Ana Llurba *
“Flexión” como alteración gramatical que asigna un plus de sentido. La flexión Literal oxímoronica, neobarroca y agramaticalizada ejecutó una interrupción literaria de la sintaxis, deudora de la herencia macedoniana. La generación “Literal” como afirmara Roberto Echavarren (2005)
“retoma el hilo secreto de los subversivos: Macedonio, el “mentor” de Borges como prodigioso contertulio pero inexistente artista (...) De Macedonio parte, en el Río de La Plata, una escritura convecina de la ocurrencia y el diálogo: escribir como se piensa, pensar como se habla, corregir sin romper el molde de la primera versión. Por más que ese habla se condense, se intensifique, exhiba por contrapunto, la parcialidad de cada una de sus voces”.
Macedonio “iluminado” por Lacan, otro gran dilettante, que escribía como pensaba y pensaba como se habla. La flexiónLiteral “hace” hablar a Macedonio, el conversador, entendiendo con Libertella (2002:15) que “(...) se habla por hablar. No hay mayores goces que esos que se enuncian diciendo certeza de la muerte, banalidad y ausencia de la causa” con la interferencia lacaniana -lo Simbólico, la causa ausente- como médium espiritista. Y Jacques Lacan escribiendo como si fuera el muñeco ventrílocuo de Santa Teresa de Jesús (María Moreno dixit) deja visualizar la operación de su redención por el neobarroco rioplatense, al que Literal estuvo estrechamente vinculada, enhebrando su genealogía tanto en Quevedo como en Góngora articulados como opuestos en el sujeto escindido de la escritura macedoniana.
El primer ejemplar de Literal salió a la calle en noviembre de 1973. Y tuvo una errática vida editorial hasta 1977, condensándose los cinco números de la revista en tres volúmenes. Por su redacción pasaron Germán Leopoldo García, Osvaldo Lamborghini, Josefina Ludmer, Héctor Libertella, Luis Gusman, Oscar Masota, Oscar Steimberg, Oscar del Barco y Eugenio Trías, entre otros, quienes desde el anonimato se postulaban en filiación con la revista Scilicet que dirigió Lacan en París. Esta política de tachar los nombres propios, como su particular perfil editorial, están cruzados no sólo por las lecturas de Lacan, sino también por la convulsión política de la época. Libertella (2002:35) lee en esta afirmación del anonimato tanto la filiación lacaniana así como “esa leyenda criolla de las pancartas que después iban a invadir el casco urbano: somos la rabia”. Las críticas desde Literal al realismo y el populismo como “políticas de felicidad” deben entenderse como un intento de configurar un lugar excéntrico en el campo cultural, ya que desde ese fenómeno histórico casi inaprensible que es el peronismo, estas estéticas plasmaban los devaneos bienpensantes de la intelligentzia de la época.
Este “lacanismo de combate” de la revista fue severamente criticado por Alberto Giordano (1999:75) quién sostiene que la política literaria configurada en Literal quedó presa del poder explicativo de psicoanálisis: “Pero cuando se erige al psicoanálisis en norma, en discurso “tutor”, la literatura, que vive de la ruina de cualquier autoridad, muere” afirma el autor, al respecto del famoso primer prólogo a El frasquito de Luis Gusmán, redactado por Germán Leopoldo García. Entendemos con Giordano (1999:76) que la legibilidad contemporánea de Literal es posible por la cristalización académica del discurso lacaniano, lo que promueve la cristalización paralela de su arrojo vanguardista en el museo de la literatura argentina. Sin embargo, la “flexión” Literal sobre Macedonio Fernández -aunque tamizada por las concepciones de sujeto y escritura en Lacan- nos parece sugestiva a los fines de analizar sus críticas a la estética realista. En este sentido, la influencia macedoniana es indiscernible del cuestionamiento al realismo que promovió esta publicación, la cual entendió que“(...) el delirio realista de duplicar el mundo mantiene una estrecha relación con el deseo de someterse a un orden claro y transparente donde quedaría suprimida la ambigüedad del lenguaje; su sobreabundancia, mejor dicho” (La flexión literal, Literal nº2).
