María del Carmen Rojas Hernández - Esperanza Alonso Castañón *
Resumen: Este ensayo es una disertación en torno a la genealogía de las conceptualizaciones sobre la Pareja Erótica Contemporánea y las interrogantes que surgen acerca de las condiciones de imposibilidad que se plantean alrededor a ella. La disertación está planteada desde la perspectiva de la teoría psicoanalítica y se argumenta a partir de los supuestos que acerca de la pareja erótica se han construido en tres momentos históricos diferentes y que dan lugar a una interrogante central para la investigación, ¿Cuáles son los antecedentes de las condiciones de imposibilidad de la pareja erótica contemporánea?, el ensayo es abordado desde el marco teórico del psicoanálisis, pero hay una intención dialógica con el campo de la filosofía y la historia en una relación que pretende enriquecer el sentido y las argumentaciones.
Palabras clave: Pareja erótica, deseo, cultura, transubjetivo, transcultural.
Summary: This work is a dissertation concerning the genealogy about impossibility conditions of the contemporary erotic relationship. The dissertation expound from the psychoanalysis theory in relation to three different moments of the erotic relationship and leads to a main question: Which are the impossibility conditions antecedents of the contemporary erotic relationship? The study is from the theoretical framework of psychoanalysis but also resort to philosophy and history in a dialogue to aspire to enrich the arguments.
Key words: Contemporary erotic relationship, desire, culture, transubjetive, transcultural.
De inicio es pertinente trazar un bosquejo de la forma en que se llegó al planteamiento de la pregunta que da lugar a esta disertación. Se ha de señalar entonces, que fue de gran utilidad remontarse a los textos clásicos del psicoanálisis, es decir, a las obras freudianas y a la mitología, particularmente a la riqueza argumentativa que resultó del análisis de tres parejas míticas. Es una de las obras freudianas, la que inspira y permite comenzar a construir la interrogación que nos ocupa, ¿Cuáles son los antecedentes de las condiciones de imposibilidad de la pareja erótica contemporánea? La obra aludida es “El Malestar en la Cultura”, escrita en 1929 y publicada un año más tarde. En este trabajo Freud expone entre otras cosas que la cultura, es la suma de las operaciones y normas que distancian nuestra vida de la de nuestros antepasados animales y que sirve a dos fines:
1º. La protección del ser humano frente a la naturaleza, y
2º. La regulación de los vínculos recíprocos entre los hombres.
Freud expone de igual forma, que es la cultura la que lleva en sí gran parte de la culpa por nuestra miseria, es decir, por nuestro malestar, a la letra dice:
El Ser Humano se vuelve neurótico porque no puede soportar la medida de frustración que la sociedad le impone en aras de sus ideales culturales.[1]
Ahora bien al ubicarnos en una época distinta a la que albergaba e inspiraba a Freud, surge la necesidad de precisar cuales son los ideales culturales que los sujetos enfrentan hoy en día y de qué manera los influyen en la época contemporánea, para lo cual se requiere inicialmente establecer la genealogía de estas condiciones. Tratándose de un contexto tan amplio se requiere depurar los múltiples sesgos para establecer cuál aspecto, será el que deba ser tomado como eje de la disertación, atendiendo a las posibilidades del marco teórico.
Las relaciones entre los hombres, particularmente las relaciones de pareja ofrecen aspectos específicos en los que los malestares y las exigencias de la cultura quedan evidenciados, traduciéndose algunos de ellos como condiciones de imposibilidad de la pareja erótica, por lo que resultan ser un tema central para la discusión.
Partimos del presupuesto hipotético de que las condiciones existentes en las que adviene la pareja erótica contemporánea son imposibilitadoras, en relación a las exigencias que la cultura les asigna, condiciones tales como el individualismo atroz marcado por la cultura contemporánea, podrían pensarse como el antagónico de las condiciones de posibilidad del vínculo social referido al contexto de la pareja.
