De la aporía de la identidad del latinoamericano al horizonte de un sujeto descentrado en Latinoamérica

Jairo Gallo Acosta *

 

artista, arte contemporaneo, expo

 

Fué inducido yo , fray Bartolomé de las Casas o Casaus, fraile de Sancto Domingo, que por la misericordia de Dios ando en esta corte de España procurando echar el infierno de las Indias, y que aquellas infinitas muchedumbres de ánimas redemidas por la sangre de Jesucristo no perezcan sin remedio para siempre, sino que conozcan a su criador y se salven, y por compasión que he de mi patria, que es Castilla, no la destruya Dios por tan grandes pecados contra su fee y honra cometidos y en los prójimos, por algunas personas notables, celosas de la honra de Dios e compasivas de las aflictiones y calamidades ajenas que residen en esta corte, aunque yo me lo tenía en propósito y no lo había puesto por obra por mis continuas ocupacioneFray Bartolomé  de las Casas.

 

 

Mientras en Europa desde mediados del siglo XX se ha venido anunciando la muerte del sujeto a través de lo que se dio a llamar el posmodernismo o el deconstruccionismo francés, muerte, que al parecer era la denuncia de todo el paradigma modernista de sujeto cartesiano centrado y unificado por la razón o la conciencia.

Pero la propuesta en este escrito es que el sujeto no ha muerto, o por lo menos no ha muerto en algunos lugares, y uno de esos lugares pude ser el continente Latinoamericano, donde se ha presentado un sujeto que muchos historiadores, sociólogos e investigadores de las ciencias sociales y humanas han comentado como un sujeto desfragmentado, aunque estos comentarios han sido desde una queja, denunciado que esa fragmentación como  causante de muchos de nuestros padecimientos actuales, hasta de nuestra incapacidad de estar a la altura de un proyecto moderno o de unidad nacional o de identidad. 

Un sujeto descentrado, un sujeto que no tenga un ideal de centro, que no alcance o no quiera alcanzar el ideal de ciertas disciplinas de las ciencias sociales y humanas de encontrar un sujeto de la conciencia autónomo y libre, el ego trascendental de la filosofía moderna, el sujeto autosuficiente y dominador, un sujeto cognitivo que en la actualidad todavía es defendido por la psicología académica, un sujeto  -pensante, razonable y por consiguiente consciente.

Esa conciencia también se introdujo en la filosofía y el pensamiento de ciertos autores latinoamericanos, no hay que olvidar que los proyectos de crear conciencia nacional desde las primeras revoluciones de siglo XIX en Latinoamérica fueron intentos de rescatar la antigua monarquía española en contra de la conquista por parte de Napoleón del reino de España.

Ya desde Leopoldo Zea, pensador mexicano de comienzos del siglo XX, y uno de los primeros que comienza a elaborar una teoría en Latinoamérica se puede vislumbrar la concepción de crear una  “conciencia del ser americano”, un  intento por desarrollar una identidad Latinoamericana bajo la luz del proyecto cartesiano, es decir, de crear una especie de sujeto latinoamericano desde una conciencia o de un yo concreto, (Hernández, 2004).

En Zea se comienza una aporía de la cual es difícil salir “El origen de nuestros males está en el hecho de querer ignorar nuestras circunstancias, nuestro ser americanos. Nos hemos empeñado, erróneamente, en ser europeos cien por ciento. Nuestro fracaso nos ha hecho sentirnos inferiores, despreciando lo nuestro por considerarlo causa del fracaso” (Zea, 1986)y ¿qué es lo nuestro?, Zea se responde: “Vamos a mostrar que pensamos, que hacemos Filosofía, que hacemos Ciencia, de que somos poetas y que en arte podemos, de veras, competir” (Zea, 1986), con la reglas de la modernidad, con unas reglas que la modernidad se inventó, y que Zea trataba de seguir, profundizando en la conciencia e identidad latinoamericana,  la cual de entrada es un proyecto al fracaso porque eso implica buscar en los orígenes en esa identidad, porque la identidad única que se puede encontrar es la identidad “ideal” Europea, aquella de la que Hegel creía, y que consideraba a los pueblos del norte de Europa como los “más avanzados” en ese “espíritu”.

