Lazo social y psicoanálisis [*]

Hernán Cenoz *

 

Psikeba - Revista de psicoanalisis, arte y estudios culturales

 

 

El lazo social puede ser pensado desde cualquier teoría cómo aconsejable respecto a la inexistencia del mismo. Así como el amor respecto al desamor, pero en nuestra práctica nos encontramos con seres estragados por sus lazos, y en algunas instituciones vemos cómo sus lazos hacen que no haya posibilidad de producción, de trabajo de cada uno de sus miembros. Me propongo entonces comentar sobre algunos aportes respecto a qué lazos son posibles en esta época y cuál es la contribución del psicoanálisis.


Al discurso filosófico en tiempos antiguos y tiempos modernos, Lacan lo considera tributario del Discurso Amo, y siempre el Amo intenta establecer en su operación discursiva, un ser apto para correlacionarse con el mundo y con el sujeto, o sea, un partenaire. La condición humana, es tributaria de esta posición, que no sólo se circunscribe a la filosofía; un partenaire presente en el discurso del amo (no es pensable el S1 sin el S2), se podría llamar también el del amo-r, aún quien alegue estar en soledad, ansía, espera (la esperanza lleva al suicidio dice Lacan), su partenaire.


El Gran partenaire de la teología, es Dios, así una de las acepciones en latín de religión (de Lactancio y la religión cristiana en particular) es re-ligare, re-ligar, atar fuertemente, es para muchos la compañía trascendente, en espacio y tiempo a su existencia.


Así cada teoría puede ser leída desde el partenaire que ha logrado construir, por ejemplo, el partenaire de Descartes, es el Dios no engañador; el de Hegel, el espíritu absoluto; el de Nietzche, el superhombre; el de Marx, el proletariado. Podemos al respecto en la teoría de Lacan ir haciendo una declinación del partenaire: Primero, el otro del espejo, el cual crea en lo que llama alienación imaginaria, luego, el Otro simbólico, al cual se accede en esa operación que llamará alienación; luego Otro del deseo, operación que denominará de separación. Esta gradual inexistencia del Otro hallará su consumación en lo que denominará al final de su enseñanza , el Sinthome.


Podemos ir pensando entonces que el lazo social desde el psicoanálisis no será el que lo ligue a un partenaire, hay desde este lugar una imposibilidad, un impasse desde donde partimos para pensar el lazo social. Para trabajar la estructura del lazo es que tomo el texto en el cual Freud se pregunta por cómo la condición humana hace lazo con otros: “Psicología de las masas y análisis del yo”; texto publicado en 1921 y que sigue, en su obra, inmediatamente, al de “Más allá del Principio del Placer”, inmediatez, correlación que el traductor y ordenador de las Obras Completas al inglés, James Strachey, no puede explicar, en tanto encuentra “escasa conexión directa” entre ambas. Mi hipótesis de trabajo es que ésta correlación puede pensarse desde lo que Lacan llamará los discursos.


Entonces, una de las primeras cuestiones que hay que resaltar es todo el gran movimiento que se está gestando con el psicoanálisis a nivel mundial en ese momento(1921), esto lo podemos inferir al comienzo de este artículo cuando discute cuales son los límites entre Psicología individual y Psicología Social, recordemos que en este trabajo él va a instituir en su teoría la instancia del Ideal del Yo, instancia que trasciende temporal y espacialmente la existencia concreta del sujeto hablante.


En relación a la Asociación Mundial que se estaba formando, pareciera que Freud estaba alertando-se sobre los peligros que podía sufrir esta gran organización que estaba en marcha, me refiero específicamente a pensar el Ideal del Yo como instancia por medio de la cual liga y cohesiona a la masas, quedando sus participantes supeditados a esa clase de hipnosis que provoca su acatamiento sin crítica de todo lo establecido por el líder.


Ahora bien, retomando, Freud llama así a su trabajo en reconocimiento a un libro editado en Francia en 1895, traducido al alemán en 1912, cuyo autor era Le Bon y su título, justamente: “Psicología de las masas”. Hay dos citas que toma de este autor que me parecen interesantes para la caracterización que hace: “En la masa, opina Le Bon, desaparecen las adquisiciones de los individuos y, por tanto, su peculiaridad. Aflora el inconsciente racial, lo heterogéneo se hunde en lo homogéneo”1; “La masa es impulsiva, voluble y excitable(...)Los impulsos a que obedece pueden ser, según las circunstancias, nobles o crueles, heroicos o cobardes; pero en cualquier caso, son tan imperiosos que nunca se impone lo personal(...)abriga un sentimiento de omnipotencia; el concepto de lo imposible desaparece para el individuo inmerso en la masa.”2