De igual manera el universo erótico ha adquirido las características que son propias de los productos del consumo masivo, es decir, la eficiencia, la rapidez, la cualidad de desechable, son características que se han transpolado al contexto de la vida amorosa; a partir de esta ideología queda planteado en términos de entredicho el deseo y en consecuencia las condiciones que hacen posible la pareja erótica como vínculo con cierta permanencia pues por ser una construcción histórico-cultural, queda subordinada a los discursos dominantes de cada época.
Es evidente que en la actualidad se manifiesta de manera predominante un discurso social sostenido por medios masivos, como son televisión, radio, Internet y otros que también son productos de los avances tecnológicos y/o científicos y dictan de forma avasalladora imperativos de “ser”[2], ser en base a tener objetos, objetos-productos de una sociedad que se caracteriza por su consumo, dejando de lado al “otro” de manera un tanto obsesiva y provocando un distanciamiento entre el saber y el amor, condición contraria a lo que se promovía en la Antigua Grecia, punto al cual se accederá más delante.
¿Qué caracteriza las demandas que se hacen en esta época los sujetos que están vinculados en una relación amorosa?, trabajar esta pregunta ha implicado esbozar una genealogía de la cuestión e introducirse al campo de la filosofía y la historia, mismas que ha permitido ubicar las concepciones históricas y culturales que se han tenido en momentos y lugares específicos sobre la pareja erótica. Estas disciplinas más que un apoyo de gran importancia, son los referentes de un planteamiento dialógico, para construir desde el marco psicoanalítico lo que son los hilos textuales de este análisis, el cual tiene como ejes conceptuales los siguientes: Yo Ideal, Ideal del Yo, Deseo, Neurosis, Cultura, Transubjetividad, Erotismo, Sexualidad, Otredad, Compulsión a la Repetición y Goce. Tales conceptos serán retomados en ciertos momentos de la investigación para dar sustento a lo que se aborda en cada uno de los apartados.
Antes de abordar históricamente la genealogía de la pareja erótica en tres momentos diferentes, consideramos interesante mostrar tres parejas míticas y por lo tanto representativas de las características y concepciones que se han transmitido en la cultura occidental, la primera en relación a la mitología greco-romana y las dos restantes desde la visión hebrea y judeo-cristiana. Como pareja mítica inicial se presenta la conformada por Poros y Penia, padres de Eros-Cupido. Retomando la historia narrada por Diotima, la mujer de Matinea, que según relata Sócrates durante su intervención en el Banquete o Symposium de Platón[3], le instruye en lo que al amor respecta, ella narra lo siguiente:
Eros nace de la unión de Poros (la Abundancia) y Penia (la Pobreza), justo en el día en que por celebración al nacimiento de Afrodita, se organiza un festín al cual Poros es invitado y al estar en estado de embriaguez sale al jardín donde Penia llegó a mendigar, al verlo Penia decide tener un hijo con él. Es así como concibe a Eros. Eros-Cupido tendrá por lo tanto como herencia característica lo siguiente: por una parte es siempre pobre, y lejos de ser bello y delicado, es flaco, desaseado y sin domicilio, al igual que su madre está siempre peleando con la miseria. Por otra parte siempre está a la búsqueda de lo bello y bueno, es varonil, atrevido, perseverante, ansioso de saber, encantador, mágico, sofista. No es mortal ni inmortal.
Cómo segunda pareja mítica, tomamos a Adán y Lilith. Este mito tiene sus orígenes principalmente en la tradición hebrea. Lilith es la mítica primera mujer de Adán, creada de igual forma que éste, con la única diferencia, de que Dios utiliza inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro.
Esta pareja no logra permanecer unida, puesto que cada vez que Adán deseaba estar con Lilith de forma íntima, ésta se rehusaba a permanecer debajo de él, argumentando ante él que era su igual, por lo tanto ella también tenía derecho a estar sobre él. Adán continua con su demanda, por lo que Lilith invoca el nombre de Dios, quien le da alas y con ellas abandona a Adán y a su vez el paraíso. Adán se queja ante Dios, y es entonces que éste envía tres ángeles en busca de Lilith, quien rechaza la propuesta de regresar al paraíso y por ello es castigada por él.