Hay que decir que Zea se acerca a una particularidad latinoamericana que puede pretenderse universal, pero esa particularidad la esencializa, y ahí su problema, porque a esencializarla, la moderniza, y en esa esencialidad no queda otro camino que el origen – aunque Zea no lo dice – y buscar los orígenes de ese sujeto siempre ha remitido a buscar una identidad.

Rocío Quispe – Agnoli, Doctora en Estudios Hispánicos de la Universidad de Brown en 2000, y profesora de estudios coloniales y poscoloniales latinoamericanos en la Universidad estatal de Michigan, lo dice del siguiente modo: “reproduce la visión del yo imperial y eurocéntrico. Esta visión, en mi opinión, cumple aún una función dominante en la producción textual latinoamericana contemporánea, reafirma un sujeto criollo con ideología eurocéntrica y condiciona lo que el sujeto latinoamericano actual entiende, acepta, idealiza o reafirma como su identidad” (Quispe, 2003)

El asunto no es que tengamos identidad como sujeto en Latinoamérica, el asunto tiene que ver con buscarla, lo cual casi siempre ha conducido a buscarla en Europa durante varios siglos y ahora en Estados Unidos en el último siglo, o en las raíces ancestrales de las culturas precolombinas, en las últimas décadas, como si la salida fuera encontrar un yo europeo, indígena, un yo americano o latinoamericano.

El proyecto moderno trajo consigo (como retorno de lo reprimido, a la mejor manera  freudiana), una violencia que en la actualidad se sigue presentando,  los fenómenos de la violencia en Colombia y Latinoamérica no son más que movimientos reaccionarios a un querer volver a la modernidad, - que nunca se tuvo - lo mismo que el retorno de los capitales extranjeros es el retorno a una nueva conquista moderna de la globalización que introdujo esa misma modernidad.

La pretensión de querer introducir a ese sujeto moderno, e introducir a un sujeto con identidad o identificado es una pretensión que tiene un fuerte componente ideológico, llama la atención que en la actualidad se quiera buscar una identidad en un mundo donde las instituciones se siguen deslegitimando y las sociedad se fragmentan, no ¿será que esas fragmentaciones y deslegitimaciones lo que causan en un intento desesperado por encontrar un modo de agruparse y organizarse?, y ese ¿elemento integrador es la “identidad”. Así como la globalización nos quiere hacer creer que este mundo es uno o unificado en torno al capital y donde lo que desaparece es precisamente eso que lo excede- una teoría como el psicoanálisis precisamente sostiene todo su conceptualización con ese exceso -  el sujeto descentrado y no unificado que esa modernidad siempre trató de sostener.

Hay autores que hablan que la imposibilidad de un pacto simbólico en la conquista española ha causado un sujeto no sujeto, es decir, un sujeto que no ha podido identificarse ni unificarse, pero ese sujeto desunificado es precisamente el sujeto no cartesiano, un sujeto que es capaz de sostenerse no por su centro (razón - conciencia) sino por su inconsistencia, su descentramiento, un sujeto que no tiene que encontrar su identidad en su origen sino en eso que precisamente no lo remite a un origen, porque como dice el filosofo colombiano Santiago Gómez Castro, siguiendo  la propuesta genealógica de Foucault, la historia no tiene que tener como meta encontrar las raíces de nuestra identidad, sino disiparlas:

