Algunas consideraciones acerca del lenguaje en el psicoanálisis

Fabián Becerra-Fuquen *

 

Lacan - Freud - Psikeba

 

 

Resumen.

El presente trabajo expone algunas consideraciones que permiten comprender el desarrollo del lenguaje en el psicoanálisis. Se parte de Freud con el uso de la palabra como elemento que evidencia un contenido que excede a la consciencia, por otro lado el concepto de representación y su relación con la imagen acústica en Saussure, y por último el trabajo del sueño que establece el punto de encuentro entre Freud y Lacan respecto a la comprensión del lenguaje.

Palabras claves: Palabra, representación, sueño, condensación, desplazamiento, metáfora y metonimia.

Abstract.

The present study describes some considerations that provide insights into the development of language in psychoanalysis. It was part of Freud with the use of the speech as an element that shows a content of consciousness which surpasses the other hand the concept of representation and its relationship with the acoustic image in Saussure, and finally the dream work that establishes the point meeting between Freud and Lacan on language comprehension.

Keywords: Speech, representation, dream, condensation, displacement, metaphor and metonymy.

 

Algunas consideraciones acerca del lenguaje en el psicoanÁlisis

 

La Palabra.

La cuestión del lenguaje no sólo se presenta como una preocupación para la lingüística, es una cuestión que interviene donde el sujeto es por fin cuestionado.  Pues es éste un asunto que atañe a todo hombre en tanto que habla y sueña.

La cuestión del lenguaje se presenta en todas las ciencias, no sólo en las humanas, sociales o conjeturales sino también en las naturales o exactas y, si se las admite, en las formales. (…) Pero esta afirmación de índole general adquiere particular relevancia y hasta dramatismo cuando se trata de discutir los modos en que el lenguaje se presentifica en el psicoanálisis. (Braunstein, 1982:7). 

Pues, no es menos alarmante para el psicoanálisis dicha cuestión, desde Freud se evidenciaban elementos que daban cuenta de tal preocupación. Fue a partir del uso y el ejercicio de la palabra  –comprendida por Freud a partir de la psicología como: unidad de función del lenguaje– [1], que se inaugura esta disciplina. Desde Freud, la palabra no sólo ha sido el elemento que permite evidenciar los conflictos internos del sujeto, sus pulsiones y material reprimido, sino permite establecer una dirección en la cura, dando lugar a la experiencia analítica y la ética que la rige, a partir de lo que él llamó asociación libre, evidenciando los efectos de la palabra en el sujeto. Por tanto, la palabra es el elemento representativo del psicoanálisis, pues, “¿cómo un psicoanalista de hoy no se sentirá llegado a eso, a tocar la palabra, cuando su experiencia recibe de ella su instrumento, su marco, su material y hasta el ruido de fondo de sus incertidumbres? (Lacan, 1984c:474). El punto central del psicoanálisis, no reside en otra cosa que en la palabra (bajo transferencia), y desviarse de este principio permitir que se disipe lo inconsciente, en realidad lo inconsciente no hay que buscarlo en otro lado diferente, sólo hay que seguirlo al pie de la letra [2].

Ahora bien, la palabra como lenguaje  (según la definición lingüística del término) no es sólo el elemento que establece al psicoanálisis, si no a su vez, es por medio de aquella que se evidencia algo de mayor envergadura, de mayor trascendencia en el sujeto; se trata de algo que incurre fuera del alcance de la conciencia. Pues, fue por la necesidad de explicar los procesos y fenómenos psíquicos que excedían con mucho a la conciencia, con los que Freud se encontraba en su práctica, y al ver que su continuidad no podía ser referida a partir de explicaciones fisiológicas y neurológicas,  tuvo lugar su teoría, evidenciando que los proceso anímicos contienen un lenguaje, que eran afirmados por una serie de contenidos que aparecían  a través de excesos en las palabras de sus pacientes, y recibía el nombre de lo inconsciente (Unbewusst).

Desde muchos ángulos se nos impugna el derecho a suponer algo anímico inconsciente  y a trabajar científicamente con ese supuesto. En contra, podemos aducir que el supuesto de lo inconsciente es necesario y es legítimo, y que poseemos numerosas pruebas a favor de la existencia de lo inconsciente. Es necesario, porque los datos de la consciencia son en alto grado lagunosos; en sanos y en enfermos aparecen a menudo actos psíquicos cuya explicación presupone otros actos de los que, empero, la conciencia no es testigo. Tales actos no son sólo las acciones fallidas y los sueños de los sanos,  ni aún todo lo que llamamos síntomas psíquicos y fenómenos obsesivos en los enfermos; por nuestra experiencia cotidiana, más personal, estamos familiarizados con ocurrencias cuyo origen desconocemos y con resultados de pensamiento cuyo trámite se nos oculta. (…) [A esto] ninguna idea fisiológica, ningún proceso químico pueden hacernos vislumbrar su esencia. (Freud, 1992a. Pp.163-164). 

