Este trabajo pretende mostrar como la clásica posición de Aristóteles en torno a la preeminencia de las oraciones enunciativas es revisada por J. L. Austin desarrollando una ampliación del concepto de verdad a partir de un criterio general de correspondencia con los hechos y el desarrollo de una teoría pragmática del significado.
1.- La concepción aristotélica clásica de la verdad; 'Peri Hermeneias'.
La concepción aristotélica clásica de la verdad, esto es, el significado del término ‘verdadero’ o, si se quiere, el concepto de verdad plantea múltiples dificultades. Según la conocida expresión de la Metafísica1: Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es falso, mientras que decir de lo que es que es, o de lo que no es que no es, es verdadero. Así, adaptando esta fórmula a la terminología moderna, podría decirse que: La verdad de una oración consiste en su acuerdo (o correspondencia) con la realidad.
En el tratado De interpretatione2 tenemos, a su vez que Aristóteles establece una distinción entre aquellas oraciones que pueden ser verdaderas o falsas y las que no, evidenciando la supuesta superioridad–para efectos del trabajo de científico-filosófico–de las oraciones enunciativas respecto de las restantes oraciones: desiderativas, imperativas, interrogativas, etc. Al parecer sólo los enunciados pueden ser interrogados por algo tan crucial como su valor de verdad. Agregando que el ser verdadero o falso es producto de lacomposición o división que este tipo de oraciones opera, cuestión que no acontece con la intelección simple. La intelección simple no compone ni separa por lo cualno cabe respecto de ella una interrogación por suverdad o falsedad. La tesis central que sostiene Aristóteles en este punto es la siguiente: “existen intelecciones que no son verdaderas ni falsas y por lo tanto, sólo hay verdad y falsedad en intelecciones donde hay composición o división.”3
Así respectivamente puede ser verdadera o falsa una enunciación, como expresión de una composición o división, pero no puede serlo un nombre o un verbo tomado fuera del contexto de una enunciación4. Por ejemplo, el nombre ‘casa’ o el verbo ‘camina’ no pueden responder a la pregunta sobre lo verdadero o falso si están fuera de un enunciado.Es precisamente este aspecto al que da relevancia Aristóteles al sostener que sólo los enunciados pueden ser verdaderos o falsos y por lo tanto los separa del resto que no puede serlo. Vale decir, interesa al filósofo en particular las oraciones y entre ellas las atribuibles de verdad o falsedad, las oraciones enunciativas y no las que no pueden responder al valor de verdad.
Así, desde el punto de vista de Aristóteles son las oraciones enunciativas las de interés para la ciencia, entendida ésta como filosofía. Esto no quiere decir que Aristóteles ignore o desprecie otros tipos de oraciones –de hecho dedica otros tratados a ellas, escribe una Poética y una Retórica – lo que más bienocurre es que la tradición filosófica orientada por paradigmas cientificistas puso el énfasis en las oraciones enunciativas.Aunque también cabe considerar que Aristóteles haya establecido las jerarquías antes señaladas entre oraciones privilegiando a las enunciativas por su convencimiento de que la ciencia encuentra su norte –precisamente– en poder establecer lo que es del caso y lo que no es el caso.De allí entonces que el resto de las oraciones que no son enunciativas como las desiderativas (expresiones de deseo, promesas, advertencias, etc.) no pueden ser puestas a la par con las primeras.Así, como hemos visto, Aristóteles parece indicar que sólo tienen interés las oraciones enunciativas porque respecto de ellas cabe una pregunta fundamental que dice relación con su posibilidades veritativas.
2.- El reduccionismo verificacionista y la "falacia descriptiva".