“Es decir que, en lugar de crear narrativamente una serie de continuidades que harían posible reconstruir la evolución del pensamiento latinoamericano, tal como nos propone Zea, la genealogía se ocupa de mostrar las rupturas, los vacíos, las fisuras y las líneas de fuga presentes en la historia. Y esto no lo hace impulsada por algún malvado placer destructivo, sino porque sospecha que es justamente ahí, en el espacio de las discontinuidades, donde se articulan las voces (que no los textos) de aquellos que habitan la "ciudad real" de la que nos habla Rama. Detrás de las máscaras totalizantes del "sujeto latinoamericano" (Roig) y del "proyecto asuntivo" (Zea), elaboradas por la filosofía de la historia, se encuentran preocupaciones muchísimo menos heroicas y profanas: las de una multiplicidad de sujetos híbridos que elaboran estrategias orales de resistencia para transitar las contingencias del presente. Mostrar esos espacios de heterogeneidad es, por tanto, la tarea de la genealogía, en contraposición a los grandes metarrelatos elaborados por la filosofía latinoamericana de la historia” (Castro, 1996)

Esas fisuras y vacíos presentes en la historia se encuentran en el sujeto, pero no en el sujeto cartesiano, sino en eso que falla en él, al respecto el filosofo esloveno Slavoj Zizek llega a decir: “El sujeto es asimilable a la brecha ontológica entre lo universal y lo particular” (Zizek, 2001). Este sujeto del que habla Zizek, no es más que el sujeto del inconsciente del psicoanálisis, el sujeto que aparece, no se piensa (proyecto moderno del sujeto cognoscente)  

El descubrimiento de Freud del inconsciente resquebrajo la unidad de lo mental  - el sujeto unitario  que venía desde el siglo XVII con Descartes – el sujeto no debe buscarse en donde piensa, sino, donde no piensa precisamente, “soy donde no pienso y pienso donde no soy” (Lacan, 1967)

El psicoanálisis lo que trata desde Freud según Zizek, retomando a Lacan es poder ir hacia esa brecha que separa al Uno del sí mismo, es decir, donde el sujeto surge, donde falla, y esa falla a raíz de ese encuentro Real (traumático) de la conquista y colonia lo que dejo fue una brecha donde el sujeto se sitúa, de ahí que ese proyecto moderno nunca se haya podido desarrollar en estos lugares (Latinoamericanos).

 

 

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El que la modernidad nunca haya podido desarrollarse en Latinoamérica como bien lo señala Rubén Jaramillo (1998), ha significado que ese proyecto cartesiano del sujeto conciente y unificado en Latinoamérica no pudo constituirse porque el sujeto que surgió es de la conquista fue un sujeto fragmentando, pero esto en vez de ser para lamentarse, puede tornarse una nueva manera de ver a ese sujeto, no en las coordenadas modernas – o que trajo una violencia que pensadores como Dussel bien han señalado –  que permite visualizarlo como un sujeto descentrado, un sujeto del inconsciente:

 “el "sujeto del significado lacaniano" emerge cuando un aspecto esencial de la experiencia por sí misma fenomenal del sujeto (su "fantasía fundamental") se torna inaccesible a él, es decir que sucumbe a la "represión original". En la dimensión más radical, el inconsciente es el fenómeno inaccesible, y no el mecanismo objetivo que rige mi experiencia fenomenal” (Zizek, 1998).

Hay que aclarar que el descentramiento del sujeto no es el triunfo de la objetividad como lo afirma Jorge Larraín (2005), porque la pretensión no es desustancializar al sujeto – algunos autores llamados posmodernos tiene como premisa esa pretensión – por una colectividad sustancializada, sino sostener en el horizonte (en Latinoamérica o América Latina) esa brecha donde el sujeto descentrado, desustancializado, desindividualizado, y no unificado pueda afirmarse no en la identidad, sino en aquello que no lo identifica.