Dos ensayos publicados en la revista: “Por Macedonio” de Germán Leopoldo García y “Apuntes sobre 35 versos de Elena Bellamuerte” de Josefina Ludmer y Osvaldo Lamborghini, condensan referencias “literales” al excéntrico escritor rioplatense aunque, nos parece que la recepción de Macedonio no se deriva exclusivamente de estos ensayos sino que se puede rastrear en diferentes aspectos que articulan la “flexión” literal con la belarte macedoniana. En primer lugar, en las críticas programáticas al realismo (“Todo realismo mata la palabra subordinando el código al referente” En “No matar la palabra, no dejarse matar por ella” Literal nº1) es donde se evidencian los ecos fantasmales de Macedonio afirmando que “El realismo es la Mentira del Arte”, como uno de sus más lúcidos críticos. En segundo lugar, en el acoplamiento entre teoría y literatura, que implicaría a la vez la fusión entre ética y estética en Macedonio. Y, por último, la formulación de una teoría de la lectura y del lector, axiomáticos en la promoción que hizo Literal de “la incertidumbre de la lectura” o de “las condiciones de una lectura por venir”, cuyo antecedente más próximo, en la historia de la literatura argentina, podría rastrearse en algunas formulaciones teóricas macedonianas.
En “Apuntes...” (Literal nº2) Ludmer y Lamborghini analizan intensivamente los primeros treinta y cinco versos de “Elena Bellamuerte”, pero no sólo a los fines despejar el sentido último del célebre poema, sino para inscribirse en una tradición y elaborar una serie de hipótesis sobre el lenguaje poético. La operación de genealogía en Macedonio, Girondo y Borges como “descifradores-hacedores de enigmas, antiángeles, escritores contra-natura” no sólo apunta a una operación genealógica, sino a entablar una “polémica oculta” con sus contemporáneos:
“La porción mayor de la literatura y de la crítica que hoy se escribe en la Argentina vive libre de la tentación de invitarse a rozar este proyecto antisocial. Por el contrario se la ve cada vez más afirmada en la tradición derivada de la humanística antropoide de los Derechos del Hombre: un progresismo perruno y tartajeante, componente inseparable de la “lealtad a la época”, desgarrada siempre” (Literal nº2)
Estas críticas punzantes a la que podría considerarse como “literatura comprometida” también apuntan al realismo inherente en sus supuestos estéticos bienpensantes. En este sentido, Macedonio les sirve a Ludmer y Lamborghini para subvertir la versión contemporánea de subversión estética a través de la configuración de su-versión:
“Curioso, paradojal: quienes acosan a toda la literatura concebida en la línea macedoniana de propiciar coartadas para evadir la realidad son, precisamente los encargados de inventar teorías de evasión cuyo efecto es marcar cualquier proceso con los sellos del orden y la obediencia”. (Literal nº2)
Esta inscripción en la tradición antirrealista macedoniana también les permite desarrollar sus hipótesis acerca del lenguaje poético, entendido desde un “edicto aristocrático”: en primer lugar, “la reducción de toda la literatura a la poesía” y, en segundo, como “la negación de toda tentativa de escribir pensando en el semejante, la semejanza, en la reproducción: un salto hacia lo otro y la diferencia”. Estas dos consignas programáticas, con las que se cierran los apuntes sobre “Elena Bellamuerte”, condensan la promoción de toda una estética que pone en cuestión tanto el realismo de denuncia, como la operación metonímica de encerrar la escritura literaria en las relaciones de semejanza, de representación de la realidad, en la opresión del prójimo y su verdad.
“Por Macedonio Fernández” de Germán Leopoldo García es el otro artículo de Literal, junto con los “Apuntes…”, que hacía una referencia explícita a Macedonio, pero al que no pudimos acceder materialmente por que no aparece en la compilación de Libertella (2002) en la que nos basamos para desplegar este ensayo. Según este mismo autor, “Por Macedonio Fernández” fue publicado bajo el anonimato, aunque simultáneamente con la aparición de “Macedonio Fernández: la escritura en objeto” (1975) de Germán García, lo que nos permite atribuir los postulados de este trabajo a ese ensayo de Literal al que casi paradojalmente, como esa continua manía de diferimiento, de postergación de la escritura macedoniana, presente en los prólogos de Museo de la novela de la Eterna y Una novela que comienza, no pudimos acceder.
“La flexión literal sabe que la literatura, como el fetiche, se constituye por un desplazamiento de valores; pero en oposición al realismo, se borra del plan pueril de acumular residuos metonímicos a ver si -en una de esas- sale una metáfora” (“La flexión literal” nº2). Esta reivindicación programática de la metáfora por la metonimia deja leer la raíz macedoniana de la imposibilidad de la re-presentación. De esta forma, la metáfora aparece en la relectura de Literal desde esa capacidad singular de “innovación semántica” que Paul Ricoeur (1988:74) le atribuyó a esta figura retórica:
“La metáfora es una creación instantánea, una innovación semántica que no tiene estatuto en el lenguaje establecido y que existe sólo en la atribución de predicados establecidos (...) está más próxima a la resolución activa de un enigma que de la simple asociación por semejanza”.
