El artículo pretende bosquejar las principales discusiones epistemológicas implicadas en las definiciones actuales sobre lo patológico en el terreno de la psicopatología contemporánea. Al mismo tiempo, bajo una lectura histórico-epistemológica, se centran los dos principales ejes de una teoría de la subjetividad en psicopatología: lo enfermo y lo sentido.
Pensar desde el psicoanálisis las relaciones que los órganos del ser viviente mantienen con la presencia de una estructura humana subjetiva, implica cuestionarse por las articulaciones entre causalidad psíquica y genética. Este cuestionamiento no debe ser de ningún modo un recomenzar con las discusiones éticas que el pensamiento causal genético ha movilizado en los dos últimos decenios. Las propias reflexiones éticas que la genética ha entablado en razón de estos dilemas, es ya un espacio crítico en torno a las discusiones que pueden ser consideradas en ese plano . Al mismo tiempo, la historia que el movimiento psicoanalítico ha evidenciado en cuanto a la discusión sobre los basamentos orgánicos o psíquicos de la enfermedad, no son un punto de análisis donde se puedan eludir posiciones que atraviesan indudablemente posturas de carácter político o ideológico. Por lo demás, las propias fronteras del pensamiento freudiano no se delimitan al interior de un deseo universalizante por describir al conglomerado de factores que interviene en el desencadenamiento de la enfermedad mental. Tanto del pensamiento causal freudiano referido a las condiciones que la herencia cumple en las enfermedades mentales, como del pensamiento actual sobre la herencia biológica, se pueden evidenciar materiales investigativos de suficiente complejidad y extensión, como para movilizar una reflexión epistemológica pormenorizada en cada uno de estos campos. Poder describir y dar cuenta de una causalidad de tipo psíquico, del fenómeno de la causalidad genética, o del mismo concepto de transmisión, sea este psíquico o genético, implica más allá de toda discusión de carácter ideológico, la creación de una epistemología mediante la cual una lógica heurística pueda ser conformada .
Esta epistemología requiere para el psicoanálisis, de una revisión sobre los conceptos que se aglutinan sobre la realidad conceptual que la problemática de la causalidad psíquica y genética desarrollan. Se hace necesario, de este modo, vislumbrar la manera en que epistemológicamente el psicoanálisis podría desarrollar una posición genuina frente a conceptos tales como endógeno, exógeno, vida, muerte y enfermedad. De los primeros análisis que Freud obtiene en torno a las ideas sobre la causa (aitía), se puede observar efectivamente el germen de esta probable epistemología. Freud no pudo desarrollar un modelo causal fuertemente original e independiente de la manera como los sistemas psicopatológicos de finales del siglo XIX concibieron lo patológico. Sin embargo, la originalidad de este primer sistema causal, radica en el alcance de ciertas tesis que incluso el propio Freud verá constituirse de manera retrospectiva. En esos primeros tiempos, el tratamiento que Freud brinda para la articulación entre lo endógeno y lo exógeno, se encuentra fuertemente vinculado a la implicación que progresivamente toma el fantasma frente a la realidad. Rechazando con ello la pobreza epistémica de ciertos análisis tendientes a concretizar en el Freud de la teoría de la seducción, a un teórico preocupado por el papel de la realidad y de lo adquirido. La frase desarrollada por Jean Laplanche a propósito de la teoría de Freud sobre la seducción infantil, menciona que al interior de estos postulados, todo puede ser considerado como exógeno y endógeno a la vez. Si bien las definiciones propias para cada concepto (exógeno-endógeno), son realizadas desde un cierto «tradicionalismo psicopatológico», la manera que Freud posee de articularlas frente a una temporalidad historizante, hace indudablemente de ellas nociones que abren hacia una nueva forma de comprender al sujeto, y a la estructura subjetiva que éste implica. La originalidad de esta temporalidad causal, se observa claramente en el “Esquisse” , texto que ofrece matices teóricos que hacen difícilmente emparentables al psicoanálisis con lo que en lo sucesivo daremos en llamar, la «ontologización» o «subtancialización» de lo enfermo.
Cuando se habla de una causalidad de tipo exógeno, se considera que este tipo de acción causal es el resultado de una influencia exterior, sea ésta una infección “microbienne”, un virus, o un modo de vida malsano. Por el contrario, la causalidad de tipo endógeno acentuaría el rol y la función que en el desencadenamiento de la enfermedad, tendrían conceptos tales como herencia, temperamento y predisposición. Para el modelo exógeno, la enfermedad es un accidente debido a la acción de un elemento extraño al sujeto, que puede ser de características reales, simbólicas o naturales. Se trata de un elemento externo, que transforma un fondo de interioridad propio al individuo. La significación de esta «exterioridad patológica», da lugar a una serie de factores que pueden ser comprendidos a partir de la «subtancialización» que la propia actividad externa desarrolla frente al organismo. De este modo, la enfermedad puede tener su origen en la voluntad maligna de una fuerza antropomorfa: el “sorcier”, el “génie", el destino, incluso Dios puede cumplir un papel preponderante.El proceso patológico es entendido en términos de relaciones de tipo humano o supra humano, pasando a constituir toda intervención sobre esta realidad, una intervención de características socio-sanitarias. Para esta visualización, la enfermedad también puede poseer como agente causal a un elemento externo de características naturales. Se trata del vínculo que el individuo mantiene con su entorno físico, la influencia que en esta relación pueden cumplir los factores climáticos, geográficos y metereológicos. En un sentido más amplio, podría ser explicitado como todo el conjunto de condiciones ecológicas y sociales que rodean al ser humano. Ha sido especialmente Foster (1976), quien, basándose en una diferenciación en sistemas «personalistas» y «naturalistas», ha dado cuenta de las especificidades de cada uno de estos grupos. El sistema naturalista, expresa una comprensión bio-medica de la enfermedad, y aparece como la superación, como un progreso consistente, frente a la explicación de tipo personalista. Esta interpretación se define como «naturalista», por el rol y la función que los agentes externos de la enfermedad cumplen en la explicación de la patología mental. Esta explicación, constituye una emancipación en relación a las explicaciones causales-exógenas que toman como centro y base de sus análisis, representaciones de tipo antropomórfico.
Ahora bien, desde el punto de vista de la microbiología, es Pasteur quien comienza a desarrollar durante los últimos cincuenta años del siglo XIX, una explicación exclusivamente infecciosa para la enfermedad, y basada por ello, en los factores exógenos que actúan sobre un organismo. Las explicaciones etiopatogénicas descubiertas por él, se encuentran desarrolladas sobre base de la influencia que en el organismo desarrollan los factores externos o exógenos. Pasteur pudo constatar que los micro-organismos patógenos pueden no encontrar los factores necesarios para su desarrollo en un huésped determinado, y que la eficacia de los micro-organismos patógenos, depende del medio en el cual estos micro-organismos actúan. En torno a estos matices, Pasteur consideró la imposibilidad de pensar una separación tácita entre, por un lado, el «substancialismo» del microbio agente y, por otra parte, el terreno de la simple recepción orgánica que desarrolla todo organismo. Dicho de otro modo, la etiología debe considerar al huésped no como un medio pasivo, sino como un medio que reacciona frente a los agentes que subvierten su adecuado funcionamiento. La patología «microbienne», no puede ser comprendida en lo sucesivo por una causa única, siendo necesario concebir tesis que puedan describir estos procesos de una manera más abarcativa. Fundamentalmente, serán estos factores los que conducirán a Pasteur a concebir un nuevo modelo de explicación, que dará como resultado ciertas hipótesis que explicarán de una manera distinta la articulación entre los factores externos y las condiciones internas de los organismos. Si bien en lo sucesivo las explicaciones de Pasteur oscilarán hacia un abandono del determinismo unívoco de lo exógeno microbiológico, desplazándose hacia una integración de los factores endógenos necesarios para la explicación del desarrollo de substancias microbiennes, el papel de la tesis primera del determinismo exógeno, continuará siendo desarrollada cada vez con mayor énfasis. En todo caso, habrá diferencias que se centrarán en la exterioridad patológica y en cómo concebir su acción e influencia. Se hace necesario concebir la presencia de un organismo que pueda materializar la influencia de estos elementos. No más determinismo, sino una diferenciación entre el terreno alterado o infectado y la causalidad externa responsable de la alteración y de la infección. Diferenciación que pasará necesariamente por el aislamiento del agente exterior que irrita o infecta. De este modo, el agente no será más el elemento considerado como causa exclusiva, pero se considerará como dominante.
La importancia que revisten las tesis de Pasteur se centra en esta radicalización en los factores etiológicos externos y por la utilidad que ella brinda para evidenciar uno de los rostros posibles de la «ontologización» de lo patológico. El papel y la función que los agentes externos pueden cumplir en la explicación de lo anormal, son también elementos que pueden orientarse hacia explicaciones «subtancialistas» de la enfermedad, puesto que la realidad social, cultural o infecciosa, también puede consolidar una atribución asignable en términos de un «ser» de lo anormal, estableciendo una realidad en la cual el sujeto asiste frente a algo que, siéndole extraño, en nada le concierne. La atribución causal exógena se establece de este modo como una entidad mórbida independiente, ligada al organismo como una representación «ontológica» de lo enfermo. François Laplantine subraya :
«L’interprétation pasteurienne et néo-pasteurienne de la maladie est l’objet de l’assentiment populaire massif que nous connaissons en raison de son impact symbolique: l’impact notamment exercé par ces substances nocives tenues pour d’autant plus efficaces qu’elles sont invisibles. Une causalité totalement exogène se lie alors à une représentation totalement ontologique. Et cette liaison satisfait l’idée que je ne suis pas l’origine de ma maladie, que ce n’est pas véritablement moi qui suis malade, mais un organe en moi infecté par accident par de petits êtres minuscules venus d’ailleurs. Elle va au-devant d’un désir dont nous pensons personnellement qu’il est universellement partagé. Elle est enfin d’autant plus enracinée dans sa certitud de détenir la vérité de la maladie qu’elle se croit fondée sur un modèle scientifique indiscutable qui lui sert de support et de caution, et ce modèle, bien qu’infiniment plus complexe que sa réinterprétation populaire, n’est pas lui-même totalement étranger à cette forme de pensée dont la tendance est, nous le verrons plus loin, de généraliser au-delà du groupe des maladies infectieuses, des réponses étiologiques nécessairement limitées au seul domaine de la microbiologie.»
