“Lo sabe todo. Absolutamente todo.
Figúrese lo tonto que será”.
Miguel de Unamuno
Nuevamente, en Agosto la revista Noticias (13/Ago/2005) publica El psicoanálisis en su laberinto, firmada por Matías Loewy (subeditor de ciencia y medicina). Su mensaje: el psicoanálisis está agonizando, está siendo abandonado por los propios psicoanalistas, debido al avance de otras terapias cortas y efectivas, y por el avance farmacológico. Con vientos de polémicas, el artículo (que despliega seis páginas, tapa y varias fotos) es inductivo. Coloca, veladamente el estéril y viejo debate entre la ciencia y psicoanálisis.
De esta forma busca justificar la caída del psicoanálisis por creciente (14% respecto al 2004) venta de psicofármacos, las deserciones al campo de la efectividad psicoterapéutica de dos o tres entrevistados, una estadística de la universidad de Belgrano, opiniones de dos norteamericanos, los conceptos del menemista Pacho O`Donnel, un psicólogo arrepentido y dedicado a escribir (Federico Andhasi), médicos psicoanalistas de la APA y recortes de opiniones sueltas. No más, una mezcla de opiniones que orientan hacia un cuadro destacado con el ranking de venta de psicofármacos ("cuadro de avance farmacológico en lugar del diván", (sic)). Una vergüenza editorial, caracterizada de vacua, superficial y pretendidamente estadística que no logra diferenciar la psicología del psicoanálisis, apuntando a Freud y a su obra como anacrónica y olvidada por la aceleración de la época.
El pretendido artículo, organizado con fragmentos, llega a la sorprendente conclusión: el psicoanálisis no cura. ¡Qué novedad tan vieja!. Más aún, no tiene efectos terapéuticos rápidos (como lo requiere esta época vertiginosa), nada más incierto. Pero este es otro capítulo más complejo, demasiado para el editor del artículo que se deshace en expresiones como: "mediciones y auditorias de evoluciones", "medicina basada en evidencia", "tratamiento corto con resultado científico", "reeducar el pensamiento y las conductas con técnicas válidas", "evoluciones documentadas", "la terapéutica de la ciencia es la más efectiva", etc. Por supuesto, todo esto ornamentado con un elogio a la psiquiatría, psicofármacología, psicoterapias breves, cognitivas, conductuales, sistémicas y otras menos conocidas. Todo, lejos, muy lejos del psicoanálisis.
El artículo es mal intencionado porque no busca una opinión, sino que influye sobre desprevenidos que, con recortes, es parcial porque no se juega en un despliegue de las opiniones, y posiblemente alguno de sus entrevistados fue seccionado en sus opiniones para dar forma a las veladas intenciones editoriales. Una cuestión es segura: apunta a favorecer a los laboratorios internacionales. ¿Por qué?: la conclusión editorial es la sutura de síntomas por terapias breves y psicofármacos. Con la conocida intencionalidad tildan de "pasado de época" a la obra de Freud, con una lectura anacrónica, ni siquiera actualizada, olvidan en el camino a otros autores como Lacan, por ejemplo. Y recurren a los gurúes mediáticos (Jorge Bucay, Pacho O`Donnel, Federico Andahasi) o dos psicólogas arrepentidas del psicoanálisis. En medio de toda esta mezcolanza uno se pregunta: ¿Qué entenderá el editor por psicoanálisis?.
No obstante, debemos rescatar las opiniones de la periodista internacional Mónica López Ocón, Editora de Cultura y Política Internacional de la misma revista, que coloca al artículo, en las breves líneas de una columna, en una perspectiva más realista y menos sensacionalista. Las cuestiones son más complejas, y muy distantes de las intenciones editoriales, lo cual nos permite reflexionar, no sólo acerca del manejo de los medios, sino de quienes los dirigen: carecen de criterio profesional. Son oportunistas y desinteresados a la hora de informar seriamente.
