¿El antisemitismo o el judaísmo en los orígenes freudianos?

José Méndez *

 

Psikeba - Revista de psicoanalisis, arte y estudios culturales


"... Mis padres eran judíos"
"También yo he seguido siendo judío"
Sigmund Freud, Presentación autobiográfica

 

Este breve ensayo - audaz por la envergadura del tema - no tiene intención de descubrir algo nuevo sino reflexionar acerca de ciertas hipótesis que "descubro" releyendo la biografía freudiana, y preguntarme acerca de los orígenes del psicoanálisis; en este caso apuntando al impulso posible desde el antisemitismo y/o judaísmo. Busco desplegar un punto de origen a investigar.

 

El antisemitismo


Las cuestiones del antisemitismo en la vida de Freud tuvieron un sentido creciente desde su niñez hasta el final de sus días. El tema siempre estuvo - por época y situación geográfica - con carácter omnipresente; con apariciones a veces esporádicas; otras, constantes; pero siempre con más fuerza: desde "la escena de la gorra" [1] hasta sus últimos años que llevan el sello: "morir en libertad" [2]. Así, toda la vida de Freud transcurre con un telón de fondo antisemita que ofrece paisaje y marco de un cuadro no exento de penurias.


Descendiente de una probable historia de persecuciones ancestrales, nace en un barrio judío en minoría ostensible respecto a los católicos; agreguemos la pobreza que remarca, aun más, la falta de derechos para una minoría.
No entraremos en la compleja situación europea de esos momentos, pero sin duda contribuyó como la estructura necesaria que potencia los destinos de una época.


Fue Aníbal, el arquetipo judío que toma Roma, su héroe infantil. Este personaje se fortalece en la adolescencia al comprender -con la crueldad del otro- la posición que debía tomar por ser judío. En este sentido, la "escena de la gorra" contrasta con la actitud de ambos padres (el de Aníbal y el suyo). [3]


Los avatares de la formación universitaria están también atravesados por el racismo, [4] - no casualmente - sus maestros (Nothnagel, Brücke, Clauss) sostenían una ideología liberal contraria a cualquier modo antisemita.


El oído de Freud siempre fue sensible al antisemitismo, aun jocosamente con un fondo trágico, siempre las combatió con furor y sin temblarle el pulso, tanto de joven como de viejo. Existen varias anécdotas sobre el particular. Ya mayor, y bastante consolidados sus primeros desarrollos teóricos y rodeado de discípulos, no debe descartarse que los finales de la fuerte amistad que lo unía a Carl Jung están teñidos de la cuestión antisemita. Los acontecimientos posteriores confirmarían esto cuando Jung se integra al nazismo de la época desde su trabajo. Las divergencias teóricas y narcisistas de la escuela vienesa y suiza, al parecer, un trasfondo antisemita.


Maedert (suizo) le escribe a Ferenczi (escuela vienesa), sobre el final de la ruptura y en plena época de divergencias, que éstas eran por las razas que ostentaban los dos grupos (arios y judíos), ante lo cual - Freud mediante - Ferenczi responde con otra carta donde podemos rescatar una frase por demás elocuente: "... debe haber algo que no marcha bien". Sin duda referida a la cuestión antisemita que se tornaba cada vez más candente en esos momentos. Los años posteriores fueron cada vez más aciagos con el ascenso del nazismo a la Alemania dominante de entonces: quema de libros, el exilio, pérdida de familiares, penurias económicas, etc.


Desde la teoría psicoanalítica, el sentido común, la sociología y su correspondencia con distintas personas, Freud ensaya distintos argumentos en cuanto al origen del antisemitismo. Repasemos algunos:


- En el historial de Juanito (1909) ensaya explicaciones muy ligadas a los descubrimientos de esa época. Dirá: "El complejo de castración es la raíz inconsciente más profunda del antisemitismo, pues ya en el cuarto de los niños el varoncito oye que a los judíos les han cortado algo en el pene... y esto le da derecho a despreciar al judío."


- En El malestar en la cultura (1930) equipara y nomina al racismo dentro del "narcisismo de las pequeñas diferencias" donde explica al antisemitismo como una "satisfacción cómoda e inofensiva de la inclinación agresiva, por cuyo intermedio se facilita la cohesión de los miembros de una comunidad."