Pero él observa que hay características de las masas que objetan lo expuesto por Le Bon y elevarían nuestra estima del alma de las masas, como ser el altruismo y la eticidad que se observa en ellas, el fenómeno de entusiasmo que se daría. Tampoco se sabe, dice, cuánto le debe el pensador o el creador literario a la masa en la cual viven, tal vez su obra sea sólo la consumación de un trabajo anímico realizado por los demás. Además, dirá Freud, considera sólo a las masas efímeras, que se reúnen por un interés pasajero, cuestión que persiste en él y otros autores de la época, debido, hipotetiza, a la gran influencia que tienen en ellos las masas revolucionarias, en particular las de la Revolución Francesa. Propone, por lo tanto ampliar el concepto de masa a las masas más durables(cuyo propósito de reunión no sea sólo por un interés pasajero), aquellas a la que “los seres humanos consagran sus vidas”, es decir las instituciones sociales.


Para esto toma a Mc Dougall, quien parte de las masas, las cuales no poseen ningún tipo de ordenamiento, y las llama multitud, y afirma que va a ser el grado de organización lo que constituya, o no, una institución. La masa para que se forme en sentido psicológico, es necesario “que esos individuos tengan algo en común, un interés en común por un objeto” y (como consecuencia agrega Freud)“cierto grado de capacidad para influirse recíprocamente”. Cuando más fuerte sean esas relaciones de comunidad, son mayores las manifestaciones de un “alma de masa”. Hay en ellas un incremento de afecto por inducción recíproca de los participantes y una compulsión a hacer lo mismo que los otros, hay ahí un poder irrestricto que reemplaza por un momento a la sociedad humana global, portadora de la autoridad, cuyos castigos temen y por amor de la cual uno se ha impuesto tantas inhibiciones. La opinión de Mc Dougall sobre la masa desorganizada es que su conducta se asemeja más a animales de una manada de salvajes que a la conducta humana, por lo que para elevar el nivel de la vida anímica de la masa, propone cinco condiciones:

1) Es necesario un tiempo de continuidad, de permanencia, podemos decir de convivencia entre los individuos de la masa.

2) Que haya representación en los individuos de la masa, una representación de la naturaleza, función y exigencias que le plantea ella.

3) Que rivalice con masas semejantes (tribus).

4) Que posea tradiciones, costumbres instituidas, en particular las que relacione a los miembros entre sí.

5) Que exista una articulación, es decir una especialización y diferenciación de las operaciones que corresponden a cada individuo.

 

Cuando se cumplen estas condiciones, explica, quedan canceladas las desventajas psíquicas de la formación de masa.


Luego Freud va a discutir lo que los autores toman como factor fundamental de cohesión en las masas, la sugestión; planteando que lo que hace que los individuos se mantengan juntos son los vínculos de amor (amor narcisista y el amor que va desde el amor filial, a los hijos, el propio de una amistad hasta el altruista: la caridad – ágape, que quiere el bien ajeno–).

Las formaciones de masa que va a elegir Freud para comenzar su estudio son dos masas de alto grado de organización (no primitivas), duraderas, homogéneas y artificiales (para su cohesión requieren de compulsión externa): El ejército y la Iglesia (comunidad de creyentes). Estas masas emplean cierta compulsión externa para prevenir su disolución, para ingresar, no se le pregunta al individuo ni lo deja librado a su arbitrio y el intento de separación suele estorbarse o penarse. Habría en ellas como rasgo común que tienen un jefe (Cristo y un general) que ama a todos por igual, de esa ilusión depende todo. Así los creyentes se llaman hermanos en Cristo, serían hermanos por el amor que Cristo les tiene, Cristo sería la causa de la ligazón que los une a todos.


Habrá entonces, en estas dos masas artificiales, una doble ligazón: con el conductor y con los otros individuos de la masa. Tal ligazón lo probaría el fenómeno del pánico (al aflojarse las ligazones libidinosas en virtud de perder a su líder, se produce éste fenómeno). También advierte de lo duras, crueles e intolerantes que suelen ser estas comunidades hacia quienes no pertenecen a ellas.


Después se va a preguntar por la índole de ligazones que hay en el interior de la masa: va a recurrir a la investigaciones que efectuó el psicoanálisis, y allí va a tomar lo que denomina, la más temprana exteriorización de una ligazón afectiva en la criatura humana: la identificación. Esta identificación la va a llamar identificación primaria y luego expondrá sobre los tipos de identificación que contribuyen a la formación neurótica de síntoma, las que llamará identificaciones parciales o al rasgo, siendo el tercer ejemplo, el que prescinde de la persona amada, el que se daría en las comunidades. Sobre el final de este capítulo va a diferenciar el ideal del yo del yo como instancias diferentes.


