“Quien no ha adquirido, a través del análisis personal,
las nociones precisas que sólo por ese medio pueden lograrse,
no tiene derecho a mezclarse en cuestiones de psicoanálisis.”.
Sigmund Freud
El debate francés
El día 30 de Octubre del 2003, el diario Le Monde de Francia, publica un artículo de Jacques Alain-Miller titulado La función social de la escucha en dónde se opone públicamente a la gestión parlamentaria que intenta ingresar al congreso francés un proyecto de regulación de las actividades psi. La cuestión es la siguiente: un diputado francés -Bernard Accoyer- promueve un proyecto, que tiene ya la sanción de la Cámara de Diputados de Francia, de regular la actividad de las psicoterapias (que incluiría también al psicoanálisis) por lo cual estas actividades quedarían bajo el control del Estado. En Francia, el fondo del asunto es económico –al menos en apariencia-, el Estado toma a su cargo -mediante sus obras sociales- las psicoterapias y con esta reglamentación se persigue el objetivo de disminuir el gasto público. El argumento de Accoyer es que existe un vacío jurídico y es un tema de salud pública y política sanitaria del Estado, debe protegerse al paciente regulando la defensa de la profesión. No es el caso de Argentina, pero las voces de “los reguladores” de siempre comienza a tronar.Miller ha tomado la delantera de la oposición a este gesto arbitrario y detrás de él se alinearon hasta los disidentes del ambiente psi francés. Sus argumentaciones son las esperadas por todos, por lo cual, creo debemos apoyar esta iniciativa de oposición política desde el lugar de cada uno, no sea que la “infección psíquica” de los reguladores criollos se active en este país desmembrado y encuentren también algún “vacío jurídico” para llenar.
El meollo del debate
Creo que la polémica de la regulación del psicoanálisis se instala a la hora en que se comienzan a preguntar por la formación de los analistas. Los psicoanalistas no están acaparados por la formación universitaria como condición para la atención de pacientes. El mismo Freud en ¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la universidad?, dice que el psicoanálisis solamente podría tener una transmisión dogmática por medio de la teoría y nunca ofrecerá la oportunidad de experimentos públicos, pues el psicoanálisis se ajusta a un método particular, es decir que le es propio.
Sólo se accederá a ser un psicoanalista siendo un analizante, supervisando los casos, perteneciendo a una institución psicoanalítica -en dónde el saber de la práctica en soledad sea cuestionado-, y por el estudio personal permanente. Además, ¿acaso Lacan, durante treinta años, enseñó algo distinto acerca de cuál es la posición de un analista?, aún él siendo psiquiatra.
El psicoanálisis no es una ciencia, es una práctica que no puede ser regulada por ningún estado burocrático. Una práctica-sobre-la-subjetividad, es decir uno por uno. El “sentido común” queda excluido de este tipo de práctica. El discurso médico y universitario, parlotean desde el saber, justamente desde las antípodas del psicoanálisis.
Además, hay una ecuación que enseña la práctica: el que mal se forma, mal trabaja y el paciente deja el tratamiento. Aquel que pretenda ser analista, vivir de lo que ama, poniendo en juego su deseo, sabrá como regularse, sino no podrá vivir de esta profesión.
La idea que el paciente es estúpido en su sufrimiento parte del discurso (Amo) médico, donde tratan cuerpos y no subjetividades. El psiquiatra Materazzi dice: “…A veces con las mejores intenciones se puede perjudicar al sufriente psíquico que recurrió a la consulta. La regulación de su práctica debería ser supervisada y controlada por expertos en el tema…”. El mismo Accoyer (médico, también) dice: “…para el problema del psicoanálisis, pueden existir disposiciones especiales, pero no pueden escapar, si el psicoanálisis se inscribe en un tratamiento de la psique, el cual sólo puede inscribirse en una evaluación y en un control de los conocimientos y de las prácticas. Es una cuestión de seguridad y sanitaria…”.
Manuel Suarez Richards, psiquiatra y profesor universitario dice: “La práctica de cualquier intervención terapéutica debe estar regulada…”. ¿Se analizará este profesional, profesor?,¿sabrá que el psicoanálisis no cura, que apenas trata de perfeccionar el sufrimiento ocasionado por los síntomas?.