En este sentido, García (1975:24) sostiene en Macedonio Fernández: la escritura en objeto que: “El agramatismo de Macedonio, el poder metafórico de sus textos, su repulsa por el realismo, lo muestran en la vertiente del lenguaje que se articula en el eje del código contra el contexto. Metáfora contra metonimia, código contra contexto, presencia contra la ausencia”. Este poder de diferimiento de la metáfora también podría esclarecerse desde la differance derridiana, que “no es ciertamente más que el despliegue histórico y de época del ser o de la diferencia ontológica. La a de la differance señala el movimiento de este despliegue” (Derrida, 1998:39), entendiendo así una especie de dislocación del sentido en una cadena de sustituciones que se difieren continuamente, casi analógicamente con la imposibilidad de acceso a lo Real desde la teoría lacaniana, subyacente en las lecturas literales de Macedonio. En este sentido, como afirmara García (1975:35) “La escritura de Macedonio es el acto de diferir la constitución de una obra, el desplazamiento incesante de una ausencia”. La metáfora como recurso literal, literario, antirrealista. Contra la mención de las partes por el todo, implícita en la metonimia y la aspiración a la totalidad presente en el realismo luckacsiano, Literal reclama la metafórica capacidad poética del lenguaje, anteponiendo, de esta manera, la poesía a la literatura misma: “La flexión literaria del realismo hizo escuela como metáfora, pero se tacha a sí misma al proponerse como metonimia que sería necesario reproducir, reprimiendo de esta manera las metáforas virtuales que cada época puede constituir”.(La flexión literal. Literal nº2).
La articulación entre teoría y práctica literaria están omnipresentes en ese ejercicio de postergación al infinito que son los cincuenta y seis prólogos de Museo de la Novela de la Eterna. En este sentido Macedonio (1993:55) afirmaría: “Si fracasa como tal lo que llamo novela, mi Estética salvará el caso: admito que se la tome por novela, por fantasía de buen género, por novela suplente. Si falla la novela como novela puede ser que mi Estética haga de buena novela”. Esta cita es rescatada por Oscar del Barco (1985:72) para señalar que no se plantea en Macedonio una separación entre estética y novela, sino la deconstrucción de ambas: “No se plantea una estética, ni de una filosofía, de un lado, y una “artística” realizada, por el otro, sino de una permutación del género”. Esta operación macedoniana está presente sin dudas en la herencia de la “flexión Literal”. En este sentido, podemos pensar que Literal aprovechó la productividad poética de sus lecturas de Lacan, para intentar articular teoría y práctica de la literatura: “Escritura literal se piensa a partir de la diferencia, pero no confunde diferencia con frontera. Montada como intriga literal, el juego donde el texto teórico podrá ser portador de la ficción, y la reflexión teórica tejerá la trama del sentido”. (“La intriga”. En Literal nº1). Y, en este sentido, postularon una lectura “activa” del psicoanálisis lacaniano, sorteando su potencial de aplicación metodológico para el análisis literario.
Diferentes aspectos rupturistas de la estética macedoniana son susceptibles de leerse hasta la actualidad desde la teoría lacaniana (y hasta podría entenderse a todo el posestructuralismo como condición de legibilidad de Macedonio). Un ejemplo de esto sería el ensayo crítico Desencuadernados: vanguardias excéntricas en el Río de la Plata. Macedonio Fernández y Felisberto Hernández de Julio Prieto (2002:16), que postula como categoría la cinta de Moebius -el tópico con el qué Lacan intentó acercarse a alguna representación gráfica del inconsciente- para ejemplificar la posición incómoda, excéntrica de estos escritores respecto de la misma vanguardia. Sin embargo, más allá de la lúcida articulación entre Macedonio y el uruguayo, nos parece que Prieto (2002:96) se deja encandilar por la productividad teórica y analítica de la teoría lacaniana, a diferencia de la “flexión Literal” que asumió el desafío, presente en la herencia macedoniana al “mezclar los códigos, dar por sabido lo que se ignora, adoptar la posición del entontecido cínico (Macedonio) incluso frente a lo que realmente se sabe (…)” (“La Intriga” Literal nº1).
La formulación de una teoría de la lectura y del lector, la plasmación de la incertidumbre de la lectura en la obra de Macedonio es otra huella reconocible en la “flexión literal”. En este sentido “Quién lee determina a quien escribe, de manera que aun en aquello que le molesta leer puede demostrar sus palabras perdidas” (Juego de exclusiones, Literal nº2), la impronta literal macedoniana reivindica un “lector macho”, un lector activo recuperando aquello que Del Barco (1985:75) señala: “Macedonio puede identificarse con la exigencia mallarmeana: leer-decía este- es una práctica, vale decir que no se trata de una mera recepción, de una actividad especular, sino que la lectura es una actividad constituyente”.
