Psikeba. Revista de Psicoanálisis y estudios culturales
 
 


Carlos Reyes González *

Lacan © Psikeba

 




Resumen:

El presente trabajo, busca exponer la concepción inherentemente científica que Moritz Schlick, fundador del Circulo de Viena da a la Ética, a través del análisis del primer capítulo de su libro “Fragen der Ethik” denominado ¿Qué pretende la ética?,1 para posteriormente, confrontar esta posición con la crítica que otro de los miembros de este entusiasta grupo de intelectuales, Rudolf Carnap, hace a la teorización de la Ética, a través de su artículo “Uberwindung der Metaphysik durch Logische Analyse der Sprache 2, en el cual, se considera a los temas metafísicos (incluidos los Éticos) como planteamientos (“pseudo-proposiciones”) puramente emotivos y por tanto, no científicos.

Palabras Claves:

Positivismo lógico, Ciencia, Ética, Proposiciones, Enunciados Fácticos, Sociología, Normas Morales, Emotividad,Imperativos.

 

 

De Moritz Schlick a Rudolf Carnap

 

 

Moritz Schlick comienza el primer capitulo de su libro “Fragen der Ethik” titulado ¿Qué pretende la ética? con una sentencia categórica: “Si hay problemas de la ética que posean sentido, y que en consecuencia admitan solución, la ética será una ciencia”,3 esto, -dice Schlick- porque la solución correcta de sus problemas constituirá “un sistema de proposiciones verdaderas”, y un sistema de proposiciones verdaderas acerca de un objeto, constituye precisamente, la ciencia de ese objeto.4

El físico y filósofo Alemán señala que para él, la única y principal meta que la ética tiene como disciplina (científica) es la “verdad”, y por tanto, su procedimiento debe ser “puramente teórico” para que de esta forma se acceda al conocimiento verdadero. Su aplicación práctica -dice-, en caso de que esta fuera posible, no correspondería al dominio de la ética.5

Cabe señalar, que Schlick fue el fundador de un movimiento de intelectuales cuyo firme propósito respondió a la imperativa convicción de pretender lograr la unificación de las diferentes disciplinas científicas, y de intentar poner a la filosofía, en lo que él y sus colegas llamaban la “segura senda de una ciencia”. De ahí que la dirección que debía seguir cualquier reflexión considerada como seria, respondía principalmente a la, para ellos, inequívoca vía del método científico y del supuesto de que “para que los problemas filosóficos fueran absolutamente auténticos, debían resolverse definitivamente mediante el análisis lógico, con una actitud filosófica basada exclusivamente en lo empírico”6.

El “investigador de la ética”, debía cumplir con las más rigurosas de las aproximaciones científicas, además de la disposición y precaución propias de un hombre de ciencia, esto es,garantizar un adecuado “distanciamiento afectivo” en pos de una efectiva neutralidad. Mientras el investigador de la ética –señala Schlick- este preocupado con sus interrogantes teóricas, debe olvidar que tiene un interés humano, en pos del interés puramente cognoscitivo del objeto de su investigación: “Por que para él no hay peligro mayor que pasar de investigador de la ética a moralista, de investigador a predicador (…) no le corresponde mas entusiasmo que por la verdad cuando filosofa; de lo contrario sus pensamientos corren el peligro de ser descarriados por sus sentimientos; sus deseos, esperanzas y temores amenazan con reducir aquella objetividad, que es primer supuesto previo de toda investigación honrada”.7

Para Schlick es fundamentar aclarar este punto, pues según él, define la tarea que la ética intenta, puede y debe resolver. En sus propias palabras “la ética es teoría y conocimiento, y por tanto, su misión no puede consistir en “producir moralidad”, ni en afianzarla, ni en darle vida, sea solamente en la idea o sea en la realidad”.8 En otras palabras, la ética para Schlick debe caracterizar su objeto de estudio, conocerlo, pero no producirlo.

Sin embargo, ¿Será esto posible? ¿Podrá el pensador de la ética, como dice el filósofo, teorizar sin caer en una disposición moralista? ¿Podrá la ética ser una disciplina exclusivamente científica como lo pretendía este afanado grupo de intelectuales?

Para responder esto, propongo primeramente revisar la minuciosa elaboración que el fundador del Círculo de Viena realiza en torno a lo que él entiende por Ética, para posteriormente contrastarla con lo que otro de los miembros del Círculo de Viena, Rudolf Carnap, considera como “pseudo-proposiciones éticas”.