- Pero posiblemente la más extensa se encuentre en Moisés y la religión monoteísta (1939), donde ensaya con más amplitud ambos temas -antisemitismo y judaísmo-. Veamos los llamados "motivos específicos" del racismo para Freud en los finales de su vida:

 

      • el reproche de la extranjería
      • por ser minoría extranjera
      • ser muy diferentes de sus "pueblos anfitriones"
      • la intolerancia de las masas se exterioriza con más intensidad frente a diferencias pequeñas que frente a diferencias fundamentales
      • porque desafían todas las opresiones, y ni las más crueles persecuciones han conseguido desarraigarlos; antes bien, muestran aptitud para afianzarse en la ganancia del sustento y, toda vez que les es permitido, prestan valiosas contribuciones a todos los logros culturales.


Como puede fácilmente inferirse, sobre todo en esta última hipótesis, que la repite en varios pasajes de su obra, hay cierta creencia y orgullo en ser judío y afirma con cierta convicción algunas condiciones propias de la raza.
Cierto es, también, que tenía claro que las antipatías de sus contemporáneos eran por su raza (que no renegaba de su condición) y por haber sido precisamente un semita el creador del psicoanálisis; y justifica en parte - no sin pasión - que sólo un judío podía haber abrazado semejante causa, pues era acreedor al temple de soportar oposiciones mayores. (Las resistencias contra el psicoanálisis, 1925). También encontramos que se amarga y compara a Voltaire por haber tenido que soportar, igual que él, el rechazo por ser judío (Mi contacto con Josef Popper-Lynkeus).

 

 

El judaísmo


Respecto al judaísmo, Freud da indicios muy claros que conocía bien el tema, no sólo porque en su casa paterna se mantenían tradiciones, sino además porque las estudió.


En la bibliografía freudiana hay muchas referencias al judaísmo, en especial en el Moisés... Al respecto Freud propone que fue Moisés quien deja la impronta al pueblo judío como el elegido por Dios, el sostenimiento de su santidad y el compromiso de segregarse de los demás, por lo cual el sentimiento judío ancla en lo religioso. Es decir, fue Moisés quien creó a los judíos; y también a quien se le debe no sólo la pertinaz vitalidad, sino gran parte de la hostilidad que experimenta hasta hoy. Postula que la Sagrada Escritura y el empeño espiritual a su alrededor fue lo que permitió la cohesión al pueblo disperso.


Dirá también que lo característico del judaísmo -introducido por Moisés- fue la prohibición de venerar a Dios en una figura visible - una característica muy típica de Freud reflejada en el rechazo a todo tipo de veneración religiosa-. Por lo cual limitó al pueblo judío a "progresar en la espiritualidad" (¿algo que concretó Freud abordando el tema de la "psyque"?).

 

 

Preguntas


Lo que antecede son dos cuestiones destacadas en los orígenes del psicoanálisis freudiano que permanecen como la inmutabilidad de base. Tanto el judaísmo, como el antisemitismo, son temas universales de gran envergadura, pues dejaron su impronta en los hechos históricos mundiales. Encontramos así dos posibles vectores -en el sentido de orientación de fuerzas, puntos de fuerzas unidos entre sí-.


Nunca llegaremos a saber el verdadero motivo de los orígenes, simplemente pensamos que en los textos freudianos están implícitas estas cuestiones, lo cual, siguiendo la misma letra de Freud estarían sin escribir pero sostienen cada letra escrita.


¿Ha sido el psicoanálisis, producto de la búsqueda de una respuesta por el sujeto irracional del racismo?
¿Descubrir tamaña cuestión -el inconsciente- fue producto de transitar por el laberinto antisemita?
Una estructura tiene muchas respuestas, pero también una ley ordenante como eje ¿ha sido el antisemitismo este eje?
El racismo ¿fue un determinante en el descubrimiento freudiano?


