La estela del delirio cyberpunk

Diego Saucedo Tejado *

delirio cyberpunk

 

No sigo de cerca la televisión, me da miedo. Prefiero mantenerme lejos de ella, por aquello de las radiaciones mentales. De hecho, he seccionado el cable de antena y ahora sólo puedo ver películas blancas y negras en el armatoste pre-bélico que tengo por dvd. Sin embargo, estoy al tanto - aunque puedo haber sido engañado - de la programación actual y sé de los tejemanejes de 'telahinco'a la hora de confeccionar su agenda fílmica. Hay películas que por su chispa e ingenio, válgame el sarcasmo, merecen ser emitidas una y otra vez, casi siempre en la sesión de tarde, que es la mejor hora y a ser posible en fin de semana. Una de las clásicas ya es 'Demolition Man' con Wesley Snipes y Sylvester Stallone cara a cara. El rubio teñido contra el moreno natural. El policía contra el asesino. El negro contra el blanco en una sociedad del futuro (por supuesto americana, véase el Pizza Hut), excesivamente aburguesada en el que la violencia ha dejado de ejercerse. No durará mucho tiempo. Lo peor de todo es la película que suelen poner después. Siguiendo con el tirón de Rambito en el futuro, el espectador comienza a pensar en el suicidio cuando lee los créditos iniciales de la infumable 'Juez Dredd' de cuyo director, prefiero no acordarme. No se lo merece. No obstante, estas películas rescatan de las vitrinas un género mítico que sigue insuflando energía aunque constreñido entre las barreras de la comercialidad. Hablo de la ideología Cyber-Punk entendida como movimiento cultural. Una revolución gestada a finales de los 70 y que se convirtió en la contracultura de los 80. Se trataba de una nueva forma de mirar al mundo. Según uno de sus padres fundadores, Bruce Sterling, era un esfuerzo generoso, abierto y anárquico que buscaba conmover las bases del establishment literario de la ciencia-ficción anglosajona, y que compartía en ese sentido, la ética de las bandas punk de garaje de los 70. De esta forma, el cyberpunk se transformó rápidamente en objeto de culto, en una corriente que atraía con gran fuerza la atención del público. Planteaba una ciencia- ficción "de 20 minutos", extrapolando al lector a un futuro no muy distinto ni alejado del de nuestro tiempo pero pesimista y deshumanizante. Era allí donde sembraba todas las carencias e inseguridades del hombre del presente, rodeándolo de un futuro apocalíptico y aterrador en el que las maquinas se verán potenciadas en perjuicio del hombre. El cyberpunk había emergido como forma de expresión de una bohemia literaria que se hallaba sumida bajo la superficie, en lo que ellos denominaban underground. Sin embargo, una vez llegado el éxito y la fama, la propia contracultura predicada se convirtió en cultura misma y la esencia de su movimiento quedó anulada. La revolución que había supuesto el cyberpunk, con la novela 'Neuromancer' de William Gibson como buque insignia, quedó etiquetada y vendida a la productora de mejores efectos especiales. El movimiento se vio reducido a género y salvo ciertas producciones underground de los 80, la mayoría de las historias fueron adquiridas por las grandes compañías y rodadas más mal que bien, orientando el producto a un público de masas, sin demasiadas pretensiones más allá de las lucrativas. Como antecedente a la filmografía cyberpunk, sería anatema no mencionar 'Metrópolis', dirigida en 1928 por el genio germano Fritz Lang. El expresionismo alemán de los años 20 firma la estética de esta famosa película que hizo estragos en su época. Planteaba un futuro que ahora se ha convertido en pasado: el año 2000. La enorme urbe de Metrópolis dividida en dos enormes grupos, el de aquellos que se dedicaban al ocio y a la cultura, y el de los obreros que eran explotados en la fábrica subterránea. Se llegó a plantear la idea de un robot, concebido como copia metalizada de un ser humano, que hará que arranque el motor de la historia. Sin duda, tanto por su estética como por su recorrido se trata de un precedente que sentó sus influencias en la posterior visión cyberpunk. Ya en la década de los 70, surgen las primeras películas de clara tendencia cyberpunk: plantando sus personajes en un futuro cercano y poco esperanzador, 'Westworld'y 'Soylent Green', ambas de 1973, son las más representativas del momento. Dos años más tarde, Norman Jewison, estrena 'Rollerball' que propone un 2018 en el que se ha superado la pobreza, el nacionalismo y también la