La desaparición de las consecuencias de aceptar la existencia de una estructura subjetiva al interior del sujeto, como proceso de historización subjetivante, son evidentemente aludidas de este modo. La sinfonía química que la acción de los órganos y los elementos exógenos establecen, generan una relación de continuidad en lo vivido, que difícilmente requiere de la presencia de un elemento discontinuo como es la presencia de una estructura de subjetivación. Por lo cual, los riesgos de acceder a una definición del hecho patológico desde una “ontologización” de lo patológico, no sólo corresponde a la imputación que pudiera hacerse a un modelo que destacará exclusivamente los factores internos o endógenos de la enfermedad. En la posibilidad misma de «ontologizar» lo enfermo, el modelo exógeno puede hallar el riesgo de “hipostasiar” la enfermedad en una realidad substancial. De tal modo que la enfermedad como una entidad real, puede hallarse tanto en la certitud de atribuciones externas al organismo, como en la seguridad que imaginariamente el cuerpo brinda a través de las figuras hereditarias de lo patológico. La pregunta que es necesario establecer es en qué punto de estos enclaves, el pensamiento causal freudiano puede ser capturado, y qué lectura en particular realiza de estas categorías de descripción etiopatogénica.
Una de las grandes originalidades del psicoanálisis para el curso de sus primeras hipótesis, fue la modificación de las concepciones temporales que tienen lugar en la forma de concebir el movimiento de las representaciones mentales. Bajo un esquema causal que desborda la linealidad de las relaciones causa-efecto, el psicoanálisis pudo hacer ingresar la originalidad teórica que supone pensar un efecto retroactivo para lo psíquico (Nachträglich). A partir de una concepción particular de sujeto, la teoría de Freud acentúa esencialmente el aspecto del conflicto psíquico que supone la patología mental, abandonando una genealogía objetiva de lo patológico. El acento recae no sobre las relaciones del hombre y su medio, sino en la preponderancia que toma el fantasma en esas relaciones. Dicho de otro modo, el interés freudiano se centra en perfilar en otros registros, las distintas instancias psíquicas. Lo patológico pasa a constituir una creación oportuna que lo inconsciente elabora como expresión de un deseo fundamentalmente desconocido. No se trata solamente de lo que el sujeto pudiera llevar consigo como algo que desconoce, ya que la idea de lo inconsciente en Freud, comprende pensar que es él mismo quien crea estos deseos. La enfermedad es la expresión inconsciente o la simbolización de lo que el sujeto desea secretamente, y que presenta a la configuración sintomática de esa producción patógena, como un armazón teatral que genera un velo en torno a la realidad inconsciente que oculta.
Explayando estas ideas al horizonte del campo médico moderno y contemporáneo, la acentuación atribuida a una causalidad de tipo endógeno o interno, emerge como una reacción contra las representaciones etiopatogénicas externas que permanecen incontestablemente privilegiadas por la cultura occidental. Incluso si éstas se encuentran hoy en un cierto retroceso en relación a la época triunfal de Pasteur, ellas constituyen un eje de referencia ineludible para todas las elaboraciones sobre la génesis de los procesos patologicos y/o anormales. Ciertamente, han sido las dificultades de visualización teórica para los aspectos endogenos los que mayor cantidad de problemas ejercieron para el desarrollo de las ideas de Pasteur. En este sentido François Laplantine destaca:
«Si nous nous situons par exemple dans la période au cours de laquelle s‘élabore l’étiologie microbiologique, nous le trouvons dans tout ce que fit obstacle aux découvertes qui conduisirent à la formulation de la première hypothèse de Pasteur (Laplantine se refère à la causalité endogène). Et aujourd’hui, dans tout ce qui s’oppose à la généralisation de la recherche pathogénique sur le mode de l’agression étrangère. La résistence des représentation endogènes s’affirme donc notamment dans les expériences mêmes qui allaient réorienter les travaux de Pasteur; dans la pratique clinique attachée aux cas singuliers et que vient heurter de front une pathogénie extrinsèque par les infiniment petits, venant réactualiser, nous l’avons vu, une pensée médicale ontologique; dans la constatation que toute maladie n’entraîne pas des lésions organiques et que même celles-ci ne sont souvent que la conséquence d’un dérèglement fonctionnel, mais non pas la cause première; enfin, dans l’ensemble des troubles qui ne peuvent pas (ou pas seulement) être expliqués par une étiologique externe comme par exemple, les troubles de la croissance.»
La conceptualización endógena de la enfermedad surge, entonces, más como la teorización del fracaso por dar cuenta de las bases exógenas de lo enfermo, que como un modelo nítidamente elaborado. El es la consecuencia de una imposibilidad por cernir ciertos factores que participan de un estado patológico, y en los cuales no se puede atribuir un vínculo con procesos casuales provenientes de lo externo. Es en la oscuridad de ciertos estados que tienen lugar en el organismo, y a los cuales el causalismo exógeno no puede atribuir una explicacion fehaciente, que lo endógeno se constituye como algo del orden de lo desconocido, de lo idiopatico. Y donde el estatuto de lo desconocido toma la figura de lo hereditario:
«Ainsi, lorsque la plupart des médecins que nous avons rencontrés n’arrivent pas à trouver une causalité morbide qui soit vraimenet extérieure au malade, ils n’en continuent pas moins à la poursuivre dans le sens d’une exogénéité qui serait encore scientifiquement inconnu, ou alors en désespoir de cause se résignent à l’évidence, reconnaissant bien le rôle de l’endogénéité pathologique, mais en la limitant asssez souvent au seul cadre de l’originalité héréditaire de la maladie.»
Si la presencia de este «desconocido endógeno» emerge bajo la figura de lo hereditario, es necesario señalar ciertos puntos al respecto. La introducción de una variable somática y, más precisamente, genética para la explicación de la endogeneidad, implica como modelo endógeno de lo patológico, un centramiento en las bases internas que condicionarían hereditariamente el desencadenamiento, la estructura y la terapéutica de la enfermedad. El basamento genético de explicación para los procesos internos que tiene lugar en el organismo, implica una cierta negación de la personalidad en tanto «singularidad subjetiva», transformando la presencia de esta subjetividad, en una «subjetividad objetivizada» centrando al enfermo, sobre sus ascendientes, y a la enfermedad en el supuesto de un cuerpo extraño alejado de una significación para el individuo. Si esta variable genética del modelo endógeno, centra el cuerpo de sus explicaciones sobre un aspecto que podría denominarse de una fatalidad y de un destino, la variable psicoanalítica podría establecerse como la comprensión de una libertad, pero también de una culpabilidad como lo menciona François Laplantine:
«Notons que, si la variante génétique du modèle endogène tire l’explication du côte du destin et de la fatalité (c’est moi, mais je n’y suis pour rien), la variante psychologique du même modèle l’oriente du côté de la liberté, mais aussi de la culpabilité (c’est en moi parce que je l’ai voulu ou désiré à mon insu). Néanmoins, dans les deux cas, qu’il agisse de reporter l’étiologie à la nature (le patromoine génétique) ou à la personnalité (l’histoire du sujet), on se situe à la fois aux antipodes du hasard (explication commune aux accidents de la route et à l’infection microbiologique) et du social ( la «societé pathogène»).»
Aceptar las premisas freudianas en relación al privilegio concedido a las instancias psíquicas en detrimento de las causas objetivas de las alteraciones psicopatológicas es, como ya se mencionara, cuestionarse por el posicionamiento que las tesis de Freud toman frente a las explicaciones exogenistas y/o endogenistas de lo anormal. Comenzar a pensar en un modelo causal específico para la teoría psicoanalítica, significa también el desarrollo de un posicionamiento adecuadamente delimitado en lo que respecta al rol que lo social cumple en el desencadenamiento de lo patológico. En este punto, fácilmente la investigación de Freud podría ser considerada como una investigación de características endogenistas por lo que ella guarda como significación para la realidad psíquica. Sin embargo, el papel que la realidad cumple en la estructuración del fantasma, señala un punto de inflexión para este tipo de abordajes. Señalar que la forma que posee el psicoanálisis de considerar el espacio de las distintas instancias psíquicas se encuentra asociada al surgimiento de una internalidad propia al sujeto, no es delimitar las características de una fatalidad endógena, sino muy por el contrario, es especificar el rol que el sujeto cumple en todo acto de elisión psíquica. Este acto es indudablemente el que supone pensar representaciones psíquicas de tipo inconscientes, que presentan claramente los vértices de una teoría de la subjetividad. En efecto, esta subjetividad constituye para el psicoanálisis un rescate de la noción de sujeto, pero a condición de que este rescate sea delimitado como producto del destierro temporal que la noción de elisión psíquica comprende. Sin embargo, aun si esto fuese aceptado como una explicación veraz para la totalidad de los procesos mentales, quedaría la negatividad por parte de lo social para aceptar este tipo de estructuración subjetiva.
«C’est un point de vue historique, une représentation tardive par rapport à la précédente. Pour y parvenir, les sociétés doivent d’abord accepter la notion même d’individu. Et lorsqu’elles l’acceptent, une difficulté de taille subsiste: la reconnaissance qu’une partie de soi-même, voire son individualité propre, soit susceptible à ce point de ce nuire.»
Sólo por el aspecto fantasmático el plano de lo psíquico puede tomar el cuerpo de un rostro internalisante, ello no en razón de destacar la independencia de lo psíquico en relación a lo real, sino por el matiz de pérdida de realidad que el conflicto psíquico adquiere, cuando es pensado en términos de una oposición de estructuras conscientes e inconscientes. El fantasma nada podría si no es en su origen pensado a la realidad, y la realidad pensada en torno al fantasma. De todos modos, el papel de lo endógeno para Freud ocupará un papel destacado en el tronco de las ideas conceptuales de por lo menos hasta 1920. Hoy podemos sostener que la discusión por las bases exógenas y endógenas de la enfermedad, ha dejado de ser una discusión de ficción en torno a una realidad que difícilmente puede ser distinguida con suficiente claridad . La enfermedad no habita en los registros de polaridades, ella puede ser analizada y pensada según se acentuen los factores de recepción o de reacción de un organismo (Broussais) o el agente de infección (Pasteur).
