Jairo Gallo Acosta *
Freud destacó que cada caso debe estudiarse en su singularidad, teniendo la teoría como acompañante silenciosa en la escucha de ese caso, y ese es unos de los principios de la clínica desde el psicoanálisis.
Para Lacan, la situación no es diferente, la singularidad hace parte del psicoanálisis:
“¿Qué quiere decir estudiarlo en su singularidad? Quiere decir que esencialmente, para él, el interés, la esencia, el fundamento, la dimensión propia del análisis, es la reintegración por parte del sujeto de su historia hasta sus últimos límites sensibles, es decir hasta una dimensión que supera ampliamente los límites individuales” (Lacan, 1995)
La clínica psicoanalítica desde Freud al tener en cuenta la singularidad, da cobijo a un método, una práctica y un cuerpo de conocimiento, es decir, un método teórico –práctico, un saber hacer con esa singularidad. Hay que comenzar a aclarar que el método psicoanalítico no es un método cargado de normas y pautas, sino que es una ética del reconocimiento de lo singular de cada sujeto, lo inconsciente. En Freud no se puede encontrar recetas, y las pocas veces que trata de hacer recomendaciones demasiado puntuales son aquellas en que se equivoca o dejar salir sus prejuicios, olvidando lo que el mismo le dijo una vez a Ferenczi, no adueñarse del paciente, rehusarse a estructurar su destino, imponerle sus ideales, desde una neutralidad activa y responsable.
La responsabilidad del analista comienza desde su escucha, “Por consiguiente el analista conserva entera la responsabilidad en el pleno sentido que acabamos de definir a partir de su posición de oyente” (Lacan, 1998). El acto de escucha que puede reconocer a un sujeto, o también, abolirlo, “tal es la responsabilidad del analista cada vez que interviene con la palabra” (Lacan, 1998)
La responsabilidad del analista también llega al hacerse cargo de un método, de una teoría y una práctica, del saber hacer allí “Saber hacer allí con su síntoma, ése es el fin del análisis” (Lacan, 1976)
Escuchar la palabra de un sujeto, desde un método (no una receta), de una teoría y práctica sin estándares, la cual permita tener en cuenta a varios, los maestros, desde Freud, Ferenczi hasta los aportes de los psicoanalistas actuales, sin importar de dónde viene a que grupo prtenece), teniendo en cuenta su experiencia y práctica clínica y los efectos de esa práctica en las problemáticas actuales.
No hay que confundir la multiplicidad de las prácticas clínicas desde el psicoanálisis (Freud, Lacan, Bion, Winnicott, Klein, entre otros) con el “todo vale” posmoderno. Como dice el psicoanalista francés Eric Laurent: “Para que haya un uso efectivo de la clínica se necesita una brújula, una orientación” (Laurent, 2000)
La orientación psicoanalítica debe ir más allá de una escuela o psicoanalista, esta debe dirigirse a lo que dice un sujeto, desde sus padecimientos hasta sus alegrías, rescatando aquello que lo hace surgir, su deseo y singularidad, más allá de lo homogéneo y a-teórico imperante en ciertas terapias y sus bitácoras casi sagradas: los manuales globalizados (DSM IV y CIE 10)
La imposición del DSM IV (dentro de poco saldrá el V) no es casual, estas obedecen a una lógica del mercado (costo –beneficio) del tratamiento de “las enfermedades o trastornos mentales” susceptibles de ser tratadas con psicofármacos y terapias cognitivas, cuando estas fallan, advienen las terapias “neo”, mezcla de filosofías orientales de todo tipo.
En esta oferta de terapias, la masificación es lo importante (la única lógica del mercado), apareciendo gurús que guían a la masa desorientada y ávida por encontrar una “solución” inmediata a sus malestares, que casi siempre resulta ser genética, lo cual equivale a decir, que sólo queda la psicofarmacológico, y lo psicoterapéutico queda relegado para apoyar ese tratamiento (psicoterapia de apoyo, que importa si es al médico y a su medicina en vez de al sujeto y su malestar) .
