RESUMEN
Actualmente, la mayor parte de los trabajos que refieren a la clínica de la psicosis abordan a la esquizofrenia y a la paranoia como lugares de producción. Sin embargo, la melancolía es algo que ha ocupado un referente básico en la historia de la humanidad más allá de su parentela o no con la locura. Los fenómenos creativos han sido históricamente relacionados a ella, mientras que el trabajo clínico revela todo lo contrario. Por esto, surge como prioritario un trabajo que permita elucidar si una invención es posible y bajo qué condiciones se puede hablar de ella. Así mismo, tomando como referente al padre como operador estructural, podremos encontrar en materia de la clínica de la melancolía. Esto permitirá iluminar un sendero de intervención cuando no existe una regulación dada por el significante del Nombre-del-padre, hecho que nos podrá hacer pensar el lugar de la invención singular en la figura del sinthome, en la función de lo que a cada sujeto opera como nombre del padre; indicando la importancia de la relativización de este concepto en la clínica.
Palabras Clave: Padre, Melancolía, Superyó, Sinthome.
ABSTRACT
Currently, most of the jobs that relate to addressing clinical psychosis to schizophrenia and paranoia as places of production. But melancholy is something which has been a basic reference in the history of humanity beyond their kind or not madness. Creative phenomena have been historically related to it, while clinical work reveals the opposite. Therefore, emerges as a priority work to elucidate whether an invention is possible and under what conditions can speak of it. Also, taking as reference the father as structural operator, we can find in the clinic of melancholy. This will illuminate a path of intervention when there is no regulation given by the signifier of the Name-of-father, a fact that may make us think the singular place of invention in the figure of sinthome in terms of what each subject operates as father’s name, indicating the importance of the relativity of this concept in the clinic.
Keywords: Father, Melancholy, superego, Sinthome.
Freud: el padre muerto y el superyó
En Duelo y Melancolía (1917), Freud aventura una definición del mecanismo psíquico de ésta proponiendo que:
La melancolía se singulariza en lo anímico por una desazón profundamente dolida, una cancelación del interés por el mundo exterior, la pérdida de la capacidad de amar, la inhibición de toda productividad y una rebaja en el sentimiento de sí que se exterioriza en autorreproches y autodenigraciones y se extrema hasta una delirante expectativa de castigo. (Freud, 1917/2005, p.242)
En este contexto afirma que la elección de objeto del melancólico se realizó sobre una base narcisista. Se produce una identificación del yo con el objeto perdido. Se trata de la libido y su destino dado que la elección fue realizada con una base narcisista. Si el objeto desapareció el yo puede muy bien seguir ese destino. A partir de esta identificación, el yo será juzgado por la instancia crítica como si fuera el objeto perdido, sufriendo del odio proferido a él originariamente. La idea freudiana es que el melancólico al maltratarse ataca al objeto, pero como éste ha quedado identificado al yo, se daña a sí mismo. La melancolía muestra el funcionamiento más primitivo y cruel del funcionamiento de la naciente instancia crítica.
Más adelante en Psicología de las masas y análisis del yo (1921) Freud propondrá que el estudio de la melancolía muestra al yo dividido, descompuesto en dos fragmentos: uno de los cuales arroja su furia sobre el otro. Uno de dichos fragmentos será aquel alterado por introyección, incluyendo al objeto perdido, esbozándose como conciencia moral aquella que se comporta tan cruelmente sobre el yo.
En El yo y el ello (1923) Freud relaciona al superyó con la función protectora y salvadora que al comienzo recayó sobre el padre, tal como lo había anticipado en el Proyecto (1950) al referir que el desvalimiento original del ser humano se convierte en la fuente primordial de todas las motivaciones morales (Freud, 1895/2005 p.363).