En un mismo plano, la discusión sobre los aspectos exógenos y endógenos de la enfermedad, exige una consideración basada sobre el marco de una distinción entre modelos teóricos sustentados sobre dicotomías ficticias, que se construyen a partir de epistemologías poco elaboradas, de aquellos que construyen el campo de su propia epistemología. Es decir, no realizando una negación de sus propios supuestos, sino reconociéndolos y dando cuenta de ellos. Es en esta trayectoria que el pensamiento de Freud debe ser interrogado, intentado dilucidar cuáles son las respuestas que arroja para la problemática en cuestión. Una trayectoria de estas características, podría permitir un discernimiento en cuanto a los principales supuestos que epistemológicamente se ven implicados al pensar lo enfermo, conformando paulatinamente, las condiciones necesarias para la creación de una epistemología de lo anormal. Por lo demás, una trayectoria de estas características, puede ofrecer una respuesta para comprender la presencia de los factores genéticos comprendidos en el desencadenamiento de las enfermedades mentales.
Ahora bien, los tiempos de generación y construcción de esta epistemología, no han sido del todo conformados, siendo necesario en este sentido, re-escribir las trayectorias que una lógica epistémica podría desarrollar para estas interrogantes. Este esfuerzo de re-escritura, debería conformarse en torno a un impulso mayor que el descrito hasta ahora por los análisis sociológicos y/o históricosrelativos a la comprensión de lo enfermo. El esfuerzo por despejar una lógica epistémica al interior del psicoanálisis, debe ser también una manera de comprender cómo la teoría se posiciona frente a las interrogantes que la noción de herencia implica, observando dónde se sitúa el aporte de originalidad que la teoría psicoanalítica ofrece para este problema conceptual .
El hallazgo de esta lógica, si es que ella existe, debe dar cuenta de cómo es posible pensar una estructura humana subjetiva al interior de una transmisión llamada hereditaria. Se trata de una estructura de subjetivación, que en el más allá de la simple sinfonía química de los órganos, demanda del develamiento de una lógica. Lógica de las articulaciones, de las estructuraciones, de las historicidades y de las verdades que lo patológico adquiere, al momento de ser entendido en una doble serie causal que inserta lo «enfermo», junto a lo «sentido». Esta doble serie causal, concierne a todas las figuras de la vida : «le vegétal comme l’animal, la fonction comme la forme, la maladie comme le tempérament» . Doble serie causal que tiene, a su vez, por función reflexionar en torno a las diferencias que plantea la articulación entre lo individual y lo universal, pensando al mismo tiempo, en cómo esta lógica se concretiza en la transmisión de un material psíquico y/o biológico. Toda indagación psicopatológica debe pasar, en este sentido, por una reflexión epistémica en torno a las vectores que conducen su reflexión clínica, de tal forma de poder esclarecer, las significaciones que se realizan para la definición del hecho psicopatológico . Pero, ¿qué se necesita para pensar la vida, la enfermedad y al sujeto enfermo? Se necesita de algo más que de una simple determinación de lo patológico por parte de modelos etiopatogénicos explicativos. Pues un sistema lógico que dé consistencia a las articulaciones entre lo orgánico y lo «sentido», requiere de una estructuración, de un juego de relaciones que permita al clínico, posibles articulaciones entre la enfermedad y la historicidad de la subjetividades psíquicas. Estas lógicas «subterráneas» o teorías implícitas sobre la enfermedad mental, son las que estructuran el campo conceptual de los distintos modelos etiopatogénicos en psicopatología, formulando aseveraciones que con facilidad, suelen ser omitidas . Estas lógicas actúan como configuraciones formales de lo enfermo, y tienen como propósito, acceder posteriormente a una localización corporal que pueda brindar el asidero orgánico para el conjunto de estas representaciones clasificatorias. Durante el transcurso de las ideas psicopatológicas del siglo XIX, las articulaciones entre la configuración de la enfermedad y su localización material, se encontraban en un estado de identidad y de conmutación. Más que nunca, surgirá una visualización correspondiente a pensar la vida y todo lo que a ella amenace, como un estado orgánico único, donde una armonía se establece, y donde fundamentalmente, una continuidad puede ser leída. Pensar como se articula la vida a los conceptos, o como la vida puede ser reproducida por los conceptos, equivale a una definición de lo viviente, donde un a priori de identidad puede hacer coincidir lo inteligible a lo pensado. La vida se encuentra en un « continum », donde definir lo que amenaza a la vida, es igual a reproducir las distintas manifestaciones de lo viviente.
En este sentido, la definición y espacialización de lo anormal, son para François Laplantine, dos tiempos distintos de lo que considera « formas elementales de la enfermedad » . El trabajo de elaboración conceptual desarrollado por la medicina de las especies, recibe desde su óptica, la denominación de « esencialismo metodológico », destacando la filiacion epistemológica que esta perspectiva mantiene con un modelo epistemológico tomado desde los trabajos de la botánica del siglo XIX. La enfermedad puede ser catalogada, « en familles, genres, espèces et sous espèces à l’instar des classifications botaniques. » El segundo tiempo de estas formas elementales de la enfermedad, lo constituye la medicina de las lesiones, que el autor cataloga como « anatomismo » o « solidísmo ». Este segundo modelo, ubicado a cierta distancia del primero por diferencias fundamentalmente históricas y de espacialización de lo enfermo, se caracteriza según Laplantine por la preocupación anatomopatológica de lo enfermo, teniendo como propósito, el estudio de las formas, de las entidades o de las variabilidades mórbidas que la enfermedad adquiere en una localización determinada del cuerpo. Su preocupación esta centrada fundamentalmente sobre el alcance orgánico que la enfermedad realiza sobre el cuerpo del hombre enfermo. Laplantine destaca la posibilidad que brindó la medicina de la lesiones para comenzar a postular las bases materiales de lo patológico, y la certitud de pruebas que este tipo de indagación permitió para el estudio de la psicopatología .
Si bien es verdad que el método anatomo-patológico brindó una espacialización no pensada con anterioridad por el «esencialismo patológico» (medicina de las especies), la progresión del abordaje conceptual frente a lo enfermo, es extremadamente continua, estableciendo una progresión lógica en la articulación que tiene el pensar junto al conocer, el clasificar junto al materializar. De modo que esencialismo y solidismo metodológico (análisis anátomo-clínico), pueden quedar establecidos como dos tiempos de una misma doctrina «naturalista». La teoría heredo-degenerativa de la enfermedad mental, se convierte al respecto, en la fusión de ambos tipos de concepciones
La búsqueda por hallar los grados de coherencia de estas lógicas «subterráneas» o sistemas de representación, es lo que permite elaborar un cuadro epistemológico en torno a cómo lo patológico es entendido, y en cómo dentro de estas explicaciones, las series causales de la enfermedad y de lo sentido, vienen a estructurarse . Así, François Laplantine distingue los abordajes centrados exclusivamente en el cuerpo de la enfermedad, donde ésta es concebida como poseyendo una realidad por sí misma, como si su materialidad pudiese colmar una realidad única para «lo viviente» y, por lo tanto, susceptible de ser estudiada y analizada como una totalidad independiente. Los sistemas de representación para lo patológico son comandados, en este caso, por modelos ontológicos de la enfermedad (de naturaleza generalmente física), diferenciandose de los abordajes que acentúan el rol y la función del hombre enfermo. En este último, los sistemas de representación son comandados por un modelo relacional que puede ser pensado en términos fisiológicos, psicológicos, cosmológicos o incluso sociales.
En otro plano, pero siempre en relación a la implicación epistémica de los distintos sistemas de representación para lo patológico, M. Foucault estableció muy claramente la manera en que la lógica operativa de la botánica , brindó a los médicos del siglo XIX el modelo de sus nosografías. Esto último permite apreciar, que las ideas heredo-degenerativas sobre la enfermedad mental, pudieron desarrollar un modelo de lo patológico al interior del cual las categorías de delimitación entre lo enfermo y lo sentido, se identificasen como dos polos de una misma realidad. Las formas, los géneros y las especies de configuración de lo viviente propios a la botánica, no guardan, en este sentido, ninguna diferencia con la materialidad buscada por las entidades nosográficas del pensamiento psicopatológico del siglo XIX. La clasificación en géneros y especies desarrollada por la psiquiatría de esta época, hace equivaler sus hallazgos en una continuidad lógica, que permite insertar, en una misma serie, la historización de las individualidades junto al orden silencioso de los órganos. Ello en razón de poder «espacializar» la enfermedad en una «localización» clara y consistente. El modelo heredo-degenerativo de la enfermedad mental, se muestra en estos términos como una espacializacion histórica de las relaciones entre lo orgánico y lo psíquico, una identidad cuerpo por cuerpo entre la configuración intrínseca de la enfermedad y el cuerpo del hombre enfermo.
La lógica de las producciones entre el cuerpo de la enfermedad y el hombre enfermo como lo señala Foucault, se repliega en torno a dos ideas generales de comprensión para lo patológico; las especies y las clasificaciones. Durante el siglo XIX, la lógica de determinación y clasificación de las distintas patologías mentales, es una lógica de investigación inmanente, consecuencia de la dependencia directa que el modelo adopta frente al proyecto general de clasificación y determinación por especies y familias. Este proyecto conceptual, busca formas que permitan desarrollar una visualización jerarquizada del hecho clínico, de tal manera que sea posible estructurar lo anormal, en familias, géneros y especies . La emergencia de una lógica clasificatoria, que podría ser definida como una lógica sintáctica de estructuración de los conceptos y definiciones, posee la finalidad de constituir un gran cuadro lógico que facilita la formalización del hecho patológico. Formalización en un espacio, donde la creación de «cuadros configurativos» tendrán para el pensamiento clínico, la función de crear figuras de la enfermedad. Su propósito de formalización no será causal, pues tendrá en un primer tiempo por objetivo, la definición de un sistema fundamental de relaciones (subordinaciones, semejanzas) .
En un primer nivel de esta lógica de las configuraciones, una espacialización viene a realizarse, una «espacialización primaria» que se define como previa a toda percepción del hecho clínico y que, sin embargo, comanda toda reflexión sobre las clasificaciones en géneros y familias. Bajo el epígrafe de esta lógica, la enfermedad emerge por el evento de la mirada, insertándose al interior del hombre enfermo como una relación entre lo visto y lo observable.M. Foucault supo encontrar en el desarrollo de estas ideas, al sistema lógico subterráneo que dio forma y estructuración a gran parte de la mirada clínica durante el siglo XVIII. La discusión del último decenio del siglo XVIII en torno al basamento causal de los estudios psicopatológicos, no fue una discusión sin importancia para la psicopatología del siglo a venir. Es necesario recordar la gran dificultad sentida en la psicopatología del siglo XIX en torno a los basamentos causales de muchas de sus investigaciones .