Hasta aquí nuestra crítica, pero lo notable es que periódicamente y con una regularidad asombrosa a través de los años, no dejan de aparecer distintas publicaciones nacionales y extranjeras anunciando el fin del psicoanálisis. ¿Casualidad? No, a esta altura es evidente un grupo de presión aceitado que a nivel internacional está orquestando una discreta campaña que a través de los distintos medios intentan modelar una opinión pública funcional a sus arcas. La discusión no es "Psicoanálisis o Ciencia", son dos campos inconciliables por sus orígenes, no se trata de defender a la ciencia cuando se critica al psicoanálisis, se trata de correrlo pues obstaculiza el camino de lo nuevo que promociona el imperio. El psicoanálisis es competencia, y lo peor, sin precio, no se puede comprar, ni comparar porque sus mismas bases éticas es lo único que le permite funcionar en la práctica. ¿Se trata de abolir la práctica de la escucha?, descabellado, pero cierto. ¿Desde dónde?, de aprovechar cierta patraña articulada e impuesta entre la psiquiatría biológica, las neurociencias, las psicoterapias cognitivas y conductuales, gestal, sistémicas y demás que aspiran a robotizar al sujeto (no compartimos el mismo terreno teórico, por lo cual no es necesario demonizarlas, nos referimos al amo y sus intenciones de usarlas como argumentos para aplastar la práctica del psicoanálisis). Una ficción tranquilizante llevada a través de los medios con intenciones comerciales dónde el sujeto a fuerza de fármaco se tranquiliza o activa para la voz del amo. Mucho consumo, mucho trabajo, relaciones distantes, pánicos sin Otro concreto, angustias, síntomas mudos, goce en soledad donde la verdad, el amor, el deseo y la sexualidad son ideas muertas. El imperio tiene algo que vendernos a precio de nuestra propia subjetividad. Tiene plata y ganas de vender una píldora nueva con intenciones oscuras, pero el amo -siempre tan ingenuo- no repara que la repetición lo delata en su insistencia. Y de esto, en ese real que insiste, el psicoanálisis construyó sus fundamentos.
Para concluir esta editorial, transcribo un breve artículo de nuestro periódico, el número 1, que escribí en el mes de Abril del año 1994, el cual al releerlo me sorprendió por la actualidad de la repetición.
¿Otra vez?: La crisis del psicoanálisis MIL DIVIDIDO TRES
Últimamente, en distintos medios dirigidos a la opinión pública, han proliferado artículos que denuncian una supuesta crisis en el psicoanálisis. Creyéndome implicado en tan crítica situación decidí escribir el presente artículo. Antes de pasar a mencionar tales publicaciones, me permito una anécdota breve. Cierta vez, concurrí a una fiesta infantil donde un viejo mago hacia lo suyo. Concluido su trabajo, acompañé a los dueños de casa a despedirlo y en la puerta le propuse una pregunta -ingenua de mi parte-: "¿Todavía puede vivir de esto?" (Traduzco: la magia, ¿todavía es de interés para la gente?) Serenamente, y con una sonrisa piadosa me contestó "Mientras haya niños la magia nunca morirá." En la revista Página 30, número 19 del año 2 (1992), aparece una nota titulada "¿Crisis en la patria psi? Cuesta Abajo". Noticias por su parte, a través de un copyright de la revista Time, el 4/12/93 publica el siguiente articulo: "¿Y si Freud se equivocó?" firmado por Paul Gray. Finalmente, la nota de Susana D. Grispon: "La crisis en la cultura y en psicoanálisis", aparecida en el número de noviembre del periódico especializado Actualidad Psicológica. Puede agregarse, además, un artículo sobre psicocirugía (Noticias 12/12/93). En todas estas publicaciones hay un denominador común: la posición frente al saber. El modelo cientificista las atraviesa.
Por otra parte, se trasluce en ellas una lectura ingenua, por así decirlo, de las obras psicoanalíticas freudianas. Tampoco debe dejarse de lado que, hablar de psicoanálisis "desde" la ciencia determina, a mí entender, una falacia: equívoco alojado en el interior de un discurso que intenta ubicarlo como tal para encontrar, nuevamente, una verdad universal. Y poder así, entonces, medir las consecuencias de una supuesta crisis con parámetros científicos. Pero, ¿qué sucede a la hora de la demostración? Olvidando el método científico se escamotean argumentos, se despliegan y proyectan razonamientos parciales con estatuto de verdad y aparecen frases descontextualizadas y sospechosamente útiles a ciertos intereses.