En el capítulo V de dicho texto se observa un acercamiento y distinción entre la melancolía y la neurosis obsesiva teniendo como base al superyó. Mientras en la melancolía es aún más fuerte la impresión de que éste ha arrastrado hacia sí a la conciencia, donde el yo no interpone ningún veto y se confiesa culpable sometiéndose al castigo; en la neurosis obsesiva se trata de mociones repelentes que permanecen fuera del yo. Por tanto, en la melancolía el objeto a quien se dirige la cólera del superyó ha sido acogido en el yo por identificación.
A lo anterior se unificará el segundo dualismo pulsional. Ahora el superyó podrá ser severo o cruel, un “puro cultivo de pulsión de muerte” en el caso de la melancolía:
La angustia ante la muerte en la melancolía admite una sola explicación, a saber, que el yo se abandona a sí mismo porque se siente odiado y perseguido por el superyó, en vez de sentirse amado. En efecto, vivir tiene para el yo el mismo significado que ser amado: que ser amado por el superyó (Freud, 1923/2005 p.58)
Previamente, en su artículo Sinopsis de las neurosis de transferencia, Freud comentará que el duelo por el padre primitivo surge de la identificación con él, demostrando que esta identificación es la condición del mecanismo melancólico.A lo anterior podremos sumar la puntualización que efectuara con respecto al caso del pintor Christoph Haizmann:
No es nada insólito que un hombre contraiga por la muerte de su padre una depresión melancólica y una inhibición para el trabajo. Inferiremos que estuvo prendado de ese padre con un amor particularmente intenso, y recordaremos cuán a menudo se presenta como forma neurótica del duelo hasta una melancolía grave (Freud, 1923/2005 p.89).
Como vemos, al sujeto melancólico no le queda más recurso que remitirse a un destino al que atribuye la omnipotencia del Padre mítico, y detrás del cual se perfila la crueldad de un superyó. Al remitirse de este modo al Sino, el melancólico toma sobre sí la falta sin ninguna regulación.
El avance de Lacan: del filo mortal del lenguaje a la invención posible.
Por su parte, Lacan a la altura del Seminario VII: La Ética del Psicoanálisis mencionará al respecto de la identificación en la melancolía: Entonces, si incorporamos al padre para ser tan malvados con nosotros mismos, es quizás porque tenemos muchos reproches que hacerle a ese padre (1959-60/2003 p.366).
Posteriormente, en el seminario sobre la Transferencia, Lacan observa que el objeto del deseo que se encuentra enmascarado en la melancolía: El objeto es allí mucho menos aprehensible, por estar ciertamente presente y desencadenar efectos catastróficos por amenazar allí a ese Trieb fundamental que los adhiere a la vida. (Lacan, 1960-61/1999, p.225).
No será si no a partir del Seminario X sobre la Angustia que Lacan retomará el estatuto de objeto a como principal eje de la elucidación de la melancolía. En dicho seminario recordará el texto freudiano de Duelo y Melancolía destacando que es preciso que el sujeto melancólico se explique, cómo ese objeto a está habitualmente oculto detrás del i(a) del narcisismo quedando oculto, desconocido en su esencia a través de su propia imagen, la cual buscará atacar y cuyo mando se le escapa, y en su caída verá la propia.
Por otra parte, para Lacan en Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano (1966/2003) el lenguaje mismo no está marcado por una positividad sustancial; es un defecto en la pureza muda del No-Ser. Con esto podemos mencionar que desde el principio el goce, intricado en el lenguaje, marca la falta y destierra toda esperanza por la plenitud del Ser.
Esta falta no es insatisfacción, signa el hecho de que la materia del goce no es otra cosa que la textura del lenguaje y que si el goce hace languidecer al Ser es porque no le da la sustancia esperada y no hace del Ser más que un efecto de dicho. La noción de Ser queda así desplazada. A partir del momento en que habla el hombre ya no es para Lacan ni esencia ni existencia sino ser-hablante (parlêtre).