Este sistema lógico de clasificación, que desarrolló una comprensión para la explicación etiopatogénica basada en modelos analógicos y de semejanzas entre distintas especies, se encuentra establecido sobre la base de la correspondencia lógica que los conceptos y definiciones establecen con la experiencia, la vida y la enfermedad . Existe una adecuación de correspondencia lógica entre la configuración de los conceptos explicativos para la enfermedad y la localización de ésta en el cuerpo del ser viviente . El médico debe realizar una abstracción de las cualidades subjetivas del enfermo, pues su mirada debe estar dirigida concretamente al hecho clínico que se conforma frente al despliegue de su mirada. El enfermo, es la «serie subjetiva» que se opone a la correcta correspondencia entre la lógica de los conceptos, y el cuerpo material donde la enfermedad se localiza cristalizándose.
La lógica que sustenta al método de indagación sólo es posible a condición de la exacta coincidencia entre los conceptos y la enfermedad. Casi como un verdadero axioma metodológico, la preocupación clínica debe estar dirigida a la visualización en correspondencia de los géneros, clases y familias que especifican en su esencia, el proceso patológico. La correspondencia entre los géneros y las clases con la experiencia patológica, debe ser estricta, de tal modo de poder permitir que el cuadro lógico se subtancialize en la emergencia de una localización material; el cuerpo.
El cuerpo permitirá que la enfermedad clasificada en géneros y especies, tome asentamiento en una realidad concreta, donde la adecuación estricta entre enfermedad y órganos específicos será secundaria a la luz de la adecuación mayor que el cuerpo establecerá con las familias y géneros . La lógica que sustenta estas articulaciones mayores será en lo sucesivo, la transferencia sympathique . Es esta noción la que asegura la consolidación del vínculo entre la configuración de la enfermedad y la localización patógena. Considerada bajo este ángulo, la sympathiepuede asegurar los interjuegos entre el espacio de la localización corporal y el espacio de las configuraciones. Y donde los conceptos, clases y géneros pueden ser identificados a una noción subtancializada de ser viviente. Pensar la lógica de los géneros y clases, es pensar la identidad que brinda el método sympathique a la vida, el cuerpo y la enfermedad. Esta constante, no será sólo espacial, pues también se inserta como una constante de tipo temporal. El tiempo será tratado al interior de las formas clasificatorias del modelo heredo-degenerativo, como una constante nosológica y no como una variable orgánica que pudiese dar cuenta de un proceso de historización subjetiva. Tal como lo subraya M. Foucault, «le temps du corps n’infléchit pas et détermine moins encore le temps de la maladie.»
Mas allá de que la medicina de las especies se vea fuertemente modificada durante el siglo XIX por la fuerza que tomará la «espacialización» institucional de la enfermedad, es preciso subrayar que las ideas metodológicas de este tipo de pensamiento clínico, continuará marcando y delimitando gran parte de las ideas etiopatogénicas del siglo XIX. Además, esta nueva forma de especialización, de configuración de la enfermedad, será la continuación en otro ámbito, de la preocupación por un orden entre sujeto, estructura y desarrollo de la ciencia.
El análisis de la mirada clínica desarrollado por Foucault para la totalidad de la época clásica constituye, a este efecto, un desarrollo útil para la comprensión de cómo se estructuró durante el transcurso del siglo XIX una mirada en torno a lo enfermo. Esta mirada tomó un sin número de detalles pertenecientes a las nosografías psicopatológicas de finales del siglo XVIII, centrando en ellas un ideal de objetivación para lo anormal. El importante ingreso de la explicación anatomo-patológica en el tratamiento y comprensión de los desordenes mentales durante los últimos cincuenta años del siglo XIX, significó la materialización del ideal buscado por los teóricos alienistas de comienzos de siglo, pudiendo «corporalizarse» una idea definida para la correspondencia última entre sujeto y enfermedad. De paso, este ideal de «mimesis nosológica», respetaba el ideal epistemológico de la época, que en mucho retomaba los ideales aristotélicos para la comprensión de la ciencia. Así se comprende la necesidad creciente por que cada expresión clínico-clasificatoria al interior del modelo heredo-degenerativo, estuviese sustentada sobre un fondo de «coherencia extrema», donde fuese posible configurar y organizar una idea de individuo, a condición de que esta estructuración, se realizara en un lenguaje objetivo y racional .
Toman cuerpo, así, enunciados sobre el sujeto sin que los rostros de la objetividad se vean por ello amenazados. Se podrá entonces volver a la antigua ambición aristotélica de concentrar en torno a un mismo discurso, individuo y estructura científica . El anhelo aristotélico por hacer coincidir discurso, sujeto y estructura científica, puede ser leído como un intento de subtancializar en una formación real, la naturaleza de los seres vivientes . Para Aristóteles, la naturaleza del ser viviente es un alma, y esta alma se constituye evidentemente como la forma del sujeto. Ella es su esencia, su realidad (ousia)y al mismo tiempo, su definición (logos) . Así, «Le concept de vivant, c’est donc finalement, selon Aristote, le vivant lui-même»Esta definición del ser viviente, es concordante con la relación que Aristóteles cree hallar entre la teoría de los conceptos y la vida. Ella es dada a partir de toda una reflexión por las formas de clasificación y definición de la esencia de los seres. Gracias a esta definición, es posible visualizar un posible lazo entre los estudios naturales y la lógica de la teoría de los conceptos. Cuando Aristóteles busca en las formas de generación animal elementos que permanezcan constantes para pensar una clasificación animal, pretende al mismo tiempo, el desarrollo de una lógica de las clasificaciones. Tanto de la especulación biológica de Aristóteles, como de su reflexión lógico-metafísica, es factible afirmar que la comprensión para el desenvolvimiento de las nociones allí empleadas, guardan una finalidad similar, por cuanto constituyen un espacio en el cual el estagirita pudo probar las nociones cardinales de su filosofía.
Para comenzar todo estudio sobre la historia de los animales (Perí tà zoia historiai), Aristóteles comienza por el estudio del hombre al ser considerado este último, como el animal perfecto y el modelo de integibilidad de toda zoología (I, 7- III) . Para el filósofo griego, todo estudio zoológico debe comenzar por una reflexión por las partes de los animales sanguíneos, para luego continuar por el estudio de las partes de los animales no sanguíneos. Estos últimos, se encuentran significativamente alejados del hombre como para que el esquema corporal humano pueda proveer el hilo conductor del estudio. Los libros IV, V, VI, VII, VIII, IX y X permiten apreciar que «l’ Histoire des animaux» no es en ningún caso, un recuento de monografías y estudios sobre animales. Su verdadero propósito, es el estudio diferenciado de las partes de los animales (Perí zoion morion/ De partibus animalium). Ello permite a Aristóteles, afirmar que la historia de los animales estudia al ser viviente, desde el punto de vista de la causa material, porque la materia posibilita la comprensión de cada una de sus partes.
El estudio por un orden jerárquico en lo que a las especies respecta, permite visualizar que en Aristóteles la jerarquía natural de las formas en la experiencia, comanda la jerarquía de las definiciones en el universo lógico. Como menciona Canguilhem; «Le syllogisme conclut selon la nécessité en vertu de la hiérarchie qui fait de l’espèce dominée par le genre un genre dominant par rapport à une espèce inférieure» . Expuestas estas ideas, todo desarrollo conceptual sobre el problema del conocimiento, se ajusta a una idea de universo material y natural, el cual es recreado en el alma tal como las formas materiales determinan las categorías lógicas. Se trata de un sujeto que puede ser conocido por una cuadratura fáctica y real, que hace de cada ser, lo que es y, por lo tanto, de ser conocido según lo que es. Bajo esta rúbrica, se hace posible un entendimiento de lo real que lo concretiza como una integibilidad cierta, y donde lo viviente en particular puede ser analizado según estas mismas pautas.
Revisando los textos analíticos de Aristóteles, se observa que la principal preocupación es el hallazgo de un método que permita el alcance de las definiciones y conceptos. En relación a este problema, Aristóteles menciona que ninguna definición puede ser realizada partiendo sólo de conocimientos previos. Para ser primera e inmediata, la definición requiere de un origen. Este origen es la percepción sensible, desde donde ella toma cuerpo por un trabajo de inducción . La inducción es el trabajo racional del cual habla Aristóteles en «les Topiques», y que consiste en atribuir una propiedad o cualidad, a un género, y poder hacer ver que ella pertenece a las especies comprendidas bajo este género .
Una teoría acerca de los conceptos y silogismos debe ser pensada desde las formas más simples a las más elaboradas tal y como es considerada la teoría acerca del alma. Las facultades o potencias del alma implican los estados precedentes: función nutritiva, sensitiva, pensante y motriz. Esta delimitación no comprende evidentemente la existencia de un número inabarcable de almas, puesto que cada ser viviente sólo posee una . La teoría de las funciones del alma nace en Aristóteles, a partir de las clasificaciones de los seres vivientes en vegetales, animales sin razón y animales racionales.
Bajo un otro aspecto, el estudio de cada una de las funciones del alma, se encuentra orientado al estudio de la función superior y sobre todo a aquella que es superior a todas, como es el caso del pensamiento intelectual. Esto se evidencia plenamente en la modalidad mediante la cual pretende estudiar las facultades del conocer o de los procedimientos necesarios para distinguir lo verdadero de lo falso. Este discernimiento se lleva adelante, sea mediante la ayuda de la sensación, o sea mediante la ayuda del intelecto. En este plano, Aristóteles permanece «fiel» a las ideas platónicas referidas a la imposibilidad de reducción del pensamiento a la sensación .
La inteligencia es un acto cargado de esencias inteligibles y por ello, indivisibles. Su certitud gnoseológica es similar a la «sensación» de los «sensibles», pero a pesar de ello, significativamente distinta. Ciertamente, entre lo inteligible y la inteligencia se establece una relación, análoga a la establecida entre lo sensible y lo sentido.