Por último, Adán y Eva, pareja reconocida por la tradición judeo-cristiana y citada en la Biblia, en el Génesis -texto que narra la creación de esta pareja en el Jardín del Edén-. Dios según este escrito, crea al hombre a su imagen y semejanza y al darse cuenta de que no es bueno que el hombre esté sólo, duerme a Adán y toma de éste una de sus costillas, la cual rellena con carne y forma a la mujer que le hará compañía y le llama Eva.
Por eso el hombre deja a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y pasan a ser una sola carne.[4]
Otra versión es la que se presenta dentro del escrito El Paraíso Perdido de Milton[5] , en ella se señala que es Adán el que le hace saber a Dios, que un mortal como él no puede tener la esperanza de alcanzar la bendición de la soledad divina (pues sólo los dioses al ser completos en sí mismos, se aman a sí mismos), es así que pide a Dios la creación de un ser semejante a él, con el cual pueda compartir amor y de ésta forma lograr eliminar la sensación de soledad que en un primer momento vivió.
Estas parejas míticas muestran desde tres perspectivas diferentes la inherente complejidad del ser humano al estar en pareja así como las condiciones asimétricas que prevalecen, -por diferentes causas tanto culturales como estructurales del sujeto-,en esta forma de relación y que determinan un malestar constitutivo de dicha forma de lazo.
En un primer momento de reconstrucción genealógica, y en un contexto ya no mítico sino histórico se explora, el pensamiento imperante en la Grecia Antigua en relación a la Erótica, -teniendo como antecedente, que es en esta civilización que surge el concepto como tal y por lo tanto resulta esencial tener conocimiento de lo que la sociedad griega entendía con este término-, cabe señalar que en la Grecia Antigua, las costumbres de la vida amorosa estaban totalmente inmersas en la ética y la moral propia del pensamiento que imperaba en esos tiempos, el cual estaba bajo la influencia de la reflexión filosófica que era parte del discurso social presente en esos días.
Para la filosofía aristotélica por ejemplo, la relación entre hombre y mujer era política, lo que se traducía como una unión en la cual el hombre gobierna y la mujer es gobernada. Por otro lado en la filosofía platónica el amor se plantea como el deseo de la posesión constante de lo bueno, el Bien o la belleza absoluta, que en este caso es tomado como la Sabiduría. Para Platón el Eros se satisface por medio de la razón, de ahí que resulte una cuestión que requiere del intelecto.
Como emblema de esta forma particular de enfoque filosófico de lo erótico, El Banquete o Symposium es un texto en el que a manera de diálogos, se desarrollan ideas sobre el amor, en él es posible localizar lo expresado por Aristófanes. Aristófanes narra un mito, en el que esencialmente se señala que en la antigüedad existió una raza humana formada por tres sexos: masculino, femenino y hermafrodita. Esta raza al saberse poderosa decide atacar a los dioses, pero termina por ser derrotada y solo bajo la intercesión de Zeus logra sobrevivir, sin embargo se les divide y es respecto a esto que Aristófanes señala, que todo ser humano es sólo la mitad de sí mismo y por ello busca constantemente la otra parte de sí que lo volvería un ser completo de nuevo.
Es importante no perder de vista que esta idea fue la fuente de importantes concepciones que se desarrollaron en épocas posteriores acerca del erotismo, cuya esencia es que la fusión con la persona amada, el ser uno, es la inclinación universal del amor.
Ahora bien, los griegos no diferenciaban el deseo de hombre o mujer, para ellos, el deseo se dirigía a todo lo que era deseable, es decir, bello, sin importar su género. La pareja formada por hombre y mujer se realizaba más bien como contrato social, el matrimonio, que era el medio por el cual el hombre se procuraba descendencia legítima y con ello se salvaguardaba la sociedad griega[6]. La pareja típica y más valorada estaba integrada por varones, uno mayor, al que se le llamaba erasta (“el que ama o desea”) y el otro más joven, que requiere de buen consejo y enseñanza, llamado, erómeno (el que es amado-deseado).