 

II

 

Schlick propone comenzar su particular reflexión preguntándose en principio por cuál es el “objeto de estudio” de la ética. Plantea, que durante la historia de la humanidad dicho objeto ha sido denominado de muchas maneras, utilizando para ello cada pensador distintas definiciones, pero que en general éste ha sido llamado desde la antiguedad hasta hoy como “el bien”. Como previamente se ha señalado, para Schlick la ética, en su sentido puramente científico, sólo tratará de conocerlo y bajo ninguna circunstancia pretenderá producir ficticiamente su objeto. Es decir, en ningún caso pretenderá incurrir en el error que al parecer del filósofo, han caído todas las ciencias de la ética, esto es, el de “producir moralidad”.

Schlick, con el propósito de delimitar su objeto de estudio, advierte lo que a su juicio ha sido la equivocada opinión promovida por los neo-Kantianos de que: a cualquier empresa de conocimiento, su “objeto de investigación” no se le ha considerado como simplemente dado.9 Señala el filósofo, que lo “moralmente bueno”, al igual que muchos otros objetos de investigación, anteceden a toda sistematización del conocimiento y que, por tanto, es muy probable que en las conformaciones sociales y anterior a toda filosofía moral, ya residiera previamente un sentido cierto de lo bueno.

En este sentido, para Schlick, el sentido de lo bueno, sólo puede ser “descubierto” con procedimientos similares a los que se han ocupado en otras disciplinas científicas para “caracterizar y delimitar su objeto de estudio”.10 Así por ejemplo, refiere que la palabra luz tuvo un significado definido antes de que existiera una teoría de la luz, (la óptica), y ese significado, posteriormente “fijo el objeto de estudio de la misma” y de la misma forma lo bueno, antecede en su naturaleza a una posterior sistematización conceptual, por lo que se requiere para un adecuado estudio de su naturaleza, que se delimiten y caractericen sus condiciones propias, de la misma forma como se hizo con la luz.

Cabe señalar, que en este contexto, el significado de lo bueno (o del bien), esta muy lejano a ser considerado como una especie de entidad que se capta a partir de un especial “sentido sensorial” de la moralidad (como lo es el ojo para la visión). Pues si eso fuera así, -dice el filósofo- se podría incurrir en el riesgo de “objetivar el bien” y por tanto, incurrir en el error de pretenderlo como un a priori (un en sí); debe ser considerado, más bien, como el punto hacia el cual se emprende la investigación y no como el principio de ésta. En palabras de Schlick, debe constituirse en una necesaria preparación para la investigación de la misma: “Esta preparación indudablemente no debe ser desdeñada; la ética no debe evitarse el trabajo de determinar el significado de su concepto fundamental, aun cuando, (…) en cierta forma pueda suponerse conocido el significado de la palabra bueno”.11 Basta con indicar como puede ser conocido su contenido, decir como puede hacerse para delimitar el concepto de lo bueno; y si este fuese indefinible, se debe poder señalar principalmente las “condiciones exactas” en que se aplica. Su característica distintiva –dice Schlick- debe poder exhibirse señalando simplemente ciertos hechos conocidos, sin recurrir a artificio especial alguno.

El filósofo señala que esto puede tener lugar de distintas maneras, pero aborda principalmente dos maneras: una de estas es, en cuanto a su característica formal, y la otra, en cuanto a su característica material.

Respecto de lo primero, señala que si se mira al bien, únicamente desde un plano formal, éste aparecerá siempre expresado como “algo que es exigido” y su opuesto (lo malo) como algo prohibido. Es decir, como el enunciado Kanteano de que“son buenas las acciones que debemos hacer”.12 Sin embargo, -advierte Schlick- que en el sentido puramente formal de la ética, se han producido los más crasos errores del pensamiento moral, “pues en la creencia de que el concepto del bien moral queda totalmente agotado con su ‘mera enunciación’ se incurre en el error de pensar que lo moral no tiene mas contenido que ser lo que se exige, ‘lo que debe ser’; y esta es la equivocada disposición sobre la que Kant puso todo el peso de su filosofía moral”.13