«L’intelligence est bien comme la tablette vide, qui contient en puissance tous les intelligibles, et qui ne passe à l’acte que si elle en subit l’action (4); mais, tandis que l’organe sentant est détruit par un un sensible trop intense, comme par une lumière éblouissante, l’intelligence pense au contraire d’autant plus que la clarté de l’intelligible est plus grande(5). De plus, tandis que dans l’acte commun de la sensation, le sentant reste toujours distinct du sensible, dans l’acte intellectuel de contemplation, l’intelligence est complètement identifiée à l’intelligible, et l’on ne saurait trouver en elle, quand elle pense, autre chose que son objet : elle est donc elle-même intelligible(6). Enfin, tandis que la sensation se répartit en organes dont chacun n’est capable d’appréhender qu’une espèce particulière de sensible, l’intelligence est capable de recevoir tous les intelligibles sans exception ».
El alma es entonces comprendida de manera análoga al mundo, y siguiendo un mismo esquema. Al interior de la filosofía de Aristóteles, el alma es una imagen espiritual de la realidad. «L’âme est en quelque façon tous l’êtres; car les êtres sont ou bien sensibles ou bien intelligibles; or la science est en quelque manière le su, et la sensation, le sensible.»Finalmente, para Aristóteles pensar el concepto de alma, implicará una reflexión sobre la sensación y la inteligencia, donde los movimientos de la reflexión y del pensamiento se encontraran sometidos. Es en este espacio donde el alma se hace representación e intuición de la realidad.
Ahora bien, estas ideas no sólo son importantes por lo que ellas conforman para la historia de la ciencia, puesto que más allá de toda la utilidad heurística que a nivel histórico permiten, la reapropiación de la doctrina aristotélica como proceder «teórico implícito», es una herramienta de considerable importancia. Como herramienta, facilita el replanteamiento por la posible lógica que guía la formalización de los conceptos, en los desarrollos nosográficos realizados durante el siglo XIX. El análisis aquí realizado sobre las ideas aristotélicas, referidas a la clasificación animal y los conceptos, tiene como propósito mostrar cómo el manejo de elementos históricos y epistémicos brindan la posibilidad de desarrollar una lectura en torno a los modelos lógicos estructurales, los que posiblemente podrían encontrarse implicados en distintos sistemas conceptuales de la psicopatología del siglo XIX en las discusiones actuales sobre la causalidad psíquica y genetica .
El cuestionamiento por esta lógica implica ciertamente un espacio en el cual ideología y conocimiento toman una relevancia considerable a la luz de la búsqueda por la estructuración interna de los modelos conceptuales en psicopatología. El análisis aristotélico referido a la articulación que el alma guarda con la vida y los conceptos, es útil para evidenciar cómo la instrumentalización de categorías, clases y géneros (que se dirigen hacia la vida y la experiencia), se encuentran basados en una lógica conceptual que define las significaciones que se atribuyen a términos tales como sujeto, vida y enfermedad. La tematización realizada por la psiquiatría anterior al siglo XX es, como ya se mencionara, la exacta adecuación de las formas y las clases al cuerpo real y localizable de lo enfermo. Ella supone la adecuación en un mismo plano, de la sinfonía química de los órganos, junto a la historización y subjetivación de lo psíquico. En este plano, sus formas de proceder se igualan a las formas de clasificación que Aristóteles describe como necesarias para la comprensión de la vida, siendo imperativo, que el abordaje que los conceptos realizan sobre la vida, se identifiquen a una lógica donde sustancia (ousia) y lenguaje (logos) recubran una misma realidad.
La comprensión de lo patológico se «naturaliza» en un conjunto de enunciados, que en el ejercicio de aproximación hacia lo enfermo, «mistifica» la validez del acercamiento entre nosografía y cuerpo patológico. «Mistificar» la enfermedad en una relación de adecuación entre logos y naturaleza, implica también, reducir su espacio a una visualización de tipo físicalista e, incluso, vitalista. En la figura real del cuerpo del degenerado, se hayan todos los espejos que devuelven las formas capturantes de un pasado no logrado, de un pretérito que se actualiza en el presente como una forma imperfecta, como una superficie no bien pulida, que da testimonio de un elemento de la especie que no cumple con las exigencias divinas en las cuales dios se inspiro para la creación de lo humano. El estudio de las formas hereditarias de la degeneración mental, le permite a Morel, la realización de una clasificación nosografica en la cual el cuerpo del enfermo, se detiene vitalmente de acuerdo al orden que las clases y géneros le atribuyen. La importancia atribuida por él al atlas de las alteraciones microcefálicas, del crecimiento del diámetro del craneo, del carácter huidizo de la parte posterior de la cabeza y de la prominencia de la región frontal, ponen en acto, que la inadecuación física de estos órganos, es ampliamente cierta, y factible de ser hallada, pero a condición de que estas formas puedan ser comparadas con otras que destaquen por su grado de perfección . En la psicología mórbida de Moreau de Tours, la unidad etiológica de toda la familia neuropática se explicita en torno a un tronco común, desde donde es comprendida toda rama patológica. Siendo el espacio en el cual, alienados, idiotas, y raquíticos, se unen en torno a un mismo origen (género). La organización entre las clases y las familias es, al mismo tiempo, la localización material de lo enfermo. Así, los trazos de una moral inconsecuente pueden ser leídos en el cuerpo, pues ciertos caracteres físicos lo permiten. Los órganos pasan de la organización de sus funciones, hacia una transformación que es evidencia de una moral en desequilibrio.
Gracias a Morel, la unidad de familias y clases, pueden unirse por primera vez en la unión de la teoría de la herencia y de la degeneración mental. En esta unidad conceptual, el conjunto de sus nosografías comienza a ser pensado y elaborado paulatinamente. En 1842, en el estudio dedicado a la «Manie des femmes en couches», Morel intenta asegurar clínicamente la importancia del factor hereditario en el entendimiento de la enfermedad mental. Esta preocupación clínica en torno a una delimitación nosográfica cada vez más fina, tomará como elemento central, al papel etiológico de la herencia. Más allá de cumplir un papel etiopatogénico simple, la herencia será una entidad conceptual que permitirá la progresiva identidad entre la coherencia interna de los conceptos y clases, y el cuerpo material del hombre alienado. No es posible, según Morel, determinar con precisión las influencias sobre las facultades de las causas llamadas físicas, si éstas no se encuentran en relación a elementos intelectuales o morales. En la elaboración de las causas morales de la locura, Morel constituye la definición y la razón de lo que es la moral, elaborando una concepción en la cual intenta dar razón de los procesos que conducen a su pérdida. Estos procesos de construcción conceptual para la locura, encuentran su asiento en la posterior adecuación que ellos realizan con las causas físicas, pudiendo generar un pliegue de relaciones y vinculaciones, comandadas por la herencia y la degeneración. El cuerpo acusa al degenerado y lo muestra como perteneciendo a una familia que no es la socialmente definida.
Bajo el interés por alcanzar una visión más unitaria de la psiquiatría, Morel da un espacio de mayor importancia a los estudios de índole etiológica. Si bien los estudios por las diversas formas de microcefalia le permiten hayar ciertas relaciones con los estados especiales de degeneración de la especie, permanecerá el interés por la clasificación etiológica. Es la investigación etiológica la que permite la distinción entre las variedades de la especie degeneradas patológicamente. «Les être dégénérés forment des groupes ou des familles qui puissent leurs éléments distinctifs dans la nature de la cause qui les a faits invariablement ce qu’ils sont en réalité: une désviation maladive du type normal de l’humanité»Los degenerados son formas, clases, grupos, familias que articulándose entre sí, forman un espacio, una formalización conceptual que describe un primer tiempo de la espacialización de la enfermedad. La lógica nosográfica por especies y familias, no olvida por ello a una segunda espacialización que hará coincidir concepto y organismo. Esta lógica nosográfica, es la confirmación en otro plano, de la tesis más importante del «Traité des maladies mentales». La naturaleza de la causa indica la naturaleza del tratamiento. Donde causa es un término asociado a la exacta determinación del grupo o familia del cual el degenerado proviene. Por otra parte, la solución al problema formulado por Falret en torno a las «entidades naturales» recibe una respuesta, y ella estará conformada por la creencia de Morel en la unidad de los cuadros clínicos, de la evolución y de la causa. Se trata de la unidad de la substancia patológica en su definición y en su realidad. Al mismo tiempo, la identificación entre «substancia» y «definición» da consistencia a la exacta adecuación del sujeto a la causa. El degenerado se implica al interior de un hilo conductor uniforme, que liga el extremo de la degeneración al extremo de la idealidad de la especie.
Esto también valdrá para los primeros tiempos de la psiquiatría del siglo XIX, puesto que tanto Pinel como Esquirol, sin saber las verdaderas bases biológicas que se encontraban comprendidas para el estudio de la herencia, pudieron considerar que la problemática de la transmisión hereditaria, jugaba un rol considerable en la construcción de las explicaciones por el origen de la enfermedad mental. En una misma línea de investigación, la preocupación se centra en la coincidencia de las formas al objeto, en la articulación de las clases hacia la materialidad del cuerpo del enfermo.
II.- LAS FORMAS DE LA ENFERMEDAD; LO PENSADO, LO CONOCIDO.
Si hay un proceso de «mistificación» para la teoría de la causalidad que Freud desarrolló a lo largo de su obra, es difícil poder visualizar en qué aspectos ella podría hacer identificables lo conocido junto a lo pensado. Tanto más cuanto que la separación del sujeto al lenguaje se realiza por la introducción del sujeto a la falta. La realidad de la Cosa se pierde en el proceso de humanización al cual el sujeto es sometido, como consecuencia inevitable del ingreso en los sistemas simbólicos de la cultura. La investigación freudiana es, a este respecto, una búsqueda de los elementos primeros que ligan al sujeto a la estructura, una búsqueda del origen, pero de un origen que no es significable en sus efectos, puesto que sólo lo es, a condición de aceptar la no-coincidencia entre lo engendrado y lo producido. Freud hace de la investigación causal, una pregunta por lo originario que no puede ser vinculada a una interrogación por las condiciones internas del organismo. Su pregunta, se sitúa en un contexto epistemológico diferente, donde lo «interno de un organismo», no hace figura de significación para la demanda de sentido que una estructura de subjetivacion requiere. Estas ideas permiten apreciar ciertas claves para una lectura de lo hereditario en Freud y, a partir de su estatuto, poder significar las discusiones actuales sobre el concepto de herencia biológica.