Los “reguladores” intentan “normalizar la actividad” (del psicoanálisis) con el ingenuo argumento que el paciente se encuentra indefenso ante una posible mala praxis de “estos charlatanes no regulados por una ley”. Pregunto: ¿Quién protege a los pacientes de los médicos que están “aconsejados” por los laboratorios internacionales para recomendar tal medicamento en desmedro de otro? ¿Cómo se regula esa ética de práctica corriente en hospitales públicos y clínicas privadas?
Estas ideas –como bien dice Miller- promueven el pánico y no el debate. Nos recuerdan al “por algo será…” tan funesto de la dictadura militar, todavía en las mentes fascista que promueven controles sin sentidos, instalando la duda promotora del pánico público. Una medida regulatoria pensada desde el Estado es inviable, el psicoanálisis tiene métodos singulares, excluidos del discurso del Amo.Acertada es la observación de Hugo Vezzetti cuando dice que tampoco hay evidencias de un descontrol. En definitiva: ¿Cuáles son la verdaderas intenciones de una regulación estatal?
Acerca de los reguladores y la regulación.
La única regulación que necesita el psicoanálisis es el psicoanálisis mismo, por esa razón no se habilita en la universidad, pero sí en un diván. No es un título habilitante regulado por el Estado lo que garantiza dejar de sufrir. Las regulaciones no garantizan los tratamientos, sino que tranquilizan imaginariamente a los que pretenden controlar los deseos ajenos. Aquellos que pretenden que una actividad tan cara a la subjetividad sea regulada por el Estado sin más pasión que la burocracia, ¿qué pueden regular seriamente?
Para hablar de psicoanálisis hay que atravesar la rueda trituradora de ilusiones que su dispositivo sostiene. Un analista necesita formación, una ardua formación, los “reguladores” ¿qué formación tienen tan ardua y tan sensible como la requerida a un analista?, ¿cuántos de ellos que proponen regulaciones a los psi se analizan y saben de qué están hablando?. Desde el mismo momento que lo pulsional está en juego, nada se puede regular. ¿Cómo regular el deseo articulado en la cadena significante cuando no es articulable?
El dispositivo analítico está más allá de la regulación de un estado, como lo está más allá del analizante y del propio analista. Si este dispositivo no se pone en marcha porque los actores de esta ficción no lo disponen, alguno (o ambos) renunciará. Es decir, el psicoanálisis se inmuniza a sí mismo por el mismo dispositivo que lo sostiene (transferencia, deseo, palabra, síntoma, la maquinaria del lenguaje, silencio, el sujeto, supuesto saber, la abstinencia, la falta de sentido, la asociación libre, etc.), si esto no se cumple el acto analítico se cae solo aunque esté regulado. Por lo que se deduce ampliamente que aquellos que reclaman regulaciones no conocen la esencia del psicoanálisis.
Tampoco Jacques Alain Miller se opone a cierta forma de regulación, entre sus planes se encontraba ciertas habilitaciones profesionales a través de una especie de instituciones colegiadas. Posiblemente cierta regulación sea posible desde las instituciones psicoanalíticas formadoras, al fin de cuentas, privadas y voluntarias, lo cual traerá aparejadas otro tipo de discusiones, pues sería otra forma de control encubierto, pero más profesionalizado. Esto planteará seguramente otras discusiones no menos apasionadas acerca de la relación estatal y estas instituciones. Allí discutiremos esas habilitaciones, en nuestras propias opiniones de analizantes y de analistas. El futuro dirá.
Fuentes consultadas
|| Revista Ñ (edición sabatina del diario Clarín), Nº 22 y 24 del 2004-05-20
|| La carta. Publicación de la Escuela de Orientación Lacaniana. Buenos Aires. Nº 128 y 129
|| Diario Le Monde (traducción de Carmen Cuñat y Oscar Caneda).
|| Trascripción de la emisión radiofónica de JP Elkabbach con Jacques Alain-Miller y M. Accoyer participando por teléfono (traducción de Carmen Cuñat ).
|| Sigmund Freud. El porvenir de una ilusión. Tomo XXI. Amorrortu Editores. Buenos Aires
|| Sigmund Freud.¿Pueden los legos ejercer el psicoanálisis?. Tomo XX. Amorrortu Editores. Buenos Aires
|| Sigmund Freud. ¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la universidad?. Tomo XVII. Amorrortu Editores. Buenos Aires.