La característica formal de lo moral –dice Schlick- no tiene más función que representar el paso preliminar para determinar el contenido de lo bueno, es decir para la enunciación lógica de su característica material: “Es cuando sabemos que lo bueno es lo que se exige, cuando podemos preguntar ¿Qué es entonces lo que realmente se exige?”.14 Para el filósofo, “lo exigido”, es decir, el “contenido material” de lo ético,-independientemente de quien sea su legislador (Dios, un juez, la comunidad, etc.)-, se constituye en las “normas o reglas morales”, y son éstas para Schlick, el objeto de estudio con el que el investigador de la ética se debe relacionar. Dice el filósofo: “Tenemos que establecer qué modos de acción son llamados buenos por diferentes pueblos, en diferentes tiempos, por diferentes hombres o fundadores de religiones. Sólo de este modo llegaremos a conocer el contenido material de este concepto”.15 En este sentido, el investigador de la ética, en su calidad de científico, debería proceder buscando siempre determinar cuáles son las características comunes de lo que se considera como buenas acciones y cuales no. Deberá agrupar éstas, en clasificaciones mayores de lo que se considera como moralmente bueno y determinar de esta manera, si desde este “proceso inductivo” se accede a un bien mayor único o si se accede a diferentes modalidades y clasificaciones de diferentes principios morales.

Señala Schlick, lo poco que en general han tenido en cuenta ésto los filósofos de la ética, pues casi todos se han lanzado de antemano a la búsqueda de un “principio moral único”, sin considerar la posibilidad de que en realidad estos principios sean muchos e irreductibles en un bien mayor unitario. Sin embargo, advierte, que la investigación de la Ética, en lo que queda establecido hasta este punto, es decir, en “clasificar la existencia de uno o varios principios morales”, no se agota en absoluto. Pues si esto fuera así -señala-, bastaría para el investigador de la ética con rotular las diferentes normas morales en agrupaciones mayores dentro de las cuales pudieran ser clasificables, y de esta manera, proceder en agrupar los hechos o conductas humanas en función de las normas correspondientes. Pero esto seria tan sólo una ciencia normativa puramente descriptiva, por lo que según el filósofo, “no sería posible evaluar con certeza la validez y justificación científica de cada regla moral”.16 Se estaría participando más bien de una “imposición” de un sistema relativo de normas lógico-abstractas a las actividades de la vida, más que en considerar la inherente calidad de “ciencia fáctica” que poseería la ética, lo que para el positivismo lógico se constituye en condición fundamental para el conocimiento verdadero.

En este sentido, para Schlick, toda norma o regla moral debe ser extraída “en calidad de hecho” de la naturaleza y de la vida humana. “Ningún resultado de la ética puede estar en contradicción con la vida”, pues si esto ocurriese -dice- es señal segura de que el investigador de la ética entendió equivocadamente su tarea y no pudo resolverla.

Señala que puede haber, desde luego, una discrepancia aparente, pues lenguaje y pensamiento son muy imperfectos, “pues con frecuencia el que habla y evalúa no ve claro el mismo lo que expresa, y a menudo sus valoraciones descansan en una falsa interpretación de los hechos, los que cambiarían inmediatamente con una corrección del error”.17 Es necesidad para Schlick, que el investigador de la ética descubra estos errores y deba ponerlos en oposición con la falsa dirección que puedan tomar.

La ética -recalca el filósofo-, tiene la pretensión de tener que ver por entero con lo real “y esta es la proposición mas importante de su tarea”, pues cualquier imperativo o realidad normativa abstracta que escape a lo inductivo-fáctico -dice- (en directa alusión a la ética Kanteana), se constituirá en una mera “imposición moralista”, en un puro “deber ser” que no escapará mas allá del mero resultado lingüístico de establecer los significados formales de las palabras bueno y malo, que como meras “conchas vacías”, en sí mismas, no contendrán “nada de hecho”.18

 

III

 

Toda ciencia –dice Schlick- es un “sistema de proposiciones empíricas verdaderas, las cuales se sustentan en la observación de hechos fácticos”,19 por lo que, el problema fundamental de la ética, “trascendería” lo que hasta aquí se entiende por su objeto de estudio, esto es, el estudio de “las normas morales”. Pues al pretender la ética ser ciencia y al reconocer que las normas morales se constituyen a partir de “hechos fácticos” son, por tanto, los hechos fácticos los que deben ser estudiados. Cualquier intento de conocimiento que se sustente de un valor moral en sí mismo o a-priori, estará en principio errado. No será ciencia, sino más bien, metafísica.20