A la luz de lo trabajado por el modelo heredo-degenerativo de la enfermedad mental, en lo que respecta a las conceptualizaciones contemporáneas sobre la herencia biológica, es importante mencionar que las formas lógicas que organizan la formalización del modelo explicativo son fuertemente diferentes a las ideas que pudieron ser desarrolladas durante el curso del siglo XIX. A pesar de ello, parten de un cierto «a priori conceptual» que puede ser considerado sobre la base de los aspectos que fueran trabajados por la investigación hereditaria de dicho siglo. Dicho de otro modo, la búsqueda por un método veraz y consistente desde el cual poder posicionar todo el trabajo investigativo sobre las problemáticas asociadas a la herencia, se encuentran en el siglo XX vinculadas aún de manera doctrinaria al gran anhelo aristotélico de unificación entre sujeto, naturaleza y ciencia. Sin embargo, uno de los principales puntos que indican un distanciamiento respecto de las ideas previas sobre la herencia biológica, se encuentra en la manera en que el paradigma se expresa conceptualmente. Este cambio de formulación, es el que comienza a nacer a partir de los estudios de Mendelen los últimos años del siglo XIX, y que poseen como finalidad, la descripción acabada de las condiciones comprendidas en la definición de la herencia vegetal. Este cambio de formulación también comprende a los futuros trabajos de principios del siglo XX para la conceptualización de la idea de un código de información, implícito en la visualización de la transmisión hereditaria.
Hecho ya el recorrido que ha permitido observar la configuración del pensamiento de Aristóteles en torno a su definición del concepto de alma y siendo analizadas las consecuencias de este «retorno» para el conocimiento de lo enfermo, es factible hablar acerca de un a priori conceptual de suma relevancia para el acercamiento que el pensamiento realiza frente a la experiencia, la vida y las formas que significan la alteración de sus estados. Si el espacio de la configuración conceptual en torno a la enfermedad, puede coincidir con el espacio de la localización orgánica de lo enfermo, ello supone aceptar que la definición de la vida, se encontraría ya inscrita en la materia, surgiendo un a priori objetivo, localizable, puramente material y ya no formal. Entonces, La historización subjetiva de lo psíquico, sería difícil de sostener al interior de un campo de interpretación, que designa una realidad ya cautiva en la identificación realizada entre la inteligibilidad y lo inteligible. Muy contrariamente a las ideas psicoanalíticas, el terreno fértil de la interpretación sería sustituido por un espacio de valores asignables, inscritos y susceptibles de devenir material transmisible de generación en generación.
Decir que la herencia biológica es un proceso de comunicación, un proceso de traspaso de información, es también en cierta manera, retornar al cuerpo de las tesis aristotélicas . Admitir que existe en los seres vivientes un logos inscrito, conservado y factible de ser transmitido, es retrotraer toda imagen visual al escenario de un tiempo anterior, donde la causa se une a la ley, y donde la ley toma cuerpo de substancia. Sin embargo, el lenguaje de esta nueva concepción cambia, pues la descripción para el entendimiento de la vida, de la enfermedad y de la muerte, no estará recubierta por un espacio único, y de «mímesis representativa» como era el buscado cuando la enfermedad y la muerte, eran interrogadas desde los géneros y las especies. La coincidencia de la sinfonía química del cuerpo con la estructura humana subjetiva, se realiza bajo un compás y una dirección muy diferentes a los ritmos que concretizaban tanto la anatomía como la fisiología. La nueva dirección, despeja toda clasificación y/o descripción que pueda realizarse por especies y familias. La arquitectura de las formas y de las clases que la descripción de la enfermedad debía cubrir para localizarse posteriormente en un cuerpo enfermo, cede en su preocupación espacial, dando lugar a la descripción de formas gramaticales de la vida. A formas que se encuentran más próximas a una formalización lingüística, que anatomo patológica . Tal como lo señala G. Canguilhem, la vida es leída según las reglas de una nueva topología, topología lingüística que, sustituyendo la concordancia entre los distintos órganos planteada por el método sympathique, articula un código a su transmisión.
La dificultad de este nuevo lenguaje, incorporado en un modelo de mayor envergadura, es la reducción metodológica factible de ser empleada al momento de definir la noción de organismo. Para este modelo de “lógica subterránea”, lo propio de todo organismo, de todo ser viviente, “le vivant”, es la imposibilidad de encontrarse a distancia de sus propias sensaciones y de sus propias partes como organismo viviente. Nada hay en él que pudiese ser visto como la simple articulación de partes en un todo que no adquiere sentido más que por la suma de estos elementos. El todo se encuentra presente en todas y cada una de las descripciones que se realizan en torno a “le vivant”. Su medio interior, sus regulaciones y su funcionamiento, reproducen modos de organización que sólo son posibles de analizar, cuando una definición totalizante de esta realidad es definida. «C’est le tout qui est à tout moment présent à chaque partie» . El concepto de duración, de historización de un ser viviente, se encuentra ya integrado en la propia definición conceptual que se realiza de este mismo organismo. Los seres vivientes se organizan en torno a una idea de organización, que permite la adecuación del fin al origen, haciendo factible una formalización conceptual, que hace coincidir el tiempo del origen con el fin de todo proyecto de historización subjetiva. Una cantidad importante de investigaciones genéticas aplicadas a las enfermedades mentales, comprenden las experiencias de los vínculos y asociaciones cromosómicas, desde definiciones que se aglutinan en torno a estos parámetros. Surge del conjunto de estas ideas, la posibilidad de pensar en organismos y de conceptualizarlos como la realización de un programa pre-escrito por la herencia.Causa, proyecto y ley, conforman, en lo sucesivo, una trilogía, donde la noción de programa, conforma las series lineales de asociación entre el fin, la causa y el objetivo. Gracias a la noción de programa, las contrariedades de la secuencia causa-ley desaparecen, permaneciendo la noción de ley, como el cuadrilátero de una continuidad y del cierre de toda variabilidad subjetiva. Al mismo tiempo, la noción de programa permitirá la disolución de las oposiciones que la biología de finales del siglo XIX, había intentado solucionar (finalidad/mecanismo, estabilidad/variacion). Memoria y proyecto se unifican en torno a una realidad, que cree hallar en la memoria genética, el basamento de todo proyecto futuro. El origen comprende las formas finales del ser viviente, siendo posible pensar la noción de causa, ligada a una noción de proyecto (historización), y a una manera determinada de comprender la figurabilidad lógica del concepto de ley.La metáfora alfabética en la cual se encuentra expresada la herencia biología y su transmisión, acuerda una visión lineal para el concepto de ley, donde las producciones de todo proyecto futuro, pueden ser ya comprendidas en una causa previa. Estas ideas subvierten toda la dicotomía histórica que las relaciones entre causa y ley pudieron generar en su momento . En contraposición a las definiones mecanicistas dadas por Newton para la comprensión de lo que es una ley, y en como ésta se separa del concepto de causa, la figurabilidad de la metáfora alfabética permite que causa y ley, se reúnan en torno a un mismo punto. Un punto cero del ser viviente, y que por el momento en nada considera, la presencia de un sentido para la conformación de una estructura de subjetivación.
El pasado anticipa al futuro proyectando todo tiempo posterior, como una temporalidad ya agotada en su propia definición. El tiempo vital de un proyecto (chronos), se identifica con las formas y substancias (ousia) que se encuentran definidas en el individuo (logos), bajo la forma de un código, a partir del cual su herencia podrá ser pensada. Pero aun si se insiste en esta noción, el descubrimiento de un sentido que podría estar insertado en la información genética, esto no implica la construcción del mismo. La construcción de este sentido toca un cierto grado cero de la subjetividad, puesto que todo aquello que se aproxima al origen de la herencia y de la procreación, define una zona inter-humana donde sentimientos, representaciones y fantasmas confluyen en torno a las creencias más enigmáticas. Siendo el punto donde la referencia genética se impone al psicoanalista .
Tal como lo subraya P. Fedida, la herencia vierte en la transferencia analítica la insistencia por la emergencia de un trabajo de construcción, que permite establecer un orden transgeneracional para la transmisión de la herencia familiar . La construcción de un sentido no alcanza a ser cubierta por la materialidad que brindan las distintas gramatologías del material genético. Si esta metáfora lingüística lo permite, es dable pensar que la búsqueda por estos espacios de definición para lo hereditario, deben recubrir no sólo una coherencia de orden experimental, pues la búsqueda hacia una apertura total y originaria en torno a los factores que determinan la vida y sus alteraciones, consiste en algo más que la búsqueda por una combinación gramatical, factible de develar la forma que esta llave lingüística tendría. Esta llave requiere un trabajo de develamiento, donde el sentido no sea algo simplemente hallado, encontrado, sino que pueda articularse a la asunción de una estructura humana subjetiva . Si la vida se encuentra cifrada en un código de transmisión inalterable, vinculado a una necesidad humana, tal que este cifrado revierta una realidad subjetiva, la noción de herencia biológica, se encuentra emparentada a la construcción de las teorías sexuales infantiles. El cuestionamiento por el sentido de lo originario que el niño realiza, implica una manera de concebirse con «l’ heritage qu’il porte, la recherche de sa différentiation (le soi) et la liberté qu’il espère conquérir» .
De esto se sigue, que la comprensión requerida para el estudio de la metáfora alfabética, junto a la regla de correspondencia entre el texto del genoma y su expresión, requiere de una representación donde cada organismo viviente sea posicionado de acuerdo a un proceso recursivo. Este proceso recursivo, desde el origen de la vida, debe constituir lentamente la información transmitida. Para ello, este organismo ha procedido a la re-escritura de la información que resulta de la transmisión de una generación a otra. La profundidad de esta información, que resulta del funcionamiento fino de ciertos mecanismos de corrección de errores en lo que al curso del proceso de re-escritura respecta, y que comprende evidentemente las correcciones del texto del genoma cuando se pasa de una generación a la siguiente, es extremadamente grande. En un cierto sentido, ella demandaría para ser evaluada correctamente, del re-establecimiento por cada una de las etapas que ontegeneticamente están presentes en este trabajo de re-escritura, de la información transmitida. «La séquence de ADN, pour être vraiment comprise, nécessite donc beaucoup plus que la recherche des gènes au moyen de la règle du code génétique et de quelques decripteurs contextuels, comme on le fait habituellement. Il convient, en fait, d’en comprendre aussi l’historie ». Si la investigación sobre el código genético requiere de la implicación de una cadena histórica, necesario es aceptar, que la «nature profonde de l’individualité est, par construccion, inaccesible et profondément originale» . Esta dimensión se presenta como esencial para poder captar, la especificidad de cada individuo.