“Frente al desarrollo de la psicofarmacología, la psiquiatría abandonó el modelo nosográfico en beneficio de una clasificación de las conductas. En consecuencia, redujo la psicoterapia a una técnica de supresión de los síntomas. De ahí una valorización empírica y ateórica de los tratamientos de urgencia. El medicamento responde siempre, sea cual sea la duración de la prescripción, a una situación de crisis, a un estado sintomático. Que se trate de angustia, de agitación, de melancolía, o de simple ansiedad, hará falta primero tratar la huella visible del mal, luego borrarla y, finalmente, evitar buscar la causa de manera de orientar al paciente hacia una posición cada vez menos conflictiva y, por tanto, cada vez más depresiva. En lugar de las pasiones, la calma; en lugar del deseo, la ausencia de deseo; en lugar del sujeto, la nada.” (Roudinesco, 2000)
En la anterior cita parece ser que para la medicalización (que sería diferente a medicar, el médico receta y esto no ni buen ni malo, en muchas ocasiones es necesario) todo diera lo mismo, a todo síntoma una medicación, sin importar si este síntoma es la elaboración psíquica de un duelo u otra cosa. En este punto la medicalización es la expresión de una ideología reinante que tiene como base el capitalismo y las multinacionales farmacéuticas y que se disfraza en la actualidad de “ciencia”, la psiquiatría biológica y las neurociencias son sus paladines, que poco a poco han evidenciado que en vez de disminuir los trastornos que atacan, han visto como estos aumentan cada día, en contra de su misma evidencia – hay que recordar que la medicina basada en la evidencia es la más consolidada y “científica” en estos momentos – siguiendo esta creencia científica como si fuera un “dogma de fé”, “a pesar de”, fundamentando un cinismo posmoderno.
Hay que aclarar que este “cinismo” actual poco a nada tiene que ver con el cinismo de la antigua Grecia, el de la escuela de Antístenes, fundador de la escuela cínica, y su discípulo más importante, Diógenes de Sínope. “Nuestro cinismo” al parece tener respuestas a todo (es genético), lo cual avala todos sus actos (por tú bien- estar) .
El bienestar –que en últimas es estar adaptado y productivo – no importa borrar al sujeto y su subjetividad, no importa medicar a un niño que inquieto molesta en clase, ya que lo que importa es la demanda de un mercado que cada día exige más pero nadie sabe ¿para qué?, pero nuestros cínicos- clínicos sabiendo que sus actuaciones obedecen a una ideologpia capitalista, igual obedecen, confiando que sus actuaciones son lo más objetivas y científicas posible, aquí la distancia clínica es lo más parecido a la distancia cínica que nos habla Slavoj Zizek como aquello que "yo sé lo que yo estoy haciendo, pero no obstante, yo lo sigo haciéndolo."
Para Zizek ésta actitud cínica no permite que nada cambie, todo permanece tal cual “el cinismo se burla de la Ley pública desde la posición oculta obscena que, por consiguiente, permanece intacta” (Zizek, 1997)
Los clínicos no se pueden refugiar en un “no sabía” o en la ingenuidad, la razón cínica no es ingenua, sino que es una paradoja de una falsa conciencia ilustrada como dice Peter Sloterdijk, se sabe de sobra la falsedad, están muy al tanto de que hay un interés ideológico (decir que todo es genético es lo más ideológico que la ciencia ha fabricado en los últimos años), pero aún así, no renuncian a ella, ya que encuentran razones para seguir con ella, ya que eso brinda respuestas inmediatas, tranquilizadoras, como los tranquilizantes o ansiolíticos que se suministran a diestra y siniestra sin importa que se evite preguntarse sobre la propia subjetividad, sobre el lugar de cada sujeto dentro de lo social (Otro).
Lo peor es que son los mismos profesionales “psi” que tratan de evitar esos encuentros con la subjetividad, con la responsabilidad subjetividad de casa sujeto, creyendo que con eso evitan su propia responsabilidad subjetividad, aquella que cuestiona cada acto por muy “loco”, “infantil” “desadaptado” “criminal” que sea: por eso a lógica de la clínica psicoanalítica es una lógica que sigue una ética alejada del cinismo imperante en muchas prácticas clínicas donde nadie se hace responsable de nada. Desde el psicoanálisis hay que responsabilizarse por eso “que se escucha”, tratando que aparezca el deseo y lo inconsciente, que se entrecruzan en el advenimiento de un sujeto, todo esto como dice Lacan porque de “nuestra posición de sujeto somos siempre responsables”, así nos llamemos analistas, analizantes, ciudadanos, padres, hijos, docentes, estudiantes o clínicos.
Jairo Gallo Acosta
Notas
(Lacan J (1976) Lo no sabido que se sabe. De la una equivocación se ampara en la morra. Fichas de la Escuela Freudiana de Buenos Aires (EFBA)
_______ (1996) Los escritos técnicos de Freud. Buenos Aires. Paidós.
_______ (1998) variantes de la cura tipo, En: Escritos 1. México. Siglo veintiuno.
_______ (1998) Función y campo de la palabra y de lenguaje en el psicoanálisis. En: Escritos 1. México. Siglo Veintiuno.
Laurent, E (2000) Reportaje al psicoanalista francés Eric Laurent. Diario Pagina 12. http://www.pagina12.com.ar/2000/suple/psico/00-12/00-12-28/psico01.htm
Roudinesco, E. (2000) ¿Por qué el psicoanálisis?, Buenos Aires, Paidós.
Zizek, S (1997) De Joyce-el-Síntoma al Síntoma del Poder. http://es.geocities.com/zizekencastellano/artJoyce.htm