La disolución del autor, practicada desde el anonimato, en la política editorial de Literal de tachar los nombres propios antes referida (“Borrar el autor para que el discurso no cese de escribirse en todos los deseos y vuelva inscribirse siempre en cualquier cuerpo” Juego de exclusiones,Literal nº3) se relaciona estrechamente con esta teoría del lector: “La literatura es una palabra para nada, en la que cualquiera puede reconocerse” (No matar la palabra, ni dejarse matar por ella. Literal nº1). En este mismo sentido, Del Barco (1985:76) lee, también, la disolución del autor en función de la noción del “primer lector” en Macedonio. Y en el contexto de esa disolución se entiende que el “autor” sea únicamente el “primer lector”:
“el llamado “autor” tiene el solo privilegio de ser quien primero lee lo que se escribe en la página en blanco, pero es tan ajeno a esa escritura como cualquier otro mortal: “su” mano carece de la conciencia de lo que escribe, contempla la primera palabra y lo que seguirá escribiéndose le resulta más ignoto –de allí que viva locamente esa ignorancia de no-saber- que a los lectores futuros”.
De esta forma, en la categoría de “lectores de la novela futura” se inscribirían las lecturas literales, afirmando que “La literatura es una variante infinita de esa ironía que explica de que manera detrás de la postura de amos del lenguaje, aparece la sumisión a una palabra que siempre se anticipa”. Esta idea de futuridad, de continua postergación hacia adelante, como una especie de iluminación mesiánica le reconoce Noé Jitrik (1971:36) a Macedonio en “La novela “futura” de Macedonio Fernández. Según este autor, la “poética del pensar” macedoniana anticipa ciertas preocupaciones muy actuales de la “productividad”, la “textualidad” y la “obra abierta”.
En este sentido, nos parece válido afirmar que si bien, como señalábamos anteriormente, la recepción de Lacan es una condición de legibilidad contemporánea para la estética macedoniana, la “flexión Literal” se auto inscribió en la tradición inaugurada por este excéntrico escritor en la vocación de irrumpir en su época, operando entre las fronteras discursivas, en la disolución de los límites entre literatura y teoría, en esa exploración neobarroquista del lenguaje, que también le debe mucho a ese “autoexistente increado”, a un místico: Macedonio Fernández.
Ana Llurba
Bibliografía:
- Del Barco, Oscar (1993): Macedonio Fernández o el milagro del ocultamiento. En Dossier de Museo de la novela de la Eterna. Ed. Fondo de Cultura Económica, Madrid. Pág. 72-85
- Derrida, Jacques (1998): De La Differance. En Márgenes de la filosofía. Ed. Cátedra, Madrid. Pág.39
- Echavarren, Roberto (2005): Barroco y neobarroco: los nuevos poetas. En revista web Sol Negro. www.sol-negro.tk.
- Fernandez, Macedonio (1993): Museo de la novela de la Eterna. Ed. Fondo de Cultura Económica, Madrid. Pág. 55
- García, Germán Leopoldo (1975): La escritura en objeto. En Macedonio Fernández: La escritura en objeto. Ed. Siglo XXI, Bs As. Pág 24
- Giordano, Alberto (1999): Literal y El frasquito: las contradicciones de la vanguardia. En Razones de la crítica. Sobre literatura, ética y política. Ed. Colihue, Bs As. Pág. 75-76
- Jitrik, Noé (1971): La novela futura de Macedonio Fernández. En Dossier de Museo de la novela de la Eterna. Ed. Fondo de Cultura Económica, Madrid. Pág. 36
- Libertella, Héctor comp. (2002): Literal 1973-1977. Santiago Arcos Editor, BsAs. Pág.35-
- Libertella, Héctor (2003): Borges por Macedonio. En La Librería Argentina. Ed. Alción, Córdoba. Pág.15
- Prieto, Julio (2002): Genealogía de lo extraño o de los discursos excéntricos como aguja de marear modernidades. En Desencuadernados: vanguardias excéntricas en el Río de la Plata. Ed. Beatriz Viterbo, Rosario. Pág.16
- Ricoeur, Paul (1988): Palabra y símbolo. En Hermenéutica y acción. De la hermenéutica de la acción a la hermenéutica del texto. Ed. Docencia, Bs As. Pág.74
NOTAS
Según Germán García (1975,23): “El uso gongorista que Macedonio hace de ciertos efectos de Quevedo le sirve para trastocar mediante los arcaísmos de una sintaxis, la tiranía lógica de una gramática preceptiva(...) Que en Macedonio se confundan dos autores “opuestos” es el correlato de la co-fusión de dos voces articuladas en el sujeto escindido de su escritura: en esa sintaxis a dos voces –muchas veces habla la Eterna y siempre que Macedonio escribe- el contrapunto escinde y aprisiona al sujeto”.