La búsqueda de las claves de esta individualidad responde a una necesidad de dar respuesta en el campo de la patología mental, a las causas primeras de la enfermedad. Causas que involucran, ciertamente, una urgencia de escarificación en cuanto a cómo visualizar la posición que el sujeto ocupa en torno al tiempo y a las representaciones de carácter psíquico que tienen lugar en el transcurso de la vida anímica. Ambas categorías, se encuentran comprometidas para la realización de una vida psíquica como un proceso histórico de subjetivación.
En lo que concierne a la posición que el sujeto ocupa en la conceptualización por las causas de la enfermedad mental, mencionemos que esta posición fue centrada tanto al interior del modelo heredo-degenerativo, como de la cosificación de una subjetividad, brindado la oportunidad de traducir la pregunta por las causas primeras de la enfermedad a un lenguaje clínico, social y político. La pregunta por el sentido de lo patológico, tomó el cuerpo de una praxis, de una praxis dirigida a saber precisar las técnicas que evitarían la propagación de lo patológico. La esencia de todas las técnicas de higenismo durante este período, hablan acerca de la certitud de estas hipótesis. La pregunta por las causas primeras de lo patológico se desliza, entonces, hacia una preocupación por la eliminación de lo anormal y, con ello, de los anormales. De la subtancialidad y «fisicalización» de las figuras conceptuales de lo enfermo, y de su correspondencia en localizaciones anatómicas materiales, la pregunta por las causas primeras de lo patológico tomará en lo sucesivo el rostro de la anticipación. El conjunto de respuestas para la causalidad de la enfermedad mental, no se recubrirá sobre el fondo de una praxis, de una praxis de eliminación de los anormales. Todo lo contrario, se trata ahora de la anticipación de la locura y la programación de la perfección. La «metáfora alfabética» puede reunir así, causa, historicidad y subjetivación al interior de un a priori conceptual que posibilita el descubrimiento de un tiempo originario para lo humano, un pretérito que puede ligar en una misma sinfonía las particularidades del espíritu y del deseo. El acceso a esta anticipación permitirá cubrir una temporalidad originaria sin facturación en lo vivido, dando cuenta de la pertenencia del sujeto a la causa.
Analizados los factores que se encontraron en un diálogo permanente con las primeras figuras psicoanalíticas sobre la causa, y vistas las implicancias de la «mistificación» de lo enfermo para la psicopatología del siglo XIX, se puede mencionar que el cúmulo de todos estos enunciados se desenvuelven en un plano teórico que ejercita una estricta adecuación de la realidad de los órganos físicos a la inmaterialidad de las funciones mentales. Sobre la base del análisis que ha tomado lugar en el transcurso de estas líneas, ha sido posible evidenciar el tipo de epistemología que se encontraba en la base de la gran mayoría de los enunciados de la teoría heredo-degenerativa de la enfermedad mental. Freud abrazó en un primer período estos a prioris conceptuales, intentando franquear posteriormente al conglomerado de agentes implicados en la visión general de lo patológico que la doctrina heredo-degenerativa suponía. La problemática de la herencia biológica es en este sentido, algo que oblitera la indagación analítica, provocando una atención detenida frente a ella más por las dificultades que supone, que por su aporte real a la visualización de lo patológico .
Por otra parte, esta lectura ha permitido observar, el modo en que las ideas psicopatológicas del siglo XIX ejercieron una influencia real en Freud, facilitando la observación en torno a la magnitud de originalidad de las ideas psicoanalíticas de este período. Precisar cuánto de las ideas causales de Freud fueron originales y genuinas para estos primeros tiempos es un ejercicio histórico-crítico, que puede ser despejado con mayor claridad estudiando la relación que estas concepciones tuvieron con el pensamiento psicopatológico del siglo XIX. De la investigación de Freud en torno a las primeras indagaciones sobre la neurastenia, la neurosis de angustia, y el modelo general de la neurosis histérica, no es posible saber con claridad, si este modelo de causación puede ser considerado como propio de la determinación que los procesos psíquicos ejercen sobre la vida anímica. La pregunta por la influencia del modelo heredo-degenerativo de la enfermedad mental tiene así, indirectamente, por propósito visualizar qué tipo de concepción de lo patológico es la que Freud moviliza, y en cuánto esta concepción permite hablar de una visión particular de lo humano. Visión de lo humano que, integrando el sentido de lo enfermo en una temporalidad originaria de lo inconsciente, nos conduce nuevamente a un modelo de subjetivación que debe ser trabajado al interior de la teoría.
En síntesis, si Freud comenzó gran parte de sus estudios indagando cómo poder pensar una forma de causación distinta a la hereditaria, creando al respecto una causación especifica para la neurosis, fue en razón de dar con un modelo distinto de lo patológico, donde el concepto de enfermedad, pudiese alejarse de una definición desde el pleonasmo de la sensorialidad clínica. Del alejamiento de la sensorialidad que suponen gran parte de las concepciones del Freud de este período, como de la espacialización de la enfermedad trabajada por el pensamiento heredo-degenerativo, mencionemos ciertas ideas que han podido ser construidas en el transcurso del presente texto.
a).- La definición de las formas de entendimiento para lo patológico dependen de la determinación que realizan los «modelos de representación», pues estos delimitan todos los contornos de la relación que el cuerpo de la enfermedad toma con el cuerpo del hombre enfermo. Las «lógicas subterráneas» son construcciones conceptuales factibles de generar enunciados reduccionistas, fundamentalmente en la aproximación que el modelo teórico realiza frente al objeto de estudio.
b).- De la discusión generada por esta trayectoria sobre la causalidad y la herencia, surge la necesidad de una construcción teórica sobre los factores que inciden en los procesos de subjetivación psíquica. De tal modo que se pueda determinar si la construcción de una causalidad psíquica es suficiente para dar cuenta de los procesos que se definen como perteneciendo al plano de una «vida de representaciones». Si Freud pretende dar cuenta de un tipo de causalidad que pudiese ser propia al psicoanálisis, esta causalidad requiere indudablemente de un cuestionamiento por la manera de entender las articulaciones entre lo anímico y lo somático. Si fuese posible sostener la idea de una transmisión de tipo psíquico, esto es, del conjunto de las elaboraciones simbólicas y de apropiación subjetiva que el sujeto debe construir frente al silencio que el escenario de lo trans-generacional le plantea, el psicoanálisis se vería confrontado a responder frente a este proceso «íntimo de simbolización», con la consolidación de una teoría de la subjetivación. Esto es, dar luz en torno a la incógnita de cómo los procesos de subjetivación se insertan en el interior de una estructura biológica. El dilema de la participación de los factores innatos y adquiridos en la etiopatogénesis de lo patológico conduce a traducir estos interrogantes como la prolongación de un problema, lo cual hace emerger nuevamente la gran interrogante por la subjetivación de lo anímico. La advertencia por estas interrogantes debe ser también un elemento que impida que por un esfuerzo de sistematización «metapsicológica», se confundan los planos desde los cuales el sujeto es pensado. Puesto que al intentar esclarecer las matrices originarias de los procesos de subjetivación, es siempre factible de correr el riesgo de dar definiciones ontologizantes del sujeto; pero no es menos riesgosa la posibilidad de construir visualizaciones normativas o adaptativas sobre el sujeto.La reflexión por los procesos de subjetivación y por lo que en ellos se subjetivisa, no es una reflexión menos importante a la luz de otros tópicos freudianos. Esta reflexión es de una envergadura considerable, si se acepta que necesariamente denota una realidad que es útil para pensar cómo hay que comprender el acercamiento que el psicoanálisis realiza, para la teorización por los procesos de subjetivación. ¿Se trata de una conceptualización que se aproxima a una filosofía del sujeto? Tal dificultad podría ser esclarecida a partir de una reflexión sobre las bases que soportan en la filosofía y en el psicoanálisis la noción de sujeto, de tal modo que fuese factible centrar el contexto en el cual los procesos de subjetivación son entendidos por parte de la teoría psicoanalítica.
Para Descartes, el sujeto es una substancia , algo que, a pesar de ser imperfecto, aspira ha algo mejor por participar del movimiento de una substancia infinita, la cual lo empuja a saber de sus propias imperfecciones en el ejercicio del pensar y del conocer . Mencionemos, a este respecto, que todo el camino que Descartes realiza en el transcurso de las «Méditations Métaphysiques», tiene por objetivo la construcción de un rumbo hacia la verdad. Rumbo escabroso y plagado de dificultades, en cuanto al entendimiento que la razón permite de lo real. La verdadera naturaleza del sujeto no surge más que después de un trabajoso esfuerzo de reflexión, que es el resultado de una «intencionalidad de saber» que la razón logra alcanzar luego de superar las ya consabidas dificultades .
Para Hegel, los caminos de la conciencia conducen a las distintas figuras que el espíritu adquiere para acceder al orden del deseo, como deseo de l’Autre y de la cultura. La realidad que la alteridad del deseo genera en el sujeto es, según Hegel, isomórfica con el devenir de la historia. Hegel concibe la idea de un trabajo de dominación de la figura imperfecta de la conciencia, en el recorrido que ella debe realizar para acceder a la esencia del espíritu absoluto. Es necesario que la conciencia cree la figura de su esencia, pudiendo luego de este proceso, igualar la conciencia de sí junto a los estados más arcaicos que ésta desarrolla en el desenvolvimiento de forjación del espíritu absoluto. La coincidencia de la conciencia de sí junto a los tiempos que le son anteriores, brinda la posibilidad para que la conciencia se establezca como saber absoluto:
«Mais en ce qui concerne L’être-là de ce concept, dans le temps et dans l’effectivité la science ne se manifeste pas avant que l’esprit ne soit parvenu à cette conscience sur soi-même. Comme l’esprit qui sait ce qu’il est, il n’existe pas autrement et n’existe qu’après l’accomplissement du travail par lequel ayant dominé sa figuration imparfaite il se crée pour sa conscience la figure de son essence, et de cette façon égalise sa conscience de soi avec sa conscience. – L’esprit étant en soi pour soi, distingué dans ses moments, est savoir étant pour soi, l’acte de concevoir en général qui, comme tel, n’a pas encore atteint la substance, ou n’est pas encore en soi-même savoir absolu» .