El problema es precisamente la identidad, no para constituirla, sino por querer constituirla con imaginarios, por ejemplo ¿qué es ser latinoamericano o colombiano?,  nada, y nunca será nada, ahí está lo subversivo, no luchar por ser pobres contra los ricos, sino luchar por ser un sujeto en contra de aquello que no nos quiere dejar ser sujetos, y ¿qué es ser sujetos’, nada, un descentramiento o desustancialización lleva a lo más radical, a la nada, la falta radical, ahí ningún ideal (nacionalista, racista, regionalista, etc.) podrá sujetar a ese sujeto, ni banderas, ni colores, ni partidos, ni grupos. La cruel conquista y colonización española causaron muchos sufrimientos, pero a pesar de todas sus violaciones, robos, matanzas, masacres, también permitieron constituir un sujeto sin centro, un sujeto descentrado, y nuestro problema es que se ha estado buscando un centro, una identidad, ¿para qué?, si el horizonte para el sujeto en Latinoamérica debería  estar en esa no identidad porque al querer buscar un centro sólo se encuentra con la muerte.

“la índole abigarrada de un sujeto que (...) resulta excepcionalmente cambiante y fluido, pero también (...) del carácter de una realidad hecha de fisuras y superposiciones, que acumula varios tiempos en un tiempo , y que no se deja decir más que asumiendo el riesgo de la fragmentación del discurso que la representa y a la vez la constituye” (Cornejo,  1994).

Al final todo intento de identificación o de identidad va a conducir a un sujeto unificado, pero construido su misma conciencia alrededor de unas relaciones de dominación (Nietzsche –Foucault), un sujeto consciente pero en una relación de dominación en la cual no hay salida, sino su muerte (Hegel), o como nos dice el poeta Porfirio Barba Jacob en su poema llamado precisamente soberbia:

Le pedí un sublime canto que endulzara / mi rudo, monótono y áspero vivir, / él me dio una alondra de rima encantada, / ¡yo quería mil! / Le pedí un ejemplo del ritmo seguro / con que yo pudiese gobernar mi afán, / me dio un arroyuelo, murmullo nocturno, / ¡yo quería un mar! / Le pedí una hoguera de ardor nunca extinto / para que a mis sueños prestase calor, / me dio una luciérnaga de menguado brillo, / ¡yo quería un sol! / Qué vana es la vida, qué inútil mi impulso / y el verdor edénico y el azul abril, / Oh sórdido guía del viaje nocturno, / ¡yo quiero morir!

Pero la muerte parece no ser la única salida, esa famosa esquizofrenia del sujeto en Latinoamérica, fragmentación de una identidad latinoamericana y colombiana más que una desafortuna puede ser el principio de un horizonte, ya que como decía los conquistadores y colonizadores de estas tierras que se conocen como Latinoamérica, de los sujetos que se encontraron al llegar, uno sujetos imperfecto y en falta – como si ellos no lo fueran.

“El indio en cuanto infiel necesariamente se tiene que ver como algo por perfeccionar, por lo tanto como alguien al que siempre le falta algo, como alguien que de por sí no puede alcanzar la perfección y, por lo tanto, como alguien que debe subordinarse a lo que traen el mensaje salvador” (Castañeda, 2001).

Mensaje salvador de la modernidad, que casi cinco siglos después se fue agotando  para dar paso a los que los mismo europeos han dado en llamar posmodernismo, en un intento de ir más allá de su fracasado proyecto del sujeto unificado y conciente que podía vivir mejor bajo el imperio de la razón – una razón mal entendida – pero esos sujetos que los conquistadores al encontrarse no eran más que aquellos que anticipaban el descubrimiento del psicoanálisis, que el sujeto es un ser en falta, una falla estructural que toda la modernidad trató de ocultar o negar, y que todavía en la actualidad se sigue negando bajo muchas apariencias, y una de esas es tratar de buscar un origen a ese sujeto, ya sea indígena o europeos, o en el mismo mestizaje si se toma eso como una identidad, lo cual conduce a otra aporía, porque se llega a unos sincretismos como de pueblo o nación, que algunos gobernantes han aprovechado para sus propios beneficios.

