definida por Lacan como la ocultación estructural del deseo detrás de la inhibición. La represión primaria implicaría admitir que el deseo mismo es una defensa frente a la angustia que provoca el deseo del Otro. Es la angustia bajo la apariencia de la pregunta: ¿Qué quiere el Otro de mí? Cuando el sujeto responde, interpretando lo que el Otro quiere de él, se constituye el deseo del Otro. Así obtiene una ventaja: la de no tener que afrontar el deseo del Otro como mero desconocido, es decir, como pura maldad. Y al mismo tiempo, la respuesta inconsciente, conlleva una satisfacción. Es el modo del inconsciente de gozar en las representaciones.

Aquí el esfuerzo psíquico no se hace para que el deseo se realice, sino para mantener a distancia su realización. Todo lo que es del orden de la realización del placer esperado sólo puede ser desvío. La represión se ejerce para no perder ese goce que porta la representación primaria inconsciente e induce a que en el lenguaje haya algo del orden de la representación secundaria: retorno de lo reprimido. Pero esa misma representación secundaria, desviada, existe porque hubo una represión primaria; representación en la que el sujeto, sin saberlo, tiene cautivo su propio ser. La inhibición cumple aquí su función en la no realización del ser, para que permanezca a nivel de la representación, su máxima intimidad le es ajena, puesta a lo lejos.

Por el contrario, la falta de inhibición, desemboca en la angustia, que señala la proximidad del saber reprimido y la puesta en función del objeto a. Éste ya está dado allí como producto de la angustia primitiva, determinada por la introducción de la Demanda del Otro que lo produjo como resto. Toda función del objeto a se refiere entonces a esa abertura central que separa a nivel sexual el deseo del lugar del goce, que condena al sujeto a una necesidad que quiere que el goce no le esté prometido al deseo, que este no puede más que ir a su encuentro y que, para encontrarlo, el deseo no sólo deba comprender, sino atravesar el fantasma mismo que lo sostiene y lo construye, es decir, la angustia de castración.

El objeto a constituye el referente del goce más allá del Otro, localizando el goce en tanto recortado del lugar del Otro. Así circunscribe su falta que es traducida como pérdida de goce, es allí donde se afinca su función de causa del deseo. Por eso una de las definiciones de goce que da Lacan es la realización de la falta.

Con respecto al objeto a en la inhibición, Lacan dirá que estar impedido, síntoma de la inhibición, es estar tomado en la trampa narcisista. Por el mismo movimiento con el cual el sujeto avanza hacia el goce, es decir, hacia lo que está más lejos de él, encuentra esa íntima fractura bien cercana (extima), a causa de haberse dejado tomar en el camino por su propia imagen. Pero el espejo no es solamente aquel en el cual emerge la jubilosa asunción de la imagen especular, sino también el que conforma el espacio en el cual, en el campo del Otro, "aparece" el lugar vacío que inscribe la castración: lo que Lacan designa como menos fi. El objeto a, lo que falta, es no especular, no es aprehensible en la imagen pero está representado en la imagen por el menos fi.

La inhibición se producirá por la introducción en una función del yo de otro deseo, diferente de aquél que la función satisface de una manera natural. Retomando la función primaria del deseo como defensa. En este lugar tendrá relación la inhibición con el acto, el cual no puede definirse como algo motor o que ocurre en el campo real, sino que en el campo de la realización del sujeto, implica la prioridad del objeto a, es decir, atravesar un punto de angustia. Un acto es una acción, en tanto se manifiesta en ella el deseo mismo que habría estado destinado a inhibirla. Mientras el sujeto permanece guardado en la inhibición, goza de su representación. Por permanecer el objeto a oculto, el sujeto queda retenido en su representación del Otro. En este momento de la enseñanza de Lacan podemos vislumbrar una cercanía al concepto de deseo como defensa ante la angustia siempre y cuando exista una relación con el acto mismo que la función ha tratado de inhibir.

Aunado al trabajo anterior, Lacan en la clase del 22 de febrero de 1967, durante el seminario sobre la lógica del fantasma, localizará un efecto del acto analítico que es la Verleugnung, es decir, que el sujeto no se reconoce nunca en el acto, aún cuando este es capaz de haberlo cometido, lo que podría arrojar una pregunta acerca de si esto no remite a una inhibición propia en la estructura del acto para el analizante. Sin embargo, Lacan aclara inmediatamente que el acto remite a la instauración de un sujeto como tal; de un acto verdadero el sujeto surge diferente por efecto de un corte, hecho que modifica su estructura teniendo como correlato el desconocimiento o el límite puesto a su reconocimiento.