La razón deviene necesariamente espíritu cuando su certidumbre es elevada al nivel de la verdad, permitiendo que ella pueda transformarse tanto en conciencia de sí como de su mundo . Para Hegel, el espíritu es una substancia y, en tanto que tal, se opone a las conciencias individuales a las cuales supera infinitamente. Por el contrario, esta substancia se brinda a los individuos deviniendo su obra. El movimiento de la conciencia de sí es lo que precisamente constituye la vida de la substancia, mostrando, en cierta manera, que Hegel pretende concebir lo absoluto no como sustancia sino como sujeto. Si el espíritu es sustancia, éste se constituye en el movimiento que la conciencia de sí desarrolla, hallando en este movimiento su propia esencia de substancia. Es en razón de ello que surge la idea de concebir lo absoluto como sujeto. El espíritu, al participar del movimiento de la conciencia individual, se libra a los individuos como esencia extrañable, radicando su esencia en el trabajo que el sujeto efectúa de lo absoluto. Para Hegel, lo absoluto supone la idea de un trabajo y, por lo tanto, de un sujeto que lo efectúe. Si la vida de la substancia radica en los movimientos de apropiación interna que la conciencia debe realizar para emerger como conciencia de sí, este trabajo de apropiación de lo absoluto supone al menos un movimiento de progresión y de quiebres en la apropiación de su sentido. Siendo obra universal, la substancia se engendra como unidad gracias al trabajo que las individualidades cumplen en su proceso de establecimiento como substancia:
«Cette substance est aussi bien l’oeuvre universelle qui, grâce à l’opération de tous et de chacun, s’engendre comme leur unité et leur égalité, car elle est l’être-pour-soi, le Soi, l’opération en acte. En tant que la substance, l’esprit est l’égalité avec soi même, inflexible et juste, mais en tant que être-pour-soi la substance est l’essence qui s’est dissoute, l’essence du bien qui se sacrifie. Chacun y accomplit son oeuvre propre en déchirant l’être universel et en en prenant sa part. Cette dissolution et cette singularisation de l’essence sont précisément le moment de l’opération et du Soi de tous ; ce moment est le mouvement et l’âme de la substance, l’essence universelle conduite à son effectuation. Or, c’est précisément parce que cette substance est l’être résolu dans le Soi qu’elle n’est pas l’essence morte mais est effective et vivante».
El trabajo de movilización de lo absoluto que el sujeto efectúa para que el espíritu se manifieste en tanto que substancia, puede ser en cierto sentido pensado a la luz de los procesos que tienen lugar en el campo de la subjetivación. Más aún desde el momento en que el movimiento que el espíritu realiza en tanto substancia, cubre un campo de realidad similar a la relación del sujeto con la Cosa . Es conveniente no olvidar que el deseo del cual se trata en psicoanálisis, no es el de un deseo de saber sobre el mundo como ya se puntualizara, puesto que se trata de un deseo de saber sobre el deseo, y no sobre la realidad que recubre el ser o el mundo de la filosofía. Las consecuencias del saber sobre la verdad, para Freud, no implican un acrecentamiento de sabiduría para el sujeto, un grado de elevación de libertad frente a lo real. Muy por el contrario, estas consecuencias apelan a una función de desconocimiento. Función de desconocimiento que, apartándose de una progresión de saber referida al mundo y a la perfección que esta sabiduría podría producir sobre lo real, recuerda el plano de lo extraño que habita en el sujeto. Los procesos de subjetivación actúan como la acción de un «extraño continente», como una substancia que se hace obra en las distintas individualidades. Remarquemos que la manera de obrar de estos «extraños continentes», se articulan con el sujeto a la manera como la verdad teje su sentido, es decir, bajo el efecto de un agujero de sentido . Considerando la expropiación que el yo debe sufrir como resultado de estos «extraños continentes» de lo subjetivable, los procesos de subjetivación conducen a un trabajo de apropiaciones, de transformaciones, de ligazones y des-ligazones que dan cuenta de procesos que no cesan de tener lugar en el interior del sujeto, y que constituyen el núcleo de lo subjetivable.
Los «extraños continentes» de la subjetivación, si bien no son isomórficos en su totalidad a la voluntad de saber que puede ser hallada en la búsqueda de la verdad que el sujeto del conocimiento filosófico despliega, sí se estructuran como una verdadera apropiación por «rupturas de sí» para que el sujeto pueda advenir. Ello comprende al status que el yo adquiere en estos procesos de descentramiento continuo. Preciso es conocer en este sentido, la función que el yo desarrolla en los procesos de subjetivación, puesto que éste, más que constituir el nódulo central de los procesos de historización subjetiva, constituye el espacio de la certidumbre imaginaria que el proceso mismo de la subjetivación subvierte . A este propósito, la figura de Hegel no es desconocida por Lacan:
«Car Reprenons de ce biais le service que nous attendons de la phénoménologie de Hegel. C’est d’y marque une solution idéale, celle, si l’on peut dire, d’un révisionnisme permanent, où la vérite est en résorption constante dans ce qu’elle a de perturbant, n’étant en elle-même que ce qui manque à la réalisation du savoir. L’antinomie que la tradition scolastique posait comme principielle, est ici supposée résolue d’être imaginaire. La vérité n’est rien d’autre que ce dont le savoir ne peut apprendre qu’il le sait qu’`q faire agir son ignorance. Crise réelle où l’imaginaire se résout, pour employer nos catégories, d’engendre une nouvelle forme symbolique. Cette dialectique est convergente et va à la conjoncture définie comme savoir absolu. Telle qu’elle est déduite, elle ne peut être que la conjonction du symbolique avec un réel dont il n’y a plus rien à attendre. Qu’est ceci? sinon un sujet achevé dans son identité à lui-même. A quoi se lit que ce sujet est déjà là parfait effet nommé comme étant son substrat, il s’appelle le selbstbewusstsein, l’être de soi conscient, tout-conscient» .
De esta manera, los procesos de subjetivación deberían brindar la posibilidad de concebir el modo en que los procesos anímicos se conectarían con el plano de lo orgánico, estipulando de que manera una estructura humana subjetiva podría insertarse al interior de la sinfonía química de los órganos. Sin duda que, para el cuerpo de las ideas freudianas, tal punto de reflexión emerge desde la realidad que el concepto de pulsión hace posible, realidad que forzaría a explicitar la forma en que lo pulsional transforma toda visualización sobre las relaciones entre lo psíquico y lo corporal. Obsérvese, que la noción de subjetivación permite, como lo menciona F. Richard, del apropiamiento de un movimiento subjetivo que, tomando forma en el interior del sujeto, actúa entre el «sentiment qu’a le moi de se développer et la structuration du sujet . Sise à l’orée de la lignée subjectale incluant le «moi», le «sujet» et le «je», la pulsion peut être considérée comme la matrice originaire, source et fondement de la subjectivité» . Retomando ciertas ideas de A. Green, Richard matiza a la luz de sus desarrollos sobre los procesos de subjetivación adolescente, la vertiente que la pulsión ejecuta en tanto «intentionnalité corporelle pré-subjective».Green percibe que, a partir del concepto freudiano de pulsión, surge la necesidad por construir un marco «epistemológico original», que pueda dar cuenta de los elementos que se encuentran concernidos en la edificación de la subjetividad. De allí que considere la necesidad de creación de una «línea subjetal», que comprenda las diversas nociones esparcidas por la literatura analítica en relación a conceptos tales como «moi», «sujeto», «je» e, incluso, el entendimiento brindado a la noción de «persona».
Definida la necesidad de construcción teórica de los procesos de subjetivación, y vistos los aspectos implicados en el desarrollo de una noción de estas características, preciso será considerar cómo esta noción puede ser trabajada al interior de una nueva metodología epistémica, que permita entender cómo los procesos de subjetivación participan del «inabordable hereditario». Esto es, como ellos pueden permitir una lectura original del cúmulo de enunciados que se encuentran concernidos, cuando se intenta definir a entidades tales como: causalidad psíquica, causalidad genética, pre-disposición, transmisión, y constitución.
III-.CONCLUSIÓN:
Por lo visto, la influencia que ejerció la teoría heredo-degenerativa de la enfermedad mental para el curso de las ideas psicopatológicas de los dos últimos siglos, entrega la visión de una mistificación real entre el cuerpo de la enfermedad y su configuración. La alianza entre la configuración conceptual de los distintos cuadros nosográficos y la localización material de la enfermedad en el cuerpo del sujeto enfermo, permite que la mistificación conceptual tome forma como «fisicalización» de lo patológico. La mistificación de las relaciones entre cuerpo y nosografía, se devela al momento de reflexionar sobre las teorías implícitas de la enfermedad mental que los distintos modelos nosográficos poseen. Estas teorías acerca de lo enfermo son lo que diéramos en llamar las «lógicas subterráneas» que delinean como un modelo conceptual, elabora sus enunciados en relación a lo patológico. El planteamiento de un a priori conceptual, referido a la subtancialización entre conceptos y organismo permite, como ya se mencionara, la creencia en una materialidad de lo cognoscible, en el isomorfismo entre conocer y definir. En la historia y comprensión del modelo heredo-degenerativo de la enfermedad mental, pueden leerse los momentos originarios que impidieron el curso de un proyecto de subjetividad para lo enfermo. La historización de una estructura subjetiva, puede ser hallada ciertamente en el origen de un pasado que lo es todo; memoria, proyecto y función; memoria, por cuanto la transmisión hereditaria lo hace heredero de un pasado transgeneracional que lo define como «enfermo»; proyecto, por cuanto el futuro se transforma en un pretérito retro-activo; y función, por cuanto la herencia constituye un material que lo desorganiza respecto al juego de una funcionalidad psíquica.
Si estas ideas fueron los antecedentes nosográficos desde los cuales Freud inicio su reflexión psicopatológica, es necesario ver hasta qué punto estas ideas determinaron el curso de sus ideas. Es necesario comenzar a develar cuáles fueron los pasos dados por Freud en ese sentido, incluso después del abandono de la teoría de la seducción. Delinear paso por paso cómo la problemática de la subtancialización de la enfermedad se presenta en Freud, requiere de una reflexión detallada en torno a la noción de herencia biológica y en cómo esta noción, puede ser considerada a la luz de los procesos denominados de « subjetivación psíquica».
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