De lo anterior, Freud alude un importante dinamismo que determina la relación inconsciente entre el contenido que se oculta excediendo siempre a la conciencia y el contenido que se evidencia haciéndose consciente, por lo cual, se trata de un lenguaje que supera a la palabra misma y en cuanto que la palabra es superada puede tratarse de Otro-lenguaje, probablemente uno sin palabras, sin conciencia, esto se verá reafirmado por Lacan (1984c): “se da a entender que más allá de esa palabra, es toda la estructura del lenguaje lo que la experiencia psicoanalítica descubre en el inconsciente” (p.474).

 

 

La Representación.

Por lo pronto, Freud muestra que el contenido que incurre en lo inconsciente a partir del principio de la represión es de carácter  representativo, es decir, que si bien el contenido de un evento de tipo traumático para el sujeto deviene siempre el afecto con su representación, se establece una separación entre uno y el otro, lo que “conduce a describir un destino diferente para cada uno de estos elementos, y a considerar la acción de procesos distintos: la representación es reprimida y el afecto suprimido” (Laplanche, Jean. & Pontalis, Jean-Bertrand, 1987:368). A lo que se añade en palabras de Freud (1992b): “no hay por tanto afectos inconscientes como hay representaciones inconscientes.” (p.174).  Ahora bien, dicho contenido de representación en lo inconsciente puede ser evidenciado al momento de pensar en la pulsión tal como Freud (1992b) lo subraya:

Una pulsión nunca puede pasar a ser objeto de la conciencia; sólo puede serlo la representación que es su representante. Ahora bien, tampoco en el interior de lo inconsciente puede estar representada si no es por la representación. Si la pulsión no se adhiriera a una representación, ni saliera a la luz como un estado afectivo, nada podríamos saber de ella. (p.173).

Al llegar aquí, es útil pensar el concepto clásico de representación tomado por Freud de la palabra alemana Vorstellung, que designa “<<lo que uno se representa, lo que forma el contenido concreto de un acto de pensamiento>> y <<especialmente la producción de una percepción anterior>>.”  (Laplanche, Jean. & Pontalis, Jean-Bertrand, 1987:367). Sin embargo, Freud, si bien mantiene la misma acepción del término alemán, hace un uso de él diferente, por lo cual “la representación sería más bien, aquello que, del objeto, viene a inscribirse en los sistemas mnémicos, (...) [y estos] más que una <<débil impresión>> que guarda una relación de similitud con el objeto, [es] un signo siempre coordinado con otros y que no va ligado a una cualidad sensorial” (Laplanche, Jean. & Pontalis, Jean-Bertrand, 1987:367), por lo cual se podría pensar en una especie de relación lingüística incluido en un sistema que incurre en lo inconsciente, ya que, al parecer, en lo inconsciente además de Ello, hay puras representaciones.

Ahora, si se atiende a la relación que pueda tener el término representación con el de imagen acústica o significante, que compone el signo lingüístico, expuesto en el Curso de lingüística general de Ferdinand de Saussure, podríamos ver algunas semejanzas:

La imagen acústica no es el sonido material,  cosa puramente física, sino su huella psíquica, la representación que de él nos da el testimonio de nuestros sentidos. (...) La imagen acústica es, por excelencia, la representación natural de la palabra, en cuanto hecho de lengua virtual, fuera de toda relación por el habla. (De Saussure, 1945: 128).

            Se observa entonces, algunos puntos en común y de divergencia, como es el caso de que los dos son de carácter psíquico, sin embargo, mientras uno advierte un elemento psíquico inconsciente, el otro uno psíquico consciente, pues, la representación en Freud da muestra de aquello que del objeto se inscribe en el sistema mnémico, como un contenido reprimido, meramente inconsciente, mientras la imagen acústica o significante en Saussure, es la representación de la palabra, es decir, la huella psíquica que permanece del objeto, que advierte un contenido social de convención, que se inscribe en la consciencia,de igual manera ambos advierten la cualidad de signo (inclusive, subraya Jacques Lacan, que lo que adquiere en realidad es la estructura de signo), pues, como enuncia Freud, es un singo  siempre coordinado con otro, por ello, su aprehensión es posible a partir de la palabra, (lapsus, chistes, actos fallidos, relatos del sueños, etc), evidenciando, una asociación entre elementos que logran simbolizar lo inconsciente, tal como ocurre en la asociación libre, por otra parte, la imagen acústica o significante, cobra sentido en su relación con el concepto o significado, que es la idea que se tiene sobre el objeto, y éste a su vez cobra sentido en su relación con la imagen acústica o significante, por tanto se establece una relación reciproca entre estos elementos, permitiendo formar el signo lingüístico en Ferdinand de Saussure.