En este contexto de la Grecia clásica las prácticas estéticas eran de gran valía y como parte de estas se incluía a la Erótica o el arte del amor, que implicaba, amar con cordura y armonía, el orden y la belleza. Cuando esto se llevaba al plano del amor entre los hombres, este tenía un cierto código o prácticas de cortejo, que señalaban la forma en la que cada uno de los elementos de la pareja se debía comportar.
De lo anterior se desprende la siguiente reflexión: una de las principales características que ostenta el discurso o discursos presentes en la Antigua Grecia, es que el deseo y con ello el amor está dirigido, a la posesión de la belleza absoluta o sabiduría, entendida y tomada como el deseo ideal, el cual en su forma primaria se encuentra en la posesión de la belleza visible, de desear lo bello; para entonces poseer lo que va más allá de lo meramente objetivo, puesto que indudablemente la sabiduría es una cuestión subjetiva, no medible, ni visible.
Se ama la sabiduría y se desea poseerla, se “posee” una vez que es posible reconocer que es imposible tenerla como a un objeto; poseerla, implica una “obtención” subjetiva que como tal, no puede jamás darse por satisfecha, se mantiene como una constante, dando lugar a seguir deseando una vez que pareciera comenzar a poseerse, puesto que lo único que realmente provoca es, exhibir una falta inherente al sujeto. En base a lo dilucidado se propone el título que nos sirve para identificar este primer nivel genealógico: “Amor en la Grecia antigua o Deseo Ideal”.
Continuando en un orden cronológico, se destaca que durante los siglos XI al XIII, en Europa se manifestó una particular ideología sobre el amor y la pareja, que fue conocida como Amor Cortés o Cortesano, punto focal de este segundo momento histórico al que denominamos, “Amor Cortés o Deseo Imposible”.
Este pensamiento impregnó la vida de la época medieval provocando un estilo muy característico de vivir la relación amorosa de pareja; tiene su origen a raíz de la anarquía atroz que se vivía en esos tiempos, en los que el poder feudal estaba en total apogeo; es una propuesta subversiva en relación a la institución del matrimonio que se realizaba por razones de Estado o de lucro y no con fines eróticos; es un intento de otorgar mayor valor a la elección individual y a la cortesía sexual, dejando de lado los bienes materiales.
La fusión mágica entre los amantes, que tiene su origen en el pasaje de Aristófanes, dentro del Banquete de Platón; es una de las ideas centrales de esta nueva propuesta. Ahora bien, lo que posibilita el desarrollo de esta concepción del erotismo, es el descubrimiento de una estética más fina en las cuestiones no sólo amorosas, sino también de estilo de vida que se fue suscitando una vez que la Edad Media logra salir del periodo conocido como oscurantismo.
El amor cortesano, influido por la filosofía platónica y por un término trovadoresco llamado fin’amors o amor puro, expresa una gran idealización del amor, de la condición de los amantes y con ello del deseo. Esta idealización llega a ser de tal magnitud que logra simultáneamente la frustración y aceptación paradójicas del deseo, ya que los amantes sufren por la defensa de su amor, la que en ocasiones se torna el asunto central del mismo, llegando al clímax paradojal porque: “Deja de ser amor, lo que se convierte en realidad.”
Ahora bien, una lectura posible desde el psicoanálisis acerca del amor cortés, teniendo como referente esa frase que de manera clara y puntual expresa, que deja de ser amor lo que se convierte en realidad, y dando por entendido que lo que se desea es el amor, la idea puede tomar un giro, deja de ser deseado el amor que se convierte en realidad.
Esta peculiar frase remite en cierta medida a lo que Freud llegó a plantear a lo largo de su obra, en relación a lo imposible del deseo, rasgo característico de la estructura neurótica a la que denomina obsesiva (Freud, 1909), dado que en este tipo de estructura, el deseo sufre un sabotaje, el cual consiste precisamente en imposibilitar lo deseado, más no el deseo, es decir, el deseo se mantiene constante por lo imposible de sí mismo: se puede seguir deseando a condición de que lo deseado sea inalcanzable.
