
Alfred Jarry
The Ubu Plays 1993
Hoy se cumplen 100 años de la muerte del creador del célebre personaje Padre Ubú. El escritor convirtió lo grotesco en un recurso literario, e influyó en el surrealismo y en la escuela de Artaud. Los grandes efectos de la risa cruel.
Cuando se celebre hoy el día de Todos los Santos, habrán transcurrido 100 años desde la muerte de Alfred Jarry, el dramaturgo y escritor francés que hizo de la risa cruel su arsenal poético y político, una imagen que reprodujeron tanto las vanguardias estéticas como las guerras del siglo XX.
Jarry murió joven, a los 34 años, en 1907, casi 10 años después de haber creado al personaje por el cual se lo recuerda y adora en gran parte del mundo: el Padre Ubú, esa bestia política de enorme panza tatuada cuyos caprichos se traducían en revoluciones que se negaban entre sí. Hay un salto cualitativo en su uso del ese humor llamado “absurdo” que lo distancia de autores que lo utilizaron para parodiar, entre otras cosas, al poder: Lewis Carroll tenía a su reina melómana en Alicia y el País de las Maravillas y Jonathan Swift al temperamental tamaño del ego burgués en su Gulliver.
Pero además de hacer de lo grotesco un recurso literario, Jarry demostró que era un fenómeno político fundamental, un discurso que cualquier autoridad puede implementar tanto para excusarse como para explicarse y parecer convencido.
Su Ubú es un ídolo accesible por donde se lo mire: obeso y decadente ex rey que sólo persigue el goce y siempre se pone en ridículo por cobarde, aunque nadie logre batirlo, un barra brava que a falta de un deporte al cual abonarse apunta a la política y reemplaza el grito de gol por el de “mierdra” (así, mal dicho).
A pesar de su abominable imagen y toda su estupidez, ese rey sabe que seduce -tal vez es lo único que sabe-, lo que lo hace realmente peligroso; sabe que al parecer convencido en su necedad le da al hombre que somete la oportunidad de creer en él; sabe que todo proyecto político basado en el absurdo es terminal.
Junto a su anticipación de las vanguardias artísticas, algunos autores afirmaron que el creador de la patafísica, la ciencia de las soluciones imaginarias, era un precursor de las teorías de Martin Heidegger. En lo concreto, desde Hanna Arendt hasta Claude Lefort, en sus análisis del totalitarismo, verán una enorme incidencia del poder político del absurdo, como ese discurso irracional que nunca se supuso como lógico y sin embargo fue creído o “actuado” como real. Lo que más se conoce del autor es su influencia en la literatura vanguardista de comienzos de siglo pasado, especialmente en el surrealismo, ya que André Breton se encargó de institucionalizarlo como uno de sus antecesores en su “Antología del Humor Negro”. Antonin Artaud, surrealista arrepentido y expulsado, al fundar en 1927 el fallido Teatro Alfred Jarry, le rindió un homenaje algo más cercano a ese aspecto vital que él intentaba crear: una risa cruel que llevaba a los hombres a pensar la vida como un movimiento perpetuo del cuerpo, teatro vacío pero puro y autodestructivo.
Por otro lado, admiradores en todo el mundo rinden tributo on line a Jarry y su patafísica, ciencia de las soluciones imaginarias, mediante extravagantes creaciones sin otro objeto que estudiar los serios motivos por los que la risa hace reír, aunque sin atacar al verdadero enemigo que originó esa disciplina: el positivismo. Sucursales del Colegio Patafísico en Granada y París, un Novísimo Instituto de Altos Estudios Patafísicos de “Ubuenos Aires” en Argentina, un Instituto de Patafísica en Alemania... las instituciones dedicadas a la investigación sobre el absurdo se reproducen en internet. (Télam- DPA)
Publicado en La Gaceta
Ver:
Ubú Rey. Alfred Jarry en la sección Referencias a la obra de Lacan:
Ubú Rey. Alfred Jarry - Escritos 2. En "Observación sobre el Informe de Daniel Lagache"
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Alfred Jarry: patafísica, virtualidad y heterodoxia [*]
Adolfo Vásquez Rocca
1.- Alfred Jarry precursor del Dadaísmo
Alfred Jarry precursor del Dadaísmo, del Surrealismo y del Absurdo, recién llegado a París desde Laval, la ciudad que lo viera nacer el 8 de septiembre 1873, se convirtió en un habitué de los cenáculos frecuentados por los poetas simbolistas.