Probablemente, la textura de estas preguntas es demasiado contundente - digamos sin delicadeza, y arriesgadas por su tono- pero apuntan al corazón de la cuestión que intento en este brevísimo trabajo. Creo que nunca lo sabremos, el valor de verdad propia del "sujeto-Freud" está perdido -como toda verdad-, pero es un inicio nada desdeñable para investigar los inicios de una práctica -el psicoanálisis- desde el seno de una castigada -por el antisemitismo- cultura - el judaísmo-.
Seguramente el judaísmo antecedió al antisemitismo en la vida de Freud, pero no sabemos cual de estos importantes temas han propulsado su obra. ambos conservan similar magnitud. Una tiene el valor cultural inmenso de millones de almas y miles de siglo, el otro está emparentado como su hermano infernal que potencia su existencia y abre una pregunta acerca de la paradoja del sujeto en su empeño pulsional por la muerte.


Las verdades del mundo siempre están con nosotros, al hombre le cabe tomar nota de ella. Judío o no, el inconsciente estaba ahí, como la imagen de la estatua bajo la piedra a ser tallada. A Freud le tocó develar una de las esencias de la humanidad. Es probable que otro lo hubiera realizado, pero ¿careciendo del temple judío, hubiera podido transitar tantos obstáculos de incredulidades y arribar al destino? Al respecto, ésta es la hipótesis más fuerte de Freud. ¿Tendría el psicoanálisis la característica que hoy lo atraviesa? No sabemos. Sólo podemos especular fuera de época. Sabemos que sociología no es el terreno de la singularidad psicoanalítica, y ambas están lejos. También la estéril pregunta por lo no sucedido; pero ficcionar sobre los orígenes posiblemente permita descubrir cuestiones aún intactas.

 

Un final transitorio

Terminemos, siempre provisoriamente, con una carta de Oskar Pfister a Freud, fechada el 29 de Octubre de 1918:

"Ahora viene su pregunta de por qué el psicoanálisis no fue descubierto por ninguna de esas personas devotas de Dios, sino por un judío ateo. Bien, porque una cosa es la piedad religiosa y otra la capacidad del genio para los descubrimientos, y porque las personas piadosas en gran parte eran indignas de realizar una obra como esa. Por demás Ud. en primer lugar, no es un judío, cosa que, con mi infinita admiración por Amós, Isaías, Jeremías y los hombres que crearon el libro de Job y el de los Profetas, yo deploro realmente mucho; en segundo lugar, Ud. no es un ateo, ya que aquel que vive para la verdad vive en Dios y aquel que lucha por liberar el amor "vive en Dios". (Primera Epístola de Juan IV,16.). Si Ud. hiciera la prueba de integrar su propia obra en la gran armonía del mundo, tal como las notas de una sinfonía de Beethoven se refunden en un todo musical, yo diría de Ud.: "nunca hubo mejor cristiano que éste."

 

 

Sirva también el presente ensayo como repudio a cualquier forma de racismo, segregación o marginación que afecte los derechos de los seres humanos.

 

 

Bibliografía


- Jones, Ernst. Vida y obra de Sigmund Freud. Tomos I, II y II. Horme
- Freud, Sigmund. Obras completas. Amorrortu editores. Tomos I a XXIII
- Gay, Peter. Freud. Una vida de nuestro tiempo. Ediciones Paidós
- Sábato, Ernesto. Apología y rechazo. Ed. Seix Barral
- Gorbato, Viviana. Los competidores del diván. Espasa

 

Notas


[1] Es un relato del padre quien intentaba demostrarle a su hijo cuánto había mejorado el trato hacia los judíos. Un sábado, siendo aún el padre joven, sale a caminar elegantemente vestido y con un gorro, al cruzarse con un cristiano que le quita de un golpe el gorro que cae al estiércol, le grita: "¡Judío fuera de mi camino!", ante la pregunta de Freud qué hizo, su padre le respondió: "Bajé a la calle y levanté el gorro".


[2] Referido a exiliarse en Inglaterra y huir del nazismo.


[3] El padre de Aníbal (guerrero semita cartaginés) fue Amílcar Barca, quien hizo jurar a su hijo ante el altar doméstico que se vengara de los romanos, así lo hizo y los derrotó tomando amplias regiones. Luego de muchos avatares y refugios ante la inminencia de ser entregado por su huésped (el rey de Bitnia) se suicida con un veneno que siempre llevaba consigo. Freud hace estas comparaciones de padres donde contrastaban la actitud de cada uno respecto al antisemitismo.


[4] También, al parecer, había cierta elección de Freud en estos maestros, con quien compartía la ideología liberal.