Siguiendo el recorrido histórico, revisemos los siglos XVIII al XIX en Europa. Durante estos siglos se originó uno de los movimientos más trascendentales en la historia, llamado Revolución Industrial, el cual fue resultado del desarrollo del pensamiento y de la concepción de vida que se reconocía hasta esos días, de esto surge un nuevo concepto en lo referente a la pareja erótica llamado, Amor Romántico.
El término romantisch -romántico se introduce en el 1800 por poetas y filósofos alemanes, fue tomado del francés romantique en el siglo XVII, derivado a su vez del francés antiguo romanz, romant; como tal proviene de las lenguas romance. En un inicio significaba “novelesco”, al estilo de la épica caballeresca de la Edad Media. Poco después, influido por el adjetivo inglés romantic, -también procedente del francés-fue adquiriendo el significado de poético, fantástico, maravilloso, aventurero, sentimental.
Su característica esencial es que los sentimientos subyacen a la razón, por lo tanto se dice que el sentimiento es primordial para la adquisición de conocimientos. El amor según esta forma particular de entenderlo, permite descubrir las verdades acerca del mundo y está íntimamente relacionado con cuestiones metafísicas que invitan a la pareja a ser uno y a eliminar con ello toda separación entre los hombres. La fusión es la base de la búsqueda de unión entre un hombre y una mujer, cada uno complementa al otro; el solo hecho de fusionarse implica la idealidad de todo lo existente.
Para el pensamiento romántico, hombres y mujeres son seres imperfectos, pero idealizan el poder del amor, el cual es tomado como mágico, tanto que llega a tener la capacidad de eliminar las imperfecciones.
En este contexto de exigencia por la perfección, una vez que ha pasado cierto tiempo se torna insostenible, las parejas descubren que la magia del amor no es suficiente y las imperfecciones que en un primer momento no causaban estragos, ahora resultan intolerables, por lo que el ideal no se cumple y con ello el deseo se ve insatisfecho, propiciando el cambio de pareja como un nuevo intento de retornar a la supuesta completud del amor, creyendo realmente que con ello alcanzará el ideal que desea.
La idea central de esta ideología en relación a la pareja erótica, esta basada en una idealización del amor que llegado cierto momento no cumple las expectativas que se le adjudicaron, lo cual provoca que los sujetos se vean llevados a la insatisfacción en torno al amor y con ello al deseo que causa. El ideal jamás se alcanzará, la perfección no se logrará, lo cual evoca la característica de la neurosis histérica, es decir,la insatisfacción del deseo (Freud, 1900). Es por lo anterior que este apartado toma el nombre de: “Amor romántico o Deseo Insatisfecho.”
Los discursos anteriores se presentan como aspectos emblemáticos de los siglos citados, pero ¿cuál es el discurso contemporáneo en torno a la pareja erótica, sobre qué se fundamenta y a qué tipo de deseo exhorta?
Como se mencionó en un inició, la época contemporánea implica condiciones de imposibilidad para el sostenimiento de la pareja erótica, un argumento específico para sustentar lo anterior aludimos al marcado solipsismo que produce una radicalización de las subjetividades, un predominio de lo individual sobre lo colectivo y en consecuencia una inoperancia de la comunidad:
El ser mismo nos está dado como el sentido. El ser no tiene sentido, sino que el ser mismo, el fenómeno de estar, es el sentido, que a su vez es su propia circulación. No hay sentido si el sentido no es compartido, y esto, no porque habría una significación, última o primera, que todos los entes poseerían en común, sino porque el sentido es él mismo estar[7]
A su vez el consumismo desmedido como el imperativo de la época actual, en la que se promulga la posibilidad de una supuesta completud o colmación posible de cualquier deseo o necesidad, provoca el trastocamiento de los lazos afectivos, específicamente en las relaciones de pareja.