cultura. Para tener arengadas a las masas, se ha diseñado un deporte en el que ningún jugador pueda vencer. Cuando uno de ellos supera las trabas impuestas, la sociedad se tambaleará. Esta película estuvo de actualidad hace un par de años, cuando se estrenó el patético remake teenager con el capullo romántico de 'American Pie' como protagonista taquillero. Sin embargo no recuerdo su nombre, así que no habrá sido tan taquillero. La saga apocalíptica escrita por George Miller, 'Mad Max', se llevó al cine generando gran sorpresa, éxito y descarriadas pasiones. Un aniñado Mel Gibson recorría las áridas y desoladas tierras australianas, en busca de víveres y venganza. El petróleo será uno de los objetos de deseo de la historia, por el que lucharán los buenos contra los malos para restaurar la paz y el orden de las ciudades devastadas. Nostalgia, decadencia y nomadismo son parámetros que se repiten en el esquema cyberpunk. De concepción más distinta era el libro 'La Naranja Mecánica', de Anthony Burguess. Sobre el lenguaje preexistente, el autor cambiaba los fonemas de las palabras. Me veo en la obligación moral de transcribir un bonito párrafo que capta parte de la esencia de la novela: "Teníamos los bolsillos llenos de dengo, de modo que no había verdadera necesidad de crastar un poco más, de tolchocar a algún anciano cheloveco en un callejón, y videarlo nadando en sangre mientras contábamos el botín y lo dividíamos por cuatro, ni de hacernos los ultraviolentos con alguna ptitsa tembleque, starria y canosa en una tienda, y salir smecando con las tripas de la caja. Pero como se dice, el dinero no es todo en la vida." La película fue llevada al cine por Stanley Kubrick en 1979 y el día de su estreno se armó mucho revuelo. Airadas críticas se levantaron contra el film, pero la calidad del mismo hablaba por sí sólo. Alejada del clásico cyberpunk, planteaba una sociedad futura, igual de pesimista y violenta hasta el extremo, en la que el humano alcanza su grado máximo de degeneración como individuo. La estética de los escenarios futuristas creó escuela en posteriores directores cyberpunk. En 1982 llegó a nuestras pantallas 'Tron' producida por Disney e interpretada por un increíble y trasmutado Jeff Bridges, el nota. La película narra la vida de Flynn, un hacker muy peculiar capaz de vivir extrañas aventuras dentro de una computadora. Éste descubrirá un virus y se introducirá en el interior de la máquina a través de la digitalización de su propio cuerpo. Es allí dentro, cuando comienza realmente su aventura. Ese mismo año, Harrison Ford estrenaba película de culto: 'Blade Runner', dirigida por Ridley Scott. Proyectaba a la humanidad hacia una atmosfera gris y sobrecargada en la que era difícil respirar. Concebida en términos de thriller, el film se torna reflexivo y adopta un tono negativo y pesimista, que se aclimatará al arco de transformación del protagonista. Un policía que tendrá reticencias a la hora de enfrentarse a la supresión de cierta replicante que se cruzará en su camino. Antes de atormentar a California con su reinado republicano, Arnold Schwarzenegger se dedicaba más modestamente al campo de la actuación y la exhibición muscular. En la década de los 80 y principios de los 90 protagonizó una serie de películas - por supuesto de acción - pero que estaban entroncadas directamente con los argumentos más fatalistas del cyberpunk. Sin duda, las películas más destacables de su homogénea y deplorable filmografía. Bajo la dirección de James Cameron, en 1984 encarnó a 'Terminator', un temible robot programado por las máquinas que venía del futuro para exterminar a la joven que engendraría al carismático líder de los humanos futuros, John Connor. En un giro de guión, la segunda parte de la película cambiaba radicalmente la concepción ética del personaje de Terminator. De temible villano pasaba a ser el bueno protector del adolescente John Connor del que defendía a su vez de otro robot más avanzado de rápida capacidad curatoria. Las dos películas son de un ritmo trepidante aunque sin mayores pretensiones en materia artística. Sin embargo, son claras deudoras de las más bajas pasiones de la corriente cyber-punk en cuanto a planteamiento narrativo y sello pictográfico. La imagen de una humanidad futura, devastada por la guerra, enfrentada a las máquinas en una batalla sin cuartel es una idea que se repetiría profusamente en el futuro. El contacto con seres extraterrestres no es nuevo en el