Jesús Manuel Ramírez Escobar *
RESUMEN
En el presente trabajo se da cuenta de la construcción de una lógica de la exclusión en comparación con la formación de identidades en la actualidad que operan bajo la égida de la auto-segregación. Abordaremos la manera en cómo los sujetos diagnosticados previamente con VIH (teniendo en cuenta esto como una identificación cerrada) se permiten una elaboración singular que los lleva más allá de dicho diagnóstico. A la par, se desarrollará una comparación entre este paso hacia la elaboración y la experiencia de los bug chasers que se agrupan desde la segregación para contraer en masa el virus. Al final, podremos situar el trabajo analítico desde la exclusión, en la diferencia entre un lazo social que se construye desde la des-inserción vía un tratamiento, en oposición a otra que anula toda posibilidad de lazo en aras de una formación alegórica que apunta a la muerte del sujeto.
Palabras Clave: Segregación, Exclusión, Lazo Social, VIH
ABSTRACT
In this paper realizes the construction of exclusion’s logic compared with the formation of identities currently operating under the aegis of self-segregation. Address how subjects previously diagnosed with HIV (taking into account that a closed identification) will allow a unique development that leads beyond the diagnosis. At the same time, we will talk about the comparison between this step towards the development and experience of the bug chasers, which are grouped from the mass segregation to contract the virus. In the end, we put the analytical work of exclusion, the difference between a social tie that is built from the detachment from a treatment, as opposed to one that annuls any possibility of a tie for the sake of training points to the allegorical death the subject.
Keywords: Segregation, Exclusion, Social Tie, HIV
Cada tanto la soledad de la exclusión brinda un nuevo camino: el encuentro íntimo con lo que se es, fue y será. Este ser de tres tiempos ofrece su clamor desde un espacio que con el tiempo tratará de apropiarse, espacio de discurso que le otorga un lazo fuera de todo imperativo dictado por la sociedad. Ante el desconcierto de una vida, ahí mismo la singularidad se ofrece como brecha para un análisis.
Antes de iniciar, cabe de entrada la aclaración del uso diferencial de los términos exclusión y segregación sobre los que girará este trabajo. El primero hace referencia al sentido etimológico de ex - claudere que según el diccionario de María Moliner apunta a cerrar, dejar fuera de un lugar a alguien o algo. Mientras que el segundo término alude a segregare, que si bien apunta al acto de separar una cosa de otra de la que forma parte para que siga funcionando con independencia de ella, según el Diccionario Universal Latino- Español de Manuel de Valbuena dicho término se encuentra en franca oposición al termino latino asciere que remite a la apropiación, asunción o atribución de algo. Por esto mismo nos referiremos a la exclusión como ruta posible de construcción en oposición a la segregación como rechazo de toda apropiación posible de un evento inesperado.
En este caso hablaremos del acontecimiento de una marginación subjetiva, aquella que recae sobre la población de personas infectadas por el VIH, que si bien son tomadas en cuenta y atendidas dentro de las políticas de las instituciones sanitarias, la práctica demuestra que la mayoría de las veces esto se da sólo bajo un discurso que expulsa toda singularidad. La técnica ha logrado desgastar los procedimientos terapéuticos orientados a la subjetividad en beneficio de lo que llamaremos una profesionalización de la técnica por medio de la aplicación del diagnóstico, en tanto que se acalla el discurso evocado por un sujeto que trata de otorgar alguna significación a un acontecimiento del cuerpo.
En resumen, el sujeto queda excluido por la técnica que alienta el diagnóstico en la medida en que éste sólo tiende a catalogar, colocando el saber sobre el lado del especialista que encamina a la persona infectada a cuidados paliativos. Dicho fenómeno puede traer fuertes problemas en lo que corresponde a la influencia del diagnóstico del experto sobre la vida privada del paciente, en la medida en que se le coloca una etiqueta. Una identidad prefijada se ha instalado. Con esto podremos pensar que tras la exclusión que brinda el discurso médico, desde la marginación, se emprende una ruta subjetiva.
Por esto mismo, ubicaremos al psicoanálisis frente a la ideología rectora que apela a la cura médica por medio de la cultura; en la medida en que la enfermedad es observada por índices estadísticos más allá de la diferencia de cada sujeto. Ante esto, queda apelar al ámbito clínico como punto de encuentro del operar de cada analista observando dentro de cada persona con VIH un sujeto que clama por su escucha.