            Cabe aclarar, que la anterior relación es una coincidencia, pues, para entonces Freud no conocía los postulados del lingüista Suizo, sin embargo, no por ello, se puede ocultar que si bien, estos términos no son en su totalidad análogos, sí se advierte algunas implicaciones importantes que toman mayor especificidad en los postulados de Jacques Lacan, debido a que Lacan establece un revés del signo lingüístico, enunciando la primacía del significante sobre el significado, como elemento que se inscribe en lo inconsciente, pues, al respecto Lacan (1985) reafirma diciendo: “El inconsciente, a partir de Freud, es una cadena de significantes que en algún sitio, se repite e insiste para interferir en los cortes que le ofrece el discurso efectivo y la cogitación que él informa.” (p.779).

           

 

La condensación y el desplazamiento en el sueño.

            Ahora, es bien sabido que es a través del estudio de los sueños donde Freud descubre los mecanismos que rigen el funcionamiento de lo inconsciente: la condensación y el desplazamiento, ya que, en el sueño se advierte una diferencia entre el contenido y el pensamiento del sueño, es decir, entre lo manifiesto y lo latente. “Pensamiento del sueño y contenido del sueño se nos presentan como dos figuraciones del mismo contenido en dos lenguajes diferentes.” (Freud, 1901:285), por tanto,  se evidencia una serie de contenidos que advierten una especie de símbolos que aparecen como indescifrables, y por tanto, advierten un contenido oscuro, más bien velado, que permite que tenga lugar el trabajo de su interpretación, la Traumdeutung (interpretación de los sueños) en el dispositivo analítico, pero de lo que se trata no es de descifrar directamente la imagen del soñante, pues, la totalidad de la imagen es por si misma ilógica en el sueño, y por tanto aparece como carente de sentido, por otra parte, “las palabras que así se combinan ya no carecen de sentido, sino que pueden dar por resultado la más bella y significativa sentencia poética” (Freud, 1991:286), por tanto, lo que interesa son los decires del soñante con respecto a su sueño. “En esta dirección que estamos exponiendo es licito decir que el sueño es su totalidad, al igual que el síntoma histérico, procede de lo que Freud dio en llamar ‘simbolización’. Podemos pues afirmar que soñar es imaginarizar el símbolo, y que contar el sueño es simbolizar la imagen.” (Saal, 1982:32), por tanto, el sueño advierte elementos del lenguaje, simplemente por el hecho de tratarse de elementos mediados por representaciones simbólicas donde se evidencia el deseo, pues, hay que recordar que los sueños son la manifestación de éstos.   

            De esta forma, se presenta en el trabajo del sueño los mecanismos de la condensación y el desplazamiento, ya que existe una gran diferencia entre lo manifiesto y lo latente, por lo cual, en primera instancia “la condensación onírica es una notable relación entre pensamientos oníricos y contenido del sueño” (Freud, 1901:302), ya que se evidencia, cómo una parte del contenido manifiesto del sueño puede advertir a partir de asociaciones que hace el soñante, un contenido más basto que se encuentra en el pensamiento latente del sueño, por tanto, la condensación se da, cuando “una representación única, representa por si sola varias cadenas asociativas” (Laplanche, 1987:76), es decir, una imagen del sueño advierte varias ideas o significados. Por otro lado, “cuando en un proceso psíquico de la vida normal hallamos que una representación ha sido privilegiada sobre otras, adquiriendo particular vivacidad para la conciencia, solemos ver en este resultado la prueba de que a la representación triunfante le corresponde una valencia psíquica particularmente elevada (un cierto grado de interés)” (Freud, 1901:312), quiere decir esto, que dicha representación que aparece como representante advierte un valor por si misma, sin embargo, no evidencia manifiestamente su sentido con el contenido latente, como si estuviera desprendido de su contexto y no tuviese nexo alguno con el real sentido del sueño, “por eso tales sueños nos dejan la justificada impresión de estar «desplazados» {Descentrados}” (Freud, 1901:311), no existe una línea vertical de sentido entre uno y el otro, por tanto, se desplaza el sentido a otros elementos, pudiendo aparecer en manifestaciones desapercibidas del sueño como representantes del contenido latente, por ello, lo que actúa, es el mecanismo del desplazamiento, ya que éste “consiste en que el acento, el interés, la intensidad, de una representación puede desprenderse de ésta para pasar a otras representaciones originalmente poco intensas, aunque ligadas a la primera por una cadena asociativa.” (Laplanche, 1987:98).