Existe entonces un imperativo, -como imperativo se concibe, un deber ser, que en este caso es legislado por una ley social implícita-, es decir, una ley que no está escrita en ningún espacio material-objetivo, pero que si está inscrita en las subjetividades y debe ser acatada para acceder al lazo social que permite a cada sujeto “existir”, puesto que es la red que lo sostiene (Pommier, 1987).
Retomando lo que se señaló anteriormente, ha sido necesario introducirse al campo de la filosofía y es precisamente al exponer esta cuestión, que se ha retomado el planteamiento de la filosofía kantiana en relación este tema.
La moral kantiana tiene como característica esencial, que se fundamenta en la “razón práctica”, porque de ese modo, -según afirmaba Kant (1788) en su Crítica de la Razón Práctica-, ésta sería independiente de las contingencias empíricas, es decir, de los sentimientos y los deseos humanos. El rasgo más destacado de la conciencia moral según exponía Kant (1785) en su Fundamentación de la Metafísica de las Costumbres, es el concepto de deber, -para afirmarlo partía de la noción de “buena voluntad”- y decía que para definir el valor moral de una acción se debe tener en cuenta, solamente la dirección de la voluntad del agente. Realizar la buena voluntad es actuar de acuerdo con el deber y con ello conformarse a una “máxima moral”. El imperativo categórico o principio del deber dice, como fórmula de la ley Universal:
Obra sólo según una máxima tal que puedas querer al mismo tiempo que se torne ley universal[8].
La ley moral toma la forma de un imperativo y todo imperativo se expresa con la noción de “deber–ser” de forma incondicionada y universal, ubicando a todo sujeto como indiferenciado, dando como resultado el hecho de que sus actos tendrán una medida común con respecto a la ley (David–Ménard, 1997).
Para Kant (1788) el imperativo moral es esencial, y tiene que ser categórico (proposición o razonamiento no limitado por condiciones), es decir, que ordene acciones por buenas en sí mismas.
Siguiendo la misma línea, Donatien Alphonse Francois de Sade (1740-1814), ó Marqués de Sade, promueve una universalidad de goce, que según su suposición deberían aplicar como directriz de su vida todos los hombres por igual como en el caso de la ley moral que Kant defendía. Por medio del texto “La Filosofía en el tocador”[9], expone su ética acerca del placer del libertino en voz de Dolmancé y lo que se muestra es,que si en una sociedad democrática ningún hombre puede hacer de otro hombre su propiedad, esta igualdad en el derecho al goce implica también que cualquier hombre puede reducir a otro al rango de instrumento temporario de ese goce, (David–Ménard, 1997).
Se habla entonces de un “Kant con Sade”, como titularía Lacan (1963) a uno de sus textos, puesto que ambos confluyen en el hecho de exponer al hombre a la crueldad en nombre de la Ley. Sade apela a un imperativo de goce, en el cual los objetos de placer son sustitutivos, son tomados como serie infinita indiferenciada, propone que cualquier hombre puede reducir a otro a la categoría de instrumento temporal de goce. Tanto en Sade como en Kant, se presenta una serialidad infinita de objetos de deseo y a su vez el sacrificio de los mismos en nombre de un ideal planteado como absoluto e imperioso.
Con base a lo expuesto, resulta posible concebir la existencia de imperativos sociales contemporáneos; imperativos, ya que demandan un deber ser a todo sujeto como lo hiciera el imperativo moral kantiano o el sadiano, en los cuales no importan los sentimientos o deseos de los sujetos que habitan la cultura actual, sino, solamente lo que se dicta como “norma” implícita en la época contemporánea.
Este imperativo contemporáneo dicta un deber ser que se basa en un tener, lo que da como resultado un “ser–teniendo”, que convoca a un irrefrenable imperativo de consumo masivo, provocando la incapacidad de renunciar, de reconocer límites, de sujetarse a una ley que regule el deseo, es decir de sucumbir ante lo que en términos psicoanalíticos es llamado goce.