Posteriormente, en el seminario del acto analítico, en la clase del 28 febrero de 1968, Lacan avanza un paso destacando la ligazón estructural entre el acto y el registro de la Verleugnung, pues se  trataría de un no-reconocimiento del sujeto acerca de los efectos del acto, ya que estaría totalmente transformado por él. Por esto mismo, la función del analista en dicho acto estará soportada por su lugar de objeto a, puesto que todo efecto de comprensión lo llevaría a la inhibición del acto analítico en la medida en que al ubicarse como sujeto se descalifica, siendo señal de que no está a la par del mismo. Por eso el propio acto no puede funcionar como predicado. Y para imputar al sujeto que determina, es conveniente someter  a prueba  el objeto a. Para Lacan, habrá un analista en la medida en que su acto le confiera un antes y un después. Por lo tanto, el psicoanalista se hace de objeto a, es decir, que se hace producir de objeto a: con objeto a.

 

Y un paso más…

 

Como hemos logrado constatar, la inhibición no es sólo la limitación de un movimiento, se trata de un proceso cercano a la defensa que extiende sus raíces hacia la represión primaria, como protección ante la invasión de goce; a su vez, hemos visto su cercanía con el proceso analítico mismo en lo que en materia de acto respecta. Ahora, tratemos de unificar esto en una proposición que nos permita avanzar en la clínica desde la pareja analítica.  

En lo que concierne a la figura del analizante, Miller (2003) ubica a la inhibición como una reacción ante lo real, a partir de un no-poder que parece absoluto, presentándose como un muro ante el inconsciente, hecho que evidencia la insistencia de algo más poderoso, de otro orden de la represión y refractario a la interpretación. Con lo anterior, la inhibición se observa como un modo de oponer al deseo frente a lo real del goce. Además, se podrá pensar a esta en la posición del analista,  tomando el relevo ético que implica, para así permitir la eficacia del acto analítico reestableciendo al analista en tanto objeto para el fantasma de su paciente, posición desde la que en transferencia, orada el sentido en la extracción de la letra.

La inhibición se opondría, desde este planteamiento, al acto analítico como núcleo residual de goce, como tapón. Es el concepto que nos conduce no sólo a la parálisis del yo, ya que concierne al objeto en lo más inercial del fantasma.

Ahora bien, recordando el trabajo de Lacan en el Seminario 25, si la inhibición se produce en la hiancia entre imaginario y real, es en tanto en la cuerda de lo real el goce se acumula con la consecuencia de su adherencia a la imagen y de la marcada detención ante el agujero de lo simbólico. En esos momentos la imagen no quedará engendrada desde el agujero. La posición del analista entonces, no basculará como semblante y la temporalidad de la transferencia quedará afectada.

Si bien el narcisismo se despeja desde el análisis previo del analista, ello suele no alcanzar porque el goce lo pone constantemente en peligro en el encuentro cada vez renovado con el fantasma de su paciente.

Para plantear el problema, recordando lo que postulara Freud en El problema económico del masoquismo (1924), notamos cómo el masoquismo erógeno acompaña a la libido en todas las fases de su desarrollo, tomando prestados sus cambiantes revestimientos psíquicos. Como consecuencia, en cada una de las estaciones del recorrido de los objetos de la pulsión: oral, anal, fálico, invocante y escópico, habría un sedimento masoquista.

Dicho sedimento se expresaría como fuerza de apoderamiento, poder de atracción, adherencia del masoquismo erógeno que puede afectar a la posición del analista en tanto objeto en el fantasma. Entonces, no sólo se trata para el analista de la abstinencia al poder que la transferencia le otorga, sino también de batallar contra el apoderamiento que en su exceso puede capturarlo en su posición de objeto, ya que si desde la inhibición lo real hace que giremos en círculo, es preciso decir que el masoquismo contribuye con su aporte, siendo lo mayor del goce que da lo real.

El planteamiento formulado, en el enlace entre inhibición y masoquismo erógeno, apunta a pensar al segundo en sus efectos asentados dentro de un terreno clínico más amplio. Entonces, la inhibición no sólo sería un concepto que también se inscribe en el campo de la neurosis, sino que mostraría sus efectos en la posición del analista. El masoquismo es justamente aquello que también ata al sujeto con su montura, el objeto a y con ello en el fantasma se repite en su límite algo de la condición derivada del a pre-subjetivo, forma primera del objeto a, resto sin caída que recuerda sin palabras la instilación del Otro, adherencia máxima que impide establecer la hiancia en el sentido y en consecuencia el acto.

