PRESENTACIÓN
Para el psicoanálisis no existe la posibilidad de pensar al individuo en forma aislada, separada de los otros. Como lo dejaba bien claro Freud en los primeros párrafos de su "Psicología de las masas": "En la vida anímica del individuo, el otro cuenta, con total regularidad, como modelo, como objeto, como auxiliar y como enemigo, y por eso desde el comienzo mismo la psicología individual es simultáneamente psicología social." Agrega que sólo se puede pensar una oposición en el destino de la libido, que puede sustraerse del influjo de las personas o renunciar a estas para encontrar una satisfacción pulsional narcisista o autista (citando a Bleuler).
Hoy en día se habla mucho de "la subjetividad de la época", quizá demasiado. Se corre el riesgo, a veces, de caer en una especie de "culturalismo", o sea, se acentúan tanto las determinaciones de la época que se puede llegar a borrar al sujeto en su particularidad, de suerte tal que terminaríamos siendo, según dan a entender algunos textos, "todos perversos" o "todos adictos", etc.
Nos interesa entonces estudiar las características de la época, pero para ver mejor la influencia que puede tener en los sujetos que nos consultan, o sea, en nuestra clínica de todos los días, una clínica que no es siempre la misma, que cambia y nos obliga constantemente a revisar nuestros "presupuestos", pero que, en tanto se reivindica deudora de Freud y de Lacan, no pierde nunca su brújula, su objetivo, que es siempre el sujeto en su singularidad.