La segunda tesis central del texto de Aristóteles sostiene que esa enunciación que puede ser verdadera o falsa debe ir acompañada de su verificación en la realidad (correspondencia con los hechos). “Resulta obvio que en la concepción del juicio como asentimiento o disentimiento acerca de una proposición, la atribución de un concepto a otro debe ir acompañada de una verificación respecto de si así es o no es en la realidad.”5
Pareciera que la verdad se da como una correspondencia entre lo dicho (la enunciación) y los hechos. Sin embargo, hay ocasiones en que esto no tiene sentido, por ejemplo 'El actual rey de Francia es calvo', no hay un correlato objetivo en el mundo de los hechos, entonces la enunciación no tiene con qué ser comparada y por lo tanto no hay una realidad a la cual el enunciado refiera, aunque se entienda, no cabe puesto que no es ni siquiera falsa, por lo tanto es un aparente enunciado, porque uno de sus términos no tiene denotación y por lo tanto no es científica, no aporta.
A partir de esta tesis sobre la necesidad que las oraciones enunciativas puedan responder a la pregunta sobre la verdad o falsedad sobre la basede su contrastación conla realidad, vemos un ejemplo claro en la problematización del capítulo nueve del Peri Hermeneias6, referida al escenario de las sentencias que describen hechos futuros contingentes. Se sostiene que, si es necesario que la afirmación o la negación de una sentencia acerca de un hecho futuro contingente sea verdadera, entonces nada será o no será por azar o eventualmente, sino todo por necesidad. Por consiguiente, todo lo que ocurre, ocurre por necesidad. Esto quiere decir que sólo los enunciados que por ‘necesidad’ (entendida como opuesta a la concepción de accidente de Aristóteles) ocurren son las de interés para la ciencia, puesto que los otros enunciados no pueden tener su verificación en la realidad, por ejemplo “En el año 2010 lloverá” es un enunciado válido pero que no cabe plantearse la cuestión de la correspondencia con los hechos puesto que no podemos contrastar lo que ella expresa, más bien se trata de una conjetura, la cual puede ser más o menos probable, fundada estadísticamente, lo cual significa darle un tratamiento distinto al de un enunciado, aunque su forma protocolar parezca ser el de un enunciado.
Caben aquí otros cuestionamientos como por ejemplos los planteados por Frege (distinción entre pensar y juzgar), sin embargo, ello nos desvía de nuestro énfasis central sobre la separación o sobrevaloración que se realiza con los enunciados respecto de otras oraciones, su valor de verdad y falsedad y su verificación con la realidad.
Esta obstinación porque las oraciones deban responder necesariamente al valor de verdad o falsedad -como si esta fuera la única pregunta relevante que pudiera proporcionar algún tipo de información acerca de la relación entre lo dicho y los hechos- encontró su máxima expresión con el Círculo de Viena (particularmente con el movimiento verificacionista alentado por el Positivismo Lógico).
Se suele considerar que la filosofía de la ciencia alcanza su edad adulta en la década de los veinte con la conformación del Círculo de Viena. Aquí se propuso un modelo de ciencia en el que ésta procede mediante generalizaciones (inducción) a partir de los datos. La idea central del positivismo es que la ciencia debe utilizar las teorías como instrumentos para predecir fenómenos observables y limitarse a realizar descripciones de hechos,esto es, debe renunciar a buscar explicaciones últimas. La búsqueda de explicaciones es función de la metafísica, que no es ciencia sino -en opinión del reduccionismo verificacionista-palabrería carente de significado.
De acuerdo con estas ideas los integrantes del Círculo de Viena defendieron un criterio verificacionista de significado que agrupaba los enunciados en dos clases: enunciados con sentido, que son afirmaciones que pueden comprobarse empíricamente si son verdaderas o falsas y los enunciados sin sentido, que son enunciados mal construidos cuya verdad o falsedad no puede comprobarse empíricamente. Basándose en este criterio, el Círculo fue decididamente anti-metafísico.
3.- Locuciones Ejecutivas, actos de habla y la teoría pragmática
del significado.
El giro que es necesario dar a nuestra perspectiva apunta a una ampliación de criterios de correspondencia con los hechos,en el sentido de que ya no son sólo las oraciones enunciativas las únicas de interés para la ciencia,si no que además y se debe ser capaz de establecer cuál es el protocolo o cuáles son las condiciones requeridas para estar en condiciones de pronunciarse respecto de la verdad o falsedad de aquella que señala.