planteamiento de las sociedades futuristas. Basada en un pequeño relato de Philip K. Dick, 'Desafío Total' (Total Recall, 1990) preveía un siglo XXI en el que los viajes a Marte y el trato con los marcianos era factible, pero caro. Sin embargo, existían máquinas que fabricaban sueños a la carta y empresas dispuestas a comercializarlo. A partir de uno de esos sueños, el protagonista que no es otro que nuestro querido Arnold, descubrirá quién es en realidad: un líder de la resistencia marciana al que sus despiadados enemigos le han sustraído parte de su memoria. La película combina los destellos de la mejor fantasía futurista con una acción envolvente, cuyo uso de la violencia, justificado por la tendencias del cyberpunk, a veces rayaba con el espectáculo gratuito. Sin dejar de ser una superproducción, con las características que eso conlleva, la historia da continuas vueltas de tuerca, retorciéndose en una narrativa simple contada con ciertas complejidades. Una teoría que suele funcionar cuando se lleva a la práctica. Unos años antes, el director Paul Verhoeven había expuesto su "particular distopía cyberpunk" titulándola 'Robocop', que con el tiempo se convirtió en una saga sin demasiado interés. La historia era la de un policía muerto al que se revivía a partir de unos implantes informáticos, creando un cyborg policía denominado Robocop. La máquina funciona adecuadamente, hasta que la memoria de sus partes orgánicas empieza a interferir en su programación. Esta película, junto con 'Desafío Total' inauguró la década de los 90, donde el cyber-punk había pasado de la gloria a la etiqueta y a las plataformas de las superproducciones. Sin embargo, en la era digital de los ordenadores portátiles un gran presupuesto no se hacía indispensable a la hora de rodar decorados futuristas. De esta manera llegó 'El cortador de césped' dirigida por Brett Leonard en 1992. El doctor que encarnaba Pierce Brosnan utilizaba a su jardinero en un experimento que rebuscaba en el inconsciente. A través de una realidad creada, la virtual, el hombre conseguía aumentar su poder cognoscitivo así como perdía la perspectiva de la verdadera realidad. A través de un viaje megalómano y espasmódico, donde se combinan los pequeños grandes efectos virtuales de la época, el jardinero se transformará en un ser vengativo y violento, en un dios de la realidad virtual cuyo poder lo llevará a intentar dominar el cyber-espacio. Una de las películas más atrayentes del género fue 'Doce Monos'. Tanto por la historia como por la manera discontinua de contarla, se presenta un conflicto irresuelto entre la humanidad y el ejército de los Doce Monos, que determinado día inocularan un virus a la población que la exterminará en su mayor parte. Desde un futuro apocalíptico, Bruce Willis es enviado al pasado en misión no oficial para eliminar el virus y de este modo salvar a la humanidad. Sin embargo el tratamiento de la acción no tiene nada que ver con el que Willis nos tiene acostumbrado. Drogado, desorientado casi todo el tiempo, el errante personaje recibe mucho durante el film al que no clasificaría de acción, sino de thriller existencial altamente embaucador. Por lo menos en mi caso funcionó. 1995 es un año de cambios, reveses y progresos, en el que se produce una verdadera explosión del espíritu del cyberpunk. 'Ghost in the Shell' plantea a través de un manga estilista e innovador, un Japón del futuro en el que una cyborg policía se ve envuelta en una serie de problemas existenciales que surgen al desempeñar su trabajo y que forman el leit-motiv de toda la obra. Sin embargo el misterio que la envuelve es mucho más cruento: un grupo de hackers que se dedican a programar humanos para alterar sus conciencias y utilizarlos a su antojo. Una de las grandes películas manga, junto con Akira, que vendrían a formar una revolución en cuanto a técnica y disposición de personajes. La sobrecarga de elementos vino cuando a Keanu Reeves se le ocurrió alquilar su cerebro como banco de memoria. La película no llegó a ser lo que pretendía. 