Estos hechos, en los cuales el investigador de la ética debe fijar su indagación, son para Schlick, nada menos que “los actos psíquicos y conductuales de dar reglas, de dar aprobación o valoración en la conciencia humana”. Por ello para el filósofo, la ética en este sentido puede ser considerada como una “Disciplina Extra- moral”.21 Esto, porque la ética aborda temáticas que la trascienden como disciplina y se refieren a un principio vital más amplio de lo que tradicionalmente se considera como su campo de estudio. Interesa, en este sentido, al investigador de hechos morales, encontrar el porqué de estos mismos, en el sentido de tratar de comprender su “causa” y “evaluar los procesos psíquicos que los subyacen”, por lo que, la formulación del problema fundamental de la ética, radica principalmente en el interrogar acerca de la explicación causal de estos hechos. La conducta moral, no será más que un tipo de conducta humana, y por lo tanto, la disciplina más adecuada y que se especializa en este tipo de estudios, es para Schlick, la psicología.

El problema central de la ética, al igual que todo problema del actuar humano para el filósofo, ésta enraizado en los problemas exclusivamente psicológicos: “Porque, indudablemente, el descubrimiento de los motivos o leyes de toda clase de conducta, y por lo tanto de la conducta moral, es un asunto puramente psicológico. Sólo la ciencia empírica de las leyes que rigen la vida de la psiquis y ninguna otra, puede resolver este problema”.22 Por lo que, el problema de la diferenciación entre lo ético y lo psicológico, no será más, que un problema meramente terminológico, y el buscar obstinadamente su separación no responde a la eticidad que un científico moderno debiera tener.

El filósofo auténtico –dice Schlick- se dirige precisamente en dirección contraria: “no quiere hacer autónomas e independientes a las ciencias particulares de modo que cada una parezca autosuficiente, sino que, por el contrario, quiere “unificarlas y reunirlas”; quiere demostrar que lo que tienen de común es lo mas esencial de ellas y que lo que las diferencia es accidental y debe considerarse sólo como perteneciente a la metodología practica”. “Sub especie aeternitatis sólo hay para él una realidad y una ciencia”.23

Con esta enunciación termina Schlick su primer capitulo de su libro Fragen der Ethik publicado a comienzos de los años treinta, pretendiendo de esta manera situar a la Ética como una disciplina más del campo de la ciencia, o mas precisamente como una rama más del campo de la psicología.

 

IV

 

Por su parte, Rudolf Carnap, otro de los destacados miembros del Círculo de Viena, rechaza tajantemente la tesis, que el fundador de este movimiento asignaba al conocimiento ético, señalando básicamente “la imposibilidad de que los enunciados éticos fueran enunciados de hechos” (y, por lo tanto, materia de estudio de una ciencia). Afirma mas bien, que estas pseudo-proposiciones éticas son mas bien “imperativos disfrazados24 y que, por lo tanto, responden mas precisamente a enunciados metafísicos y no a enunciados empíricos (que al igual que Schlick consideraba como la única vía de acceder al conocimiento cierto, es decir, con contenido fáctico).

Para Carnap, los enunciados éticos no corresponden a la categoría de enunciados de hechos naturales, ni menos aun, (y en esto coincide con Schlick) si es que son considerados como provenientes de un “supuesto mundo no natural de valores” (puramente abstractos, no fácticos), pues como refiere en su artículo “La Antigua y La Nueva lógica”, toda inferencia es tautológica.25 Señala el filósofo, que las conclusiones de enunciados de este tipo siempre dirán lo mismo que sus premisas, sólo que en una forma lingüística diferente. De ello se sigue la imposibilidad de toda metafísica (incluido los enunciados éticos) de intentar inferir de la experiencia algo trascendente, situado mas allá de dicha experiencia y que en sí mismo no sea experimentable.

Por ejemplo, -señala Carnap- que la “Cosa en Sí”, que está detrás de las cosas de experiencia, lo “Absoluto” detrás de la totalidad de la realidad, la “esencia” y el sentido de los procesos que habría que buscar tras de los procesos mismos, no tienen sentido: “Puesto que una inferencia rigurosa no puede nunca conducir de la experiencia a lo trascendente, las inferencias metafísicas necesariamente contienen omisiones”.26 De ahí surge –dice el autor- la apariencia de una trascendencia. “Se introducen conceptos que son irreductibles, ya sea a lo dado o ya sea a lo físico. Son, por lo tanto, meros “pseudoconceptos” que deben rechazarse tanto desde el punto de vista epistemológico como desde el punto de vista de la ciencia fáctica”.27 Señala Carnap, que aunque consagradas por la tradición y ricas en carga afectiva, estas enunciaciones son palabras sin sentido, por lo que se hace necesario “emprender a fondo una limpieza en la ciencia de todo enunciado metafísico”.28