Es precisamente esta absolutización del modelo enunciativo lo que lleva aAustin a desarrollar un criterio amplio de correspondencia con los hechos y no sólo limitarse a la verificación. Sostiene que “los filósofos han dado por sentado que las únicas cosas que captan su interés son las locuciones que informan sobre hechos o que describen situaciones en forma verdadera o falsa”7. La crítica de Austin es que erróneamente los filósofos presumieron que la única relevancia de un enunciado es describir algún estado de cosas o enunciar algún hecho. Esta suposición conlleva cometer lo que Austin denomina "falacia descriptiva", esto es, obstinarse en que sólo mantiene interés teórico los enunciados descriptivos.
A este argumento se suma el aporte realizado por Jhon Searle, quien distingue dos tipos de acto en el ámbito del lenguaje el ‘acto proposicional’ y ‘acto ilocucionario’. El acto proposicional está constituido por la referencia y la predicación y el acto ilocucionario, por la fuerza del acto, que recae sobre el acto proposicional. El acto proposicional es neutro respecto de la fuerza. Esto tiene relevancia cuando pensamos en el hecho que un mismo acto proposicional puede ser común a diversos actos ilocucionarios, aparte de la aserción. Por ejemplo el enunciado “Jorge viaja frecuentemente” y la interrogación ¿Jorge viaja frecuentemente?, poseen el mismo contenido proposicional – el cual es pues neutro -, pero bajo diversas fuerzas ilocutorias lo que otorga la identidad al acto de habla particular que cada una realiza o busca realizar.
Esta observación conduce a Searle a proponer que la predicación se da en todos los actos de habla, no sólo en los enunciados, sino en otros tipos de enunciados y como éstos tienen como finalidad engendrar la cuestión de la verdad, resulta que en todas está presente la cuestión sobre la verdad.
Es así como Austin propone atender a una cuestión crucial como es considerar que una oración–cualquiera sea ella–enunciativa o no, es emitida para hacer algo; ya sea para afirmar algo o negarlo, ya para pedir perdón a alguien, para ordenar, describir, prometer o interrogar.Donde cabe destacar que no se trata de un mero informe sino de una ejecución. Afirma que el lenguaje corriente no es meramente descriptivo o la constatación de un hecho empíricamente verificable o falsable. Si bien esa es una de sus funciones, no es exclusiva ni la básica, y está arraigada por el pensamiento filosófico tradicional. Desde su perspectiva, es necesario avanzar y observar las funciones que él denomina “realizativas”.
Austin realiza una división de los enunciados en ‘constatativos’ (descriptivos) y los ‘realizativos’. Por ejemplo, en el primer caso decir “La ventana está abierta”, sin lugar a dudas describe un aspecto de la realidad.En el segundo, el ejemplo “yo te prometo”, se trata de un enunciado en donde se está llevando a cabo la acción. El primero de los ejemplos puede dar cuenta sobre su verdad o falsedad, sin embargo en el segundo caso, se expresa la acción misma de la promesa. A este tipo de enunciados Austin los denominó ‘realizativos’ o ‘performativos’. La fórmula “yo te prometo” no describe un estado de cosas, sino que enuncia la acción de prometer. Con esta base, Austin introduce su teoría de los actos del habla entendida como hacer o realizar una acción. Para este autor ‘decir es hacer’, en el hablar siempre ve un ‘actuar’.Cuando se dice “prometo que...” ejecutamos el acto de prometer, hacemos una promesa. Lo que no hacemos es informar que alguien ejecuta un acto de prometer, informo sobre un acto presente de prometer.
Pero este acto a la vez se descompone en tres actos distintos, o más bien aspectos diferenciadores.El acto locutorio o locutivo: el simple acto de decir algo, afirmando o negando, en segundo lugar El acto ilocutivo en la que la diferencia está determinada por el modo en que se usa la locución. Y por último el acto perlocutivo que está constituido por las consecuencias que puedan derivarse del acto de decir algo.