Por último cabe señalar que ante el efecto mortificante del lenguaje, el sujeto responderá con el dolor de existir desprendido de su falta en ser. Sin embargo, en la melancolía se producirá un dolor en estado puro debido a la identificación a ese efecto mortificador del lenguaje vía el padre muerto, no existiendo ningún tipo de regulación simbólica que aminore tal efecto como en la neurosis. La forclusión del significante del Nombre-del-Padre se hace presente: “¿No han escuchado pues, si creen tener mejor oído que los otros psiquiatras, ese dolor en estado puro modelar la canción de algunos enfermos a los que llaman melancólicos?”(Lacan, 1966/2003, p.757). Este dolor entendido como lo que resiste de lo real al lenguaje, como aquel Troumatisme que media entre real y simbólico (Lacan, 1974).
A la par de lo anterior, Miller (2006) retomará la tesis del símbolo como muerte de la Cosa, es decir lo simbólico como negativizando el cuerpo; de tal manera que este se reencuentra pero como cuerpo simbolizado, anulado, mortificado, poniendo a parte el residuo de goce bajo la forma del objeto pequeño a. Por esto mismo el sujeto psicótico estará en una relación directa al lenguaje en su aspecto formal de significante puro, como lo que no se encadena. Un traumatismo que produce siempre lalengua. Ante esto, el sujeto se verá impelido a una invención subjetiva, invención del sentido, que es siempre más o menos un delirio.
Por otra parte, siguiendo a Miller (2006), el gran Otro es una invención, y puesto que con el Otro que no existe el acento se desplaza del efecto al uso, se desplaza al saber-hacer-allí. Lo que hace que el sujeto esté condicionado a devenir inventor, siendo empujado, en particular, a instrumentalizar el lenguaje. Se puede ir más allá del Padre a condición de servirse de él.
Continuando con el tema de la identificación y del parasitismo del lenguaje, Laurent (1989) propondrá que el melancólico se identifica con el asesinato de la Cosa que nombra al mismo tiempo que eterniza, emprendiendo un sacrificio narcisista que depende del sacrificio simbólico, lo que establece una forma de separar el deseo de la causa. Con esto explicará que en el caso de la melancolía, el significante no reaparece en lo real, sino lo que es rechazado del lenguaje, o sea el plus-de-vida que lo simbólico marca con una mortificación. Se presenta un rechazo de todo ciframiento del goce por el inconsciente; se presenta un retorno en lo real de un goce que invade el organismo y lo sacrifica
Lo anterior traerá como consecuencia que el objeto aparezca en el lugar de das Ding, de la cosa siempre perdida, y por otra parte el yo se identificará con un odio de sí como signo de la división profunda del sujeto. Se suscita una hemorragia libidinal del sujeto en su división, reacción originaria del Yo contra el objeto mismo del mundo exterior. Lo cual deja a lugar a una identificación psicótica con el padre muerto (superyó) y con la Cosa, ya que sólo por la forclusión del Nombre-del-Padre se desnuda la relación con das Ding.
En lo que concierne al goce, Laurent (1989) hablará de un goce imperativo que retorna en el lugar en que el goce fálico falta, lo que lleva a la operatoria analítica de interrogar al sujeto del lado del silencio de las pulsiones de muerte. Esto nos aproximaría a una clínica del rechazo del inconsciente, es decir, de un abordaje del goce mortífero que se anuda al nacimiento del símbolo como tal. Encontrando una diferencia sustancial con el concepto de dolor de existir, al cual ubicará como pasión del ser que orilla a un sentimiento depresivo, pues se trataría de una evasión de estructura ante el deber de bien-decir la relación al goce. La pérdida que se lleva a cabo es en la ruta del brillo fálico que toca al narcisismo, lo que permite hablar de una clínica de la cobardía moral como aquella que trata la estructura del lenguaje y su clave en el deseo, interrogando al sujeto de lado del inconsciente como discurso del Otro.