'Jhonny Mnemonic' se esperaba como la película cyberpunk por antonomasia ya que estaba basada en uno de los grandes relatos de William Gibson, consagrado autor de ciencia-ficción postmoderna, pero se quedó en un triste intento fallido. El propio autor llegó a declarar que se habían gastado 30 millones en un producto que no había satisfecho a nadie. Demasiados personajes, muy desapegada de la historia original y absolutamente carente de un hilo conductor, afirmaba que la película le había decepcionado y que resignaba a quienes esperaban que la maravilla cyberpunk fuera finalmente traducida al cine. Habría que ser pacientes. Sin embargo, la sorpresa llegó a cargo de 'Strange Days' dirigida por Kathryn Bigelow y escrita por el titánico James Cameron. Se escribió mucho sobre la muerte del cyberpunk a raíz del fiasco de J.Mnemonic, pero al movimiento aún le quedaban los mejores años de su vida. La película plantea un futuro cercano (días previos al año 2000) en el que la violencia y la devacle cobran forma en la ciudad de Nueva York. El protagonista comercia con vivencias ajenas, con experiencias grabadas en cerebros de otras personas. Esas experiencias tienen un alto poder adictivo que sembrarán el hilo conductor de la trama a través de variopintos personajes. Se trata de un film sorpresivo y recurrente, extraño por su estética y apetecible, a priori por sus actores principales: Juliette Lewis y Ralph Fiennes. La inolvidable Mallory de 'Natural Born Killers' y la momia chamuscada de 'El paciente inglés'. Dos grandes películas se producirían en los años posteriores. En 1997 se estrenó directamente al video-club 'Gattaca', firmada por Andrew Nicol. El romance - ahora escindido - formado por Hawke y Thurman quedaba a un lado en este singular historia del futuro, en la que los seres humanos han dejado de ser concebidos de manera natural. Son sometidos a mejoras moleculares y su genoma es seleccionado cualitativamente de entre una diversa gama. El protagonista es un joven que ha sido concebido a la manera antigua y que, a pesar de sus limitaciones, sigue escalando la montaña de sus sueños, que es viajar al espacio. Se trata de un film original y anodino, sutil y elegante, que arroja al espectador a una fría paleta de tonalidades en la que la caída de una sola pestaña puede suponer algo así como la caída del Imperio. La otra película se estrenó en 1998 y se tituló 'Dark City'. El director fue Alex Proyas, que ya había dirigido al difunto Brandon en 'El Cuervo' y dirigiría al todavía no difunto Smith en la adaptación del relato de Asimov 'Yo, Robot' en 2004. La película irradia una imaginación desbordante y un misterio embaucador que no deja de respirarse en toda la trama. Ya desde el comienzo, el protagonista descubre que a determinada hora la ciudad deja de funcionar, quedándose sin vida, inerte, dormida. El planteamiento inicial desembarca en un mundo terrorífico dominado por unos oscuros entes de lejana procedencia que utilizan su poder en las mentes para atrapar a la ciudad en un sueño diario en el que cambian todo de sitio, incluyendo a los ciudadanos que adquieren diferentes roles cada día, sin recordar lo que han hecho los días pasados. Un film gratamente recomendable. Un año después y esta vez desde Europa, se estrena 'Nivel 13' de Josef Rusnak. Basado de manera bastante libre en 'Simulacron 3'de F. Galouye, la película versa sobre la realidad y sus pesquisas materiales. A raíz de un descubrimiento, unos científicos son capaces de crear una nueva realidad en un pequeño soporte y se introducen en él para investigar. La pregunta que surgirá a raíz de ese hecho será la siguiente: ¿Quién nos dice a nosotros, que somos capaces de crear nuevas realidades, que la realidad en la que vivimos no ha sido inventada por otros seres, superiores a nosotros, y que por tanto no es la verdadera realidad? El film indaga en las respuestas de manera compulsiva, casi obsesivamente. La principal fuente del cyberpunk fue siempre la literatura. La obra más representativa, 'Neuromant' de William Gibson, aún no había sido transportada al cine con la calidad que se merecía y fue necesario esperar hasta 1999 para que las voces entonaran que el momento había llegado, que por fín se podía hablar de la obra maestra del cyber-punk traducido en cine. El efecto 'Matrix', orquestado por los hermanos Wachowski atacaba con fuerza exponiendo un futuro aun si cabe más tremendista que sus predecesoras: Después de sangrientas guerras civiles entre humanos y máquinas, los primeros provocan una enorme nube de polvo para quitar la energía solar a los segundos. Sin embargo, las maquinas encontraran una nueva fuente de energía: los propios humanos. Atrapados en campos de cultivo y explotación, a los humanos se les extrae toda su energía y se les conecta a un programa de realidad virtual llamado Matrix en el que todo es inventado. Keanu