Lo fundamental en la teoría pragmática del significado es que no son enunciados los que tienen un sentido o significan, sino que los locutores los que quieren decir esto o aquello. Lo paradigmático del acto ilocutorio está en la “fuerza” que tiene y, en virtud de la cual, el hablante hace al hablar.Uno de los fines de la teoría de los actos de habla es poner en cuestión la ilusión descriptiva, es decir, el postulado según el cual todas las afirmaciones son utilizadas para describir estados de cosas en el mundo y son por tanto susceptibles de ser verdaderas o falsas.
En este sentido el énfasis que pone Austin es que la pregunta por la verdad y la falsedad es una más entre otras muchas que se pueden establecer respecto del contenido de una proposición (neutra) y su relación con los hechos. “'Verdad' y 'falsedad' son sólo etiquetas para una dimensión de ponderaciones distintas que algo tiene que ver con la relación entre lo que decimos y los hechos. Por lo tanto, si ampliamos un poco nuestras ideas de verdad y falsedad, veremos que las aseveraciones, aquilatadas en relación a los hechos, no son tan diferentes, después de todo, de consejos, veredictos, y otros.”8
La pregunta que aquí se trata de responder es por qué sería más importante ver si una oración es verdadera o falsa a saber si una advertencia es justificada o injustificada, o una promesa es realizable o irrealizable, etc..En su tesis Austin señala que si bien las oraciones no enunciativas carecen del valor de verdad o falsedad, sí existen modos de correspondencia con los hechos y por lo tanto tienen interés puesto que arrojan luz sobre aspectos de la realidad y ese es precisamente el objetivo de la ciencia.
Austin se centra en las locuciones ejecutivas, definidas como ‘actos del habla’. Se pregunta sobre el por qué este tipo de oraciones no podrían ser consideradas a la par con las oraciones enunciativas. La tesis fundamental de Austin es que las locuciones ejecutivas no son entonces ni verdaderas ni falsa. “Después de todo, una locución ejecutiva típica sería decir “le ordeno que cierre la puerta”. Esta satisface a todos los criterios. Ejecuta el acto de ordenarle a alguien que cierre la puerta y no es ni verdadera ni falsa”9. Al emitir una locución ejecutiva explícita no estamos aseverando cuál sea el acto, estamos mostrando o haciendo explícito qué acto es.
En la oración enunciativa lo dicho tiene que corresponder con la realidad para ser verdad, pero el patrón lo tiene la realidad. En cambio en otras oraciones como las imperativas (ejemplo: cierra la puerta) si se obedece la orden, ahí el patrón lo tiene el acto de habla (lo dicho) no la realidad. Cuando señalo una oración estoy instalando un hecho en la realidad, es un acto de habla, tal como una orden o un contrato de compra-venta, por eso se refiere a ellas como locuciones ejecutivas porque instala un hecho.
Pareciera que las enunciaciones eran estructuralmente lenguaje y las otras actos del habla, pero lo que plantea Austin es que cuando yo digo algo (oración enunciativas) es tan acto como cuando yo pregunto, prometo, etc. y por lo tanto también puede ser inválido y tener condiciones de infortunio. Por ejemplo, “Usted está triste”, esto más que una enunciación es una conjetura que no estoy en situación de realizar y por lo tanto es inválida. Así también las oraciones desiderativas pueden fallar así como las oraciones enunciativas pueden ser falsas o caer en contradicción o doblez en el caso de las locuciones ejecutivas con diferentes tipos de fuerza ilocutiva.
Ahora bien, la cualidad exclusiva que parecía tener las oraciones enunciativasen el sentido que serían las únicas que podrían tener o lograr corresponderse con la realidad las demás también lo tienen, luego, por qué no las consideramos a todas de la misma forma, en la misma línea.