Por ello la experiencia del análisis del analista, la más de las veces debería despejar esa adherencia del a pre-subjetivo para restablecer la posición del analista en cuanto al fantasma como regulador del deseo. De lo anterior se desprende el interrogante de esta cuestión en la dirección de la cura ante la detención del deseo del analista, afectando a la transferencia que se muestra como compensación, realización narcisista que afecta momentáneamente, en el mejor de los casos, al paciente y al analista.

A su vez, la inhibición como fenómeno clínico devela, siguiendo a Ferreyra (2005), que la interpretación en la vía del desciframiento sea inadecuada, puesto que la inhibición no se encuentra cifrada sino coagulada en el sentido. En ella no existe un conflicto psíquico, dado que los elementos traumáticos no han entrado en la lógica del fantasma, lo que llevaría a una operatoria sobre la inhibición de manera que ésta pueda desembocar en síntoma, en la medida en que ese elemento traumático forme parte de la articulación significante por la construcción del fantasma, ya que su manifestación previa es bajo la presentación de palabras sueltas coaguladas como signo.

Al constituirse en la cifra enigmática de un goce, la inhibición ubica a la pregunta por el deseo como defensa, entonces aquello que se presenta puede transformarse en síntoma analítico bajo el efecto de la transferencia. Así se daría una primera justificación en la clínica al hecho de separar al síntoma de la inhibición, puesto que una cosa será si alguien habla y la angustia que sufre está en relación con alguna asociación que va produciendo un trabajo significante. Otra cosa muy distinta es si el sujeto habla descansando de la angustia en la significación simbólica que lo tiene tomado como inhibición.

A la luz de lo anterior, podemos concluir que un trabajo de revisión conceptual sobre este fenómeno clínico, puede arrojar un estudio que aborde nuevas perspectivas a la interpretación, así como a la posición del analista en la concreción del acto analítico. A su vez, dicho trabajo reubica al psicoanálisis de acuerdo al fenómeno social que según Miller (2005) se presenta cuando la ley del lenguaje es desconocida en su función de interdicción, rechazando el poder del significante. Fenómeno corriente en la actualidad cuando los sujetos nada quieren saber de su condición de afectados al habitar el lenguaje. Hecho que se produce en el momento en que dichos sujetos son enfrentados a los objetos de satisfacción, por lo cual se encuentran amenazados  por la angustia, renegando del inconsciente.

Lo anterior, dado que el discurso de la época actual induce, en el lugar de la ley, un contrato narcisístico con el mundo. Fomentando la conversión de dichos sujetos en objetos de la pasión imaginaria, otra pasión que la del significante, como efecto de la malla quebrada de la cadena simbólica, por lo que ahora se tratará de enfrentar una clínica del narcisismo, y cuya afirmación del yo en su aspiración, en su magnificencia, sin fisuras ni faltas, no sabe de pérdidas sino cuando surge la señal de angustia, motivando la serie de presentaciones clínicas que hoy en día conocemos como la depresión y el ataque de pánico, entre otras.

En la actualidad, vivir es hacer una obra con el yo y, como en una nueva religión, rendirle culto. Este hecho motiva una lectura de este proceso social ante la universalización de los sujetos a la luz del estancamiento de preservar la imagen que se aleja de  la singularidad. Pues la condición de ser Uno singular depende de la renuncia del Uno totalizante y pleno.

La tarea del psicoanálisis se ofrecerá en la medida en que logre hacer en estos sujetos de la inhibición, que se defienden con la imagen de toda contingencia de la enunciación, un lugar al deseo denotado como defensa, para así permitir una pregunta que restituya un lugar para el sujeto en tiempos de una homogenización de los individuos. Sólo observando lo que permanece, podremos darnos cuenta de que todo detenimiento es en sí mismo un nuevo sendero hacia la singularidad.

Jesús Manuel Ramírez Escobar

 

 

BIBLIOGRAFÍA

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FREUD, SIGMUND. “Proyecto de Psicología para Neurólogos” (1895). En Obras completas, t. I. Buenos Aires: Amorrortu, 2005.

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MILLER, JACQUES-ALAINLa Experiencia de lo Real en la Cura Psicoanalítica Buenos Aires: Paidós, 2003

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[*] Licenciado en Psicología por la Universidad Veracruzana (México), becario del Instituto de Investigaciones Psicológicas de la misma universidad dentro de la cual fungió como docente adjunto. Ha publicado diferentes artículos tanto a nivel nacional como internacional en revistas especializadas en consonancia con el psicoanálisis y sus distintas relaciones con las disciplinas humanísticas. Egresado de la Maestría en Psicoanálisis de la Universidad de Buenos Aires, donde actualmente cursa el Doctorado en Psicología.