Como ejemplo de un rescate de la singularidad, cabe mencionarse el testimonio recopilado por Mankell (2008), quien da cuenta del fenómeno social del sida en la región africana y de cómo el relato occidental lo ha mantenido alejado, obstruyendo en su discurso todo tipo de comprensión individual de este fenómeno pandémico. Por esto mismo, el manejo de pequeños memory books como testimonio de vida de los enfermos, es un hecho que anoticia que desde la exclusión y ante la inminencia de la muerte, existe la elaboración de un sujeto que toma partido dentro de su propia vida. Apostando a la memoria, la construcción de una singularidad propia ante un acontecimiento que aborda el cuerpo es posible. Es decir, se permite tomar el estatuto del cuerpo situado como el lazo entre el acontecimiento del cuerpo y el acontecimiento de significación para el sujeto:
Los libros de recuerdos que yo leí eran muy originales, no seguían pauta alguna, ninguno se parecía al otro. Las personas eligen sus propias vías, su propio camino. Lo más importante no es seguir el manual, sino contar aquello que es esencial en su vida, la experiencia única en la vida de cada uno. En eso no es preciso guiar a nadie, cada uno conoce lo que lo distingue de los demás, aunque la mayoría, por timidez, se consideran normales a sí mismos. Pero la gente normal es siempre gente que ha vivido experiencias decisivas e inesperadas. (Mankell, 2008 p. 50)
Observando este fenómeno, podremos hablar acerca de cómo el psicoanálisis, comprometido con un trabajo que se retire de un enclaustramiento en los consultorios y acepte su lugar en la sociedad, podrá orientarse hacia lo que Miller (2008) propone como avance dentro del estudio temático, diferencial y gradual de las situaciones subjetivas de exclusión social. Entendiendo al fenómeno del VIH como una marginación social, como una des-inserción que apuesta a la invención1, se podrá dar cuenta de la tensión existente entre los procesos de inserción por la ruta simbólica como se daban en la época freudiana y los actuales, los cuales se presentan por los procesos de consumo y satisfacción en la búsqueda de un goce siempre mortífero.
Para dar cuenta de esto, observemos cómo la generalización del discurso médico ofrece una marginación donde los efectos de la represión por la ruta de lo que no puede decirse con respecto al sexo bien podría hablarnos, aún en esta época, de los resultados del malestar que Freud diera cuenta. Sin embargo, a lo anterior podríamos sumarle la formación de grupos como son los bug chasers, quienes buscan deliberadamente infectarse de VIH para eliminar todo tipo de azar, donde la satisfacción de un goce que rompa con la contingencia del deseo logra establecer un tipo de comunidad específica y propia de estos tiempos.
Algunas veces la des-inserción puede responder a una urgencia subjetiva por la manifestación de un evento real y contingente en el cuerpo, pero por otra parte, puede darse que al perder algunos de los amarres que el propio tejido social proporcionaba, se produzca una auto-segregación al no poder sostener ese vínculo al Otro, permitiendo la presentación de conformaciones sociales que se alejan de todo tratamiento posible. Veamos el caso de los llamados bug chasers.
Hoy en día, podemos apreciar el surgimiento de una nueva masa sustentada en la búsqueda del contagio, dicha filosofía de vida pretende erotizar el riesgo del VIH. Tomando como referencia el barebacking, metáfora ecuestre cuya traducción posible es el “montar a pelo”, se conforma una actividad donde la intimidad del acto sexual no protegido toma una dimensión alegórica de la contaminación y la invasión viral. El partenaire que busca una contaminación es llamado bug chaser y la infección se denomina fecundación. El partenaire que contamina es llamado gift giver y asume la paternidad del contagio.
Más allá de hablar de una novedosa manera de relacionarse, es notable la presentación gozosa tramitada por la alegoría imaginaria de la muerte; se aplaca todo lazo social ya que el vínculo establecido en dicha comunidad es el de una mortificación que obedece a la satisfacción en la búsqueda de un goce que rompe toda elaboración posible de una pregunta por el deseo. La auto-segregación de las personas infectadas por VIH es tramitada por otra ruta que la mencionada en los memory books donde opera una exclusión. En este grupo se busca una lógica abierta al riesgo del que todos estaríamos amenazados, por esto mismo la segregación obedece al principio del terror que resulta de una renuncia al Otro que lleva al goce mortífero. El “para todos” de una democracia de masas ahuyenta la singularidad y acalla la pregunta. Esta conformación masiva abre entonces una pregunta para el psicoanálisis ¿Qué hacer en estos casos cuando sólo los vemos a la distancia? Como vemos, en tiempos de transición en la conformación de la subjetividad pueden coexistir dos tipos de lazo de los que el psicoanálisis podrá extraer alguna verdad.
En conclusión, frente a estos fenómenos sociales podemos interpelar el lugar del psicoanálisis en la clínica ante dichos procesos, como un modo de reconocer y elucidar la diversidad humana por medio del tratamiento de la singularidad. De esta forma tal vez logremos llegar a la conclusión de que la des-inserción puede ser un lugar de construcción de una singularidad que pase por la ruta de un lazo social muy particular (a pesar de que sea desde la exclusión), toda vez que se reconozcan dos tipos de respuestas ante dicha excepción social: aquellas que dan paso a la elaboración singular y aquellas que bajo la segregación buscan el silencio de la muerte. Puesto que, siguiendo a Laurent (2008): “Lo que decimos frente a estos modos de expulsión es que los excluidos no lo están en el plano de lalengua”. Así, sólo devolviendo un plano de libertad desde la marginalidad del lenguaje, es que un psicoanálisis con compromiso social puede ser posible.
REFERENCIAS:
Notas
1. Se entiende el término des-inserción como un neologismo que da cuenta de la forma en que se pueden construir lazos sociales sin necesidad de recurrir a la alienación social, es decir, desde la propia singularidad más allá de las identificaciones cerradas y vacuas que se ofrecen en la democracia de masas. Se apuesta a cambiar “lo común” por “lo singular”.