Obed González [1]
Al realizar un enfoque con correspondencia a algunas películas las cuales mantienen un cierto hilo narrativo con relación a la realidad o hecho verídico, “Viento negro” mantiene una estructura que la adentra a una realidad pero con algunos énfasis en los ambientes, atmósferas y perfiles de personaje, más claramente en el protagonista: Manuel Iglesias interpretado por David Reynoso.
En el filme “Viento negro” de Servando González (1964, producciones Yanco) en principio nos muestra el prototipo del trabajador de la industria de los rieles, de las personas y el trabajo que ejercen para que las vías de comunicación acreciente. La fuerza física y la rudeza de carácter es un homenaje a esos hombres del equipo de construcción como lo manifiesta González al final del rollo.
Pero tal vez lo más importante a mi punto de análisis personal, es la construcción de constantes metáforas filmográficas que crea González, tanto en atmósferas y ambientes como en perfiles de personajes.
Desarrollo
Las reacias atmósferas
Bajo una cascada de sol derretido en el desierto de Altar, las voces de mando y los sonidos metálicos de acatamiento, comienza el filme a correr como una serpiente sobre el desierto descubriendo la trama.
El capataz Iglesias protagonizado por David Reynoso refleja en su rostro la crudeza de su oficio y su no total sentido de vida. Manuel Iglesias es un hombre resentido por los códigos convertidos en actos a través de las palabras de su mujer –Una palabra bien pensada y con cierta intención te puede mandar al cielo o al infierno-, quien lo subvalora y crea un laberinto de dudas en su núcleo de identidad personal. Servando crea un protagonista esencial en la película que no necesita tener cuerpo y es… la intención en palabras de quien fuera la esposa –A quien nunca le enfocan el rostro-. Estas son el detonante de la actitud de Iglesias. Punto que funciona como contexto para predecir también la trama de la cinta. Iglesias lleva una caldera dentro que le sirve como motor para realizar actos que son verdaderos retos dentro de su profesión y reales sacrificios para cualquier ser humano. Esa caldera que lleva dentro contiene una energía que se alimenta de odio -un odio que a muchas personas les hace obtener logros importantes y llegar a ser hasta admirados aunque la infelicidad rodee su vida-.
Perfil del personaje: Metáfora del orgullo
“El mayor Iglesias” –título que odia- es un tipo cerrado, al cual su soberbia que es mecanismo de su profesionalismo también es el arma causal de sus desgracias y zapapico del vacío de su existencia.
Bajo el sudor que recorre su agrietado aspecto, recibe la noticia de la muerte de su mujer y también la decisión de su hijo (Enrique Lizalde) de incorporarse a brigada de trabajadores que están a su cargo. El hijo es la duda que le perfora el alma y la casualidad desafortunada de la unión con su mujer, el punzante recuerdo del entronque entre dos clases sociales que sólo se detuvieron a descargar para después seguir sus rutas de casta.
Al determinar a los hombres que viajaran para trazar el desierto, el deseo de reconocimiento de su hijo -porque también en el fondo es como él, un ser subestimado por otro a quien ve más alto. Su propio progenitor.-. lo arroja a aquella misión.
Al ras de la arena los distintos sueños de los diferentes personajes que están en la expedición se evaporan con la explosión del vehículo que los transportaba y la misma luz del sol se convierte en lo oscuro de su destino.
El viento negro que cubre los ojos del Iglesias, es la hirviente arenisca que le absorbe las lágrimas para justificar su necedad.
Al paso de las horas la soberbia se resiste como el mismo desierto a ser partido. En las últimas horas, cuando el viento negro tiembla, la soberbia se parte y los gritos de mando y los sonidos de ayuda y solidaridad comienzan otra vez a escucharse para ir en busca del grupo perdido. Las antorchas y lámparas se enfrentan rabiosas al viento negro y en un mar de arena intentan rescatar a aquellos náufragos del páramo; pero la esperanza es cada vez más lejana.
A manera de conclusión: Final, metáfora del un comienzo.
Al final en la soledad de la soberbia, Iglesias reconoce el trabajo que realizó su hijo al trazar en unas hojas las directrices de aquella ruta como un tributo a la no credibilidad de su padre. Unas palabras le comienzan a hacer eco en la cabeza, son sus propias palabras, aquellas que le dijo a su compadre Lorenzo Montes (José Elías Moreno) quien también se la jugó con su hijo: “Usted, mi hijo y partir este maldito desierto son los motivos que me mantienen vivo”. Al abrir los ojos comprende que los motivos que lo mantenían vivo se han acabado. Su rostro lleva lo inefable, y sabe que de su cuerpo algo se le está escapando, cierra los puños como queriendo detener aquello que lo abandona. Un pequeño yaqui se aferra a una de sus piernas y con lágrimas en los ojos le grita ¡No, no! Como intuyendo algo, como presintiendo lo que se le ha escapado a Iglesias. Él lo zarandea y le dice que lo suelte, lo arrastra con su pierna al tratar de escapar de aquel dolor, sus ojos parecen desesperarse y sus dientes ya no tienen la misma fuerza para morderse los labios. Vuelve la cabeza y mira otra vez al pequeño, una chispa le impacta la mirada, algo le regresa, algo le está regresando, algo le abre el cuerpo para introducirse. Voltea y mira al tren andar y toma al niño de una mano y corren a través de los durmientes de la vía tras el tren y ríen, ríen de ansiosa vida hasta alcanzar el cabús. Sube al niño y después él también lo aborda como si hubiese comprendido que siempre hay algo y alguien por quién vivir. Como si para ser feliz ese fuese su último tren.
[1] Escritor, egresado de la Escuela de escritores de la SOGEM (Sociedad General de Escritores de México). Obtuvo el Segundo Lugar Internacional en el “Primer Concurso Interdisciplinario de Arte 2007” en Argentina en el género de ensayo con el estudio “La nota roja y policíaca en el cine mexicano: Breve apreciación sociológica del cine nacional”. Sus escritos integran libros de México, Argentina, España y Perú. Con el estudio de investigación “Dibujos sinéstesicos: Pretexto para una educación integral” realizado con la asesoría del maestro investigador Leopoldo G. Moreno fue ponente en el “Primer Encuentro México Joven, Xalapa 2009” en la Universidad Veracruzana.