Así, en los mencionados artículos se ensayan conjuros que acabarían con la ciencia del hechicero vienés. ¿Dónde posan la (supuesta) verdad de estas publicaciones? Por ejemplo, en el psicofármaco, en la poción milagrosa, en la píldora; todos ellos recursos del extremo saber.O si no, en la genética (ese horizonte aún oscuro y hasta hoy más llenos de suposiciones que de certezas), donde muchas esperanzas están cifradas en el descubrimiento científico que pueda explicar el misterio de la humanidad.
Y nuevamente, el saber empuja a la trampa de la ilusión y tapando, el inevitable "todo no se puede" aparecen las terapias alternativas que en forma rápida y efectiva, con respuestas contundentes, acabarán con el sufrimiento del hombre moderno. Refrito de esa pasión por pretender dar respuesta a todo, aún hay más, recientemente (Noticias, 12/12/93) presenta una nueva vedette: la psicocirugía de cerebro o, también, la frase el futuro es la neuroquímica. A esta altura, ya no es posible dejar de mencionar que mi crítica no se dirige a estas prácticas, tampoco a sus intentos. Se trata, sí, que a la hora de mostrarse y demostrar el único camino, parece ser un "réquiem" al psicoanálisis. Y es ahí donde creo escuchar voces apocalípticas, también heréticas, profetizando desde el desconocimiento. Versión moderna de la Santa (Ciencia) Inquisición: todo aquello que no se les parezca debe declararse muerto. ¿Qué decir de los medios? ¿Por qué, siempre con esos ojos excéntricos, nos traen la verdad de "allá" a la manera de espectacular panacea? Olvidan que en el país existen ámbitos donde el psicoanálisis, puede estarse o no de acuerdo con los manejos institucionales, es tratado con rigor investigativo y que transita el método lógico como intento de dar consistencia a su práctica. Son instituciones importantes y con renombrados exponentes, pero, curiosamente, a la hora de la consulta, son declaradas ausentes.
Jacques Lacan estuvo treinta años hablando y no fue poco lo que dijo. Desde su brillante prepotencia intelectual desafió a los perezosos aferrados a las ciencias y ansiosos de homogeneizar conocimientos. Si algo de su transmisión no puede ser dejado de lado es su propuesta de investigar utilizando métodos de algunas ciencias, pero tan sólo como herramientas no como conclusión. No fue la ciencia el ámbito que preocupaba a Lacan para hablar del psicoanálisis.
¿Qué decir entonces de Freud y su obra que ocupó más de medio siglo? Algo siempre a ser resignificado y descubierto en cada lectura. En sus recovecos, en el ir y venir de sus contradicciones, en cada párrafo leído, siempre se abren nuevos e inéditos caminos. Es cierto que Freud habló del psicoanálisis como una ciencia, pero esta palabra debe contextualizarse en un tiempo y en un espacio. Si el psicoanálisis algo nos propone es un coraje utópico. Enfrentamos, primero, con lo irreductible y luego con la tarea de lo imposible de curar. Su esencia es el deseo, y no el saber. El psicoanálisis es una ciencia, si, pero de lo singular y sus efectos siempre estarán por fuera de los alcances de la universalidad, pues los porta cada paciente con su propio color. Y es justamente esto lo que convierte al psicoanálisis en mil dividido tres: nunca dará ese número entero al que aspira la razón. Nadie tiene la verdad, cierto es. No es de verdades de lo que se trata, sino de los efectos de una clínica, que sólo pueden ser medidos en términos de pérdida de goce. En definitiva la verdad del psicoanálisis es que no hay ninguna verdad, ni otro que la tenga. El sujeto de la ciencia, del conocimiento, del pensamiento voluntarista y consciente; no es, a mi entender, el marco para medir una posible crisis en el psicoanálisis.
Los analistas sabemos que otros son los caminos: el deseo o la ciencia de lo particular. Quiero cerrar con una anécdota inventada, ficticia, para una mayor transparencia de lo que intento transmitir: cierta vez Lacan transitaba su descanso eterno en algún lugar del cielo y un compañero, científico él, le dijo ¿Qué me dice usted?, con una de estas publicaciones en su mano, "el psicoanálisis agoniza" Lacan lo miró por encima de sus lentes y clavándole la mirada le respondió: "mientras el deseo exista, el psicoanálisis no morirá".