Alumno de Henri Bergson en la Sorbona, el aún incipiente dramaturgo era ya un hombre extremadamente cultivado, cuyos versos y artículos eran ya colaboraciones habituales en la 'Revue Blanche’, llegando el mismo a ser el fundador de 'L’imagier'. Consigue el aplauso del gran París en 1896 con Ubu rey, comedia satírica en la que se entremezclan referencias a Macbeth con los excesos de un monarca tan tirano con nobles y plebeyos como cobarde en la guerra.
Contra todo pronóstico, el éxito que conoce Ubu rey en el París del final de la belle époque es tal que Jarry escribe una segunda parte con el título de Ubu encadenado (1900). La gloria literaria corre a la par de la autodestrucción a la que el dramaturgo parece condenado irremediablemente. Alternando realidad y ficción en sus delirios de borracho, escribe El amor absoluto (1899), Mesalina (1901) y la curiosa novela El supermacho, definida en su edición española como "una muestra de los juegos a los que la teoría y la práctica del amor pueden entregarse teniendo por rival a las máquinas, a la velocidad, a todas las fantasías de los avances científicos de comienzos del siglo XX". Para la crítica, tan singular obra vino a ser un curioso ejemplo de "futurismo grotesco".
El teatro del siglo XX comienza a avizorar sus nuevas posibilidades –anticipando a Beckett– en la noche del 10 de diciembre de 1896 con el estreno de Ubu rey, Jarry no sólo renovó la escritura dramática, sino también los conceptos de la puesta en escena, pasando por el vestuario, el maquillaje, y –fundamentalmente– la actitud del actor.
Alfred Jarry, de quien André Bretón diría años más tarde que “aniquiló como principio la diferencia entre arte y vida”, montaba en bicicleta y pescaba, era diestro en el uso de la espada y llevaba casi siempre dos pistolas descargadas con las que disparaba simbólicamente contra todo pseudo-artista o impostor intelectual que se cruzaba en su camino. Pese a todo, fue fulminado a quemarropa por sus propias pulsiones autodestructivas. Jarry muere alcoholizado en 1907, no llegando a ver la publicación de Gestas y opiniones del doctor Faustroll, patafísico. A raíz de su lectura, sus muchos admiradores querrán poner en marcha una ciencia llamada "patafísica", dedicada al estudio de las soluciones imaginarias y las leyes que regulan las excepciones.
[1] El presente artículo ha sido publicado con anterioridad en Zona Moebius, puede continuarse con la lectura del mismo en la siguiente dirección web:
http://www.zonamoebius.com/02.nudos-y-senales/avr_1004_jarry.htm
[2] Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Postgrado Universidad Complutense de Madrid, Departamento de Filosofía IV, Teoría del Conocimiento y Pensamiento Contemporáneo. Áreas de Especialización: Antropología y Estética. Profesor de Postgrado del Instituto de Filosofía de la PUCV, del Magíster en Etnopsicología, Escuela de Psicología PUCV, Profesor de Antropología y de Estética en el Departamento de Artes y Humanidades de la UNAB. Profesor asociado al Grupo Theoria, Proyecto europeo de Investigaciones de Postgrado. Director de la Revista Observaciones Filosóficas http://www.observacionesfilosoficas.net/. Secretario de Ejecutivo de PHILOSOPHICA, Revista del Instituto de Filosofía de la PUCV http://www.philosophica.ucv.cl/editorial.htm, Editor Asociado de Psikeba —Revista de Psicoanálisis y Estudios Culturales, Buenos Aires— http://www.psikeba.com.ar/, miembro del Consejo Editorial de Escaner Cultural —Revista de arte contemporáneo y nuevas tendencias— http://www.escaner.cl/ y Director del Consejo Consultivo Internacional de Konvergencias, Revista de Filosofía y Culturas en Diálogo.
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