La identificación con significantes de nación, pueblo,  raza, país, son elementos que se toman de los territorios que habitan esos sujetos, y como dice García Canclini (1990) “Las culturas latinoamericanas son definitivamente culturas híbridas que no podemos reducir al espacio geográficamente delimitado como América Latina”.

La identificación remite a una instancia fija, y el sujeto no se puede fijar sin consecuencias, estas consecuencias van desde el retorno de una violencia (una identificación con el victimario) que le retorna a esos mismos sujetos y a los posibles lazos que este establece con otros sujetos, o la melancolía, la añoranza por ese pasado perdido que algunos investigadores han señalado en los contextos Latinoamericanos como fatalismo o indolencia (Baró).

La propuesta en este escrito no es que Latinoamérica encuentre por fin aquello que lo represente, sino que los sujetos que habitan estos territorios se puedan representar, no con identidades, sino con esa falta fundante, lo que permitirá que esos  sujetos pueda ubicarse en esos territorios y no los territorios ubicarlos a ellos, habitarlos, asumirlos y responsabilizarse por ellos, porque esta falta fundante organiza un universo simbólico (Latinoamérica) que puede permitir que esos sujetos asuman eso traumático (conquista)  que durante muchos siglos ha sido negado, esa es la apuesta o el horizonte que toca recorrer, un horizonte que por momentos parece imposible, pero si algo puede caracterizar a ese sujeto – lo cual tampoco se logra- , es precisamente su riesgo por lo imposible.

Jairo Gallo Acosta

 

 

 Notas

*Psicólogo, Magíster en Psicoanálisis, Universidad Argentina John F. Kennedy. Doctorando en Ciencias Sociales y Humanas, Pontificia Universidad Javeriana. Director Revista Psique y Sociedad. jairogallo75.googlepages.com

Castañeda, F (2001) La cruz y la espada: Filosofía de la guerra en Francisco de Vitoria, Revista Historia critica No 22, Universidad de los Andes, Diciembre de 2001. Página 27 – 52.

Castro, S (1996) Crítica de la razón latinoamericana. Barcelona: Puvill Libros, 1996.

Cornejo, A (1994).Escribir en el aire. Ensayo sobre la heterogeneidad socio-cultural en las literaturas andinas, Lima,  Horizonte

García Canclini, N (2002) Latinoamericanos buscando lugar en este siglo. Buenos Aires, Paidós.

Hernández, G (2004). Del circunstancialismo filosófico de Ortega y Gasset a la filosofía mexicana de Leopoldo Zea. México, Centro Coordinador y Difusor de estudios Latinoamericanos, Universidad Nacional Autónoma de México.

Jaramillo, R (1998). La modernidad postergada. Bogotá, Gerardo Rivas.

Lacan, J (1967) Seminario 14, La lógica del fantasma. Clase del 7 de junio de 1967. Fichas de la Escuela Freudiana de Buenos Aires. E.F.B.A

Larraín, J (2005) ¿ América Latina moderna?. Globalización o identidad. Santiago, Lom.

Quispe – Agnoli, Rocío. Orígenes coloniales del sujeto latinoamericano contemporáneo: identidad, fragmentación y sincretismo. Revista Ciberletras: Revista de crítica literaria y de cultura. No 10, 2003.

Zea, L (1986) América como autodescubrimiento. Bogotá, Universidad Central

Zizek, S (1998) El sujeto interpasivo. Slavoj Zizek en español. Tomado de http://es.geocities.com/zizekencastellano/artsujetointerpasif.htm, consultado el 7 de junio de 2009.

________ (2001) El espinoso sujeto, Buenos Aires, Paidos.

 

 

Psicólogo, Magíster en Psicoanálisis, Universidad Argentina John F. Kennedy. Doctorando en Ciencias Sociales y Humanas, Pontificia Universidad Javeriana. Director Revista Psique y Sociedad. jairogallo75.googlepages.com