            Entonces, se puede concluir, que en lo inconsciente incurre una serie de sistemas de representaciones, y éste sistema alude a un orden u organización sobre una relación de signos que determinan dicho contenido hecho de representaciones. Siendo de esta manera una relación de lenguaje en lo inconsciente, donde estos contenidos se manifiestan como una especie de mensaje a descifrar, debido a que en el sueño se advierte lo particular del signo, como un elemento donde se condensan y desplazan varios sentidos, debido a que se encuentran inmersos en un lenguaje inconsciente hecho de representaciones y otro lenguaje consciente hecho de palabras, sin embargo, en realidad tales lenguajes, no se trata de otra cosa, que de la misma cara de la moneda.

En este caso, como en el de las otras formaciones del inconsciente, Freud interpela de entrada al sueño en referencia a un sistema de elementos significantes análogos a los elementos significantes del lenguaje. Freud nos convoca inevitablemente a ese orden del lenguaje a partir del momento en que el principio de investigación del inconsciente queda suspendido constantemente al flujo de las cadenas asociativas que, al no ser otra cosa que cadenas de pensamientos, nos conducen incesantemente a cadenas de palabras. (Dor, 2000:22).  

            De esta forma, se observa cómo desde Freud, se puede pensar si no en una relación consustancial, si en una relación coextensiva entre el sistema o estructura de lo inconsciente con el sistema o estructura del lenguaje, asemejándose a la determinación lingüística del término.

           

 

La metáfora y la metonimia en el sueño.       

            Jacques Lacan advierte una serie de incidencias con respecto a la inclusión del lenguaje en la comprensión de lo inconsciente, y lo plantea en lo que él denomina el retorno a Freud, en su continuo énfasis del retornar al real sentido de lo inconsciente freudiano, pues, “se trata de situar de entrada lo que pertenece sin equivoco a una practica auténticamente psicoanalítica con respecto a otros procedimientos de investigación del inconsciente que, aunque pretenden situarse dentro del psicoanálisis, parecen haber perdido por completo ese sentido”. (Dor, 2000:17).

            Por tanto, lo que se encuentra en el desarrollo teórico de Lacan, es una restauración de la particularidad freudiana de la comprensión de lo inconsciente bajo el aforismo que actúa como entrada al retorno a Freud y rige su corpus teoricus: El inconsciente está estructurado como un lenguaje. (Lacan, 1984). Su enseñanza es el desarrollo de esta hipótesis hasta sus últimas consecuencias, y tiene sus inicios en los estudios sobre el sueño de la teoría freudiana, pues, “la estructura del lenguaje que hace posible la operación de la lectura, esta en el principio de la significancia del sueño, de la Traumdeutung” (Lacan, 1985:490).

            Ya se ha concluido en los anteriores apartados, que en los sueños, el contenido manifiesto en realidad no es más que un disfraz del contenido real, es decir, que las manifestaciones psíquicas “tienen en común la facultad de significar otra cosa que lo que significan inmediatamente” (Dor, 2000:22). Por tanto se perfila la idea de que el sueño es un discurso disfrazado, encubierto, condensado, desplazado el cual el sujeto no logra descifrar si no es con la ayuda del proceso asociativo de la palabra.

            Lo particular en Lacan, es que además de apreciar, le concede gran importancia a aquellas características del lenguaje que posee el sueño, estableciendo su analogía a partir de los mecanismos de la condensación y el desplazamiento con los de la metáfora y la metonimia:

La Verdichtung, condensación, es la estructura de sobreimposición de los significantes donde toma su campo la metáfora, y cuyo nombre, por condensar en si mismo la Dichtung, indica la connaturalidad del mecanismo de la poesía, hasta el punto de que envuelve la función propiamente tradicional de ésta. (…) La Verschiebung o desplazamiento es, más cerca del término alemán, ese viraje de la significación que la metonimia demuestra y que, desde su aparición en Freud, se presenta como el medio del inconsciente más apropiado para burlar a la censura. (Lacan, 1984:491).