Reeves, convertido en icono del cyberpunk, es liberado por la resistencia humana y conducido a la realidad real. El personaje de Neo será el elegido para libertar a los humanos, que sólo conservan una ciudad, situada cerca del centro de la tierra, donde todavía hace calor: SION. La historia se amplió al campo de la animación con un dvd posterior llamado 'Animatrix'. En su interior se exhibían nueve cortos de diferentes directores de bella factura y empapados de la ideología matrix. Algunos de ellos eran terriblemente realistas, al estilo de 'Final Fantasy' y otros volaban cerca del manga más fantasioso de 'El viaje de Chihiro'. Narrados de originales formas, estos cortometrajes son esenciales para entender las dudas de Neuromante, los pasadizos de Matrix. Sin embargo, son absolutamente prescindibles las dos secuelas con personajes de carne hueso. Es triste decir que de una película sólo se salvan los efectos, pero es así. 'Matrix Reloaded' marca un antes y un después en la técnica de efectos, marcándose una escena de persecución en una autopista (construida para la ocasión) que resulta antológica. Sin embargo el guión se cae por su mediocridad y su poco creíble puesta en escena. No me atreví a ir a ver la tercera parte. Le tenía gran predilección a 'Matrix' hasta que vi 'Reloaded', entonces todo me pareció menos bello y más plano. En esta segunda entrega, parecía como que, por exigencias del guión, Neo tuviera que pelear con alguien distinto cada diez minutos, y cada pelea ser más burra que la anterior. Lo poco que se ahonda en la profundidad historia es lo más rescatable de la película y el beso de Monica Bellucci resulta contraproducente. Ha habido más peliculas cyberpunk, condenadas a la estantería de video-club. Puede ser el caso de la interesante 'EXistenZ' con Jude Law dentro de un video-juego futurista o 'Future Sport' de clara descendencia rollerballiana, ideal para la sobremesa. Asimismo, 'Nirvana' de Cristopher Lambert resulta mejor de lo que en apariencia parece. Mucho mejor que 'Wild Wild West' una película de la que es mejor huir, escapar muy rápido. No considero a 'Men in Black' cyberpunk aunque se perciben ciertos rasgos, como en 'Mars Attack' o 'Eduardo Manostijeras', de Tim Burton o en la increíble 'El quinto Elemento' de Luc Besson. La más criticada fue 'La máquina del tiempo', el remake of course¸ que planteaba un año 2019 con la luna partida. El movimiento cyberpunk en España ha quedado reflejado en dos películas bastante irregulares. La primera es 'Acción Mutante', opera prima de Alex de la Iglesia, que presentaba un futuro en el que los "desheredados" (cojos, paralíticos, ciegos, mutilados) se habían unido como grupo terrorista para destruir los cuerpos sanos. La segunda, 'La mujer más fea del mundo', dirigida por Miguel Bardem, mostraba a la España del futuro constituida como Tercera República y con Santiago Segura como presidente. ¿Futuro apocalíptico? ¿Tremendismo cyberpunk a la española?

A raíz de 'Matrix' el movimiento se ha reiniciado de nuevo, iniciándose nuevas adaptaciones de novelas ya clásicas del movimiento. La gran olvidada es 'El juego de Ender'de Orson Scott Card, que presenta a una humanidad futura enfrentada a los insectores. Ganadora del premio Nebula en 1986, la novela es la primera de una saga de cinco libros que se ha multiplicado por tres hasta llegar a los quince. Sin duda, gran material para Peter Jackson que ahora estará aburrido sin saber que hacer más que sacarle brillo a sus oscars. Se rumorea también que el reputado director de videoclips, Michael Cunningham, anda a estas horas encerrado en su mansión trabajando en otra novela de William Gibson. Las nuevas tecnologías e ideas, fusionadas con las ideas de la corriente cyber-punk seguirán trayendo a la pantalla películas fantasiosas, tremendistas, que presentan un futuro apocalíptico en el que el hombre se ha deshumanizado y vive en perpetua melancolía. A partir de ahí tendrá que empezar a ser feliz, a pesar de que se manipulen sus recuerdos, a pesar de las invasiones de marcianos, de las luchas contra las máquinas. La desencantada visión de los escritores del siglo pasado, sólo podían mostrarnos un nuevo siglo cargado de catástrofes, muertes y guerras civiles. Un futuro en el que el Gran Hermano te observa las 24 horas. Por eso he seccionado el cable de antena de mi tele. Para no ser espiado.

 

 

[*] Redactor de SUMA, Revista Científica de Estudios Histórico-artísticos, Málaga, España.