Carnap, no profundiza específicamente en las reflexiones éticas a la manera como lo realiza Schlick en su libro Fragen der Ethik. Sin embargo, es posible inferir las críticas que hace a los enunciados éticos a partir de las invectivas que este autor lanza a las proposiciones metafísicas29, y a la particular genealogía de los enunciados metafísicos y morales que propone en la última parte de su artículo “Úberwindung der Metaphysik durch Logische Analyse der Sprache30 denominada “La metafísica como expresión de una actitud emotiva ante la vida”; en donde se incluye a los enunciados éticos como enunciados “puramente emotivos”.

 

V

 

Rudolf Carnap se pregunta a final del articulo “La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje”: “¿Cómo es posible que tantos hombres pertenecientes a los pueblos y épocas mas diversos, e incluyendo mentalidades eminentes entre ellos, hubieran derrochado con tan genuino fervor tanta energía en la metafísica para que ella finalmente no consistiera sino en meras sucesiones verbales sin sentido? -Y mas aun- ¿Cómo seria comprensible que estas obras ejerzan hasta el día de hoy una influencia tan fuerte sobre los lectores y oyentes sino contienen, ya no digamos errores, sino que son totalmente vacuas?”.31 La respuesta -señala el filósofo-, radica en que ellas han servido y en algunos casos siguen sirviendo para la expresión de una actitud emotiva ante la vida.32

Carnap ensaya una presuntiva genealogía de la metafísica, emparentándola en sus orígenes con la utilidad psíquica que en algún momento presto el “mito” a la humanidad. El niño –dice Carnap- se enoja con la malvada mesa que le causo daño. El primitivo se esfuerza por congraciarse con el amenazador demonio de los terremotos o adora agradecido a la divinidad de las lluvias fertilizadoras: “Nos encontramos aquí con personificaciones de fenómenos naturales que son la expresión cuasi-poética de las relaciones emocionales del hombre con el medio que le rodea”.33 Esta herencia de conservación psíquica que presta el mito -dice el filosofo- es asumida posteriormente y de manera conciente por la poesía, en el sentido de reproducir e intensificar la intensidad vital que éste proporciona; y por la teología, en la cual el mito se trasforma en un “sistema”.34

Carnap hipotetiza, que tal vez, la metafísica debe ser emparentada con la teología en el sentido de que al igual que ésta se constituyó en un nivel de pensamiento sistemático y conceptual, pero que con el tiempo se olvidó de su naturaleza puramente mitológica y cuasi-poética. Pues “las supuestas fuentes sobrenaturales del conocimiento de la teología son sustituidas en la metafísica por fuentes naturales de conocimiento, pero supuestamente supra-empíricas”.35 Señala el filósofo, que tras el ropaje de las diferentes vestimentas de la metafísica se esconde el mismo contenido poético y mitológico, el cual surge siempre ante la necesidad de dar expresión a una actitud preponderantemente emotiva ante la vida: “Hallamos que la metafísica surge de la necesidad de dar expresión (…) a la postura emocional y volitiva del hombre ante el medio circundante, ante el prójimo, ante las tareas a las que se dedica, ante los infortunios que le aquejan (…) la que normalmente se manifiesta de modo inconsciente en cada una de las cosas que el hombre hace o dice”.36 ¿Pero qué tiene de diferente entonces para Carnap la disposición expresiva del poeta con la del Metafísico? Dice el filósofo, que el poeta nunca pretende imponer su concepción ante el mundo como lo pretende el metafísico, señala que precisamente la metafísica oculta tras de si la “pretensión de ser ciencia”, por lo que es inherente a la naturaleza del metafísico la imposición de sus argumentos (puramente inferenciales) en cualidad de “imperativos”, “esencias”, “en si”, u otra inferencia tautológicas, que en su carácter metafísico pretenden trascender la jurisdicción positivista de lo empíricamente fundado en la ciencia inductiva.37 Por ello, para el autor no existe validez que saque al metafísico de su error metodológico.