Dada este argumentación Austin sostiene que las aseveraciones no tienen un lugar especial o exclusivo donde estar. “Parece no haber buenas razones de por qué la aseveración debería ocupar una posición privilegiada”10. Las aseveraciones son actos del habla al igual que otras. Mientras más pensamos en la verdad o la falsedad tanto más descubrimos que de las aseveraciones que hacemos son pocas las sólo verdaderas o sólo falsas.
La conclusión de Austin respecto de la verdad de los enunciados se resume del siguiente modo: “Bajo el título de verdad, lo que de hecho tenemos es, no una cualidad, ni una relación, ni siquiera una cosa, sino más bien, una total dimensión de cuestionamientos; lo que está claro es que aquí hay toda una gama de cosas que considerar y ponderar sólo en esta dimensión, los hechos si, pero también la situación del que habla, su propósito al hablar, su interlocutor, asuntos de precisión, etc.Si nos conformamos con restringirnos a enunciados de una simplicidad tonta o ideal, no lograremos jamás desenredar lo verdadero de lo justo, honesto, merecido, preciso, exagerado, etc., la síntesis y el detalle, la amplitud y la concisión, etc.”.
Esto tiene su desarrollo con la escuela de Oxford y su teoría de los actos dehabla, la que surge a partir de la atención al lenguaje corriente. Es así que a partir de la noción de loslos diversos usos [juegos] del lenguaje, cuestión ya anunciada en eltrabajo del segundo Wittgenstein11, se plantea la necesidad de desarrollar una teoría ampliada del lenguaje. Si bien el empirismo y el logicismo son las dos principales fuentes que nutren la filosofía analítica, este estilo o método de hacer filosofía no cae en el reduccionismo verificacionista del positivismo lógico gracias al influjo de la ya mencionada teoría de Wittgenstein acerca de los diversos usos del lenguaje con los que tales usos se correspondían.
En el marco de los desarrollos expuestos es que cobra particular interés el análisis de la noción de verdad elaborado por John L. Austin, el cual atiende a uncontexto socio-lingüístico complejo que atiende en todo momento a la situación total del habla, previniéndose de la disociación entre lenguaje y mundo.
Ahora bien, la calificación que Austin otorga a su propia investigación como "fenomenología lingüística", frente a otras denominaciones habituales como "lingüística", "lenguaje ordinario" o "analítica" enfatiza precisamente aquel carácter integrador de su quehacer filosófico.
Así toda oración tiene su sentido práctico determinado por el uso que se le esté dando.El uso prototípico de cada clase de oración es el que se observa en el lenguaje ordinario o coloquial, según sea el caso.Desde este punto de vista, “toda locución u oración utilizada en un acto de comunicación resulta ser ejecutoria de algún tipo de acto o en términos de Austin: performative utterance. Para él toda operación es una locuciónejecutiva (performative).”12
Bibliografía
ARISTOTELES, Die Interpretatione, Editorial Tecnos. Madrid, 1999
ARISTOTELES, Metafísica,Libro IV (gamma)
AUSTIN, J., “Locuciones Ejecutivas”.Traducción profesores Mirko Skarica y Sylvia Toledo. PUCV, 1972, en Revista Observaciones Filosóficas.
LANAS, Salvador “En torno al Texto de John L. Austin “Cómo hacer cosas con palabras”, en Psikeba Nº 6, Buenos Aires,2007.
SEARLE, John R. “Actos de habla: Ensayo de filosofía del lenguaje”, editorial Cátedra. Madrid, 1980.
SKARICA, Mirko,“Enunciación Aprehensiva Y Enunciación Judicativa”, en REVISTA PHILOSOPHICA Nº 26 (2003) Instituto de Filosofía Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
SKARICA, Mirko, Peri Hermeneias Comentario de Santo Tomás, Editorial Cerro Alegre, Valparaíso, Chile, 1990
Notas:
* Este trabajo fue desarrollado bajo la Dirección del Profesor Dr. Mirko Skarica – Traductor de la Conferencia de AUSTIN, J., “Locuciones Ejecutivas” y reconocido especialista internacional en Filosofía del Lenguaje–en el Seminario Aristóteles, Asignatura del Postgrado en Filosofía de la PUCV, 2007.
