En los intersticios del juego significante emergen las verdades del hablante. Capturada en su estructura de ficción en los discursos, como lugar sostén del semblante.
La palabra engaña porque por el juego del malentendido se abre la posibilidad de la estafa (citamos anteriormente que Lacan nombra como estafa la promesa del sentido), pero también por ello mismo se evidencia su dimensión verdadera. Ya lo vemos en los chistes de judíos citados por Freud, “¿Por qué me dices que vas a Lemberg para que crea que vas a Cracovia si en realidad vas a Lemberg?”, es decir porque me mientes diciéndome la verdad. En otro sentido el chiste de “¿has tomado un baño?” también roza esa cuestión.
La palabra puede ser engañadora y por eso mismo se afirma como verdadera. En la vía del sentido se evidencia una dimensión de estafa; sin embargo la poesía y los juegos de palabra son también la vía de la verdad, ¿qué hay de la verdad entonces?.
En Freud el acceso a la verdad es tangencial e indirecto. La Regla Fundamental y el sueño como Vía Regia dan cuenta de ello. La confirmación o el reconocimiento también pueden ser paradójicos, como lo muestra La “fausse reconnaissance”durante el psicoanálisis".
La verdad implica inevitablemente un valor ficcional. Nunca se nos presenta en forma total y transparente y sólo accedemos a ella parcialmente y por caminos indirectos. Por eso al final de su seminario 24, Lacan juega con el significante verdad/ variedad (verité/variété), la verdad no es única, tiene variedades, diferencias. Agregaría yo que la verdad varía, incluso que des-varía.
En el esquema que la complejización del significante instaura, la formalización de los Discursos, la verdad es un lugar. El lugar de la verdad en el psicoanálisis es un lugar, un lugar entre cuatro (los otros son el lugar del agente o semblante, del otro y de la producción). Y es un lugar reprimido, bajo la barra.
Anteriormente a los discursos Lacan también expuso a la verdad como reprimida, pero considerando que dicha represión se franquea. Habla entonces de efecto de verdad y valor de verdad. Efecto como efecto de sentido, efecto es de la estructura significante, efecto retroactivo de S2 sobre S1. Y valor de verdad recuerda el concepto de valor inaugurado por Saussure en la lingüística.
Más tarde, como vimos, por la formalización de los discursos, no dejan de tener validez estos conceptos, pero lo novedoso es que se destaca a la verdad como lugar, resultado de una formalización de tipo algebraico.
Curiosamente sin embargo una de las formulaciones más conocidas de Lacan acerca de la verdad es que ésta tiene estructura de ficción, afirmación ésta que no desprende a la verdad de sus ropajes imaginarios ni deja de aludir a un aspecto engañoso en la misma aproximación a la verdad.
El concepto de ficción es tomado de Bentham, pero se considera que fue Santo Tomás siguiendo a San Agustín quien llamó a la ficción figura veritatis[1]. Por ejemplo en un juicio de sucesión se construye la ficción de que el muerto tiene continuidad en el heredero; el Rey es continuado tras su muerte en su sucesor, de forma de continuar y sostener la monarquía; la asamblea, el colegio eclesiástico, la Iglesia como conjunto o el pueblo, de Dios o laico, constituyeron ficciones de persona, como si fueran personas colectivas. La asamblea “decide”, la voz del pueblo “dice”.
La ciencia moderna también recurre a ficciones. Koyré enunció que es imposible ver un cuerpo en movimiento rectilíneo indefinido como exige el principio de inercia. Lo curioso es que en la experiencia sí podemos ver un cuerpo en movimiento circular; pero si bien “nunca presenciamos el movimiento rectilíneo, exceptuando el caso de la caída, que precisamente no es un movimiento inercial, no obstante el movimiento que la física se esforzará en explicar será el primero –el curvilíneo- a partir del segundo”.
En todo caso la ficción científica apunta a la verdad, pero construye un saber que finalmente se desentiende de ella. La ciencia aspira a que el saber sea totalmente comunicable y por eso lo formaliza. En la verdad en cambio hay algo de inefable que sin embargo no deja de ser transmisible en sus efectos.
Saber y verdad no son complementarios, hay disyunción entre ellos, no hay complementación ni proporción y sin embargo existe una vinculación entre una y la otra. Como afirmó en otro sitio Abel Langer (en www.elsigma.com), si hay un saber inconsciente, el inconsciente es no recordar lo que se sabe; “en la división del sujeto entre saber y verdad esta última a veces nos ilumina desde el lugar del saber que no recordamos que tenemos”, lo que confirma que somos extranjeros en nuestra propia lengua.