Hasta aquí, es inevitable no asociar la explicación puramente mitológica y poética que Carnap esta dando a su genealogía de la metafísica (como sustituta de la naturaleza artística y mitológica del hombre) con la filosofía vitalista y genealogista de Nietzsche, específicamente en cuanto a la naturaleza metafórica del conocimiento. De hecho Carnap mismo utiliza a Nietzsche como ejemplo de lo que a su parecer es el método correcto de caracterizar emotivamente la relación del hombre con el mundo, llegando a aseverar que “en la obra en la que Nietzsche expresó más enérgicamente lo que otros expresaron a través de la metafísica o de la ética, esto es, en el Zarathustra, no incurrió en el error de seleccionar una equivocada forma teorética, sino abiertamente la forma del arte, del poema”.38

Habría que preguntarse si es que efectivamente Nietzsche tenía las cualidades inocuas que Carnap le asigna al poeta, específicamente en relación a la diáfana intención de expresar y no imponer un tipo de metafísica, o modelo de moralidad. Sin embargo, lo cierto, es que éste último coincide con la explicación de la naturaleza puramente poética del conocimiento metafísico. Con la salvedad, que Nietzsche va mas allá respecto de qué o cuál conocimiento es o no extraído del mito, pues para él precisamente “todo el intelecto humano” tiene un origen mitológico, o mas específicamente metafórico, por lo que es inherente a la naturaleza epistemológica del conocimiento, el autoerigirse “altaneramente” como verdades tautológicas; vacías elucubraciones metafóricas, que en su uso constante, el hombre “olvida que lo fueron”.39

 

VI

 

Visto lo anterior, habría que destacar cómo la Ética, para estos filósofos, se enmarca en el conflicto fundamental de principios del siglo XX, esto es en la naturaleza misma del conocimiento; y vemos como dos destacados miembros de este particular circulo intentaron dar respuesta a temas tan fundamentales para la filosofía cómo lo son la ética y la metafísica. Sin embargo, también vemos cómo difieren ambos en la naturaleza de su explicación y en la posibilidad de que la ética pueda ser enunciada, en la para ellos única vía de acceder a lo verdadero, esto es, “el método científico”.

Con la supuestamente eliminada metafísica, los positivistas vieneses esperaban también haber superado la teoría del conocimiento, pero en esto se engañaron, pues los problemas fundamentales que les siguieron estuvieron siempre enmarcados en la valides objetiva de los enunciados elementales, y por tanto, en la veracidad de los datos fácticos.40 En este sentido, tanto la ética como la política u otras disciplinas de las ciencias humanas, estuvieron fuertemente influenciadas por los irrenunciables problemas epistemológicos que siempre a los intelectuales del Círculo de Viena les salían al paso como piedra de tope para su pretencioso proyecto, que más que teoría parecía más bien “un solapado programa político de unificación del pensamiento”.

Como señala Ayer: “se deseaba que los hombres de ciencia de las diferentes disciplinas colaboraran entre sí y con los filósofos, mas estrechamente de lo que suelen hacerlo, pero también se afirmaba que hablaban, o debían hablar, un lenguaje común y que el vocabulario de las ciencias “debía” unificarse”41 Por ello, no debe de sorprender el interés particular que el fundador del circulo de Viena pusiera a los problemas éticos, pues era fundamental para el movimiento responder a este tipo de problemas y renunciar a posibles interpretaciones metafísicas que de ello se pudiera hacer. De ahí el interés particular de Schlick de pretender considerar incluso a la ética como disciplina reductible al método científico y de intentar casi obstinadamente abandonar el carácter prescriptito de ésta, expresada en la tradición. No obstante, Carnap fue mas astuto al vislumbrar las posibles críticas que se le pudieran imputar a la concepción que Schlick asignaba a los enunciados éticos, por ello el mismo decide criticarlos y considerarlos como “imperativos disfrazados”. Pues en este sentido, se evitó la engorrosa tarea de justificar el reduccionismo, tan propio del movimiento neopositivista, al considerar a la ética como una disciplina meramente descriptiva yevitar, en consecuencia, de explicar lo que Hume había puesto en el tapete de la filosofía empirista hace ya dos siglos atrás, estos es, que “el deber no se infiere del ser”.