[1] ARISTOTELES, Metafísica,Libro IV (gamma), 7, 27.
[2] ARISTOTELES, Die Interpretatione, Editorial Tecnos. Madrid, 1999
[3] SKARIKA, Mirko, Peri Hermeneias Comentario de Santo Tomás, Editorial Cerro Alegre, Valparaíso,Chile, 1990 p. 15.
[4] SKARICA, Mirko “Enunciación Aprehensiva y enunciación judicativa”, Fondecyt (Chile) y DeutscheForschung Gemeinschaft, Revista PHILOSOPHICA Nº 26, 2003,p. 2
[5] SKARICA, Mirko “Enunciación Aprehensiva y enunciación judicativa, Fondecyt(Chile) y DeutscheForschung Gemeinschaft, Revista PHILOSOPHICA Nº 26, 2003.
[11] En las “Investigaciones filosóficas” y en toda su obra posterior es donde Wittgenstein desarrolla su critica alcarácter puramente ostensivo del lenguaje e insiste en la condición del lenguaje como “juego”,y que, como todo juego, tiene sus reglas.
“Al conjunto consistente en el lenguaje y las acciones que lo acompañan lo llamaré también el 'juego lingüístico' “ (IF, 7, 25).
El juego lingüístico equivale a un «uso del lenguaje» conforme a unas reglas; “seguir una regla” es, según Wittgenstein, aceptar unos usos, una institución y costumbres, en suma, una práctica. Así la concepción wittgenteniana del lenguaje usa la imagen o metáfora del “juego”.Realizar una actividad lingüística, llevar a cabo un “juego lingüístico” está ciertamente determinado por normas o reglas, pero con la diferencia que ese mismo juego o actividad es a su vez creadora de normas nuevas. El lenguaje, para Wittgenstein, es por tanto un juego dentro del que caben infinidad de juegos distintos. Así se empieza distinguiendo un ruego de una pregunta, un mandato de una promesa. Por esto «el habla es parte de una actividad o forma de vida» (IF,23, 39). Aprender un lenguaje es aprender, pues, el «juego del lenguaje» o «forma de vida».
“La expresión "juego del lenguaje" trata de poner de relieve el hecho de que hablar un lenguaje es parte de una actividad o forma de vida» (IF, 23, 39).
El análisis del lenguaje desde la óptica del «acto lingüístico» conlleva necesariamente la destrucción de la concepción estática del significado predominante en la semántica anterior. Witggenstein expresa de modo intuitivo y sugerente la idea que ha de regir esa nueva concepción del lenguaje:
“Para una amplia clase de casos - si no para todos - en los que empleamos la palabra "significado", podemos definirla así: el significado de una palabra es su uso en el lenguaje» (IF, 43, 61).
Existen innumerables juegos del lenguaje, que se refieren, como es lógico, a las diversas actividades lingüísticas.
«Ten a la vista la multiplicidad de juegos de lenguaje en estos ejemplos y en otros: dar órdenes y actuar siguiendo órdenes. Describir un objeto por su apariencia o por sus medidas. Fabricar un objeto de acuerdo con su descripción (dibujo). Relatar un suceso. Especular sobre un suceso. Formular y comprobar una hipótesis. Presentar los resultados de un experimento mediante tablas y diagramas. Inventar una historia y leerla. Actuar en teatro. Cantar a como. Adivinar acertijos; Hacer un chiste; contarlo. Resolver un problema de aritmética aplicada. Traducir de un lenguaje a otro. Suplicar, agradecer, maldecir, saludar, rezar. Es interesante comparar la multiplicidad de herramientas del lenguaje y de sus modos de empleo., la multiplicidad de géneros de palabras y oraciones, con lo que los lógicos han dicho sobre la estructura del lenguaje.
* Licenciada en Comunicación Social, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Periodista. Cursa Postgrado en Filosofía Instituto de Filosofía PUCV.