La insatisfacción neurótica denuncia que no hay saber posible acerca del objeto de la pulsión.
Saber y verdad no forman un todo, simplemente porque no hay todo. Entonces la verdad es de la falta. Por lo que el saber está en falta.
La invención[2] del psicoanálisis ubica un saber en el lugar de la verdad tal como se presenta en el discurso del analista:
Para Lacan el discurso es una estructura que, siendo del lenguaje, es vacía, es sin palabras, por lo que es una estructura que no está sometida al malentendido. Luego las palabras lo habitan. Una estructura con cuatro lugares y cuatro términos:
Los cuatro términos o elementos son el significante amo (S1), el saber (S2), el plus de gozar (a) y el sujeto o también la castración (S barrada). Según qué elemento ocupe el lugar del semblante, comanda una distinta configuración discursiva y por ende un lazo social distinto. Los lugares son fijos y los elementos rotan un cuarto de giro en una forma fija para constituir los cuatro discursos.
Tenemos así cuatro discursos, “básicos” dijo Lacan al comienzo de su Seminario XVII, dejándonos espacio para imaginar otros discursos. Cuatro discursos para tres profesiones imposibles, gobernar, educar y analizar, más aquel –el de la histeria- cuyo producto es un saber impotente que hace imposible la operación de hacer desear.
Como vimos, en el discurso del analista tenemos la coincidencia del saber en el lugar de la verdad. El saber en el lugar de la verdad es un saber agujereado, por ser la verdad de la falta. Con lo que se indica que esta posición del saber en el lugar de la verdad no define a la verdad con relación a la exactitud o la adecuación, sino que ésta surge en el error y en las formaciones del inconsciente. Inconsciente que no se evacua, no hay saber que lo complete, pero igualmente se puede desde el psicoanálisis recortar un saber [3].
La falta de saber no impide que se pueda saber algo y afirmar una verdad, en la medida que soportemos la disposición a que ésta nos sorprenda. Como una bofetada, una bofetada que despierta. Despertar a una transformación subjetiva en relación con la búsqueda obsesiva del saber, transformación que implica contar con el deseo. El neurótico saca cuentas pero no cuenta con él. Entonces, como señaló Lacan, la cuestión a saber no es tanto que no se pueda saber todo, sino que no todo es saber, por lo cual no todo es accesible al saber porque todo, como conjunto, no existe.
¿Y la verdad?. Siendo la verdad singular, el esfuerzo del saber por constituir su potencia universal, universitariamente, sólo lleva a la impotencia. Lo verdadero de la verdad no puede decidirse ni decirse. La verdad habla pero no puede decir que dice la verdad. Sin embargo el rodeo, el camino que se hace al andar, aproxima a la verdad. La ficción, el equívoco, el arte, la poesía, incluso el error como producción, son buenos rodeos. Por otra parte la verdad y la apariencia (semblante) están íntimamente ligadas, la verdad tiene muchos rostros y si amamos la verdad no es para enamorarnos del primero que encontramos, si esto non es vero al menos que esté bene trovatto.
Notas
[1] Citado por R. Karothy en la obra mencionada como referencia bibliográfica.
[2] En otra oportunidad entraremos en esta cuestión distintiva entre creación, descubrimiento e invención.
[3] Más adelante en el Seminario, otra forma de nombrar un saber posible será el saber-hacer-ahí-con, que es un saber singular que no se valida ni autoriza en el Otro, por tanto un saber textual y no referencial/ venerencial (venerencial lo agrego yo porque me suena divertido, por venerar -un saber establecido- y también por enfermedad venérea, goce y enfermedad).
Referencias Bibliográficas:
Lacan, Jacques. La Ciencia y la Verdad. Escritos 2. Siglo XXI
Lacan, Jacques. Seminario 16. Versión interna de la EFBA.
Lacan, Jacques. Seminario 17. Ed. Paidos
Karothy, Rolando. Los Tonos de la Verdad. Ed. de la Campana.
[*]Licenciado en Psicología por la Universidad de Buenos Aires - Psicoanalista. Docente en la cátedra Teoría Psicoanalítica, Universidad Nacional de La Plata (ciudad de La Plata, Buenos Aires. Argentina). Director de Redacción de la publicación "Texturas en Psicoanálisis" (Buenos Aires, Argentina).