Para concluir, tal ves decir, que el imperativo mas ciego y arraigado con el cual los positivistas lógicos no supieron, y quizás nunca quisieron dialogar, se refirió principalmente a lo que los constituyó como movimiento expansionista, esto es el pretender reducir todo el campo del conocimiento humano al conocimiento científico. Y tal ves, la misma crítica que realiza Carnap a los enunciados éticos, no haya sido más que un intento reflexivo y racional deautoconservación, el cual pretendió desplazar a los postulados fácilmente criticables de Schlick por proposiciones ético-epistemológicas más fuertes, mejor intuidas y mejor reflexionadas. Sin embargo, en Carnap la idea siguió siendo la misma: “la posibilidad cierta e inconscientemente imperiosa de considerar como única alternativa para acceder al conocimiento al imperativamente irrenunciable método científico”.

 

Lic. Carlos Reyes González

 

 

NOTAS

[1]  Publicado en Viena a comienzos de la tercera década del siglo XX (1930), a menos de una década de la fundación del Circulo de Viena.

[2] “La Superación de la Metafísica Mediante el Análisis Lógico del Lenguaje”, Publicado en el Segundo Volumen de la Revista Erkenntnis en el año 1932. Extraído de: Ayer A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, pp. 66-87.

[3] SCHLICK Moritz, “¿Qué pretende la ética?. Extraído de: Ayer A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, p. 251.

[4] Ibíd.

[5] Ibíd.

[6] AYER A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, p. 14.

[7] SCHLICK Moritz, “¿Qué pretende la ética?. Extraído de: Ayer A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, p. 251.

[8] Ibíd. p. 252.

[9] Ibíd.

[10] Ibíd.

[11] Ibíd.

[12] Ibíd. p. 256.

[13] Ibíd.

[14] Ibíd. p. 257.

[15] Ibíd.

[16] Ibíd. p. 260.

[17] Ibíd. p. 262.

[18] Ibíd. p. 263.

[19] MORITZ Schlick, El Viraje de la Filosofía. Publicado en el primer volumen de la Revista Erkenntnis, en el año 1930. Extraído de AYER A. J. El Positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, p. 62.

[20] Ibíd. p. 63.

[21] SCHLICK Moritz, “¿Qué pretende la ética?. Extraído de: Ayer A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, p. 264.

[22] Ibíd. p. 267.

[23] Ibíd. pp. 267-268.

[24] AYER A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, p. 27.

[25] Artículo publicado en el primer Volumen de la revista Erkenntnis bajo el titulo original de “Die alte und die neue Logik”. Extraído de AYER A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, pp. 139-152.

[26] CARNAP Rudolf, “La antigua y la Nueva Lógica”. Extraído de: Ayer A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, p. 151.

[27] Ibíd.

[28] Ibíd.

[29] Ver por ejemplo: “La antigua y la Nueva Lógica” específicamente el capitulo denominado La Eliminación de la Metafísica, publicado en Erkenntnis, Volumen I, en el año 1930-31.

[30] CARNAP Rudolf, “La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje” Extraído de: Ayer A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, pp. 84-87.

[31] Ibíd. p. 85.

[32] Ibíd.

[33] Ibíd.

[34] Ibíd.

[35] Ibíd.

[36] Ibíd.

[37] Ver Notas del Autor en cuanto a la definición que éste hace de la metafísica. CARNAP Rudolf, “La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje” Extraído de: Ayer A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, p. 87.

[38] CARNAP Rudolf, “La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje” Extraído de: Ayer A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, p. 87.

[39] Ver: NIETZSCHE Friedrich, Sobre Verdad y Mentira en Sentido Extramoral, En Revista Observaciones Filosóficas, www.observacionesfilosoficas.net

[40] AYER A. J. El positivismo Lógico, Fondo de Cultura Económica, México-Buenos Aires, 1965, p. 23.

[41] Ibíd. p. 27.

 

 

 

* Psicologo. Licenciado en Psicología por la Universidad Católica del Norte - Chile.

Cursa el Programa de Magíster en Filosofía de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Realiza su Tesis de Postgrado bajo la Dirección del Dr. Adolfo Vásquez Rocca. Ha publicado entre otros Artículos.

  • Sloterdijk y Nietzsche; De la negatividad socrática al bello riesgo del entusiasmo [En Psikeba, Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales]
  • Sloterdijk; organicidad metafórica, modelos de comunicación y crítica del psicoanálisis fundacional

[En Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/]

 

   Pulsión de muerte y utopía: por una arqueología de “lo real”
  http://www.psikeba.com.ar/articulos2/RV-pulsion-de-muerte-y-utopia-por-una-arqueologia-de-lo-real.htm
 
 
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