En consonancia con Laurent, Soler (1991) hablará de los efectos de la forclusión en la melancolía, donde se descubre un rechazo del inconsciente como causa primera de la psicosis, siendo la culpabilidad lo que restituye una causalidad propiamente subjetiva en este tipo clínico. A su vez, ubicará dos fenómenos claros en la melancolía: la mortificación y el delirio de indignidad, como ya se había mencionado anteriormente al referirnos a las melancolías delirantes y no delirantes.
Haciendo alusión al desencadenamiento, Soler plantea que éste no se da por el encuentro con Un-padre, tal como menciona Lacan en el texto “De una cuestión preliminar a todo tratamiento posible de la psicosis”, si no por la presencia de una pérdida, hecho que causa una negatividad esencial del lenguaje que produce el asesinato de la Cosa. Mientras que en la neurosis la negativización se relaciona con la castración, mutilación de goce que reclama una compensación bajo una relación de complementariedad promoviendo al objeto como plus-de-gozar. La melancolía se enfrasca en la instancia de la sola pérdida, desencadenándose y volviéndose absoluta. Se cae en una exclusiva acción de la negatividad del lenguaje, lo que trae como retorno el filo mortal del lenguaje. Por tanto el melancólico subjetivará la pérdida como dolor moral, adoptando la falta la significación de culpa, hecho que trae consigo el delirio de indignidad. Se presenta una responsabilidad delirante en tanto el sujeto toma la culpa a su cargo.
Sin embargo, en la melancolía el sujeto sitúa al mal en posición de causa, reduciendo todo el registro del sentido al de la culpa que cree encarnar, se produce una megalomanía de la culpa, lo que le permitirá tener una certeza sobre su ser: lo trata como a la hediondez del mundo, como al kakon fundamental del universo en el que él reconoce el goce malo, y en este sentido podemos decir que se identifica a la Cosa, siendo a ella a quien insulta dentro de sí, perseguido por el superyó.
En síntesis, según Soler (1991), el rechazo del inconsciente producido por la forclusión del Nombre-del-padre en la melancolía trae como consecuencia una mortificación traducida en una inhibición vital, lo que lleva a la postulación de la culpa que orilla al delirio de indignidad, siendo éste una elaboración de estos fenómenos primarios de la enfermedad.
Conclusión
El presente trabajo ha apuntado a dilucidar ciertos elementos que permiten tener una óptica sobre la estructura melancólica pensada desde las distintas versiones del padre en psicoanálisis. Por un lado tenemos al padre muerto al que se ha visto identificado el sujeto melancólico (suscitándose la invasión de un superyó desaforado), y por otro lado tenemos la posibilidad de una invención a través de un Padre como Sinthome. Por tanto, como menciona Miller (2009) un trabajo posible se enfocará en comprender lo que en cada caso ha cumplido la función de Nombre-del-Padre.
Esto arroja una luz sobre lo que resiste de lo real al lenguaje en la psicosis, quedando un dolor en estado puro por efectos de la forclusión del significante del Nombre-del-Padre que no permite una regulación del goce, lo que se traduce en un rechazo al inconsciente.
Esto mismo lleva a pensar que el estatuto del objeto en la melancolía como plus-de-gozar queda anulado en aras de ese rechazo, el cual se presenta como un retorno en lo real del filo mortal del lenguaje, es decir, de una mortificación del sujeto por la ruta de una identificación con el padre mítico muerto tal como mencionara Freud; sin posibilidad de recuperación de goce puesto que éste nunca le fue arrebatado. A su vez, se observará la pretensión de una invención como recurso subjetivo que genere un lazo con el Otro, algo que haga las veces de suplencia ante la forclusión.
Al respecto Miller comenta: Para un trabajo sobre la psicosis, no es una cuestión sin importancia esta evolución de la concepción de Lacan, que hace pasar el Nombre del Padre del status de una piedra angular del orden simbólico al de un suplemento, incluso al de un síntoma (Miller, 2006 p.143).