El consumismo es mas que el resultado de una sociedad industrializada, en el sujeto opera como el cumplimiento de una fantasía largamente acariciada, fantasía que tiene que ver con encontrar en el mundo objetivo las cosas que puedan resarcir y negar la falta constitutiva e inherente a los sujetos, conminándolos a creer en esa promesa de completud que deniegue sus carencias: el acto o inclusive el mero intento de ir “más allá” de lo permitido en el convenio social y subjetivo, implica acceder a un goce que provoca la desubjetivación del ser humano, situándolo en una posición de puro objeto de goce e imposibilitando su relación con el propio deseo -en tanto que éste requiere por definición la aceptación previa de la falta de eso mismo que se desea-, puesto que elimina la acción dialéctica necesaria para la constitución del mismo[10].
Para introducirse en el tema del goce como concepto psicoanalítico, es necesario revisar los conceptos a los que Freud denomina superyó y sus imperativos.
En El Yo y el Ello (Freud, 1923)[11] se muestra que el superyó no es simplemente un residuo de las primeras elecciones de objeto del ello, si no que tiene también la significatividad (Bedeutung, “valor direccional”) de una enérgica formación reactiva frente a ellas. El superyo es a la vez dos imperativos que se oponen: “Así debes ser “y también “Así no te es lícito ser”, mostrando en esta paradoja la naturaleza de la crueldad superyoica.
Al respecto la Dra. Marta Gerez asevera:
La principal consecuencia de los imperativos del superyó es, el envés del deseo. Los imperativos del superyó no son sino imperativos de goce en los que el sujeto se abisma más allá del deseo inconsciente.[12]
Lacan (1951) diserta sobre la existencia de una dialéctica del deseo y del goce, la dialéctica es retomada por Lacan desde la propuesta hegeliana, la cual ubica desde la lectura que Alexandre Kojéve realiza de la misma, sin embargo realiza ciertas modificaciones; Hegel planteó en la Fenomenología del Espíritu (1807) un proceso que involucra una tesis, una antítesis y por último una síntesis que supera a las anteriores, para Lacan no es posible llegar a una síntesis final, ya que si así fuese, esto implicaría pretender que el inconsciente es reductible y que existe por tanto un saber absoluto sobre él, lo cual constituiría una contradicción con la propuesta psicoanalítica que señala que el saber es siempre parcial.
Desde la teoría lacaniana se plantea que el deseo del sujeto se constituye por medio de una acción dialéctica, en la que el deseo del Otro, funge como referente para el propio; para mostrar lo anterior, Lacan trabaja el caso Dora en el Seminario 1, (1953-1954)[13], en el que da cuenta de esta dialéctica del deseo. Su propuesta psicoanalítica es llevar al analizante a la articulación de su deseo, -un deseo obviamente no totalitario sino articulado desde los límites propios de la constitución subjetiva-, para dar paso a una dialéctica, que implica que el deseo será de algo parcial y tendrá que estar siempre en movimiento.
Por otro lado, el término goce (jouissance) es tomado por Lacan (1958) nuevamente de la filosofía hegeliana[14], donde se le nombra Genuss y se le distingue como subjetivo, particular, imposible de compartir, inaccesible al entendimiento y opuesto al deseo.
Una vez realizado el recorrido anterior, es posible dar cuenta de lo que se formuló en un primer momento, es decir, que las condiciones para el sostenimiento de la pareja erótica actual, son en gran medida imposibilitantes puesto que tal relación se fundamenta precisamente en lo que la época contemporánea trastoca, es decir, el deseo.
El universo simbólico en el que habitan los sujetos, se produce y se transmite mediante el lenguaje; las condiciones y exigencias de la cultura devienen elemento constitutivo de los propios sujetos bajo el estatuto de imperativos del superyó, -en tanto imperativos de goce que conllevan lo opuesto al deseo-, entonces el deseo sobre el que la pareja se sostiene se enfrenta a la imposibilidad de su dialéctica, de la articulación de sí mismo.