Luego de la apreciación del enamoramiento y de la hipnosis, hará su famoso esquema en donde a partir de compartir los individuos de la masa el mismo objeto en su ideal del yo, se identificarán entre sí en su yo.


En la última parte Freud va a teorizar que el sentimiento social descansa en el cambio de un sentimiento primero hostil el cual es trasmutado en una ligazón positiva: la identificación. Dicho cambio puede efectuarse por el influjo de una ligazón tierna común con alguien situado fuera de la masa, esa identificación permite la igualdad dentro de ella y le permitiría sobrevivir en el tiempo a la masa. Dirá que el ser humano es un animal de horda, el miembro de una horda dirigida por un jefe.


La referencia al padre de la Horda primordial es el “mito científico” que Freud había tomado en Tótem y Tabú, que Darwin había conjeturado en 1912. La Horda era una masa con todos los rasgos de ella, las voluntades de los integrantes era débil, no había voluntad individual, existía un marcado predominio de lo afectivo. El único libre era el padre, por lo que no estaba casi ligado afectivamente, es decir, no amaba a nadie, gozaba; sólo amaba si servían a sus necesidades. Este padre para Freud será el superhombre que Nietzche esperaba en el futuro.


Va a reconducir la hipnosis misma como portadora de algo ominoso en esa mirada que hay que sostener, esa que, por ejemplo, en los primitivos es peligrosa e insoportable sostenerla con el cacique. Por lo cual el conductor de la masa sigue siendo el temido padre primordial, quiere ser siempre gobernada por un poder irrestricto, como dice Le Bon: sed de sometimiento.


Para Freud entonces la condición humana iría de psicología de masa a psicología individual, el padre primordial habría sido venerado y temido, de ahí el concepto de tabú; hasta que se juntaron, lo mataron y lo despedazaron. Fijaron entonces la hermandad totémica con sus prohibiciones y reglas, ente ellas la exogámica. Porque las pulsiones sexuales son desfavorables para la formación de masa. Así como el Padre primordial, forzaba a la abstinencia y sólo el poseía libre goce sexual, luego de su muerte continuó tal prohibición, forzando a la exogamia, que muy posteriormente pudo hacer la coalescencia entre la pulsión sexual de meta no inhibida e inhibida (corriente tierna y sensual).


Estas inaptitud de las aspiraciones sexuales para la formación de masas, estarían corroboradas en el análisis hechos del ejército y de la iglesia, aquí las mujeres que vuelven hiperintensas las aspiraciones sexuales no serían apropiadas para su subsistencia, de ahí el celibato pedido a los sacerdotes o la reticencia a que sean reclutadas en el ejército. Destaca que por alguna razón la libido homosexual es más compatible con la formación de masas, que la heterosexual.


Otra contraindicación para la formación de masas son las formaciones de síntomas, en tanto representan y sustituyen a las grandes formaciones de masa de las cuales está excluido el neurótico, en su neurosis se crea su propio mundo, su religión, su propio sistema delirante. La religión, en tanto, formación de masa, protege y algunas veces realiza “curas milagrosas” de diversos síntomas.


Va a realizar Freud entonces una clara contraposición entre aspiraciones sexuales y formaciones de masa, a quienes se opondrían además las formaciones de síntoma y la mujer.


Podemos hipotetizar entonces que Lacan sí hizo una trasposición de Psicología de las masas a “Más allá ...”. Porque los discursos son pensados como modos de dominación, intentos para domeñar, el que llamará en el Seminario XVII, el campo del goce. Allí, aunque caratule de “payasada darwiniana” al mito del Padre de la Horda, hay un punto del cual la estructura no puede dar cuenta, de eso justamente (nos lo dijo él) se trata el mito, de indicar, de rodear, de narrar el punto de goce, inaccesible pero fundante de toda narrativa.


El lazo social entonces en Lacan, y también en Freud, parte de un imposible, de un impasse, de una marca que nos interroga sobre cuál es en nuestra práctica, intensiva y extensiva, el lazo posible. Por un lado el riesgo es la homo-genización (y la consecuente segregación)que produce todo “grupo” si nos situamos en torno al “Padre” y por otro no es sin lazo que trabajamos en extensión. Es posible que a Lacan, en función de las veces que disolvió las instituciones que había creado, lo atravesara la misma pregunta.

Notas

[1] Sigmund Freud. Obras Completas. Tomo XVIII. Pág. 71. Ed. Amorrortu.

[2] Ibid. Pag. 74

* Charla realizada en el Colegio de Psicólogos de Bahía Blanca en octubre de 2007.

 

 

 

[*] Delegado-docente del IOM Bahía Blanca.(2001-2007) – Editor Responsable del Boletín mensual del IOM Bahía Blanca. E-mail: hector.cenoz@speedy.com.ar