Sabemos que el psicoanálisis surge alrededor de la pregunta sobre el padre. Lacan aludía a que el psicoanálisis nació vinculado a esa cuestión, y la reformula con el ternario RSI, distinguiendo al padre Real del Simbólico y de Imaginario; y extrayendo de esta distinción, tal como lo muestra en su Seminario XXII: RSI, la función paterna como función lógica que anuda los tres registros:
¿Es indispensable esta función suplementaria del padre? Les muestro que eso podría ser forjado. No es porque ella sería indispensable en teoría que ella lo es siempre de hecho. Si a ese seminario lo he titulado los, y no el, nombre del padre, es porque ya tenía algunas ideas de la suplencia del Nombre del Padre. Pero no es porque esta suplencia no es indispensable que ella no tiene lugar. Tal vez es porque nuestro imaginario, nuestro simbólico y nuestro real, en cada uno de nosotros, están todavía disociados, que es preciso para anudarlos el Nombre del Padre. (Lacan, 1975)
Así, podríamos observar a la metáfora delirante en la melancolía sólo como endeble suplencia frente a la invasión de lo real desreglado por la forclusión, por lo que puede ocupar la función de estabilización en algunas ocasiones y en otras puede sólo ser un intento de solución que no alcanza a cumplir ninguna función de estabilización. Así mismo, queda abierta la posibilidad de otro tipo de suplencia como se menciona en la última enseñanza de Lacan, del padre como Sinthome, es decir, hacia una solución propia de cada ser-hablante.
Antes de finalizar, debemos señalar que este es sólo un abordaje posible de la clínica en la melancolía, siempre pensando que el psicoanálisis apunta a la ubicación del sujeto frente aquello que lo desborda. Con esto podremos avanzar que la dirección posible de la cura será el esclarecimiento de la posición singular tomada frente al discurso y frente a lo que queda fuera de él, ofreciendo un lugar a la invención de un saber-hacer-allí-con lo que resta del síntoma, más allá de silenciar la palabra por medio de diagnósticos culturales como los que denota el fenómenos depresivo en la actualidad.
REFERENCIAS
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· Freud, S. (2005) El Yo y el Ello En: J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.). Obras completas (Vol. XIX, pp. 1 – 66). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu (Trabajo original publicado en 1923).
· Freud, S. (1923) Una neurosis demoníaca en el siglo XVII En: J. Strachey (Ed.) y J.L. Etcheverry y L. Wolfson (Trads.). Obras completas (Vol. XIX, pp. 67 – 106). Buenos Aires, Argentina: Amorrortu (Trabajo original publicado en 1923).
· Lacan, J. (1985) Escritos 2 (13ª Ed.) México D.F: Siglo XXI Editores. (Trabajo original publicado en 1966).
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· Lacan, J. (1999) Seminario VIII: La transferencia (1960-1961). Barcelona: Paidós,
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· Lacan, J. Seminario XXI: Los no-incautos yerran (inédito)
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· Laurent, E. (1989) Estabilizaciones en las psicosis Buenos Aires: Manantial.
· Miller, J.A. & Otros (2006) La Psicosis Ordinaria Buenos Aires, Argentina: Paidós.
· Miller, J.A. (2006.) La invención psicótica. Virtualia 16 Recuperado el 18 de noviembre de 2009 en:
http://www.eol.org.ar/virtualia/016/default.asp?formas/miller.html
· Miller, J.A. (2009) Conferencias porteñas T.2 Buenos Aires, Paidós.
· Soler, C. (1991) Estudios sobre las psicosis Buenos Aires: Manantial.
* Licenciado en Psicología por la Universidad Veracruzana (México). Egresado de la Maestría en Psicoanálisis en la Universidad de Buenos Aires, Doctorando en Psicología por la misma universidad. Becario de Posgrado del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología.