En consecuencia se impone al sujeto el imperativo de goce superyoico, que siguiendo la línea argumentativa de lo expuesto por Lacan, arroja al sujeto a la condición de objeto, porque al imposibilitar la producción de la palabra por la omnipresencia de los objetos que la obturan, se vuelve tan sólo un cuerpo hecho objeto, objeto de goce, es decir, el sujeto queda expuesto al orden de lo real. Lo real para Lacan (1953) es todo aquello imposible de simbolizar.
Retomando la cuestión de la filosofía moral kantiana, a manera de conclusión es necesario puntualizar que el superyó y el ideal de la moralidad de ésta, no son lo mismo aunque en un primer momento parecieran serlo. Desde el ideal de la moral kantiana se habla del deber hacia la ley -propiedad que se ve alterada, al introducirse el ideal como un imperativo, como se señaló en párrafos anteriores. Ubicar la filosofía kantiana y sadiana desde su planteamiento en relación a lo universal, implica que existe una ley que limita el actuar del hombre, en contraste con lo que podemos precisar de los imperativos del superyó -que aunque tienen un sustento de coherencia con el registro de la ley-, son ciegos, insensatos y tiránicos hasta llegar a desconocer a la ley misma que les dio origen, provocando un desbordamiento, un más allá de la ley, en pocas palabras gozary con ello oprimir al yo hasta su destrucción,con lo cual se hace presente la pulsión de muerte-Tanatos e imposibilitando la aparición de Eros.
La cultura contemporánea prescribe ciertas exigencias en base a imperativos que se aproximan y en ocasiones se adhieren a lo que demanda el imperativo superyoico, puesto que ubican al sujeto en una posición de “Ser” indiferenciado, un “Ser” que puede serreducido a un puro objeto de goce, al imposibilitar su relación con el propio deseo, pues el sujeto sucumbe ante la propuesta de que todo lo que desea puede ser obtenido, puede ser localizable y adquirido, lo cual es un modo de no saber acerca del deseo, es decir, de la falta constituyente. En este contexto las condiciones de posibilidad de la pareja erótica se ven seriamente trastocadas, puesto que su posible existencia, radica tanto en la existencia de una dialéctica del deseo, como en la singularidad de cada sujeto, expresada por medio de su propia falta o incompletud.[1] Freud, El Malestar, 1929-30, p. 86.
[2] Bercovich, Nuevas, 2003.
[3] Platón, Diálogos, 385 a.C., pp.128-172.
[4] La Biblia, Génesis 2: 18 – 24,
[5] Singer, La Naturaleza del Amor 2,1984,p.21
[6] Singer, La Naturaleza del Amor 2, 1984,p.29.
[7] Nancy,La comunidad, 1990, p. 5.
[8] Compleston, F., Historia, 1981, p. 305.
[9] François, Filosofía, 1795.
[10] Lacan, El seminario, Libro I, 1953-54.
[11] Freud, El yo, 1923, O. C., t. 19.
[12] Gerez, Imperativos, 1999, pp.16-17.
[13] Lacan, El seminario, Libro I,1953-54.
[14] Braunstein, Goce, 1990,p.15.
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Warnock, G.J.; Kant;En O´Connor, D. J.,Comp. Historia critica de la filosofía occidental. V. Kant. Hegel. Schopenhauer. Nietzsche, Paidós Studio, España, 1986.
Artículos Electrónicos
Bercovich, S., “Nuevas formas de subjetivación. Simposio de Filosofía Y Psicoanálisis”, UNAM, Facultad de Filosofía y Letras, División de Educación Continua, de http://www.filos.unam.mx/dec/susanab.html, 2003.Recuperado abril 2006.
Esperanza Alonso Castañón: Alumna de la Maestría en Psicología, Área de Estudios Psicoanalíticos. Programa del PNP de Conacyt. Instituto de Investigación yPosgrado de la Facultad de Psicología de la UASLP. Carretera central Km. 424.5 C.P. 78494, San Luis Potosí, S.L.P. e- mail:sweethope99@yahoo.com