            Así, la metáfora y la metonimia, son comprendidas por Lacan a partir de los trabajos del lingüista ruso Roman Jakobson, quien establece una oposición entre una y la otra, y son comprendidos por Lacan (1985), para el caso de la metáfora como la sustitución de un significante por otro:

La chispa creadora de la metáfora no brota por poner en presencia dos imágenes, es decir dos significantes igualmente actualizados. Brota entre dos significantes de los cuales uno se ha sustituido al otro tomando su lugar en la cadena significante, mientras el significante oculto sigue presente por su conexión (metonímica) con el resto de la cadena. (p.487).

            Por lo cual, ocurre que un elemento, es decir, un significante representa varias cadenas asociativas (condensación), determinando un efecto que sólo es posible en la metáfora: el efecto de significación. Ahora, Lacan advierte que, así como el desplazamiento es anterior a la condensación, ocurre lo mismo con la metáfora y la metonimia, por tanto, si es posible la resolución metafórica, es por la acción de la metonimia, debido a que este proceso mantiene una coordinación entre significantes en la cadena, pues, en ésta ocurre una acción de contigüidad entre significantes y su forma de relacionarse,  ya no es la sustitución de uno por el otro, sino su relación en el tiempo dentro de una cadena significante, pero con el resultado de una resistencia de significación,  por tanto, lo que ocurre es un desplazamiento de sentido, de un significante a otro sin producir algún significado nuevo, es por ello, que el significado sólo es producto del proceso metafórico, que es donde se lleva a cabo la transferencia del significado.

            De lo anterior se concluye que la metáfora y la metonimia constituyen el modo de producción de la significación, por lo cual, el sueño no seria otra cosa que una metáfora del símbolo, con lo que se confirma una vez más que el trabajo del sueño y por tanto de lo inconsciente sigue las leyes del significante.

Fabián Becerra-Fuquen

 

Notas.

[1]. Para la psicología, la unidad de función del lenguaje es la <<palabra>>: una representación compleja que se demuestra compuesta por elementos acústicos, visuales y kinestésicos. Ver: Freud, Sigmund. (1992). Apéndice C. Palabra y cosa. [Lo inconsciente (1915)]. En: Obras completas. Vol. 14. (1914-16). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu editores, p. 207.

[2]. “Designamos como letra ese soporte material que el discurso concreto toma del lenguaje”. Véase: Lacan, Jacques. (1984). La instancia de la letra en el inconsciente y la razón desde Freud. En: Escritos I. México: siglo XXI editores.

 

Referencias.

Braunstein, Nestor. (1982). Lingüistería. Lacan entre el lenguaje y la lingüística. En: El lenguaje y el inconsciente freudiano. México D.F., México: Siglo XXI.

De Saussure, Ferdinand. (1945). Curso de Lingüística General. Buenos Aires, Argentina: Editorial Losada, S.A.

Dor, Joël. (2000). Introducción a la lectura de Lacan. El inconsciente estructurado como un lenguaje. Barcelona, España: Gedisa editorial.

Freud, Sigmund. (1991). Interpretación de los sueños (1900). En: Obras completas. Vol. 4. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu  editores.

Freud, Sigmund. (1992a). Justificación del concepto de lo inconsciente[Lo inconsciente (1915)]. En: Obras completas. Vol. 14. (1914-16). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu  editores.

Freud, Sigmund. (1992b). Sentimientos inconscientes. [Lo inconsciente (1915)]. En: Obras completas. Vol. 14. (1914-16). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu  editores.

Freud, Sigmund. (1992c). Apéndice C. Palabra y cosa. [Lo inconsciente (1915)]. En: Obras completas. Vol. 14. (1914-16). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu  editores.

Lacan, Jacques. (1984). La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud. En: Escritos I.  México: Siglo XXI Editores.

Lacan, Jacques. (1985). Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano. En: Escritos II. México: Siglo XXI Editores.

Lacan, Jacques. (1993). Seminario 3. Las psicosis. Buenos Aires, Argentina: Paidós.

Laplanche, Jean. & Pontalis, Jean-Bertrand. (1987). Diccionariode psicoanálisis. Barcelona, España: Labor.

Saal, Frida. (1982). El lenguaje en la obra de Freud. En: El lenguaje y el inconsciente freudiano. México D.F., México: Siglo XXI.

[*] Psicólogo, Universidad Autónoma de Bucaramanga (UNAB). Fundador y miembro del semillero de investigación: Sujeto y Psicoanálisis, de la UNAB. Estudiante de Filosofía de la Universidad Industrial de Santander (UIS). Correo electrónico: fabian.bfuquen@gmail.com